Más del 40% de los vehículos que se vendan en Europa este año tendrán motores de biodiesel. Este será el año del biofuel. ¿El comienzo del fin de la crisis energética? De momento, seguramente el comienzo de una transformación tecnológica y social. Pero ojo: no todos los biofuels son iguales ni acarrean las mismas consecuencias. El juego está abierto.
El problema energético, como hemos defendido en este blog, es ante todo y a día de hoy, el producto de una crisis del modo de transporte, algo que normalmente se olvida o no se quiere ver. Pero cuando el petróleo sube, la tecnología emerge símplemente porque los costes de la tecnología existente tornan competitivos los precios de alternativas que hasta ahora no salían de los departamentos de I+D.
En este marco, el biofuel aparece cada día más como una tecnología atractiva:
- No requiere inversiones gigantescas en la adaptación de los actuales motores, es decir, el mercado del automóvil está preparado para el biofuel ya.
- Tiene un menor impacto ecológico que los combustibles sólidos: Por un lado, con Kyoto de fondo, el biofuel genera entre un 30 y un 70% menos de CO2, por otro reduce las emisiones de azufre a un nivel insignificante comparado con las actuales, con lo que de entrada, debería reducir el peligro de lluvia ácida
- Supone una oportunidad única para el desarrollo y la tecnificación del entorno rural en los países de la periferia
- Debilita la geopolítica del petróleo que ha marcado, desde comienzos del siglo XX los conflictos internacionales, democratizando el poder ligado al control de las fuentes de abastecimiento energético
- Aleja la espada de Damocles de un desequilibrio permanente entre producción y consumo
¿Biodiesel o etanol?
No todos los biocombustibles sin embargo puntuan igual en cada uno de estos elementos. El etanol -básicamente un alcohol producto de la fermentación de maiz, azucar y celulosa, el mismo que hace de principio activo en la cerveza, el vino o los licores- resulta atractivo a partir de un precio del barril de petroleo a largo plazo igual o mayor a 70$. Un precio todavía bastante alto. La clave: diseñar procesos orgánicos que hagan más barato romper la celulosa, un camino que ya está abierto en varios frentes.
Más barato resulta el Biodiesel, tecnología que sería ganadora para precios del barril entre 45 y 60$, una tecnología madura que el próximo año incorporarán el 40% de los vehículos que se vendan en Europa. Se trata de un aceite producido generalmente a partir de soja y aceite de palma.
La clave del proceso está en el tratamiento de los ácidos grasos de los aceites naturales, un proceso que requiere la utilización de unos ácidos que a día de hoy siguen siendo caros pero que científicos japoneses acaban de reducir a una décima parte.
¿Es pues el biodiesel la alternativa ganadora? Depende sobre todo del alcance y del plazo en que nos movamos dentro de la revolución de los biocombustibles. Los siguientes gráficos, calculados para los costes y tecnologías actuales, comparan las potencialidades de ambas alternativas contrastándolas con las necesidades de consumo de Estados Unidos.
Biodiesel
La comparación muestra claramente como mientras el etanol puede ser una alternativa global a la gasolina, el biodiesel tiene, a día de hoy, limitaciones insalvables. Sin embargo, como Jamais Cascio, líder de World changing recordaba:
We should be careful not to imagine that biofuels alone will replace our use of fossil fuels. We need a much bigger change — a combination of high-efficiency systems, redesigned communities, and energy produced from clean, renewable sources. But changes of that scale take time. Biofuels, like hybrid cars and rooftop solar panels, are a kind of bridge technology, helping us get to where we need to go without cutting us off from our existing systems. It’s crucial that our use of them doesn’t make things worse in other ways
El debate
Pero el verdadero debate con el biofuel ha venido con la denuncia publicada primero en New Scientist y argumentada luego por George Monbiot en The Guardian de que la deforestación producida para plantar aceite de palma en el sudeste asiático y soja en Brasil habían convertido al biodiesel en la primera causa de destrucción de los bosques tropicales.
Lo que está en juego es el modelo social y medioambiental del biofuel, sería tan irresponsable por parte del movimiento ecologista rechazar el biofuel como alternativa como postula Mombiot y otros destacados medioambientalistas, como por parte de los estados y las petroleras no plantear de un modo sensato, global y consciente la nueva geoestrategia de producción.
Un propuesta de transformación para el nuevo año
Porque la impresión es que tanto países como petroleras se encuentran en un verdadero Dilema del prisionero: a día de hoy, para los países talar para plantar es más barato que reabrir zonas al cultivo y tecnificar a la pequeña y mediana propiedad. Ofrecerse el primero, ocupar en poco tiempo el espacio actúa como presión contraria al desarrollo de planteamientos estratégicos concertados. Algo parecido ocurre, seguramente con las petroleras: el compromiso medioambiental y social, a corto, aparece irremediablemente como un coste que ya se corregirá.
Sin embargo, estamos ante una oportunidad histórica para el desarrollo en vastas zonas de América Latina, Asia y Africa que podría apuntalar la recepción de inversiones productivas en el campo y la mediana propiedad agrícola, generando un tejido social base para el desarrollo al tiempo que globalmente se debilita la dependencia del petroleo y se hace más sostible el motor de explosión.
Hace falta que al menos un país y una petrolera asuman el liderazgo de la responsabilidad, asumiendo el compromiso político de orientar la producción hacia la regeneración del campo y rechazando la producción originada en zonas deforestadas. Y hace falta que la Unión Europea, el gran consumidor de biodiesel, acepte rebajar la presión impositiva y arancelaria sobre las producciones que cumplan con unos mínimos medioambientales y sociales.
Si este nuevo año, encontramos modos de impulsar a unos y otros por esa senda podremos decir que la revolución del biofuel, tome la alternativa del etanol o del diesel, habrá sido realmente, una de las grandes revoluciones de nuestra generación.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] Como contaba David en el Año del Biofuel, éste parece configurarse día a día como una alternativa atractiva al petróleo por precio, impacto ecológico y facilidad de implantación en el automóvil. De hecho, unicamente requiere una modificación en el circuito de combustible. [...]
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[...] El año del biofuel [...]
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[...] Ya lo comentaba David. Este puede ser el año del Bio-fuel. [...]
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[...] de la producción. Pero también, David De Ugarte en su blog afirma que el biofuel aparece cada día más como una tecnología atractiva: ??? No requiere [...]







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Interesante artñiculo, lo vamos a comentar en consultajuridica.blogspot.com, biocombustibles.blogspot.com Un gran abrazo y felicidades 2006, Rodrigo González Fernadez
¿Tienes por casualidad algún análisis cuantitativo del EROEI del biodiesel. Es decir de la relación existente entre la energía fósil consumida para generarlo y la que luego se obtiene?
Suele ser una medida útil para valorar las posibilidades de cualquier fuente energética.
Como puedes deducir del artículo, Marcel, el biodiesel no lo veo viable, en cambio el etanol sí y mira, esto es reciente, de hace un par de días, mira: