Día de cambios, mudanzas, compras y billetes… Un día en que rompemos fronteras mientras otros (el malvado Villapin, el tonto Alonso) se dedican a intentar levantar muros. Un día para mirar adelante y saber que el futuro es para los zapadores.
Feliz y borracho de sueños y vigilia escribo hoy desde la sierra de Madrid. Esta mañana recogí por fin los billetes para Marrakech. Y tanto. Queda menos de una semana y ya me parece sentir la angustia, ya me faltan aire y palabras pensando en la llegada al aeropuerto, en los olores, en las noches hablando hasta caer agotados, en los proyectos mil veces repasados, en los paseos a saltos, en las revoluciones hechas y por hacer en nuestras vidas y un planeta que pese a barreras y muros, cada vez se nos hace más nuestro. Porque los tiraremos. Lo sé. Nosotros y la realidad. Pobre ministro Alonso, pobres tontos, no se dan cuenta de que como titula María, ha llegado el momento de pasar de hacer un agujeros en la alambrada a desalambrar el ancho mundo.
Un mundo donde César, nuestro comentarista favorito nos trae pasteles por su cumpleaños en un salto entre las dehesas extremeñas y el pescaito frito en Jaffa.
Por la tarde pateo infinito por Madrid con Lobo y María. Epico, como se ve en la foto de abajo. Se trataba de encontrar un punto de acceso WiFi para el curso de Activismo, Internet y Redes Sociales que empezamos mañana. Y nada. Ni en las tiendas del barrio (3), ni en el Corte Inglés… al final en la FNAC.

Y luego excursión a la sierra. O exploración. Porque me perdí. A las nueve llegué al centro. Cené con los chicos (30, argentinos, interesantes, increíblemente próximos -¿estamos ya tan globalizados?). Monté la red, escuché las conversaciones, tomé mil cafés, leí con gusto los posts del día en Ciberpunk y con preocupación documenté las pistas que nos deja Amaya sobre Uzbekistán.
A medianoche por fin, busqué por jabber. No estaba. Me cuesta cerrar el día. Tal vez echo de menos las letras y los idiomas mezclados en mi pantalla. Tal vez no quiero que se acaben días tan guapos de mirar tan limpio. Días como hoy en que se ve el horizonte… Y no tiene alambradas. Ni muros.







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Puff.. Yo me desplomé en la cama a las 21:00 Y luego me despertó a eso de la 12:00 la macrofiestachunga de los estudiantes Orgasmus de mi piso que no me dejaron dormir hasta la madrugada. ¡Ay mi cabeza!