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Lunes, 23 de Enero de 2006Del activismo al ciberactivismo: un viaje de ficciónVersiones Latoc
El puño, el haz o las manos unidas la serán los símbolos de un modelo en el que la tarea central del activista es la organización. Unir voluntades individuales en un cuerpo institucional -el sindicato, el partido, la unión de demandantes- organizado asamblearia y democráticamente. Sea la caja de huelga obrera o las remuneraciones de los abogados norteamericanos, en el origen del modelo centralizado/descentralizado siempre hay un elemento material, una forma de escasez, que lleva a la centralización y la organización más o menos democrática. Pero el móvil no acaba ahí. La escasez que lleva a la centralización no es sólo económica, es también comunicacional. Si una película es capaz de expresar esta necesidad de centralización es el final de los Tres días del Condor, basada en la novela de James Brady. Cuando el protagonista interpretado por Robert Redford, Turner, un analista de información pública de la CIA, huyendo amenazado por sus superiores decide como última escapatoria hacer públicos sus descubrimientos -una especie de Irangate avant la lettre- lo envía a las redacciones de principales periódicos norteamericanos. La conversación con su jefe que cierra la película es cuando menos inquietante:
Es decir, centralizar voluntades es la única forma de existir públicamente y por tanto llegar a los demás en un mundo de comunicación en redes descentralizadas. Sólo constituyéndose como un poder colectivo -una gran institución civil como Amnistía Internacional o un partido- una idea puede ser capaz de imponerse al poder de filtro de los medios. En el mundo del viejo activismo la organización es previa a la difusión.
Literariamente hay una dificultad evidente para representar la organicidad de los procesos sociales colectivos. Generalmente la red aparece Deus ex Machina dotada de una instantaneidad mágica bastante lejana de la realidad. Es el caso del final de Antitrust, un film de 2001 que fantaseaba con la detención de Bill Gates y que se tradujo en España, país donde la consecución de monopolios es una regalía del estado y no un delito, como Conspiración en la red. Pero este tipo de soluciones que simplemente se niegan a relatar la invisibilidad, la organicidad del proceso social autoorganizado, se pierden lo mejor. Siguiendo el simil clásico de la mano invisible de Adam Smith, Bruce Sterling en Maneki Neko (1998) optará por representar como un misterioso y omnipresente centro el proceso espontáneo de coordinación social. En este cuentito ya clásico aventurará las nuevas formas del conflicto en redes distribuidas de teléfonos móviles. Faltaban dos años para el EDSA II, el movimiento espontáneo de mobs masivas que acabó con el Presidente Estrada en Filipinas, cuatro para el 13M. En Maneki Neko, una red social distribuida -cuya consciencia colectiva es representada por un centro imaginario- dedicada a la cooperación social y basada en la economía del regalo, se convierte en una verdadera insurrección cívica que cerca a una funcionaria de una institución financiera internacional que visita Japón:
Por cierto que era la primera vez que el término swarming mob se utilizaba y es especialmente interesante que se plantee como final del movimiento precisamente una mob. Parece que el maestro Sterling veía ya la potencialidad reacctiva de las redes y la mob como objetivo y herramienta final del ciberactivismo.
Es decir, por un lado, en el ciberactivismo -y en su representación literaria y cinematográfica- la obsesión y la necesidad organizativa desaparecen, la red social está preestablecida y la comunicación con ella viene dada. Por otro construir, tiene en el ciberactivismo una dimensión de reciclaje colectivo. De algo que como en Green days in Brunei, o en Revolution OS -el mejor documental hasta ahora sobre la historia real de GNU Linux- comienza uno mismo, individualmente y sobre una innovación que es creativa ante todo por abrir, por liberar y empoderar a otros. Si la propuesta/acción es entendida y compartida, la difusión abierta en redes distribuidas hará el resto. Uno se hara multitud. Del activismo al ciberactivismo: un viaje de ficción
O punho, o faz ou as mãos unidas sê-la-ão os símbolos de um modelo no que a tarefa central do activista é a organização. Unir vontades individuais num corpo institucional -o sindicato, o partido, a união de demandantes- organizado asamblearia e democraticamente. Seja a caixa de greve operária ou as remuneraciones dos advogados norte-americanos, na origem do modelo centralizado/descentralizado sempre há um elemento material, uma forma de escassez, que leva à centralización e a organização mais ou menos democrática. Mas o móvel não acaba aí. A escassez que leva à centralización não é só económica, é também comunicacional. Se um filme é capaz de expressar esta necessidade de centralización é o final dos Três dias do Condor, baseada na novela de James Brady. Quando o protagonista interpretado por Robert Redford, Turner, um analista de informação pública da CIA, fugindo ameaçado por seus superiores decide como última escapatoria fazer públicos suas descobertas -uma espécie de Irangate avant a lettre- o envia às redacções de principais jornais norte-americanos. A conversa com seu chefe que fecha o filme é quando menos inquietante:
Isto é, centralizar vontades é a única forma de existir publicamente e por tanto chegar aos demais num mundo de comunicação em redes descentralizadas. Só se constituindo como um poder colectivo -uma grande instituição civil como Amnistia Internacional ou um partido- uma ideia pode ser capaz de se impor ao poder de filtro dos meios. No mundo do velho activismo a organização é prévia à difusión.
Literariamente há uma dificuldade evidente para representar a organicidad dos processos sociais colectivos. Geralmente a rede aparece Deus ex Machina dotada de uma instantaneidad mágica bastante longínqua da realidade. É o caso do final de Antitrust , um filme de 2001 que fantaseaba com a detenção de Bill Gates e que se traduziu em Espanha, país onde a consecución de monopólios é uma regalía do estado e não um delito, como Conspiração na rede. Mas este tipo de soluções que simplesmente se negam a relatar a invisibilidad, a organicidad do processo social autoorganizado, se perdem o melhor. Seguindo o simil clássico da mão invisível de Adam Smith, Bruce Sterling em Maneki Neko (1998) optará por representar como um misterioso e omnipresente centro o processo espontáneo de coordenação social. Neste cuentito já clássico aventurará as novas formas do conflito em redes distribuídas de telefones móveis. Faltavam dois anos para o EDSA II, o movimento espontáneo de mobs em massa que acabou com o Presidente Estrada em Filipinas, quatro para o 13M. Em Maneki Neko, uma rede social distribuída -cuja consciência colectiva é representada por um centro imaginario- dedicada à cooperação social e baseada na economia do presente, converte-se numa verdadeira insurrección cívica que perto a uma servidora pública de uma instituição financeira internacional que visita Japão:
Por verdadeiro que era a primeira vez que o termo swarming mob se utilizava e é especialmente interessante que se proponha como final do movimento precisamente uma mob. Parece que o maestro Sterling via já a potencialidad reacctiva das redes e a mob como objectivo e ferramenta final do ciberactivismo.
Isto é, por um lado, no ciberactivismo -e em sua representação literária e cinematográfica- a obsesión e a necessidade organizativa desaparecem, a rede social está preestablecida e a comunicação com ela vem dada. Por outro construir, tem no ciberactivismo uma dimensão de reciclaje colectivo. De algo que como em Green days inBrunei , ou em Revolution VOS -o melhor documental até agora sobre a história real de GNU Linux- começa um mesmo, individualmente e sobre uma inovação que é criativa antes de mais nada por abrir, por liberar e empoderar a outros. Se a proposta/acção é entendida e compartilhada, a difusión aberta em redes distribuídas fará o resto. Um se hara multidão. Do activismo ao ciberactivismo: uma viagem de ficção
O puño, o fai ou as mans unidas serana os símbolos dun modelo no que a tarefa central do activista é a organización. Unir vontades individuais nun corpo institucional -o sindicato, o partido, a unión de demandantes- organizado asemblearia e democráticamente. Sexa a caixa de folga obreira ou as remuneraciones dos avogados norteamericanos, na orixe do modelo centralizado/descentralizado sempre hai un elemento material, unha forma de escaseza, que leva á centralización e a organización máis ou menos democrática. Pero o móbil non acaba aí. A escaseza que leva á centralización non é só económica, é tamén comunicacional. Si unha película é capaz de expresar esta necesidade de centralización é o final dos Tres días do Condor, baseada na novela de James Brady. Cando o protagonista interpretado por Robert Redford, Turner, un analista de información pública da CIA, fuxindo ameazado polos seus superiores decide como última escapatoria facer públicos os seus descubrimentos -unha especie de Irangate avant a lettre- envíao ás redaccións de principais xornais norteamericanos. A conversación co seu xefe que pecha a película é cando menos inquietante:
É dicir, centralizar vontades é a única forma de existir públicamente e xa que logo chegar aos demais nun mundo de comunicación en redes descentralizadas. Só constituíndose como un poder colectivo -unha gran institución civil como Amnistía Internacional ou un partido- unha idea pode ser capaz de impoñerse ao poder de filtro dos medios. No mundo do vello activismo a organización é previa á difusión.
Literariamente hai unha dificultade evidente para representar a organicidad dos procesos sociais colectivos. Generalmente a rede aparece Deus ex Machina dotada dunha instantaneidad máxica bastante afastada da realidade. É o caso do final de Antitrust , un filme de 2001 que fantaseaba coa detención de Bill Gates e que se traduciu en España, país onde a consecución de monopolios é unha regalía do estado e non un delito, como Conspiración na rede. Pero este tipo de solucións que simplemente néganse a relatar a invisibilidad, a organicidad do proceso social autoorganizado, pérdense o mellor. Seguindo o simil clásico da man invisible de Adam Smith, Bruce Sterling en Maneki Neko (1998) optará por representar como un misterioso e omnipresente centro o proceso espontáneo de coordinación social. Neste cuentito xa clásico aventurará as novas formas do conflito en redes distribuídas de teléfonos móbiles. Faltaban dous anos para o EDSA II, o movemento espontáneo de mobs masivas que acabou co Presidente Estrada en Filipinas, catro para o 13M . En Maneki Neko, unha rede social distribuída -cuxa consciencia colectiva é representada por un centro imaxinario- dedicada á cooperación social e baseada na economía do agasallo, convértese nunha verdadeira insurrección cívica que preto a unha funcionaria dunha institución financeira internacional que visita Xapón:
Por certo que era a primeira vez que o término swarming mob utilizábase e é especialmente interesante que se suscite como final do movemento precisamente unha mob. Parece que o mestre Sterling vía xa a potencialidade reacctiva das redes e a mob como obxectivo e ferramenta final do ciberactivismo.
É dicir, por unha banda, no ciberactivismo -e na súa representación literaria e cinematográfica- a obsesión e a necesidade organizativa desaparecen, a rede social está preestablecida e a comunicación con ela vén dada. Por outro construír, ten no ciberactivismo unha dimensión de reciclaje colectivo. De algo que como en Green days inBrunei , ou en Revolution VOS -o mellor documental ata agora sobre a historia real de GNU Linux- comeza un mesmo, individualmente e sobre unha innovación que é creativa ante todo por abrir, por liberar e empoderar a outros. Si a proposta/acción é entendida e compartida, a difusión aberta en redes distribuídas fará o resto. Un se hara multitude. Do activismo ao ciberactivismo: unha viaxe de ficción
Lo ponh, lo fai o las mans jonhudas la seràn los simbòls d'un modèl que lo prètzfach central de l'activista es en el l'organizacion. Jónher de volontats individualas en un còs institucional -lo sindicat, lo partit, l'union de demandantes- organizat asamblearia e democraticament. Siá la caissa de cauma obrièira o las remuneraciones dels avocats nòrd-americanes, en l'origina del modèl centralizado/descentralizat i a totjorn un element material, una forma de escasez, que pòrta a la centralizacion e l'organizacion mai o mens democratica. Mas lo mobil acaba pas aicí. La escasez que pòrta a la centralizacion es pas sonque economica, es tanben comunicacional. S'una pellicula es capaça d'exprimir aqueste besonh de centralizacion es la fin dels Tres de jorns del Condor, basada en lo roman de James Brady. Quand lo protagonista interpretat per Robert Redford, Turner, un analista d'informacion publica de la CIA, en fugent menaçat per los sieus superiors decidís coma darrièra escapatoria far de publics las siás descobèrtas -una espècia de Irangate avant la lettre- o envie a las redaccions de principalas periodics nòrd-americanes. La convèrsa amb lo sieu cap que barra la pellicula es quand mens inquietante:
Es dire, centralizar de volontats son la sola forma d'existir publicament e per tant arribar als autres dins un mond de comunicacion en de rets descentralizadas. En se constituint pas que coma un poder collectiu -una granda institucion civila coma Amnistia Internacionala o un partit- una idèa pòt èsser capaça de s'impausar al poder de filtre dels mejans. En lo mond del vièlh activisme l'organizacion es prealabla a la difusion.
Literariamente I a una dificultat evidenta per representar la organicidad dels procèsses socials de collectius. Generalament la ret apareis Deus ex Machina dotada d'una instantaneidad magica pro alunhada de la realitat. Es lo cas de la fin de Antitrust, un film de 2001 que fantaseaba amb la detencion de Bill Gates e que se revirèt en Espanha, país a on l'obtencion de monopòlis es una regalía de l'estat e pas un delicte, coma Conspiracion en la ret. Mas aqueste tipe de solucions que se vòlon pas simplament relatar la invisibilidad, la organicidad del procès social autoorganizado, se pèrdon çò de melhor. En seguint lo simil classic de la man invisibla d'Adam Smith, Bruce Sterling en Maneki Neko (1998) optarà per representar coma un misteriós e omnipresente centri lo procès espontanèu de coordinacion sociala. En aqueste cuentito ja classic aventurará las nòvas formas del conflicte en de rets distribuidas de telefòns mobils. Mancavan dos ans pel EDSA II, lo movement espontanèu de mobs massivas qu'acabèt amb lo President Estrada en Filipinas, quatre pel 13M. En Maneki Neko, una ret sociala distribuida -cuya consciéncia collectiva es representada per un centre imaginari- consacrada a la cooperacion sociala e basada en l'economia del present, se convertís en una veritabla insurreccion civica qu'apròp a una foncionària d'una institucion financièra internacionala que visita Japon:
Per cèrt qu'èra lo primièr còp que lo tèrme swarming mob s'utilizava e es mai que mai interessant que se prepause coma final del movement justament una mob. Sembla que lo mèstre Sterling vesiá ja la potencialidad reacctiva de las rets e la mob coma objectiu e esturment final del ciberactivismo.
Es dire, per un costat, en lo ciberactivismo -e en la siá representacion literària e cinematografica- l'obsession e lo besonh organizativa despareisson, la ret sociala es preestablecida e la comunicacion amb ela ven donada. Per un autre bastir, a en lo ciberactivismo una dimension de reciclatge collectiu. De qualquarren que coma en Green days in Brunei, o en Revolution VOS -lo melhor documentari sobre fins ara l'istòria reala de GNU Linux- comença òm meteis, individualmente e envolopa una innovacion qu'es creativa davant tot per dobrir, per liberar e empoderar a d'autres. Se la prepausada/accion es entenduda e partejada, la difusion dubèrta en de rets distribuidas farà lo rèste. Òm se hara multitud. De l'activisme al ciberactivismo: un viatge de ficcion
El puny, el fes o les mans unides la seran els símbols d'un model en el qual la tasca central de l'activista és l'organització. Unir voluntats individuals en un cos institucional -el sindicat, el partit, la unió de demandants- organitzat asamblearia i democràticament. Sigui la caixa de vaga obrera o les remuneracions dels advocats nord-americans, en l'origen del model centralitzat/descentralizado sempre hi ha un element material, una forma d'escassesa, que porta a la centralización i l'organització més o menys democràtica. Però el mòbil no acaba aquí. L'escassesa que porta a la centralización no és només econòmica, és també comunicacional. Si una pel·lícula és capaç d'expressar aquesta necessitat de centralización és el final dels Tres dies del Condor, basada en la novel·la de James Brady. Quan el protagonista interpretat per Robert Redford, Turner, un analista d'informació pública de la CIA, fugint amenaçat pels seus superiors decideix com última escapatoria fer públics els seus descobriments -una espècie de Irangate avant la lettre- ho envia a les redaccions de principals periòdics nord-americans. La conversa amb el seu cap que tanca la pel·lícula és si més no inquietant:
És a dir, centralitzar voluntats és l'única forma d'existir públicament i per tant arribar als altres en un món de comunicació en xarxes descentralizadas. Només constituint-se com un poder col·lectiu -una gran institució civil com Amnistía Internacional o un partit- una idea pot ser capaç d'imposar-se al poder de filtre dels mitjans. En el món del vell activismo l'organització és prèvia a la difusió.
Literariamente hi ha una dificultat evident per a representar la organicidad dels processos socials col·lectius. Generalment la xarxa apareix Deus ex Machina dotada d'una instantaneidad màgica bastant llunyana de la realitat. És el cas del final de Antitrust, un film de 2001 que fantaseaba amb la detenció de Bill Gates i que es va traduir a Espanya, país on la consecució de monopolis és una regalía de l'estat i no un delicte, com Conspiració en la xarxa. Però aquest tipus de solucions que simplement es neguen a relatar la invisibilidad, la organicidad del procés social autoorganizado, es perden el millor. Seguint el simil clàssic de la mà invisible d'Adam Smith, Bruce Sterling en Maneki Neko (1998) optarà per representar com un misteriós i omnipresent centre el procés espontani de coordinació social. En aquest cuentito ja clàssic aventurarà les noves formes del conflicte en xarxes distribuïdes de telèfons mòbils. Faltaven dos anys per al EDSA II, el moviment espontani de mobs massives que va acabar amb el President Estrada a Filipines, quatre per al 13M. En Maneki Neko, una xarxa social distribuïda -la consciència col·lectiva de la qual és representada per un centre imaginari- dedicada a la cooperació social i basada en l'economia del regal, es converteix en una veritable insurrecció cívica que a prop a una funcionària d'una institució financera internacional que visita Japó:
Per cert que era la primera vegada que el terme swarming mob s'utilitzava i és especialment interessant que es plantegi com final del moviment precisament una mob. Sembla que el mestre Sterling veia ja la potencialidad reacctiva de les xarxes i la mob com objectiu i eina final del ciberactivismo.
És a dir, d'una banda, en el ciberactivismo -i en la seva representació literària i cinematogràfica- l'obsessió i la necessitat organizativa desapareixen, la xarxa social està preestablecida i la comunicació amb ella ve donada. Per un altre construir, té en el ciberactivismo una dimensió de reciclatge col·lectiu. D'alguna cosa que com en Green days in Brunei, o en Revolution US -el millor documental fins a ara sobre la història real de GNU Linux- comença un mateix, individualment i sobre una innovació que és creativa davant tot per obrir, per alliberar i empoderar a uns altres. Si la proposada/acció és entesa i compartida, la difusió oberta en xarxes distribuïdes farà la resta. Un es hara multitud. Del activismo al ciberactivismo: un viatge de ficció
El puño, el haz o las manos unidas la serán los símbolos de un modelo en el que la tarea central del activista es la organización. Unir voluntades individuales en un cuerpo institucional -el sindicato, el partido, la unión de demandantes- organizado asamblearia y democráticamente. Sea la caja de huelga obrera o las remuneraciones de los abogados norteamericanos, en el origen del modelo centralizado/descentralizado siempre hay un elemento material, una forma de escasez, que lleva a la centralización y la organización más o menos democrática. Pero el móvil no acaba ahí. La escasez que lleva a la centralización no es sólo económica, es también comunicacional. Si una película es capaz de expresar esta necesidad de centralización es el final de los Tres días del Condor, basada en la novela de James Brady. Cuando el protagonista interpretado por Robert Redford, Turner, un analista de información pública de la CIA, huyendo amenazado por sus superiores decide como última escapatoria hacer públicos sus descubrimientos -una especie de Irangate avant la lettre- lo envía a las redacciones de principales periódicos norteamericanos. La conversación con su jefe que cierra la película es cuando menos inquietante:
Es decir, centralizar voluntades es la única forma de existir públicamente y por tanto llegar a los demás en un mundo de comunicación en redes descentralizadas. Sólo constituyéndose como un poder colectivo -una gran institución civil como Amnistía Internacional o un partido- una idea puede ser capaz de imponerse al poder de filtro de los medios. En el mundo del viejo activismo la organización es previa a la difusión.
Literariamente hay una dificultad evidente para representar la organicidad de los procesos sociales colectivos. Generalmente la red aparece Deus ex Machina dotada de una instantaneidad mágica bastante lejana de la realidad. Es el caso del final de Antitrust, un film de 2001 que fantaseaba con la detención de Bill Gates y que se tradujo en España, país donde la consecución de monopolios es una regalía del estado y no un delito, como Conspiración en la red. Pero este tipo de soluciones que simplemente se niegan a relatar la invisibilidad, la organicidad del proceso social autoorganizado, se pierden lo mejor. Siguiendo el simil clásico de la mano invisible de Adam Smith, Bruce Sterling en Maneki Neko (1998) optará por representar como un misterioso y omnipresente centro el proceso espontáneo de coordinación social. En este cuentito ya clásico aventurará las nuevas formas del conflicto en redes distribuidas de teléfonos móviles. Faltaban dos años para el EDSA II, el movimiento espontáneo de mobs masivas que acabó con el Presidente Estrada en Filipinas, cuatro para el 13M. En Maneki Neko, una red social distribuida -cuya consciencia colectiva es representada por un centro imaginario- dedicada a la cooperación social y basada en la economía del regalo, se convierte en una verdadera insurrección cívica que cerca a una funcionaria de una institución financiera internacional que visita Japón:
Por cierto que era la primera vez que el término swarming mob se utilizaba y es especialmente interesante que se plantee como final del movimiento precisamente una mob. Parece que el maestro Sterling veía ya la potencialidad reacctiva de las redes y la mob como objetivo y herramienta final del ciberactivismo.
Es decir, por un lado, en el ciberactivismo -y en su representación literaria y cinematográfica- la obsesión y la necesidad organizativa desaparecen, la red social está preestablecida y la comunicación con ella viene dada. Por otro construir, tiene en el ciberactivismo una dimensión de reciclaje colectivo. De algo que como en Green days in Brunei, o en Revolution OS -el mejor documental hasta ahora sobre la historia real de GNU Linux- comienza uno mismo, individualmente y sobre una innovación que es creativa ante todo por abrir, por liberar y empoderar a otros. Si la propuesta/acción es entendida y compartida, la difusión abierta en redes distribuidas hará el resto. Uno se hara multitud. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 6:37 pm
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