« Conectando al presente « Portada » Tecnologías, futuro y crisis energética »
Martes, 31 de Enero de 2006El futuro de la Energía y los santos de los últimos días del petróleoVersiones Latoc
Resumiendo, uno esperaría, con tamaños apoyos, un mensaje bien estructurado y ponderado, con ideas y alternativas aplicables, con proyección política y directrices de acción. Sin embargo, el mensaje es el mismo que había entrevisto en otras presentaciones similares de Pedro Prieto. Es claro y más radical aún que lo que había criticado en su día a Marcel Coderch, la posición de AEREN es sencilla: la extraccion de petróleo en un lapso máximo de cinco a diez años no será suficiente para abastecer la demanda, las energías alternativas no podrán sustituirlo y tendremos que reducir el consumo per capita por debajo de 500W. Volveremos al consumo energético del principio de la Revolución Industrial. Lo más sorprendente: más de la mitad de la presentación está destinada a probar que no existen alternativas al petróleo, que no cabe hacer nada, el ocaso del petróleo lo será también de las sociedades industriales y postindustriales. Tras escuchar no pude evitar la sorpresa. Según AEREN todo se reduce a disminuir el consumo progresivamente para acostumbrarse a una vuelta atrás histórica de consecuencias tristísimas: todas las de la depauperación global que vendría pareja a la pura y simple ausencia total de fuentes energéticas. No se asusten, la selección de gráficas y la manera de leerlas era bastante sesgada, tanto como para invalidar científicamente las conclusiones. Tanto que el comentario que no pude evitar hacerle a Pedro Prieto es que me parecía tan mal economista como tecnólogo. Pero supongo que en realidad no iba de éso. No iba, desde luego de conocimiento científico ni de previsión socioeconómica. Iba de necesidades que poco tenían que ver con las que nos preocupan y mueven a los economistas, sino más bien con las que suelen relacionarse con la fe. Aunque eso es difícil transmitirlo sin hablar antes del público asistente. Los orígenes ideológicos del catastrofismo verdeDe hecho y aunque seguramente ni ellos mismos las conozcan, es necesario conocer sus genealogías ideológicas y los orígenes de los términos y conceptos que utilizaban para entender una ceremonia como la del otro día, en la que el público sobrealimentado y mantenido a base de subvenciones europeas a la producción agrícola, quería creer y deseaba fervientemente que una catástrofe de abastecimiento acabara con el orden industrial, haciendo imposible incluso la llegada a la isla de aviones y de turistas procedentes de Alemania, como buena parte de ellos mismos. En los años sesenta una parte de la juventud europea de buena familia descubrió la izquierda radical. Tras fracasar una y otra vez a la hora de convencer a los obreros de que necesitaban un partido revolucionario y que jústamente era el de ellos y no el de los de al lado, la pregunta que se impuso era la que años antes, en la revista Socialismo o Barbarie, se habían formulado Bordieu y Castoriadis: ¿Por qué el proletariado no es ya revolucionario? ¿Por qué no nos hace ni puñetero caso cuando es tan evidente que la necesidad histórica le llama a seguirnos? La respuesta de Castoriadis y sobre todo de Bordieu, seguida luego por su situacionista discípulo Debord, será intelectualmente muy elaborada: el capitalismo habría entrado en una nueva fase donde lo determinante del orden social, incluido el control y la generación de identidades, se realizaría no en la relación directa entre capital y trabajo, en la producción, sino en el sistema mismo de reproducción de la fuerza de trabajo, el consumo, donde se concentrarían las nuevas contradicciones del sistema. Más que capitalismo, tendríamos que llamar pues al nuevo modo de producción/reproducción social, consumismo, nos aseguraban. Como se pueden imaginar y prefiero ahorrarme, las vulgarizaciones necesarias para pasar de tal definición de consumismo al lugar común de raices cristianas y culpa que es hoy, no fueron ni pocas ni tan elaboradas. Pero si bien es cierto que en el batiburrillo ideológico de la izquierda setentera las fuentes cristianas eran pan nuestro de cada día, el elemento clave vendría del Norte. Respondiendo a la misma y profundísima pregunta -¿Por qué no nos hacen ni puñetero caso los obreros?- unas cuantas lumbreras alemanas y holandesas responderán: porque la contradicción fundamental del capitalismo ya no se da entre capital y trabajo, como describió Marx, sino entre capital y recursos naturales. El enemigo no sería ya el capitalismo sino el industrialismo y el horizonte de una revolución mundial sería sustituido por el de una catastrofe ecológica global. Ese es el marco ideológico del nacimiento de die Grünen. Pero la sustitución de la clase obrera por la Naturaleza sobre un viejo armazón de origen marxista no puede pasar sin consecuencias, más bien retrotrae buena parte de las actitudes a las categorías de la moral protestante y a la culpa: el consumismo no será ya el complejo sistema de Bordieu, ni el opio del proletariado de Debord, sino un pecado que destruye los impecables dones recibidos. El proletariado otrora deificado, luego culpabilizado, pasará finalmente a ser estigmatizado como complice beneficiado del deicidio industrialista. El modelo ideológico final del movimiento verde centroeuropeo, que dará forma al ecologismo político global, culmina el salto teórico para volver -sin ahorrar elementos kamp de los tiempos hippies- hacia las viejas herejías medievales. La alternativa al industrialismo y la globalización se prefigura desde el relato idílico y tecnófobo de un edén comunal agrario, antiurbano y autosuficiente, en el que el impacto y por tanto la relación entre Humanidad y Naturaleza se minimizan. La utopía del ecologismo político es un mundo inmovil en estado estacionario, que ha vuelto a los primeros tiempos de la máquina de vapor. La puerta al nuevo Edén será una catástrofe global desde la crisis del 73 asociada al consumo energético. Una catástrofe que vendrá vestida conceptualmente bajo un esquema similar al de la segunda venida cristiana o la revolución marxista: irremisible, arrasadora y provisoria. ConclusionesEste sustrato ideológico es, de verdad, lo único que me permite entender el verdadero fenómeno social a analizar en estos actos de AEREN: la voluntad de creer. Personalmente creo patológico el deseo apenas matizado de la inminencia insalvable de una catástrofe energética que asole el mundo. Deseo que no es sino expresión de una voluntad de castigo que se hace explícita cuando el ponente insiste una y otra vez en el todos somos culpables. Culpables de qué, preguntábamos. De consumismo, respondían público y ponentes. Y consumismo quería decir apenas nada: pecado de transformar el mundo, de usar la Naturaleza para conseguir bienestar. Vuelta al pecado original, porque ser humano es jústamente eso, transformar la Naturaleza. Vuelta a la penitencia y el castigo divino ahora descrito como un mundo sin aviones, sin fertilizantes, con un consumo exógeno de energía inferior a 400 watios. Vuelta a las herejías medievales. Discutir el cenit del petróleo no es esto, señores de AEREN. Por ese camino no construirán un think-tank útil a la sociedad, sino una Iglesia neoEvangélica. Serán, eso sí, los subvencionados Santos de los últimos días del petróleo y como todos los profetas del fin del mundo tendrán que cambiar cada año sus proyecciones, rearmar gráficas e interpretaciones hasta que pierdan todo sentido y credibilidad. Si es que a estas alturas tienen, todavía, alguna. El futuro de la Energía y los santos de los últimos días del petróleo
Resumindo, um esperaria, com tamanhos apoios, uma mensagem bem estructurado e ponderado, com ideias e alternativas aplicables, com projecção política e directrizes de acção. No entanto, a mensagem é o mesmo que tinha entrevisto em outras apresentações similares de Pedro Prieto. É claro e mais radical ainda que o que tinha criticado em seu dia a Marcel Coderch, a posição de AEREN é singela: a extraccion de petróleo num lapso máximo de cinco a dez anos não será suficiente para abastecer a demanda, as energias alternativas não poderão o substituir e teremos que reduzir o consumo per capita por embaixo de 500W. Voltaremos ao consumo energético do princípio da Revolução Industrial. O mais surpreendente: mais da metade da apresentação está destinada a provar que não existem alternativas ao petróleo, que não cabe fazer nada, o ocaso do petróleo o será também das sociedades industriais e postindustriales. Depois de escutar não pude evitar a surpresa. Segundo AEREN todo se reduz a diminuir o consumo progressivamente para se acostumar a uma volta atrás histórica de consequências tristísimas: todas as da depauperación global que viria casal à pura e simples ausência total de fontes energéticas. Não se assustem, a selecção de gráficas e a maneira das ler era bastante sesgada, tanto como para invalidar cientificamente as conclusões. Tanto que o comentário que não pude evitar lhe fazer a Pedro Prieto é que me parecia tão mau economista como tecnólogo. Mas suponho que em realidade não ia de éso. Não ia, desde depois de conhecimento científico nem de previsão socioeconómica. Ia de necessidades que pouco tinham que ver com as que nos preocupam e movem aos economistas, senão mais bem com as que costumam se relacionar com a fé. Ainda que isso é difícil o transmitir sem falar dantes do público assistente. As origens ideológicas do catastrofismo verdeDe facto e ainda que seguramente nem eles mesmos as conheçam, é necessário conhecer suas genealogias ideológicas e as origens dos termos e conceitos que utilizavam para entender uma cerimónia como a do outro dia, na que o público sobrealimentado e mantido a base de subvenciones européias à produção agrícola, queria crer e desejava ferventemente que uma catástrofe de abastecimento acabasse com o ordem industrial, fazendo impossível inclusive a chegada à ilha de aviões e de turistas procedentes de Alemanha, como boa parte deles mesmos. Nos anos sessenta uma parte da juventude européia de boa família descobriu a esquerda radical. Depois de fracassar uma e outra vez à hora de convencer aos operários de que precisavam um partido revolucionário e que jústamente era o deles e não o dos da o lado, a pergunta que se impôs era a que anos dantes, na revista Socialismo ou Barbarie, se tinham formulado Bordieu e Castoriadis: Por que o proletariado não é já revolucionário? Por que não nos faz nem puñetero caso quando é tão evidente que a necessidade histórica lhe chama a nos seguir? A resposta de Castoriadis e sobretudo de Bordieu, seguida depois por sua situacionista discípulo Debord, será intelectualmente muito elaborada: o capitalismo teria entrado numa nova fase onde o determinante do ordem social, incluído o controle e a geração de identidades, realizar-se-ia não na relação directa entre capital e trabalho, na produção, senão no sistema mesmo de reprodução da força de trabalho, o consumo, onde concentrar-se-iam as novas contradições do sistema. Mais que capitalismo, teríamos que chamar pois ao novo modo de produção/reprodução social, consumismo, nos asseguravam. Como se podem imaginar e prefiro me poupar, as vulgarizaciones necessárias para passar de tal definição de consumismo ao lugar comum de raices cristãs e culpa que é hoje, não foram nem poucas nem tão elaboradas. Mas conquanto é verdadeiro que no batiburrillo ideológico da esquerda setentera as fontes cristãs eram pan nosso da cada dia, o elemento finque viria do Norte. Respondendo à mesma e profundísima pergunta -Por que não nos fazem nem puñetero caso os operários?- umas quantas lumbreras alemãs e holandesas responderão: porque a contradição fundamental do capitalismo já não se dá entre capital e trabalho, como descreveu Marx, senão entre capital e recursos naturais. O inimigo não seria já o capitalismo senão o industrialismo e o horizonte de uma revolução mundial seria substituído pelo de uma catastrofe ecológica global. Esse é o marco ideológico do nascimento de die Grünen. Mas a substituição da classe operária pela Natureza sobre um velho armazón de origem marxista não pode passar sem consequências, mais bem retrotrae boa parte das atitudes às categorias da moral protestante e à culpa: o consumismo não será já o complexo sistema de Bordieu, nem o opio do proletariado de Debord, senão um pecado que destrói os impecables dons recebidos. O proletariado outrora deificado, logo culpabilizado, passará finalmente a ser estigmatizado como complice beneficiado do deicidio industrialista. O modelo ideológico final do movimento verde centroeuropeo, que dará forma ao ecologismo político global, culmina o salto teórico para voltar -sem poupar elementos kamp dos tempos hippies- para as velhas herejías medievales. A alternativa ao industrialismo e a globalização se prefigura desde o relato idílico e tecnófobo de um edén comunal agrário, antiurbano e autosuficiente, no que o impacto e por tanto a relação entre Humanidade e Natureza se minimizam. A utopia do ecologismo político é um mundo inmovil em estado estacionario, que voltou aos primeiros tempos da máquina de vapor. A porta ao novo Edén será uma catástrofe global desde a crise do 73 sócia ao consumo energético. Uma catástrofe que virá vestida conceitualmente baixo um esquema similar ao da segunda vinda cristã ou a revolução marxista: irremisible, arrasadora e provisoria. ConclusõesEste sustrato ideológico é, para valer, o único que me permite entender o verdadeiro fenómeno social a analisar nestes actos de AEREN: a vontade de crer. Pessoalmente creio patológico o desejo mal enfatizado da inminencia insalvable de uma catástrofe energética que assole o mundo. Desejo que não é senão expressão de uma vontade de castigo que se faz explícita quando o palestrante insiste uma e outra vez no todos somos culpados. Culpados de que, perguntávamos. De consumismo, respondiam público e palestrantes. E consumismo queria dizer mal nada: pecado de transformar o mundo, de usar a Natureza para conseguir bem-estar. Volta ao pecado original, porque ser humano é jústamente isso, transformar a Natureza. Volta à penitência e o castigo divino agora descrito como um mundo sem aviões, sem fertilizantes, com um consumo exógeno de energia inferior a 400 watios. Volta às herejías medievales. Discutir o cenit do petróleo não é isto, senhores de AEREN. Por esse caminho não construirão um think-tank útil à sociedade, senão uma Igreja neoEvangélica. Serão, isso sim, os subvencionados Santos dos últimos dias do petróleo e como todos os profetas do fim do mundo terão que mudar a cada ano suas projecções, rearmar gráficas e interpretações até que percam todo sentido e credibilidade. Se é que a estas alturas têm, ainda, alguma. O futuro da Energia e os santos dos últimos dias do petróleo
Resumindo, un esperaría, con tamaños apoios, unha mensaxe ben estructurado e ponderado, con ideas e alternativas aplicables, con proxección política e directrices de acción. Con todo, a mensaxe é o mesmo que había entrevisto noutras presentacións similares de Pedro Prieto. É claro e máis radical aínda que o que criticara no seu día a Marcel Coderch, a posición de AEREN é sinxela: a extraccion de petróleo nun lapso máximo de cinco a dez anos non será suficiente para abastecer a demanda, as enerxías alternativas non poderán substituílo e teremos que reducir o consumo per capita por baixo de 500W. Volveremos ao consumo energético do principio da Revolución Industrial. O máis sorprendente: máis da metade da presentación está destinada a probar que non existen alternativas ao petróleo, que non cabo facer nada, o ocaso do petróleo o será tamén das sociedades industriais e postindustriales. Tras escoitar non puiden evitar a sorpresa. Segundo AEREN todo redúcese a diminuír o consumo progresivamente para afacerse a unha volta atrás histórica de consecuencias tristísimas: todas as da depauperación global que viría parella á pura e simple ausencia total de fontes energéticas. Non se asusten, a selección de gráficas e o xeito de lelas era bastante sesgada, tanto como para invalidar científicamente as conclusións. Tanto que o comentario que non puiden evitar facerlle a Pedro Prieto é que me parecía tan mal economista como tecnólogo. Pero supoño que en realidade non ía de éso. Non ía, desde logo de coñecemento científico nin de previsión socioeconómica. Ía de necesidades que pouco tiñan que ver coas que nos preocupan e moven aos economistas, senón máis ben coas que adoitan relacionarse coa fe. Aínda que iso é difícil transmitilo sen falar antes do público asistente. As orixes ideolóxicas do catastrofismo verdeDe feito e aínda que seguramente nin eles mesmos coñézanas, é necesario coñecer os seus genealogías ideolóxicas e as orixes dos términos e conceptos que utilizaban para entender unha cerimonia como a do outro día, na que o público sobrealimentado e mantido a base de subvencións europeas á produción agrícola, quería crer e desexaba fervientemente que unha catástrofe de abastecemento acabase coa orde industrial, facendo imposible incluso a chegada á illa de avións e de turistas procedentes de Alemania, como boa parte deles mesmos. Nos anos sesenta unha parte da mocidade europea de boa familia descubriu a esquerda radical. Tras fracasar unha e outra vez á hora de convencer aos obreiros de que necesitaban un partido revolucionario e que jústamente era o deles e non o dos de á beira, a pregunta que se impuxo era a que anos antes, en revístaa Socialismo ou Barbarie, formuláronse Bordieu e Castoriadis: Por que o proletariado non é xa revolucionario? Por que non nos fai nin puñetero caso cando é tan evidente que a necesidade histórica chámalle a seguirnos? A resposta de Castoriadis e sobre todo de Bordieu, seguida logo pola súa situacionista discípulo Debord, será intelectualmente moi elaborada: o capitalismo entraría nunha nova fase onde o determinante da orde social, incluído o control e a xeración de identidades, realizaríase non na relación directa entre capital e traballo, na produción, senón no sistema mesmo de reprodución da forza de traballo, o consumo, onde se concentrarían as novas contradicións do sistema. Máis que capitalismo, teriamos que chamar pois ao novo modo de produción/reprodución social, consumismo, asegurábannos. Como se poden imaxinar e prefiro aforrarme, as vulgarizaciones necesarias para pasar de tal definición de consumismo ao lugar común de raices cristiás e culpa que é hoxe, non foron nin poucas nin tan elaboradas. Pero aínda que é certo que no batiburrillo ideolóxico da esquerda setenteira as fontes cristiás eran pan o noso de cada día, o elemento crave viría do Norte. Respondendo á mesma e profundísima pregunta -Por que non nos fan nin puñetero caso os obreiros?- unhas cantas lumbreras alemás e holandesas responderán: porque a contradición fundamental do capitalismo xa non se dá entre capital e traballo, como describiu Marx, senón entre capital e recursos naturais. O inimigo non sería xa o capitalismo senón o industrialismo e o horizonte dunha revolución mundial sería substituído polo dunha catastrofe ecolóxica global. Ese é o marco ideolóxico do nacemento de die Grünen. Pero a sustitución da clase obreira pola Natureza sobre unha vella armazón de orixe marxista non pode pasar sen consecuencias, máis ben retrotrae boa parte das actitudes ás categorías da moral protestante e á culpa: o consumismo non será xa o complexo sistema de Bordieu, nin o opio do proletariado de Debord, senón un pecado que destrúe os impecables dons recibidos. O proletariado otrora deificado, daquela culpabilizado, pasará finalmente a ser estigmatizado como complice beneficiado do deicidio industrialista. O modelo ideolóxico final do movemento verde centroeuropeo, que dará forma ao ecologismo político global, culmina o salto teórico para volver sen aforrar elementos kamp dos tempos hippies- cara ás vellas herejías medievais. A alternativa ao industrialismo e a globalización se prefigura desde o relato idílico e tecnófobo dun edén comunal agrario, antiurbano e autosuficiente, no que o impacto e xa que logo a relación entre Humanidade e Natureza minimízanse. A utopía do ecologismo político é un mundo inmovil en estado estacionario, que volveu aos primeiros tempos da máquina de vapor. A porta ao novo Edén será unha catástrofe global desde a crise do 73 asociada ao consumo energético. Unha catástrofe que virá vestida conceptualmente baixo un esquema similar ao da segunda vinda cristiá ou a revolución marxista: irremisible, arrasadora e provisoria. ConclusiónsEste sustrato ideolóxico é, de verdade, o único que me permite entender o verdadeiro fenómeno social a analizar nestes actos de AEREN: a vontade de crer. Personalmente creo patológico o desexo apenas matizado da inminencia insalvable dunha catástrofe energética que abordele o mundo. Desexo que non é senón expresión dunha vontade de castigo que se fai explícita cando o ponente insiste unha e outra vez no todos somos culpables. Culpables de que, preguntabamos. De consumismo, respondían público e ponentes. E consumismo quería dicir apenas nada: pecado de transformar o mundo, de usar a Natureza para conseguir benestar. Volta ao pecado orixinal, porque ser humano é jústamente iso, transformar a Natureza. Volta á penitencia e o castigo divino agora descrito como un mundo sen avións, sen fertilizantes, cun consumo exógeno de enerxía inferior a 400 watios. Volta ás herejías medievais. Discutir o cenit do petróleo non é isto, señores de AEREN. Por ese camiño non construirán un think-tank útil á sociedade, senón unha Igrexa neoEvangélica. Serán, iso si, os subvencionados Santos dos últimos días do petróleo e como todos os profetas do fin do mundo terán que cambiar cada ano as súas proxeccións, rearmar gráficas e interpretacións ata que perdan todo sentido e credibilidade. Si é que a estas alturas teñen, aínda, algunha. O futuro da Enerxía e os santos dos últimos días do petróleo
En resumint, òm esperariá, amb tamaños de supòrts, un messatge plan estructurat e ponderat, amb d'idèas e d'alternativas aplicablas, amb projeccion politica e de directrises d'accion. Malgrat aiçò, lo messatge es lo meteis qu'aviá entrevist en d'autras presentacions similaras de Pedro Prieto. Es clar e mai radical encara que çò qu'aviá criticat en lo sieu jorn a Marcel Coderch, la posicion de AEREN es simpla: la extraccion de petròli en un lapso maximal de cinc a dètz ans serà pas sufisent per abastecer la demanda, las energias alternativas poiràn pas o substituir e nos caldrà redusir lo consum per capita per jos 500W. Tornarem al consum energetic del principi de la Revolucion Industriala. Çò mai estonant: mai de la mitat de la presentacion es destinada a provar qu'existisson pas d'alternativas al petròli, que cap pas far brica, lo cogant del petròli çò serà tanben de las societats industrialas e postindustriales. Après escotar poguèri pas evitar l'estonament. Segontes AEREN tot se redusís a amendrir lo consum progressivament per s'acostumar a un torn enrè istoric de consequéncias tristísimas: totas las de la depauperación globala que vendriá coble a la pura e simpla abséncia totala de fonts energeticas. S'espanten pas, la seleccion de graficas e la manièra de las liéger èra pro sesgada, tant coma para invalidar científicamente las conclusions. Tant que lo comentari que poguèri pas evitar li far a Pedro Prieto es que me semblava tan mal economista coma tecnólogo. Mas supausi qu'en realitat anava pas de éso. Anava pas, segur de coneissença scientifica ni de prevision socioeconomica. Anava de besonhs que lor caliá pauc veire que nos preocupan amb el e mòvon als economistas, mas puslèu que sòlen amb el se ligar a la fe. E mai se çò es malaisit o transmetre sens parlar abans del public assistent. Las originas ideologicas del catastrofismo verdEn fach e e mai se segurament ni eles meteisses las conescan, es de besonh conéisser los sieus genealogías ideologicas e las originas dels tèrmes e concèptes qu'utilizavan per entendre una ceremònia coma la de l'autre jorn, que lo public sobrealimentado e mantengut a basa de subvencions europèas a la produccion agricòla, voliá en el creire e desirava fervientemente qu'una catastròfa de provesiment acabès amb l'òrdre industrial, en fasent impossible quitament l'arribada dins l'isla d'avions e de toristas procedentes d'Alemanha, coma bona part d'eles meteisses. En los ans seissanta una partida de la joenessa europèa de bona familha descobriguèt la quèrra radicala. Après fracassar una e un autre còp a l'ora de convéncer als obrièrs qu'avián de besonh un partit revolucionari e que jústamente èra lo d'eles e pas lo dels d'al bòrd, la question que s'impausèt èra era quau d'ans abans, en la revestisca Socialisme o Barbarie, s'èra formulat Bordieu e Castoriadis: Perqué lo proletariat es pas ja revolucionari? Perqué nos fa pas ni puñetero cas quand es tan evident que lo besonh istoric li crida a nos seguir? La responsa de Castoriadis e sustot de Bordieu, seguida après per la siá situacionista discipol Debord, serà intelectualmente fòrça elaborada: lo capitalisme seriá entrat dins una nòva fasa a on çò determinante de l'òrdre social, inclús lo contraròtle e la generacion d'identitats, se realizariá pas en la relacion dirècta entre principala e trabalh, en la produccion, mas en lo sistèma meteis de reproduccion de la fòrça de trabalh, lo consum, a on se concentrarián las nòvas contradiccions del sistèma. Mai que capitalisme, nos caldriá cridar doncas a la nòva manièra de produccion/reproduccion sociala, consumismo, nos asseguravan. Coma se pòdon imaginar e preferissi m'estauviar, las vulgarizaciones de besonh per passar de tala definicion de consumismo al luòc comun de raices crestianas e fauta qu'es uèi, foguèron pas ni paucas ni tan elaboradas. Mas s'es plan cèrt qu'en lo batiburrillo ideologic de la quèrra setentera las fonts crestianas èran de pan lo nòstre de cada jorn, l'element clau vendriá del Nòrd. En respondent a la meteissa e prigonda question -Perqué nos fan pas ni puñetero maridi los obrièrs?- Unas cuantas lumbreras alemandas e olandesas respondràn: pr'amor que la contradiccion fondamentala del capitalisme se dona pas mai entre principal e trabalh, coma descriguèt Marx, mas entre principal e de recorses naturales. L'enemic seriá pas ja lo capitalisme mas lo industrialismo e l'orizon d'una revolucion mondiala seriá substituit pel d'una catastrofe ecologica globala. Aqueste es lo marc ideologic de la naissença de die Grünen. Mas la substitucion de la classa obrièira per la Natura sobratz un vièlh armazón d'origina marxista pòt pas passar sens de consequéncias, puslèu retrotrae bona part de las actituds a las categorias de la morala protestante e a la fauta: lo consumismo serà pas ja lo complèx sistèma de Bordieu, ni lo opio del proletariat de Debord, mas un pecat que destruís los impecables dons recebuts. Lo proletariat otrora deificado, après culpabilizado, passarà fin finala a èsser estigmatizado coma complice beneficiat del deicidio industrialista. Lo modèl ideologic fin del movement verd centroeuropeo, que donarà forma al ecologismo politic global, culmina lo saut teoric per tornar -sens estauviar d'elements kamp dels tempses hippies- cap a las vièlhas herejías medievalas. L'alternativa al industrialismo e la globalizacion se prefigura dempuèi lo relat idílico e tecnófobo d'un edén comunal agrari, antiurbano e autosuficiente, que l'impacte e per tant la relacion entre Umanitat e Natura se minimizan en el. L'utopia del ecologismo politic es un mond inmovil dins estat estacionario, qu'a tornat als primièrs tempses de la maquina de vapor. La pòrta al nòu Edén serà una catastròfa globala dempuèi la crisi del 73 associada al consum energetic. Una catastròfa que vendrà vestida conceptualmente jos un esquèma similar al de la segonda venuda crestiana o la revolucion marxista: irremisible, arrasadora e provisoria. ConclusionsAqueste sustrato ideologic es, de vertat, çò de sol que me permet entendre lo veritable fenomèn social a analisar en aquestes actes de AEREN: la volontat de creire. Creï personalament patológico lo desir a pena nuançat de la inminencia insalvable d'una catastròfa energetica que asole lo mond. Desir qu'es pas mas expression d'una volontat de puniment que se fa explicita quand lo ponente insistís una e un autre còp en lo totes sèm colpables. Colpables de quines, preguntàvem. De consumismo, respondián public e ponentes. E consumismo voliá dire a pena brica: pecat de transformar lo mond, d'usar la Natura per aténher benestar. Torn al pecat original, pr'amor qu'èsser uman es jústamente aiçò, transformar la Natura. Torn a la penitencia e lo puniment divin ara descrich coma un mond sens d'avions, sens fertilizantes, amb un consum exógeno d'energia inferiora a 400 watios. Torn a las herejías medievalas. Discutir lo cenit del petròli es pas aquò, de senhors de AEREN. Per aqueste camin bastiràn pas un think-tank util a la societat, mas una Glèisa neoEvangélica. Seràn, aquò òc, los subvencionats Santos dels darrièrs jorns del petròli e coma totes los profètas de la fin del mond lor caldrà cambiar cada an las siás projeccions, rearmar graficas e d'interpretacions fins que pèrdan tot sens e credibilitat. S'es qu'a aquestas nautors an, encara, qualqu'una. Lo futur de l'Energia e los sants dels darrièrs jorns del petròli
Resumint, un esperaria, amb grandàries suports, un missatge bé estructurat i ponderat, amb idees i alternatives aplicables, amb projecció política i directrius d'acció. No obstant això, el missatge és el mateix que havia entrevist en altres presentacions similars de Pedro Prieto. És clar i més radical encara que el que havia criticat en el seu dia a Marcel Coderch, la posició de AEREN és senzilla: la extraccion de petroli en un lapso màxim de cinc a deu anys no serà suficient per a abastir la demanda, les energies alternatives no podran substituir-ho i haurem de reduir el consum per capita per sota 500W. Tornarem al consum energètic del principi de la Revolució Industrial. El més sorprenent: més de la meitat de la presentació està destinada a provar que no existeixen alternatives al petroli, que no cap fer gens, l'ocàs del petroli el serà també de les societats industrials i postindustriales. Després d'escoltar no vaig poder evitar la sorpresa. Segons AEREN tot es redueix a disminuir el consum progressivament per a acostumar-se a una volta enrere històrica de conseqüències tristísimas: totes les de la depauperación global que vindria parella a la pura i simple absència total de fonts energètiques. No s'espantin, la selecció de gràfiques i la manera de llegir-les era bastant sesgada, tant com per a invalidar científicamente les conclusions. Tant que el comentari que no vaig poder evitar fer-li a Pedro Prieto és que em semblava tan mal economista com tecnólogo. Però suposo que en realitat no anava de éso. No anava, des de després de coneixement científic ni de previsió socioeconómica. Anava de necessitats que poc havien de veure amb les quals ens preocupen i mouen als economistes, sinó més bé amb les quals solen relacionar-se amb la fe. Encara que això és difícil transmetre-ho sense parlar abans del públic assistent. Els orígens ideològics del catastrofismo verdDe fet i encara que segurament ni ells mateixos les coneguin, és necessari conèixer els seus genealogías ideològiques i els orígens dels termes i conceptes que utilitzaven per a entendre una cerimònia com la de l'altre dia, en la qual el públic sobrealimentado i mantingut a força de subvencions europees a la producció agrícola, volia creure i desitjava fervientemente que una catàstrofe de proveïment acabés amb l'ordre industrial, fent impossible fins i tot l'arribada a la illa d'avions i de turistes procedents d'Alemanya, com bona part d'ells mateixos. En els anys seixanta una part de la joventut europea de bona família va descobrir l'esquerra radical. Després de fracassar una i una altra vegada a l'hora de convèncer als obrers que necessitaven un partit revolucionari i que jústamente era el d'ells i no el dels del costat, la pregunta que es va imposar era la qual anys abans, en la revista Socialisme o Barbàrie, s'havien formulat Bordieu i Castoriadis: Per què el proletariado no és ja revolucionari? Per què no ens fa ni puñetero cas quan és tan evident que la necessitat històrica li crida a seguir-nos? La resposta de Castoriadis i sobretot de Bordieu, seguida després per la seva situacionista discípulo Debord, serà intelectualmente molt elaborada: el capitalisme hauria entrat en una nova fase on el determinant de l'ordre social, inclòs el control i la generació d'identitats, es realitzaria no en la relació directa entre capital i treball, en la producció, sinó en el sistema mateix de reproducció de la força de treball, el consum, on es concentrarien les noves contradiccions del sistema. Més que capitalisme, hauríem de cridar doncs a la nova manera de producció/reproducció social, consumisme, ens asseguraven. Com es poden imaginar i prefereixo estalviar-me, les vulgarizaciones necessàries per a passar de tal definició de consumisme al lloc comú de raices cristianes i culpa que és avui, no van ser ni poques ni tan elaborades. Però si bé és cert que en el batiburrillo ideològic de l'esquerra setentera les fonts cristianes eren pa el nostre de cada dia, l'element clau vindria del Nord. Responent a la mateixa i profundíssima pregunta -Per què no ens fan ni puñetero caso els obrers?- unes quantes lumbreras alemanyes i holandeses respondran: perquè la contradicció fonamental del capitalisme ja no es dóna entre capital i treball, com va descriure Marx, sinó entre capital i recursos naturals. L'enemic no seria ja el capitalisme sinó el industrialismo i l'horitzó d'una revolució mundial seria substituït pel de una catastrofe ecològica global. Aquest és el marc ideològic del naixement de die Grünen. Però la substitució de la classe obrera per la Naturalesa sobre una vella armadura d'origen marxista no pot passar sense conseqüències, més bé retrotrae bona part de les actituds a les categories de la moral protestant i a la culpa: el consumisme no serà ja el complex sistema de Bordieu, ni l'opi del proletariado de Debord, sinó un pecat que destrueix els impecables dons rebuts. El proletariado otrora deificado, després culpabilizado, passarà finalment a ser estigmatizado com complice beneficiat del deicidio industrialista. El model ideològic final del moviment verd centroeuropeo, que donarà forma al ecologismo polític global, culmina el salt teòric per a tornar -sense estalviar elements kamp dels temps hippies- cap a les velles herejías medievals. L'alternativa al industrialismo i la globalització es prefigura des del relat idíl·lic i tecnófobo d'un edén comunal agrari, antiurbano i autosuficient, en el qual l'impacte i per tant la relació entre Humanitat i Naturalesa es minimitzen. La utopia del ecologismo polític és un món inmovil en estat estacionario, que ha tornat als primers temps de la màquina de vapor. La porta al nou Edén serà una catàstrofe global des de la crisi del 73 associada al consum energètic. Una catàstrofe que vindrà vestida conceptualmente sota un esquema similar al de la segona vinguda cristiana o la revolució marxista: irremisible, arrasadora i provisoria. ConclusionsAquest sustrato ideològic és, de debò, l'únic que em permet entendre el veritable fenomen social a analitzar en aquests actes de AEREN: la voluntat de creure. Personalment crec patològic el desig tot just matisat de la inminencia insalvable d'una catàstrofe energètica que asole el món. Desig que no és sinó expressió d'una voluntat de càstig que es fa explícita quan el ponent insisteix una i una altra vegada en el tots som culpables. Culpables de quins, preguntàvem. De consumisme, responien públic i ponents. I consumisme volia dir tot just gens: pecat de transformar el món, d'usar la Naturalesa per a aconseguir benestar. Volta al pecat original, perquè ser humà és jústamente això, transformar la Naturalesa. Volta a la penitència i el càstig diví ara descrit com un món sense avions, sense fertilizantes, amb un consum exógeno d'energia inferior a 400 watios. Volta a les herejías medievals. Discutir el cenit del petroli no és això, senyors de AEREN. Per aquest camí no construiran un think-tank útil a la societat, sinó una Església neoEvangélica. Seran, això sí, els subvencionats Sants dels últims dies del petroli i com tots els profetes de la fi del món hauran de canviar cada any les seves projeccions, rearmar gràfiques i interpretacions fins que perdin tot sentit i credibilitat. Si és que a aquestes altures tenen, encara, alguna. El futur de l'Energia i els sants dels últims dies del petroli
Resumiendo, uno esperaría, con tamaños apoyos, un mensaje bien estructurado y ponderado, con ideas y alternativas aplicables, con proyección política y directrices de acción. Sin embargo, el mensaje es el mismo que había entrevisto en otras presentaciones similares de Pedro Prieto. Es claro y más radical aún que lo que había criticado en su día a Marcel Coderch, la posición de AEREN es sencilla: la extraccion de petróleo en un lapso máximo de cinco a diez años no será suficiente para abastecer la demanda, las energías alternativas no podrán sustituirlo y tendremos que reducir el consumo per capita por debajo de 500W. Volveremos al consumo energético del principio de la Revolución Industrial. Lo más sorprendente: más de la mitad de la presentación está destinada a probar que no existen alternativas al petróleo, que no cabe hacer nada, el ocaso del petróleo lo será también de las sociedades industriales y postindustriales. Tras escuchar no pude evitar la sorpresa. Según AEREN todo se reduce a disminuir el consumo progresivamente para acostumbrarse a una vuelta atrás histórica de consecuencias tristísimas: todas las de la depauperación global que vendría pareja a la pura y simple ausencia total de fuentes energéticas. No se asusten, la selección de gráficas y la manera de leerlas era bastante sesgada, tanto como para invalidar científicamente las conclusiones. Tanto que el comentario que no pude evitar hacerle a Pedro Prieto es que me parecía tan mal economista como tecnólogo. Pero supongo que en realidad no iba de éso. No iba, desde luego de conocimiento científico ni de previsión socioeconómica. Iba de necesidades que poco tenían que ver con las que nos preocupan y mueven a los economistas, sino más bien con las que suelen relacionarse con la fe. Aunque eso es difícil transmitirlo sin hablar antes del público asistente. Los orígenes ideológicos del catastrofismo verdeDe hecho y aunque seguramente ni ellos mismos las conozcan, es necesario conocer sus genealogías ideológicas y los orígenes de los términos y conceptos que utilizaban para entender una ceremonia como la del otro día, en la que el público sobrealimentado y mantenido a base de subvenciones europeas a la producción agrícola, quería creer y deseaba fervientemente que una catástrofe de abastecimiento acabara con el orden industrial, haciendo imposible incluso la llegada a la isla de aviones y de turistas procedentes de Alemania, como buena parte de ellos mismos. En los años sesenta una parte de la juventud europea de buena familia descubrió la izquierda radical. Tras fracasar una y otra vez a la hora de convencer a los obreros de que necesitaban un partido revolucionario y que jústamente era el de ellos y no el de los de al lado, la pregunta que se impuso era la que años antes, en la revista Socialismo o Barbarie, se habían formulado Bordieu y Castoriadis: ¿Por qué el proletariado no es ya revolucionario? ¿Por qué no nos hace ni puñetero caso cuando es tan evidente que la necesidad histórica le llama a seguirnos? La respuesta de Castoriadis y sobre todo de Bordieu, seguida luego por su situacionista discípulo Debord, será intelectualmente muy elaborada: el capitalismo habría entrado en una nueva fase donde lo determinante del orden social, incluido el control y la generación de identidades, se realizaría no en la relación directa entre capital y trabajo, en la producción, sino en el sistema mismo de reproducción de la fuerza de trabajo, el consumo, donde se concentrarían las nuevas contradicciones del sistema. Más que capitalismo, tendríamos que llamar pues al nuevo modo de producción/reproducción social, consumismo, nos aseguraban. Como se pueden imaginar y prefiero ahorrarme, las vulgarizaciones necesarias para pasar de tal definición de consumismo al lugar común de raices cristianas y culpa que es hoy, no fueron ni pocas ni tan elaboradas. Pero si bien es cierto que en el batiburrillo ideológico de la izquierda setentera las fuentes cristianas eran pan nuestro de cada día, el elemento clave vendría del Norte. Respondiendo a la misma y profundísima pregunta -¿Por qué no nos hacen ni puñetero caso los obreros?- unas cuantas lumbreras alemanas y holandesas responderán: porque la contradicción fundamental del capitalismo ya no se da entre capital y trabajo, como describió Marx, sino entre capital y recursos naturales. El enemigo no sería ya el capitalismo sino el industrialismo y el horizonte de una revolución mundial sería sustituido por el de una catastrofe ecológica global. Ese es el marco ideológico del nacimiento de die Grünen. Pero la sustitución de la clase obrera por la Naturaleza sobre un viejo armazón de origen marxista no puede pasar sin consecuencias, más bien retrotrae buena parte de las actitudes a las categorías de la moral protestante y a la culpa: el consumismo no será ya el complejo sistema de Bordieu, ni el opio del proletariado de Debord, sino un pecado que destruye los impecables dones recibidos. El proletariado otrora deificado, luego culpabilizado, pasará finalmente a ser estigmatizado como complice beneficiado del deicidio industrialista. El modelo ideológico final del movimiento verde centroeuropeo, que dará forma al ecologismo político global, culmina el salto teórico para volver -sin ahorrar elementos kamp de los tiempos hippies- hacia las viejas herejías medievales. La alternativa al industrialismo y la globalización se prefigura desde el relato idílico y tecnófobo de un edén comunal agrario, antiurbano y autosuficiente, en el que el impacto y por tanto la relación entre Humanidad y Naturaleza se minimizan. La utopía del ecologismo político es un mundo inmovil en estado estacionario, que ha vuelto a los primeros tiempos de la máquina de vapor. La puerta al nuevo Edén será una catástrofe global desde la crisis del 73 asociada al consumo energético. Una catástrofe que vendrá vestida conceptualmente bajo un esquema similar al de la segunda venida cristiana o la revolución marxista: irremisible, arrasadora y provisoria. ConclusionesEste sustrato ideológico es, de verdad, lo único que me permite entender el verdadero fenómeno social a analizar en estos actos de AEREN: la voluntad de creer. Personalmente creo patológico el deseo apenas matizado de la inminencia insalvable de una catástrofe energética que asole el mundo. Deseo que no es sino expresión de una voluntad de castigo que se hace explícita cuando el ponente insiste una y otra vez en el todos somos culpables. Culpables de qué, preguntábamos. De consumismo, respondían público y ponentes. Y consumismo quería decir apenas nada: pecado de transformar el mundo, de usar la Naturaleza para conseguir bienestar. Vuelta al pecado original, porque ser humano es jústamente eso, transformar la Naturaleza. Vuelta a la penitencia y el castigo divino ahora descrito como un mundo sin aviones, sin fertilizantes, con un consumo exógeno de energía inferior a 400 watios. Vuelta a las herejías medievales. Discutir el cenit del petróleo no es esto, señores de AEREN. Por ese camino no construirán un think-tank útil a la sociedad, sino una Iglesia neoEvangélica. Serán, eso sí, los subvencionados Santos de los últimos días del petróleo y como todos los profetas del fin del mundo tendrán que cambiar cada año sus proyecciones, rearmar gráficas e interpretaciones hasta que pierdan todo sentido y credibilidad. Si es que a estas alturas tienen, todavía, alguna. Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 6:32 pm
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « Conectando al presente « Portada » Tecnologías, futuro y crisis energética »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog hace devolución expresa de ellas al Dominio Público
|
|