“Lía: MAD phreaker” fue la primera novelita para teléfonos móviles que apareció en español. Luego lanzamos “BCN: No future” de Javier Lorente. El 11M, hace ya casi dos años, cortó en seco la aventura. Ahora que preparo una nueva novela para WAP es hora de publicar en abierto la última versión.
Del diario de Lía
No podía levantarme peor. Casi no me reconozco en el espejo. Los ojos estirados en la cara hinchada, la garganta desconectada del cerebro y un vago recuerdo de escarcha nocturna. Cada vez me gusta menos salir de noche para volver de mañana. Y de hecho ayer no era esa la idea. Cuando dieron las diez estaba vaga y sin planes. La culpa, como siempre, fue de la programación. A veces no me puedo creer que el nivel de estulticia que refleja la tele sea el del país en el que vivo. Ayer noche era un cocktail mortal: Fútbol, el lumpen con aspiraciones de Gran Hermano, la Gemio y Operación triunfo, con todas esas niñas manchegas de culo pandero berreando como locas en un inglés que haría retorcerse en su tumba al creador del “Follow me”. Estaba demasiado cansada para leer y suficientemente consciente como para apagar la tele. Así que bajé al Albur a ver si encontraba a alguien.
Esperando el ascensor me encontré con Marina, mi vecina. Total que fuimos para el Albur. Había bastante gente para ser domingo, se ve que la programación televisiva la diseñan desde la Asociación de Hosteleros. Y se ve que también programan la conversación de algunas. Algunas… como Marina. Marina es estupenda, moníiiiisima, encantadora… De ese tipo de chicas que hace inevitable que te fijes en el camarero o en el chico interesante que haya por el bar. Y claro, siempre hay un chico interesante. De hecho, siempre hay un chico “haciéndose el interesante”. Alguien perfecto con quien colocarla. Para eso es muy agradecida. Basta que le señales víctima para tener más despliegues de melena que en “Final Fantasy”. Conductismo le llaman. Dentro de lo que cabe el ritual de apareamiento que sigue es lo suficientemente complejo como para dejarte respirar un rato y permitirte una pequeña exploración por el bar.
En un momento resulta obligado quitarse un poco del medio para darle tiempo a abordar a la víctima. El amigo del “interesante” recien llegaba del baño teléfono en mano. No estaba mal.
Fue ponerme frente al espejo y sentir una mano de hombre en mi cintura. Fuerte, brusca. ¡Apartándome!. Intuitivamente levante la vista y vi en el espejo al colega del interesante estirando la mano hacia el lavabo. Lo que cogía quedaba fuera del cuadro del espejo. Bajé la vista. Un instante. ¿Una cajita?. Creo que plástico transparente. Me di la vuelta. En un relámpago nos miramos a los ojos. Suave sonrisa. De cerca el chico no estaba nada mal. Rasgos angulosos. Alto. Pelo rizado y denso. Suave aliento a, a… ¿a?.
-¿Horchata?
-Leche de soja -¡Jesús!, siempre me voy a fijar en los freakies, pero los ecofreakies ya son demasiado.
-¿Has visto una tarjetita negra? Del tamaño de un sello más o menos. -Pfff, freaky del todo… aunque, bien mirado…
-nn,nn… Tú si que sabes decir cosas bonitas a las chicas.
Sonrió. Nunca falla. Le cogí del brazo y salimos a ver que tal llevaba Marina su asalto. Cruzando la puerta, miró hacia atrás.
Y la verdad es que eran majetes… y pacientes. Marina en plan Sisí sería asesinada por Teresa de Calcuta y ellos como unos campeones, sonrisa de oreja a oreja, cervecita va, cervecita viene. Y claro, en parte por la presión, en parte por no aguantarla, vuelta al baño. Y nueva sorpresa. Entro en la cabinita, me lavo la cara, me seco las manos y cuando abro la papelera para tirar la toalla de papel un brillo. Me agacho y sí, ahí está la tarjetita, una MMC de 128 megas. Oigo pasos, la cojo, me pongo en pié como un resorte, me sube el color. Se abre la puerta: Pero ¿este chico no acierta nunca con el water?. Le miro a los ojos. Intento meterla en la ranura del móvil, se me escurre. Me está escrutando. Qué fijo mira este chico. Por fin acierto.
-No me has dicho cómo te llamas-le digo
Media sonrisa. Me gusta. Antes de que me de cuenta me está besando. Tampoco lo hace mal.
…
Esquivar a un chico, por muy encelado que esté no es tan difícil. Sacar de un bareto a Marina en pleno ritual apareatorio es diréctamente imposible. Pero yo me moría por ver dentro de la tarjeta… y en los baños, visto lo visto, tampoco es que gozara de demasiada intimidad. Salí a la calle con la excusa de llamar a la familia. Pero claro, desde el propio keitai sólo puedes ver lo que hay en la MMC si es un MP3… y no lo era. Entré al Albur de nuevo y me despedí a la voz de que en casa no se habían tomado muy bien que no fuera por Nochebuena. Marina andaba tan encantada que no opuso verdadera resistencia. El colega del interesante, que seguía sin nombre me puso ojitos, pero tampoco nada serio. Los chicos son así, no necesitan sincronizar sus ligues. Seguramente Marina se acabaría subiendo a casa al otro y él se iría solito a la suya. A modo de despedida dos besos, todos juntitos y foto con el móvil.
Mientras subía en el ascensor pasé la foto del feliz trío a la tarjeta. Siempre tengo el ordenador conectado. Fue llegar y sin quitarme el abrigo, sacar el cable USB y enchufar el móvil. Y allí estaban. Tres archivos nada más: la foto, un .mmc y .chk. Me resultaban familiares. Es el formato en el que se actualizan los sistemas operativos de éste tipo de keitai. No me lo pensé mucho: como buen phreaker tengo dos copias de casi todos los modelos que hay en el mercado. Vacié toda la memoria del keitai, foto incluída a otra tarjeta e hice una copia de seguridad en mi PC. Borré la foto de la tarjeta del bar dejando sólo los dos archivos, borré la memoria interna y reinicié de modo que cargara el sistema operativo nuevo. ¿Qué versión tendría éste?. Barrita de progreso, cuadradito verde… y ya está.
¿Está?. Mi keitai ahora era cualquier cosa menos un teléfono normal.
La pantalla de entrada era de color verde con unos caracteres árabes en amarillo. Claro, el moreno del baño seguramente fuera sirio o algo así. ¿Se había pesonalizado el teléfono para lengua árabe?. En esto del phreakerio hay “gente pa to”. Pero el caso es que el menú cambiaba en más cosas que en los títulos, no daba las opciones normales. Si los comparas con los ordenadores, lo bueno que tienen los móviles es que puedes llevártelos a la cama. Y eso fue exactamente lo que hice.
El dormitorio de Marina da pared con pared con el mío. Oí como llegaba, ¿con el interesante? ¿Con los dos?. Como caían a la cama y cómo empezaba el movimiento. Me levanté fui al salón a coger los casquitos, el otro keitai y mi tarjeta de memoria: dos horitas de música por delante. De vuelta a la cama parada técnica en la cocina y botellita de absenta recien traida por mi amigo Javier de un congreso en Praga. Aislada acústicamente empecé a jugar con el cacharrito. No entiendo árabe pero aquello tampoco era demasiado interesante: una especie de agenda y una serie de calculadoras bastante raras, seguramente generadores de códigos. A lo mejor se dedicaban a instalar alarmas en oficinas… o a desinstalarlas… mañana le preguntaré a Marina, pensé y, en algún momento me quedé frita. Profúndamente.
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Yo propondria tambien una version “PASALO”, un culebron de entregas de una sola linea para SMS sin extensiones. Los suscriptores recibirian la nueva linea y se la mandarian a los colegas, o no, segun el interes de la trama. Las lineas podrian tener una numeracion al final del mensaje, y/o podria haber un sitio web con las lineas ordenadas para los curiosos. Pero en general deberia producirse un efecto Rayuela, donde puede que recibas unas lineas antes que otras, en un orden distinto al que pretendia el autor, o que ni siquiera recibas algunas.
Seguramente el lenguaje tendria que ser muy contundente, para que una sola linea provoque interes por leer la siguiente a ver que ha pasado. Pero creo que hay hasta concursos de fanaticos de “dinosaurios que aun estaban alli”, y seguro que de entre esa gente se podrian sacar ideas, o autores.
Vaya, me alegro de tu iniciativa de ofrecernos Lía. Estuve leyendo estos días lo que escribiste hace casi dos años en el blog y apareció mencionada… pero no la pude encontrar. ¡La busqué hasta en la mula!

Por cierto, profe, creo que me debes un correo…