Ha llegado a la biblioteca la segunda parte de los cuentos completos de PK Dick. La publicación, completa y cronológica de estos relatos permite entender mejor hoy al genio de Berkeley y su relación con el ciberpunk contemporáneo
Corría el verano del 2003, estábamos en Praga. El programa de aquel encuentro era tan denso como interesante. De entre todos los papers hubo uno que me gustó ya en el planteamiento: Cyberpunks and Empire, de Istvan Csicsery-Ronay. Una de las ideas fuerza que marcaba era la imposibilidad de imaginar el fin del mundo desde el ciberpunk.
Pónganse en situación: el mundo del ciberpunk cristaliza en el 89. Atrás quedan la guerra fría, el temor permanente a un holocausto nuclear. En su lugar aparece un mundo que rápidamente desarrolla conexiones y multiplica nodos. Un mundo robusto al modo en que las redes distribuidas lo son: frágiles las conexiones, vulnerables los nodos, incuestionable la red en su conjunto, imparable la posibilidad de moverse y transmitir en ella.
Ahora imaginen a PK Dick frente una máquina de escribir mecánica en octubre del 52. Se está saltando las convenciones del género y escribiendo uno de los relatos más importantes de la ciencia ficción de la década: La segunda variedad. En él la mil veces imaginada, obsesiva guerra entre EEUU y la URSS toma un giro inesperado: los robots autoreparables creados por los norteamericanos para sustituir a los soldados, evolucionan, se mimetizan bajo forma antropomórfica y se dedican a exterminar a todo bicho viviente, no sólo a los rusos. Dick no puede evitar el comentario de que la sociedad de los robots, iguales, económicos, ahorrativos, focalizados, es el socialismo ideal.
¿Terminator avant la lettre? En cierta manera muchísimo más contemporáneo. Terminator participa del miedo macartista -y reaganiano- al infiltrado soviético y sobre todo del miedo al holocausto final, a la desaparición de la civilización humana por la guerra tecnologizada. Los robots de la película son todavía en buena medida una metáfora del ejército rojo.
Unos meses después de acabar La segunda variedad, Dick escribe un nuevo relato El mundo de Jon. Los humanos están repoblando la Tierra tras la guerra entre ellos primero y con las máquinas después. El fin no ha existido. Es más, en una muy philipkeidiana vuelta de tuerca el relato acaba en una línea temporal alternativa en la que la guerra no acaba en holocausto sino que abre las puertas de una sociedad idílica.
Es esta imposibilidad a la hora de imaginar un final total, un colapso sin remedio del sistema lo que a mi juicio hace más clarividente a PKD. Más contemporáneo también. Un mundo sin fin y sin remedio es definitivamente un mundo donde hasta las ideologías más teleológicas tienen que reconocer su absurdo… aunque sea para volver la mirada hacia el nihilismo.
Todo esto además tiene que ver con las búsquedas teológicas de Dick y a mi juicio será lo que le distancie definitivamente de la Nueva Era que en los sesenta empezaría a cuajar en el escenario ideológico californiano. En aquel crisol de búsquedas nacieron las dos grandes ramas de pensamiento que tratarían de explicar el cambio. Definitivamente contemporáneo el ciberpunk, con su concepción del mundo al margen de la teleología, la mirada al individuo empoderado tecnológicamente y su intuición de la red globalizante.
Definitivamente reaccionaria la Nueva Era mística, tecnófoba, necesitada de catástrofes energéticas o medioambientales, con inevitables receptores en una izquierda derrotista y culpabilizadora que también formaba sus primeros argumentarios en el Berkeley de aquellos días.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
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