Si el sueño europeo se materializa como algo distinto a una comparsa del poder anglosajón, será porque previamente habrá desarrollado su independencia en los inmateriales que hoy conforman la soberanía: lengua, software y producción cultural.
Estaba leyendo a Juan Urrutia con el pequeño escándalo de la guía Lonely Planet Andalucía, en la cabeza. Decía Juan:
Ser dueño del origen es tener la palabra. He ahí la estrecha relación entre ser “de palabra”, ser el dueño de la palabra y tener el poder.
El corolario es inmediato. No hay origen indubitable de nada, siempre hay un antes, nadie puede legitimarse por el origen y nadie puede hacerse con la palabra para siempre.
Pienso en el doblaje de las películas. Franco pensó que quitándole la palabra a Hollywood de algún modo “españolizaría” el cine del Imperio. Está claro que lo que pretendía era tener una herramienta más para la censura, un filtro más entre el mundo exterior y los ciudadanos. Y españolizar, en la corta mira ideológica del régimen, significaba reir la gracia a la moral sexual católica hasta el ridículo.
Pero el doblaje se instituyó. Ciertamente la VOS ha aumentado su público y el número de salas en los últimos quince años, pero sigue siendo minoritaria. El imaginario español se sigue construyendo básicamente como una combinación de imágenes holywoodienses, teleseries americanas y doblaje barcelonés.
El efecto del doblaje, a mi juicio, ha sido doblemente alienante. Por un lado “entraba más fácil” Paradójicamente hacía más creible el mensaje al descontextualizarlo. Lo que veíamos, lo que vemos, habla nuestro idioma, se desarrolla en otro lado, parece universal. Esa universalización de la parte, acababa en el autoodio.
Paz Alicia García-Diego me dijo una vez que el Technicolor había sido nuestro fin como iguales en el imaginario cinematográfico. Nuestra grama, nuestros campos amarillos, creía ella, no podían competir con los verdes jardines norteamericanos. El blanco y negro disimulaba y nos mantenía en una igualdad de ensueño insostenible con el desarrollo tecnológico.
No pienso así. El amarillo de los campos de cereal o de pastoreo, igual que los mares de olivos o las playas de arena oscura, no representan la pobreza per se. Lo representan en comparación y a posteriori y siempre a voluntad del que codifica. Mirad ahora el uso publicitario de los campos amarillos de maiz y su nueva asociación con la riqueza sostenible.
Traducir la palabra no es tomarla, doblar no es capturar el origen sino facilitarle el camino a quien lo tiene. Y el origen, hoy, es todavía audiovisual y por tanto industrial. En esa irrealidad en la que los anglosajones hablaban en español, de paso regalábamos a Hollywood la única ventaja potencial de nuestra pequeña industria audiovisual: el idioma. Y para rematar, perdíamos alicientes para aprender otras lenguas. A diferencia de nuestros vecinos portugueses, mi generación de españoles difícilmente puede ver películas, teleseries o mantener una conversación básica en otros idiomas. Da igual que entren la tele francesa o portuguesa por satélite. Simplemente es inaccesible y ya hace mucho que nuestra cultura perdió la costumbre de azuzar el oido.
No hay de qué extrañarse hoy con la blogsfera. Su estructura asimétrica de poder lingüístico reproduce la previamente vigente en el audiovisual: comunidades informativas cerradas comunicadas, como meros receptores, a través de un autista interlocutor anglosajón que se siente seguro en su papel de gran emisor y filtro global.
Cuando pensábamos que traduciendo las palabras capturábamos el origen, fue cuando renunciamos casi definitivamente a tomarla. Incluso frente a nosotros mismos.
Por cierto, en respuesta a algunos mails, querría decir que el esperanto no es sólo cosa de esperantistas, como el linux no es sólo cosa de hackers. El esperanto es una tecnología libre, abierta, inspirada en una lógica racionalista y suficientemente modesta como para saber que no sustituye a las lenguas naturales sino que las defiende de ser usadas -y destruidas- en la lucha de poder de ese monstruo asimétrico.
Tal como yo lo veo, el esperanto es una herramienta tecnológica que permite no reproducir esas asimetrías. Bien como lengua de negociación intermediación directa. Bien como paso intermedio de la traducción o la interpretación en cualquier evento o institución, dejando a cada grupo lingüístico la posibilidad de una interpretación sencilla y que no pierda matices.
Tiene, evidentemente, una trampa. El esperanto no es una herramienta de uso masivo por lo mismo que Linux ha tenido y tiene dificultades para imponerse en el entorno empresarial. Tanto el software propietario en la informática como el uso en procesos de negociación transnacional del idioma inglés, suponen una pérdida innegable de soberanía a personas, organizaciones, empresas y estados. Y aquí si que es un juego de suma cero. Lo que pierde uno lo gana otro. Y ese otro es el que controla el juego y reparte las cartas. En un mundo asimétrico no podemos esperar que nos caigan otras cartas.
La cuestión es que, si queremos que modere su asimetría, no podemos jugar a reproducir fractalmente las existentes y en los espacios que podamos debemos imponer otras reglas de juego. La anglificación de la Unión Europea, pareja a su política reaccionaria en derechos de autor y patentabilidad del software, representa en realidad su suicidio como alternativa a la dependencia cultural, militar y tecnológica de EEUU y Gran Bretaña.
Si el sueño europeo se materializa como algo distinto a una comparsa del poder anglosajón, será porque previamente habrá desarrollado su independencia en los inmateriales que hoy conforman la soberanía: lengua, software y producción cultural.
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[...] Una nueva propuesta de David de Ugarte: El origen, el poder y las palabras. [...]
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[...] Con el debate centrado en defender esta lengua como la libertadora que derrocará de su puesto de lengua franca al inglés, que ha demostrado no servir sino para establecer superioridades, resulta muy significativa la visión de este mapa que se encuentra en la página de ‘lernu’, en el que podemos ver mediante puntos azules la concentración de esperantistas en el mundo. [...]
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>Si el sueño europeo se materializa como algo distinto a una comparsa del poder anglosajón, será porque previamente habrá desarrollado su independencia en los inmateriales que hoy conforman la soberanía: lengua, software y producción cultural.
Ahora explica a un francés que esto no significa imponer la lengua francesa.
Pues supongo que lo mismo que explicarle a un castellano o un murciano por qué no es lo mismo que imponer el español. De eso me temo que los catalano parlantes tenéis amarga experiencia.
En el fondo lo que opera, es una cultura acomodaticia, que rechaza la diversidad por vagancia, argumentando una sobrevaloración del esfuerzo y una minusvaloración del diferente. ¿Para qué vamos a aprender nada?
Al fin, tendremos paises solarium, parque temático o vaya usted a saber, pero eso si, sin ningún esfuerzo…
Por comparativismo me estaba el otro dia preguntando si “buntu”, en el sentido de agregado animal o humano, se corresponde a otras palabras con raices parecidas. Se me ocurria abundancia en castellano, o banda (aunque me apuntan que quizas panda sea mas antigua que banda y por tanto habria que explicar un salto b->p->b). Tambien bind en ingles (vendar en el sentido de atar?) o bundle. En criollo, como presunto prestamo africano, podria haberse integrado en “mara-bunta”.
(quizas no es obvio que me estoy refiriendo al “buntu” en esperanto del cartel y a su asociacion obcia con el africano “ubuntu”)
Creo q en espo viene del alemán “bunt”, que creo quiere decir diverso, como en espo.
La raíz parece desde luego germánica mira el reto vortaro
¿”Ubuntu” vendría tu crees del mismo lugar? ¿Casualidad?
Desde luego el aleman bunt y el ingles “bundle” es lo mismo. Ahora con lenguas orales esto ya no se si es demostrable, pero me ha llamado la atencion.