Segunda parte del capítulo dedicado a Zamenhof y el esperantismo en “De las naciones a las redes”
El pronto éxito del esperanto oscurecerá el plan original. Todavía en 1901, Zamenhof declara:
Iel same kiel la hilelismo ne povos ekzisti sen lingvo neŭtrala, tiel same la ideo de lingvo neŭtrala neniam provos vere efektiviĝi sen hilelismo!
(…) Lingvo internacia fortikiĝos por ĉiam nur en tia okazo, se ekzistos ia grupo da homoj, kiu akceptus ĝin kiel sian lingvon familian, heredan. (…)
Jes, mi estas profunde konvinkita, ke nek solvo de la hebrea demando, nek enradikiĝo de lingvo neŭtrala estos iam ebla sen hilelismo, t.e. sen kreo de neŭtrala popolo.
Una lengua neutral para un pueblo que a falta de estado y territorio, es necesariamente neutral dentro del “concierto de las naciones” europeas.
Pero el hecho es que el esperanto crece, convirtiéndose en un símbolo del antibelicismo y el europeismo de quienes quieren mantener viva la idea liberal del espíritu de progreso de las décadas anteriores en una Europa que se encamina hacia la guerra.
El esperanto, originalmente herramienta de un proyecto sionista de escaso eco, empieza a atraer a más gentiles que judíos. Zamenhof, revive de alguna manera el dilema del judaismo universalista representado por los caminos abiertos por Teón de Alejandría y Pablo de Tarso… y toma el camino del segundo.
Y así como el movimiento esperantista, más allá de su fundador, iba definiendo el esperanto como una lengua universalista, neutral y auxiliar (declaración del I Congreso esperantista mundial en 1905), Zamenhof redefinirá el hilelismo sobre esos tres ejes. Significativamente a partir de entonces se referirá a él preferentemente como homaranismo (humanismo).
El elemento sionista se va diluyendo aunque siga pensando en que el núcleo homaranista habrá de ser fundamentalmente israelita. Y duda si presentar sus propuestas ante el congreso esperantista o a una audiencia especificamente judía.
Si el objetivo del homarismo, asegura, es unir a toda la humanidad en una família fraternal, habría que crear un pueblo neutralmente-humano (neŭtrale-homa) en el cual sus miembros se dividirían sólo por la geografía y su opinión política, pero no por la lengua o la religión.
La primera comunidad de este pequeño pueblo la sitúa en la neutral Suiza. Pero su identidad empieza a redefinirse como identidad auxiliar, como identidad nexo entre identidades nacionales, del mismo modo que el esperanto está convirtiéndose (y en aquel momento y hasta los años 30 su éxito final parece inevitable) en el primer candidato serio a lengua auxiliar universal.
Y así, el hilelismo se replantea como segunda religión universal. De repente Zamenhof se nos presenta más cerca de Steirner y su antroposofía incluso de la Sociedad Teosófica, que de Herzl. En su casa, los hilelistas podrán profesar la religión que quieran, postula, como hablaran la lengua que quieran, pero un público, de la misma manera que hablarán una lengua neutral, profesarán la religión neutral: el hilelismo.
En 1913 empieza los trabajos para impulsar un Congreso Mundial de la Religión Humana Neutral. Escribe:
Mi proyecto de congreso sobre la religión neutral no tienen como objetivo crear un culto místico, sólo la creación de una comunidad oficial, a la cual puedan oficialmente apuntarse todos aquellos que no quieren formar parte de ninguna religión tradicionalmente asociada a un grupo humano determinado (gento). Desearía que el librepensamiento religioso recibiera una forma que lo haga algo, no efímero, fuerte y hereditario. De la misma manera que el católico sabe que sus nietos serán católicos, o un judío sabe que sus nietos (si no quieren vender su consciencia) serán judíos, - de esta manera, desearía que también el librepensador tuviera la garantía, que sus nietos serán librepensadores y que nada les obligará a volver, de manera hipócrita, a una religión de carácter revelado y relacionada con un pueblo determinado (gento)
El estallido de la guerra frustrará este congreso y la muerte de Zamenhof en 1917 cercenerá definitivamente la dimesión segregacionista del plan hilelista. En los últimos años de su vida Zamenhof se definirá como esperantista, pues el esperantismo de alguna manera será ya una ideología humanista, pacifista y neutralista.
Paradójicamente será el estancamiento del esperanto y los años de persecución por el estado alemán y sus aliados, los que conviertan de alguna manera a los esperantistas en un gento, en una comunidad imaginada de hablantes. Incluso con una primera generación de hablantes nativos (los denaskaj), muchos de los cuales incluso se cambiarían los apellidos por nombres en la nueva lengua. El conocido especulador y filántropo George Soros, por ejemplo, uno de los primeros denaskaj, debe su apellido al verbo en desuso sori (levantar vuelo).
Hoy la comunidad esperantista es estudiada como una minoría cultural transterritorializada con un carácter similar en muchos aspectos a un grupo étnico sin territorio nacional1.
Pero tiene aspectos radicalmente novedosos. En primer lugar es una comunidad tremendamente activa. Muchos años antes de Internet la correspondencia continua entre sus miembros, la dinámica permanente de congresos, campamentos y seminarios, era capaz de penetrar incluso la cortina de acero entre los bloques.
El resultado es que el mundo esperantista no forma una comunidad imaginada al sentido de las comunidades lingüísticas nacionales. Es en buena medida una comunidad real, sus miembros se conocen o cuando menos saben de la existencia de los otros. Y la inmensa mayoría de ellos lo son por voluntad propia, no por herencia familiar. Es, como hoy las redes virtuales, una comunidad que se precipita de la imaginación a la realidad.
En esa medida el sueño de Zamenhof ha resultado premonitorio, fructífero y paradójico. Nació no de un naive impulso cosmopolita, como suele pensarse, sino del fertil debate del sionismo centroeuropeo en el cambio de siglo. Renunció al sueño de crear una comunidad territorial para postularse herramienta de fraternidad universal y acabar formando la primera comunidad transnacional de libre agregación. Hijo tardía del optimismo progresista y ecuménico del último cuarto del XIX, adelantó las nuevas formas de socialización en red que cerrarían definitivamente el mundo del telégrafo.
Portadora de un ideal humanista universal demostraría en la práctica y seguramente de forma definitiva que la alternativa para superar la nacionalidad no es el cosmopolistimo universalista, pues la única forma de ser humanos es tener tribu, sino hacer real, tangible y por tanto verdaderamente humana, la colectividad.
El esperanto es el hijo pródigo del sionismo, pero también el profeta de su futuro, la representación de que el sueño territorial podía ser superado por el sueño de un mundo red.
Notas:
1. Véase The Esperanto community: a quasi-ethnic linguistic minority? por Mark Fettes, Editor, Interlinguistics section, Ontario Institute for Studies in Education. Publicado en Interlinguistics: news, notes and comments disponible en http://www.eric.ed.gov/
Nota general: Este artículo está escrito a partir de la documentación recopilada por Pere Quintana y su trabajo a partir de Mi estas homo - Originalaj verkoj de L.L. Zamenhof
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