¿Son operativas las viejas categorías? ¿Qué hacemos con ellas? ¿Redefinirlas para no cambiar de traje? ¿Cambiar de traje y tirar el viejo?
El otro día, cenando unas pizzas en Edmundo con Lobo la cosa quedó clara: las categorías derecha/izquierda ya no funcionan. Su significado está vacío. Claro que frente a esto se puede hacer dos cosas: remarcar la necesidad de nuevos ejes propugnando nuevas categorías o redefinir las viejas con nuevos significados.
Lobo anda retrazando los mapas ideológicos. Ambos estamos de acuerdo en una nueva ética, heredera de aquella del hacker que tan bien retrataba Pekka Himanen, ambos compartimos la épica del bricoleur. Y con Pere no dudamos en acompañar la llave allen de un abrelatas, si haciera falta.
En el lado de las oposiciones también coincidimos. Ambos abominamos de las violencias físicas y verbales de esa neoderecha de los últimos días que anda reinventando y traduciendo, para nuestra desgracia, al FIS argelino. Y ambos
convertiríamos a la SGAE en un gran Creative Commons y eliminaríamos las patentes de la regulación industrial.
Ambos convenceríamos juntos al país de que toca abrir e integrar; con Enrique, defenderíamos el mestizaje frente a la asimilación y el gueto multiculti. Compartimos también la necesidad de darle un fin a la PAC. Y ambos creemos que nos hace falta un buen y bien equipado ejército no para defendernos de Marruecos, como piensa tanto patriota de Raza, sino para llegado el caso, defender a Marruecos frente a un intento armado, interno o externo, de involución.
Y sin embargo Lobo y yo tenemos una política de etiquetas diferente. Lobo querría que izquierda pasara a significar jústamente todo esto que compartimos.
Las etiquetas, las categorías, nacen, creo yo, por un principio de economía, como una forma de identificar rápidamente los tonos y los márgenes de debate frente alguien o algo nuevo. Como un delimitador de las consecuencias extraibles de los mitos de una comunidad o una red. Si derecha e izquierda significan cosas distintas al mismo tiempo no identifican, si lo que significan son puntos de acuerdo entre gente ideológicamente tan dispar según los viejos ejes como Javier y José Luis, no delimitan. En fin, que no le veo la gracia a redefinir las viejas palabras.
Cada vez que me pongo a pensar cómo habrían de ser las banderas del mañana, me vienen a la cabeza los Provos holandeses del 67. Cuentan los viejos que las manis pro-Vietnam (del Norte) de los izquierdistas de entonces estaban saturadas de banderas rojas. Cuentan que todos aquellos progres, inventores de las pintas de guay, se ponían en cuclillas coreando el nombre del dictador del remoto país al que, por supuesto, nunca sufrirían. Ho-ho-ho Ho-chi-min, cantaban mientras avanzaban a rítmicos saltitos de rana. Y recuerdan algunos viejos libertarios que los provos se colaban entre las primeras filas con inmensas banderas transparentes dándoles sonoros cachetes en el culo.
No digo yo de darles cachetes a nadie, pero a lo mejor es hora de asumir la broma y tirar directamente a la basura los viejos estandartes, porque si hablamos de viejos valores que sigan operativos, en todo caso serán ellos los que me pertenezcan y no yo quien pertenezca a las categorías que un día animaron.
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[...] Recientemente ha aparecido un nuevo portal colectivo de bitácoras, Red Progresista. Cuando, hace unas semanas, descubrí esta web me produjo una doble sensación. Por un lado fue de satisfacción, ya que me parece altamente positivo que cada vez haya más gente que se lance a crear bitácoras y a escribir en ellas. Así, independientemente de lo que escriban, entran poco a poco en la nueva manera de vivir y relacionarse con el mundo: toda esta gente pasa de ser simple receptora a ser también creadora y transformadora de información. Con esto ya están ganando libertad. Pero por otro lado me produjo una sensación de alejamiento, ya que muchos de sus bloggers renuncian a esa nueva libertad que hemos logrado gracias al desarrollo tecnológico y no elaboran su propio mensaje, sino que repiten lo que toca según sus referencias, algunos lo que queda guay y lo que leen en los medios tradicionales. En definitiva, muchos de ellos se siguen moviendo en las coordenadas del paradigma socialista y usan las etiquetas creadas en el mundo industrial, conceptos del siglo XIX. Y no creo que todo eso sea aplicable a nuestros días. La sociedad ha cambiado. [...]
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[...] Lo bueno del asunto estuvo en que esa navegación casi exahustiva me permitió comprender porque a veces al leerle pensaba: “si yo supiera escribir habrÃa dicho exactamente eso…“. Bien. [...]






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Somos herederos de la propaganda de la dictadura (la derecha es lo bueno, el orden), y de la propaganda de la transición (la superioridad moral de la izquierda)… cuando lo real es que todo lo que se ha etiquetado anteriormente con estas etiquetas, si no se ha sujetado por el derecho y la sociedad civil, ha acabado en grandes desmanes (Hitler, Stalin, Franco, Pol Pot, Mao, Castro…).
Las ideologías tal y como se plantearon en el siglo XIX y en el XX ya no sirven. Aunque continuan los mismos conceptos: libertad vs restricción, entre liberalismo vs proteccionismo… Ya no sirven porque entienden la ideología como un todo.
La experiencia nos ha demostrado que la realidad está atomizada, no hay un todo, sino que hay una “miniideología” para las relaciones sociales, otra para las relaciones económicas, otra para las relaciones laborales, otra para las relaciones de poder, ha dejado de haber un todo. Y se puede ser mas liberal o menos en cada uno de esos átomos, no tienen que ser todos de “derechas”, o todos de “izquierdas” según la nomenclartura antigua.
Se es mucho más pragmático: cada uno modela su ideología y decide en que ámbitos acepta (o necesita,porqué no) control y en que otros no, no teniendo que coincidir necesariamente con el vecino.
Espero que se me entienda el concepto.
Un saludo.
Fernando.
Si,de acuerdo, me aburren terriblemente las viejas banderas, incluso la izquierda , me hastían hasta el infinito ( y mas alla) los muertos en los armarios estalinistas y las momias redivivas de lenin marcando el paso de la oca en la plaza roja de Moscúes virtuales. Sin duda no estuvimos en Paris en el 68 , no tenemos nada que ver con aquellas ideologias que se coreaban mientras se arrojaban adoquines para ver la playa. ( por favor si hay algun campeonato de lugares comunes , nominadme para un accesit al menos)
Para mi solo reclamo un cierto nacionalismo gastronomico vasco-mediterraneo, alguna veta de jacobinismo estetico y cuarto y mitad de utopismo jaimeverista.
Renunciar a las banderas? creo que nunca han sido nuestras, han sido meros banderines de enganche para restringir sueños y abducir a los mas livianos de nuestra generacion.
Personalmente no creo que esa renuncia sea positiva , creo que es mejor quitarles sus palos a esas banderas y utilizar sus telas raidas para contruir un nuevo espacio en red donde no haga falta definirse previamente para traspasar puertas y ventanas.
Vale, pues dejamos los trapitos en la basura, pero qué quieren… a mí que ya tiro a viejo, se me siguen poniendo los pelos de punta ante un buen trapo negro, ese que usaba Nestor Majno, por mencionar a alguien…, representativo de aquellos que sufrieron prisión y exilio tanto con Franco como con Fidel, por reducir los ejemplos… pero ya sé que es sólo romanticismo, efecto de la educación sentimental…igual hay que inventarse trapos nuevos. Por el camino, podríamos encargar unas camisetas…;)
El caso es que las viejas categorías derecha/izquierda nacieron de la modernidad, quizás su obsolescencia es signo de que estamos metidos de lleno en la pos-modernidad.
En esencia, diría que la izquierda lleva una veintena de años “derechizándose” en su proyecto económico. Tiene razón Rajoy cuando afirma que el gobierno ZP está “viviendo de las rentas” en materia económica, no hacen otra cosa que seguir el modelo liberal de su antecesor, no se atreven ni a tocar un ápice de las reformas emprendidas por el anterior gobierno, para recambiarlo por el socialismo. Pero es que la derecha a su vez se está “izquierdizando” en materia cultural y de costumbres. En el reciente debate sobre el estado de la nación, Rajoy ni tocó el matrimonio gay, sabía que hubiera supuesto etiquetarle precisamente de “derechista” por parte de todo su electorado más joven, centrista y moderado.
Pero lo más interesante supone advertir como las viejas etiquetas no sirven para posicionarse ante los desafios de la posmodernidad: ya se trate de la guerra de Irak, del modelo de Estado, de la integración europea (Constitución), de las biotecnologías, del ecologismo, de las (neo)identidades etc vemos que producen divisiones irreconciliables entre los antaño monolíticos anclajes de derecha e izquierda. Puede que nos encontremos en el comienzo de un proceso de recomposición de larga duración.
en el vacio nada es sagrado.
sentado en zazen siento el aire rosar mi piel
y me siento libre como el