Las lenguas españolas en Alguero y en general en Cerdeña tienen una historia más rica de la que se conoce generalmente en España
La catedral del Alguer, como tantas en el mundo latino, acumula superpuestos todo tipo de elementos de distintas épocas y estilos. Podemos encontrar, por ejemplo, una capilla barroca presidida por una imagen tardoromana en la que se venera un icono bizantino

Pero lo más llamativo para mi son sus lápidas

Tan sólo hay tres. Dos de ellas, escritas en español, están datadas en 1568 y 1624. La tercera, en latín es ya del siglo XX (1930), pero aún así llama la atención que el nombre de pila del difunto, Francisco d’Errico, no aparezca en su forma italiana, catalana, sarda o incluso corsa (he descubierto que no muy lejos de aquí se habla una variante de la lengua materna de Napoleón Bonaparte).
La clave del misterio está, en realidad, en las fechas.
Es cierto que en esta parte de la isla hubo una fuerte presencia aragonesa: En 1243 el rey Alfonso de Aragón desembarcó no muy lejos de las playas en las que nos bañábamos ayer y en 1245 el Papa Bonifacio VIII otorgaba el reino de Corcega y Cerdeña a Jaime II de Aragón. Es entonces cuando aparece por primera vez la actual bandera de Cerdeña, una cruz de San Jorge (patrón de Aragón) cuyos cuartos blasonan a i quattri mori (”los cuatro moros”). La enseña, obviamente emparentada con el escudo oscense, nace como un símbolo de los invasores, no de sus antagonistas, el rebelde principado de Arborea, que ocupaba la región de Oristano y al que no derrotarían definitivamente hasta 1409.
Aunque los invasores aragoneses no eran lingüísticamente homogéneos, el catalán fue una gran lengua de cultura y comercio durante los siglos XIV y XV. Al parecer, los actuales -y para mi todavía desconocidos- catalanoparlantes del Alguer no son descencientes tanto de catalanes llegados del continente como de población local y aragonesa que adoptó el idioma por ser lengua de prestigio. Sin embargo el declive del comercio mediterráneo a partir el descubriento de América en 1492 y el nuevo marco político dado por el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1479, debilitaron la posición del catalán como lengua comercial. En Cerdeña este proceso coincidió con el nacimiento, alentado por la corona, de las primeras universidades de la isla en Sassari (1562) y Cagliari (1620). Desde entonces y hasta bien entrado el siglo XVIII, la élite burocrática y política sarda se formaría en español con maestros hispanoparlantes.
Las lápidas, de 1568 y 1624, pertecen pues a un momento en el que la lengua administrativa y de cultura era el español contemporáneo. Una lengua que fue hegemónica en el conjunto de Cerdeña durante más de dos siglos y cuya influencia cultural ha seguido hasta hoy sorprendentemente viva. Seguramente por eso a mis contertulios sardos les extrañe que la presencia institucional española esté tan centrada en el Alguer y en la lengua catalana y no tenga una visión más amplia de la influencia peninsular en la isla.
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[…] Como os contaba ayer, la inluencia cultural española por aquí es fuerte. En todas las librerías y kioskos se encuentra la prensa española del día y según me cuenta uno de los libreros, El País es el primer periódico en agotarse porque tiene lectores tanto españoles como locales. […]
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[…] Pudisteis seguir nuestro viaje casi día a día gracias al blog de David, que tuvo la paciencia y la constancia para escribir por las noches y bajar por las mañanas a sentarse en los duros adoquines de nuestra estrecha calle, en cuyo número 23 pillábamos la red wifi de un bar que sólo abría los sábados y los domingos por la noche. […]





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