El fondo político y los debates de años tras un muy modestito relato ¿post-ciberpunk?
Leyendo la entrevista que Marcos Taracido hace hoy a Suso de Toro, la mejor que he leido hasta ahora, uno descubre la dificultad de la literatura para separarse de su contenido político. Aunque como en el caso de Suso, la potencia literaria del texto esté muy por encima del más o menos tosco debate sobre la guerra civil que se alienta en estos días.
Evidentemente Días de frontera no es ni mucho menos comparable a la novela de Suso, ni yo escribo -ya me gustaría- la mitad de bien que él. Pero si me interesa continuar esa reflexión a partir de mi propio relato donde, puedo asegurarlo, la relación entre una cosa y otra es directa y consciente.
Praga, verano de 2003, conferencia internacional sobre el Ciberpunk. Istvan Csicsery-Ronay presenta un interesantísimo paper: Cyberpunks and Empire.
La tesis: el ciberpunk es la primera literatura del Imperio, en el sentido de Negri. La primera corriente
en definir el imperio tecnocientífico como la condición de un ser social, un imperio sin ideologías o teorías políticas estables, pero también con un destino consolidado
Así, según Ronay, el ciberpunk habría servido, hasta los 90, como puente del casi insalvable gap entre modernidad y postmodernidad en la cultura popular. Esa visión del tecnoimperio como algo total, inquebrantable, generaría la imposibilidad de imaginar un fin del mundo desde el ciberpunk.
Días de frontera nace con la intención de responder a ese reto. Escribir una historia que narre el fin de un universo, que relate un quiebro en el espacio social. Que de algún modo devuelva la Historia al relato. Pero la verdad es que con los parámetros de comprensión del ciberpunk clásico esto se me hacía imposible. Podía describir un mundo, varios mundos. Podía imaginar sus móviles y sus confrontaciones. Pero no podía fantasear su superación. Escribí rápidamente el planteamiento… y ahí se quedó…
La cuestión latente era más profunda, más política que lo que puede parecer a simple vista. ¿Podemos imaginar otro mundo fuera del continuo abierto por la sociedad globalizada? ¿Podemos imaginar una refundación social sobre unas bases diferentes? No me refiero a diferentes discursos o diferentes principios de representación o reparto del poder. Emiratos integristas y sistemas como el de Corea del Norte conviven hoy dentro de ese espacio social imperial con democracias representativas, ciudades estado oligárquicas y dictaduras cuasifeudales. La cuestión es ¿podemos imaginar un espacio fuera de la sociedad red y la globalización?
La novela señera del ciberpunk boliviano, De cuando en cuando Saturnina de Alison Spedding, proyectaba hace tan sólo un par de años las dificultades del propio indigenismo andino para imaginar un nuevo Tahuantisuyo separado realmente de la sociedad globalizada.
El momento clave en Días de frontera fue descubrir que ni los castellanos segregacionistas ni los granadínos universalistas podrían romper realmente ese espacio social global representado en el relato por los consensos universales. Necesitaba un nuevo sujeto que no representase un proyecto definido, que no tuviera un discurso colectivo específico que poder acomodar al macroorden social.
Raisa debe su nombre al verbo to rise, representa la fuerza emergente de lo incontrolado, su símbolo comunitario es una seta que emerge invisible en medio del bosque (social), porque su poder deriva de la posibilidad de generar una ilusión en el sistema, llevarle a ver lo que no existe (la tala) y hacer invisible lo que existe (su propio grupo). Sólo a través de este ilusionismo y de su negativa a ocupar la ciudad ganada, puede Raisa crear una frontera y hacer un agujero en la máquina totalizadora que es el sistema global. Y aún así sabe que abrir una frontera supone exponerse al conflicto. Un conflicto en el que la única opción es confundirse en el bosque, hacerse invisible de nuevo, porque sólo manteniendo la incertidumbre puede colapsar el sistema, trazar una frontera.
En una palabra, Días de frontera es una parábola del Sionismo Digital, la respuesta tal vez al reto de Istvan Csicsery-Ronay… o la demostración, como seguramente diría él, de que ya estamos más allá de lo que fue el ciberpunk.





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Espero el segundo capítulo de este “revelador” relato y me quedo con la idea de Hakim Bey de que la ZTA comienza con el simple acto de su realización.
La imagen de la tala está muy bien lograda.