Andalucía en este imaginario se difumina como realidad positiva, geográfica, para representar, en su Historia, el drama y la alienación de esa España de cristianos nuevos negada política y socialmente. El neoandalucismo invita a releer la Historia de un modo que impele hoy a aprender, convivir y apostar por un “construyamos todos juntos” en la política interna y en la externa.
Cuando Imán llegó a España intenté explicarle de una forma sencilla el fondo de las principales inquinas que pueblan nuestros periódicos y telediarios. Así le dije que las eternas disputas que reflejaban nuestros medios acababan refiriendo al final a dos ejes: un eje territorial que dividía el país de Norte-Sur dejando en el sur Extremadura, La Mancha, Valencia, Murcia, Andalucia, Canarias, Ceuta, Melilla y muchas veces incluso Aragón, y un eje derecha-izquierda que en realidad no era tan ideológico como social e incluso histórico-familiar. Al fin, España, como Marruecos, es un país donde expresiones tan hueras como “una familia de toda la vida“, “gente de bien” o “los de siempre” tenían un significado concreto, como el amor por componer apellidos o añadir el “de” delante de apellidos no toponímicos como si éso hiciera más ilustre al portador1.
El carácter histórico-familiar de la división me servía además para explicar cosas tan chocantes como la politización y las continuas referencias mediáticas al debate historiográfico sobre nuestra guerra civil e incluso sobre el siglo XIX, necesariamente chocantes para el recien llegado. Al margen de consideraciones históricas más profundas, uno duda de que esa sed de memoria de la que hablaba el otro día Joseba, sea tal o más bien búsqueda de un rearme dialéctico que sólo es entendible si los sujetos actuales del debate político se consideran continuadores de los sujetos que fueron protagonistas, agentes y causantes del conflicto bélico.
Lo curioso es que esto tampoco es la primera vez que se produce en nuestra Historia. Tenemos una larga tradición haciendo Historia para vindicar a la parte, Historia de la que se escribe con la urgencia y la pasión del que la vive como estricta contemporaneidad. Y seguramente por las mismas causas hayamos llegado al ocaso de las naciones sin un mito nacional compartido, sino con mitos nacionales divididos de nuevo en los ejes que comentaba antes, e incluso con mitologías nacionalizantes (que pretenden generar naciones) antagónicas (como la de los nacionalismos vasco, catalán y en buena medida gallego).
En fin, que como decía Bueno, España no sólo es una realidad positiva, sino un problema metafísico, especialmente en la medida en que no tiene un mito consensuado que la sostenga, en el imaginario de los que la habitamos, como identidad básica compartida. Personalmente me siento muy ajeno en estas divisorias, motivo por el cual seguramente más de un adalid de ellas -a ambos lados- esté siempre haciendo amenaza de atizarme -no siempre metafóricamente. Claro que hasta en éso hay unos más iguales que otros, unos más metafóricos que otros.
En cualquier caso como ciberpunk, soy consciente de la necesidad del mito para que exista la convivencia, para establecer unos valores que se proyecten hacia el futuro permitiendo que no estallen las contradicciones del presente en formas violentas de conflicto. Y por eso me interesan todos los nuevos mitos que intentan superar y explicar esas divisiones en vez de azuzarlas y degradar el ambiente político, social y mediático. Y es que la triste verdad es que los mitos de la Transición no han sido capaces de sobrepasar el cambio generacional, como tampoco lo ha sido el mito del patriotismo constitucional, acabando todos subsumidos en el actual resurgir de los viejos mitos guerracivilistas.
De hecho la idea por la que sigo apostando: construir colectivamente el mito del futuro como alternativa, está, a día de hoy tapada por toda esa costra de memorias, testimonios y añoranzas guerracivilistas proyectadas por el poder mediático y la miopía sectaria. Por eso tengo cada vez más claro que si a corto plazo aparecen mitos colectivos que nos permitan construir bases sólidas de convivencia tienen que partir de “explicar” de algún modo el pasado de una forma mínimamente satisfactoria. Y no faltan intentos.
Todo este rollo os lo cuento porque últimamente me he estado interesando en una serie de mitos que empiezan a aparecer en autores muy distintos, de distintas opciones políticas, ideologías e incluso religiones y que se caracterizan, a mi juicio, por haber recuperado algunos temas e ideas centrales de la obra de Blas Infante. Los he encontrado en la web, en la literatura pulp y en ensayos históricos, algunos bastante buenos. Y es mi intención irlos comentado aquí, así que quiero poneros en antecedentes.
Básicamente la idea común de todo este nuevo andalucismo sería que el origen de las dos divisorias que comentaba al comienzo de este artículo no sería otro que la división entre cristianos viejos y nuevos heredera a su vez en la época moderna, del sistema medieval de castas peninsular. El meollo del problema de España habría sido la incapacidad del estado moderno para crear una comunidad identitaria (que pudiera devenir después nacional) al tiempo que mantenía esta división. Pensemos que la pureza de sangre fue condición tanto en la carrera militar como en el funcionariado público si no me equivoco hasta las Cortes de Cádiz.
Andalucía en este imaginario se difumina como realidad positiva, geográfica, para representar, en su Historia, el drama y la alienación de esa España de cristianos nuevos negada política y socialmente, vaciada de memoria y símbolos: La España subalterna. En este contexto la idea de una Andalucía libre por España y la Humanidad del himno infantiano (hoy oficial) tiene un sentido muy alejado del regionalismo (que para Infante nunca fue más que un medio para llegar a una España reconciliada y socialmente más justa). Un sentido que ciertamente ya estaba en Infante y que apunta hacia una cierta épica colectiva, hacia una identidad de España que se rehace leyendo de otra manera la Historia.
O recuperándola, según se mire. Así encontraremos a Manuel Pimentel vindicando a “Los otros Españoles, andalusíes en el Niger” en un interesantísimo ensayo tras el cual dudamos seriamente de que el idioma español sea castellano, al menos exclusivamente, para cuando menos, pensarlo producto de la unión del castellano con el romance aljamiado andalusí. O en la franja opuesta del espectro a Abdelrahman Medina releyendo el Quijote en una nueva lógica o a Elena Pezzi reinterpretando la identidad maña.
Además todo este enfoque lleva a una particular mirada sobre el Magreb, que también en lógica muy infantiana no puede dejar de recordarme el famoso viaje pentecostal de quien el Estatuto andaluz llama padre de la patria. Una mirada que a mi juicio no deja de ser un tanto inconsistente, no en su aprecio por lo que nos une, sino en su ceguera para ver que esas élites andalusíes exiliadas en el Norte de Africa tras 1492 primero y tras la expulsión de los moriscos en 1609 después, constituirían en aquellos países oligarquías que han durado hasta nuestros días con la misma mentalidad castiza, cerrada y endogámica que las de cristianos viejos peninsulares (Portugal no fue distinto). A día de hoy unas y otras siguen viviendo en un imaginario de anuncio vuelta al cole del Corte Inglés donde todos los niños se bañan en camomila y carecen por completo de melanina. Fantasía muy reveladora a mi juicio, de su origen de casta con pretensiones raciales.
Ultimamente estoy encontrando libros en esta tendencia en los estantes más inesperados, como la última novela de Pimentel, una entretenida novelita pulp de acción y detectives que sin embargo tiene mucho del mensaje neoandalucista. Y aunque soy crítico y tal vez porque mis primeras lecturas políticas tuvieron mucho de andalucismo, confieso que muchas ideas me atraen.
Tal vez porque no puede dejar de resultarme más habitable un mito que nos define colectivamente como nación fuera de la lógica de los linajes, que nos une a portugueses y magrebíes, a judíos y musulmanes, y que nos aboca al mediterráneo y la tolerancia en vez de definirnos en contraposición violenta con unos y otros (como el nacionalismo castizo -españolista o vasquista- de ayer, de hoy y de siempre).
O tal vez me gusta simplemente porque el nuevo andalucismo invita a releer la Historia de un modo diferente, que impele hoy a aprender, convivir y apostar por un construyamos todos juntos en la interna y en la externa. Y claro, no es lo mismo. Aunque lo refutemos.
1. En la onomástica española, especialmente en la vasca y dentro de esta la alavesa, el “de” antecede por lo general a un toponímico que señala el origen geográfico de la familia, no la propiedad feudal como el von germánico, señal de nobleza. Mis antepasados por lo visto eran del pueblo llamado Ugarte, en Guipuzcoa, cuando se normalizaron los apellidos así fueron registrados, y por eso yo soy David de Ugarte.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
-
[...] A pesar de este empiece, la semana va a ser maravillosa, lo presiento. Además hoy es uno de esos grandes días en los que Enrique ha actualizado su blog y Ugarte nos ofrece de nuevo un post que merece la pena leer con mucho detenimiento. ¡Féliz semana a todos los blogeros! [...]
-
[...] Lo bueno del asunto estuvo en que esa navegación casi exahustiva me permitió comprender porque a veces al leerle pensaba: “si yo supiera escribir habrÃa dicho exactamente eso…“. Bien. [...]
-
[...] Rafa Estrella está de enhorabuena. Se ha estrenado en Wikipedia con la historia de un personaje de esos que manan de la españa andalusÃ, tan bien retratada por mentes de hoy y ayer. El “prÃncipe de los gitanos”, asà era como se hacÃa llamar Chorrojumo. No es de extrañar que en la Granada de la segunda mitad del siglo XIX hubiera personajes de esta jaez. Tampoco lo es que ese ambiente propicio haya desaparecido. Está de moda lo cutre, lo chapucero. El ingenio ha muerto, a cuando menos no vemos rastro de él. [...]
-
[...] Hoy, que es sábado, que el sol ha salido tras el tormentón, que hice una paella de bacalao y aún seguimos de sobremesa… me van a permitir que deje un momento mi racionalismo, que les intente transmitir algo más. Me van a permitir, en una palabra, que no modere mi andalucismo. Que les intente convencer que nuestro país no tiene fronteras dibujadas ni pasos aduaneros. Que nuestra casa va más allá del Alentejo, el Algarbe, la Mancha, Aragón, Extremadura, Murcia o la Andalucia de los mapas, que vive también en el secarral norteafricano, en la cala chipriota o en el olivar siciliano. Somos del país de la grama y los patios. [...]
-
[...] El poder de las redes ya tiene editor. Y la verdad no podría sentirme más honrado. El boceto electrónico de libro gustó mucho a Manuel Pimentel, de quien ya os hablé en febrero de 2004 y septiembre de 2005. [...]






Creandote un usuario en un
Puedes ver los 23 posts más actualizados de mi
Puedes ver las estadísticas de este blog -entre otros- en el 
Yo, como sabes, también siento simpatías por el andalucismo infantiano, por esa forma de definir Andalucía como un más y no como un menos.
Andalucía se nos plantea como nuestro campo de batalla y para recuperarla a la sociedad abierta, tenemos también que “vaciar la biblioteca y empezar de cero”. En este sentido los trabajos ciberpunk sobre diversidad, mestizaje, sobre las identidades “baratas” y la Sociedad Red: pasan a formar parte de nuestras bases ideológicas.
Si te interesa dentro de un par de semanas iré colgando una especie de “libro-blog” sobre esto que tu llamas neoandalucismo. En é se habla sobre la Obra de Blas Infante, la situación andaluza y lo que tú denominarías “nuevo mito identitario andaluz” y yo “Nuevo Ideal Andaluz”
Muchas gracias por hablar con la originalidad y el criterio que te caracteriza sobre la nueva Andalucía.
Gracias a ti, creo que este ha sido uno de los posts más importantes para mi en la última época, en él me he decidido a mostrar cartas que normalmente no muestro, la parte “más mía” de mi propia identidad y de la del país en el que creo.
Lo curioso es que casi no haya generado comentarios. Sólo la complicidad de algunos compañeros de ciberpunk que lo han entendido y con los que no hacen falta palabras. Porque en este post, como en la Historia y el mito de nuestra Andalucía, lo importante no es lo que se dice, sino lo que se calla y se entiende.
Por cierto, no hace falta que lo diga, seguiré con especial atención y cariño tu serie.
Es curioso pensar en como el andaluscismo de Blas Infante se ha convertido en una referencia prácticamente transversal en Andalucía, y que los partidos que han tratado de utilizar el andalucismo como bandera política (PSA, PA, y variantes)-y, por tanto, de una manera excluyente (Los míos son los verdaderos andalucistas, los demás, por tanto, una suerte de traidores inconscientes a la patria) han fracasado… Yo vivía en Cádiz en plena eclosión del andalucismo alrededor de las movilizaciones del referendum del 28 de febrero. Todo aquello surgió casi como de la nada porque había muy poca memoria histórica sobre Blas Infante o el andalucismo. Para la mayoría de los andaluces era un desconocido…se trataba de un nacionalismo avant la lettre como pasa en parte con el del canario Secundino Delgado aunque en otro sentido. Me has traído muchos recuerdos. No había pensado en el andalucismo infantiano como precendente de un modelo de identidad no excluyente… Antonio Burgos dijo que un gaditano podía permitirse nacer donde quisiera, tal vez eso pudiera extrapolarse a toda Andalucía, y al revés también pasa: creo que los andaluces tienen una fuerte capacidad de adaptarse a los sitios donde la vida los ha mandado vivir, y a integrarse… no son/mos muy de “Casas de..” Bueno, dejo de divagar.
Aunque lo aporto tarde, creo que es interesante ver, en páginas vecinas a las de la relectura del Quijote que citas, la narración del viaje iniciático de Blas Infante a la tumba de uno de los reyes de las españas, Al Mutamid de Sevilla, el rey poeta.
Creo que hay una historia sobre él: a su esposa le gustaba ver a las mujeres que trabajaban el barro con los pies descalzos. Para complacerla Al Mutamid preparó una mezcla de alcanfor y almizcle pulverizados que ella pudiese usar como barro.
Hay una foto de su tumba.