« Clarificando ideas « Portada » La banca y los blogs »
Domingo, 14 de Octubre de 2007De Freedonia a Second Life, la imposibilidad del segregacionismo conversacionalVersiones Latoc Son pocos ya los que recuerdan en la blogsfera la increible aventura de Freedonia (1997-2002), la primera comunidad virtual que estuvo a punto de alcanzar la territorialidad. Era la época en que EEUU y Europa se incorporaban masivamente a Internet, la época de la expansión de la World Wide Web (WWW) y el html. La época de la segunda gran oleada de nuevos internautas, los días de gloria la burbuja puntocom. Internet aparecía como un nuevo territorio donde todo era, o sería, posible. En el confiado mundo post-muro de la era Clinton los visionarios triunfan y un buen titular sobre un artículo ensoñador bastan para configurar un estado de ánimo. Ya en los días finales de la aventura MetroActive titula: Wanted: Homeland for 300 Webheads1. La entradilla sigue
Hoy, cuando sólo en NationStates2, el sitio albergado por el escritor postciberpunk australiano Max Barry para promocionar su última novela, existen casi dos millones de estados imaginarios con sus respectivos jugadores, no podemos evitar una sonrisa. Pero en el 2000, sonaba distinto y el país imaginario del joven John Kyle parecía poder tomar materialidad en cualquier momento. Pero vayamos aún más atras, hasta comienzos de los noventa. En marzo de 1992 John Kyle era un estudiante de 13 años que acababa de entrar en el Instituto en su ciudad natal, Houston (Texas, EEUU). Estaba, según sus propias palabras,
Es decir, estaba muy influido por la propia tradición confederal texana y sus mitos fundacionales en una época en que, como cuenta Manuel Castells3, no pocos condados de este estado se unían en un movimiento por el no reconocimiento activo del gobierno federal. Kyle y sus amigos crearon entonces Freedonia, sin saber que tenía el mismo nombre de la nación ficticia de los hermanos Marx en Sopa de Ganso (en el doblaje español, Libertonia) como parte de un juego cuyo objetivo era declarar la independencia de las casas de sus padres. Ensayan entonces organizarse como comunidad como si de un juego de rol se tratara. Prueban primero una especie de oligarquía, después (1996) una república presidencialista y finalmente (1997) una monarquía parlamentaria (cuyo parlamento nunca llegó a funcionar), cambiando su nombre en 1998 por el de Principado de Freedonia. En 1997 el juego se traslada a Internet3 coincidiendo con la graduación de Kyle y su ingreso en el Babson College. Se incorporan nuevos ciudadanos activos desde todos los rincones del mundo y la comunidad virtual de Freedonia alcanza los casi 300 miembros. La evolución ideológica de Kyle hacia posiciones en la línea del Partido Libertario y su descubrimiento del entonces ya abandonado Proyecto Atlantis, darán un giro al proyecto. A partir de entonces la comunidad virtual se considerará un esbozo de las estructuras políticas de un futuro estado territorial. En un primer momento la búsqueda de territorialidad se centra en la recuperación del Proyecto Atlantis. Freedonia entra en contacto con la misma empresa fabricante de estructuras flotantes en la que se basaba aquel proyecto. Los costes y los problemas de reconocimiento derivados de la entonces novedosa legislación internacional sobre islas flotantes, les llevarán a abandonar este camino. Pronto el proyecto se orientará hacia la consecución de una cesión de soberanía cuando descubran la historia de la Isla Pitcairn, una pequeña colonia en el Pacífico de 5km, tamaño aproximado del Islote de Lobos (Canarias), que Gran Bretaña se había planteado abandonar en los ochenta en favor de Francia por sus costes de mantenimiento e incluso vender a un millonario norteamericano. Los contactos con Gran Bretaña se revelarán pronto difíciles e infructuosos y los freedonianos se reorientarán hacia un nuevo y éxotico destino: la región de Awdal en Somaliland, antigua colonia de la Somalia Británica. Somaliland es un estado nacido de facto de la descomposición de Somalia en mayo de 1991 y sólo reconocido internacionalmente por Etiopía. En el caos del cuerno de Africa durante los 90, Awdal había a su vez proclamado su independencia de Somaliland en calidad de sultanato independiente, animada por las promesas de inversión de algunos inversores norteamericanos. A finales de 1999, Kyle llegó hasta Awdal de la mano de dos aventureros del entorno libertario norteamericano (Michael Van Notten y Jim Davidson), que habían fundado una compañía, la Awdal Roads Company4 para convencer a los clanes locales de su proyecto de desarrollo para el nuevo país. A finales del año 2000 y principios de 2001, Van Notten y Davidson, quien estaba casado con la hija de uno de los personajes más relevantes del clan Samaron, dominante en Awdal, tuvieron una serie de encuentros sobre el terreno con altos representantes del recien nacido sultanato independiente. En medio de la misión aparece un fax malicioso que asegura que el verdadero fin del viaje es la consecución para Freedonia de una amplia franja de la costa local. En los siguientes encuentros con ministros y funcionarios aparecen la desconfianza y la decepción. Los empresarios son amenazados de muerte y expulsados del país. En los días siguientes se produce una algarada al paso de la comitiva del Vicepresidente. Muchos awdalíes han oido la historia y se manifiestan a favor de los supuestos planes de la Awdal Roads Company. La guardia del vicepresidente abre fuego y mueren entre dos y cuatro personas según fuentes locales. En los siguientes días seis personas más serán detenidas a consecuencia de las protestas. Kyle, impresionado, publica en medio de un aluvión de presiones y bombardeos de trolls, una carta de descargo que es abalada por Davidson y Van Notten. Decepcionado y temeroso de las consecuencias del moviento al que había dado nacimiento, se retira dejando morir a la comunidad virtual que le sostiene. Mantiene hoy tan sólo la página web como una reliquia histórica. Su último mensaje a la comunidad fue enviado el 4 de julio de 2002. La historia de Freedonia representa la transición y la continuidad entre el segregacionismo randiano sesentaiochesco y el nuevo mundo de las comunidades transnacionales. La tentación segregacionista aparecerá una y otra vez desde la segunda mitad de los noventa en las redes virtuales. Es la respuesta fácil. Cuando la vida de en la red ocupa el espacio identitario y explica más que la nación quienes somos y con quién conversamos, la tentación inmediata es replicar el modelo nacional, buscar un territorio y construirse un microestado a medida. El segregacionismo siempre estuvo ahí bajo una u otra forma para invitarnos a tomar un islote perdido o construir una ciudad flotante donde dar cabida a la comunidad real y ensayar nuevas formas de organización social. Y el mito del éxito mormón es todavía poderoso. Pero los grupos del siglo XX no eran ya como los del XIX. Los intentos randianos no serán los de una comunidad presencial, real, al estilo de los mormones. En su forma de sociedad por acciones se parecerán más a las fracasadas sociedades de colonización que a las perseguidas y cohesionadas parroquias religiosas de John Smith donde, a pesar de ser más, se conocían, trabajaban y confiaban personalmente unos en otros generando de paso una base económica y lazos afectivos capaces de sostener los gigantescos esfuerzos y sacrificios que fueron necesarios. Y si lo pensamos, Sealand, desprovisto de la capa mítica del Criptonomicón y Wired, no va más allá de la aventura de una familia de ocupas británica. Malas compañías incluídas. Freedonia, la primera comunidad de la era Internet en búsca de territorialidad, es en su inocencia, precursora y frontera. Sus escasos tres centenares de miembros, llegaron a tener una vida política real e intensa. Construyeron una conversación que les explicaba y daba sentido. Compartieron sus días y construyeron una identidad común que les ligaba más entre si que a sus respectivos contextos nacionales. En una palabra, constituyeron una comunidad transnacional. Pero nunca tuvieron una base económica, un mapa, un espacio común entre los flujos de la conversación y su propio sustento. Es verdad que una comunidad puede sostenerse conversacionalmente y en exclusiva sobre el juego político. En un largo e interesante experimento6 el etólogo holandés Frans de Waal, muestra como una manada de chimpancés donde todos sus miembros gozan de acceso irrestricto a la comida, no sólo mantiene sus estructuras de poder, sino que las vive más inténsamente que nunca. La política no nace en los primates como una consecuencia de la escasez, no es únicamente una lucha organizada por el excedente como pensaba Marx. Está ahí antes y después de la abundancia. Pero mantener la conversación y el juego social no es sostener una comunidad humana. Nada más allá de la conversación generaba la necesidad ni la posibilidad de un territorio base en Freedonia. No existía ni una persecución que les conminara a hacerlo, ni una actividad económica previa entre los miembros que justificara el establecimiento en lugar alguno. Como tampoco había en los randianos ninguna de las dos cosas. Por éso, freedonianos y randianos buscan un destino con lógica de colono, pensando en que el territorio generará su propia estructura económica. Una economía apenas esbozada bajo principios libertarios sobre la que se habría de asentar una comunidad que ya no se pretende transnacional ni virtual, sino territorial. Error. Por eso fracasa el segregacionismo. Sin economía compartida no hay comunidad humana sostenible en el tiempo. Por eso la infidelidad, la transitoriedad, la temporalidad de las alianzas son, como comenta Juan Urrutia7, la nota común de las identidades conversacionales en la red. Tras Freedonia las comunidades transnacionales de conversación evolucionarán espectacularmente, tanto en número como en forma. Algunas, como Second Life, incluirán como atractivo una pequeña economía paralela -produciendo escasez artificialmente- y un cierto espacio político. Pero, al menos hasta el momento, no son más que juego y representación, pasatiempo y simulación de un mundo que ya se intuye pero ha de venir de otro lado. Las nuevas identidades surgirán sólo cuando los espacios conversacionales transnacionales se superpongan a espacios económicos de un ámbito similar y ambos interactúen entre ellos. A distintas escalas, desde las redes de decenas de miles de individualistas neonómadas a las grandes venecias corporativas, esto es precísamente lo que estamos empezando a observar en esta década y lo que prefigura las formas del gran mapa postnacional de mañana. 1. http://www.metroactive.com/papers/cruz/11.22.00/netnations-0047.html 2. http://www.nationstates.net/ 3. Manuel Castells, La era de la información, 1994 4. http://www.freedonia.org/ 5. http://www.awdaldevelopment.org/ 6. Frans de Waal, La política de los chimpances (Alianza Editorial 1993) 7. Juan Urrutia, El capitalismo que viene. Disponible en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo De Freedonia a Second Life, la imposibilidad del segregacionismo conversacional São poucos já os que recordam na blogsfera a increible aventura de Freedonia (1997-2002), a primeira comunidade virtual que esteve a ponto de atingir a territorialidad. Era a época em que EEUU e Europa se incorporavam em massa a Internet, a época da expansão da World Wide Site (WWW) e o html. A época da segunda grande onda de novos internautas, nos dias de glória a borbulha puntocom. Internet aparecia como um novo território onde todo era, ou seria, possível. No confiado mundo pós-muro de era-a Clinton os visionarios triunfam e um bom titular sobre um artigo ensoñador bastam para configurar um estado de ânimo. Já nos dias finais da aventura MetroActive titula: Wanted: Homeland for 300 Webheads1. A entradilla segue
Hoje, quando só em NationStates 2, o lugar albergado pelo escritor postciberpunk australiano Max Barry para promocionar sua última novela, existem quase dois milhões de estados imaginarios com seus respectivos jogadores, não podemos evitar um sorriso. Mas no 2000, soava diferente e o país imaginario do jovem John Kyle parecia poder tomar materialidad em qualquer momento. Mas vamos ainda mais atras, até começos dos noventa. Em março de 1992 John Kyle era um estudante de 13 anos que acabava de entrar no Instituto em sua cidade natal, Houston (Texas, EEUU). Estava, segundo suas próprias palavras,
Isto é, estava muito influído pela própria tradição confederal texana e seus mitos fundacionales numa época em que, como conta Manuel Castells3, não poucos condados deste estado se uniam num movimento pelo não reconhecimento activo do governo federal. Kyle e seus amigos criaram então Freedonia, sem saber que tinha o mesmo nome da nação ficticia dos irmãos Marx em Sopa de Ganso (na dobragem espanhola, Libertonia) como parte de um jogo cujo objectivo era declarar a independência das casas de seus pais. Ensayan então organizar-se como comunidade como se de um jogo de papel se tratasse. Provam primeiro uma espécie de oligarquía, depois (1996) uma república presidencialista e finalmente (1997) uma monarquia parlamentar (cujo parlamento nunca chegou a funcionar), mudando seu nome em 1998 pelo de Principado de Freedonia. Em 1997 o jogo translada-se a Internet3 coincidindo com a graduación de Kyle e seu rendimento no Babson College. Incorporam-se novos cidadãos activos desde todos os rincões do mundo e a comunidade virtual de Freedonia atinge os quase 300 membros. A evolução ideológica de Kyle para posições na linha do Partido Libertario e sua descoberta do então já abandonado Projecto Atlantis, darão um giro ao projecto. A partir de então a comunidade virtual considerar-se-á um esboço das estruturas políticas de um futuro estado territorial. Num primeiro momento a busca de territorialidad centra-se na recuperação do Projecto Atlantis. Freedonia entra em contacto com a mesma empresa fabricante de estruturas flotantes na que se baseava aquele projecto. Os custos e os problemas de reconhecimento derivados da então inovadora legislação internacional sobre ilhas flotantes, levar-lhes-ão a abandonar este caminho. Cedo o projecto orientar-se-á para a consecución de uma cessão de soberania quando descubram a história da Ilha Pitcairn, uma pequena colónia no Pacífico de 5km, tamanho aproximado do Islote de Lobos (Canárias), que Grã-Bretanha se tinha proposto abandonar nos oitenta em favor de França por seus custos de manutenção e inclusive vender a um milionário norte-americano. Os contactos com Grã-Bretanha revelar-se-ão cedo difíceis e infructuosos e os freedonianos se reorientarán para um novo e éxotico destino: a região de Awdal em Somaliland, antiga colónia da Somalia Britânica. Somaliland é um estado nascido de facto da descomposição de Somalia em maio de 1991 e só reconhecido internacionalmente por Etiópia. No caos do corno de Africa durante os 90, Awdal tinha a sua vez proclamado sua independência de Somaliland em qualidade de sultanato independente, animada pelas promessas de investimento de alguns investidores norte-americanos. No final de 1999, Kyle chegou até Awdal da mão de duas aventureros do meio libertario norte-americano (Michael Vão Notten e Jim Davidson), que tinham fundado uma companhia, a Awdal Roads Company4 para convencer aos clãs locais de seu projecto de desenvolvimento para o novo país. No final do ano 2000 e princípios de 2001, Vão Notten e Davidson, quem estava casado com a filha de um das personagens mais relevantes do clã Samaron, dominante em Awdal, tiveram uma série de encontros sobre o terreno com altos representantes do recien nascido sultanato independente. No meio da missão aparece um fax malicioso que assegura que o verdadeiro fim da viagem é a consecución para Freedonia de uma ampla faixa da costa local. Nos seguintes encontros com ministros e servidores públicos aparecem a desconfiança e a decepção. Os empresários são ameaçados de morte e expulsados do país. Nos dias seguintes produz-se uma algarada ao passo da comitiva do Vice-presidente. Muitos awdalíes têm oido a história e manifestam-se a favor dos supostos planos da Awdal Roads Company. A guarda do vice-presidente abre fogo e morrem entre dois e quatro pessoas segundo fontes locais. Nos seguintes dias mais seis pessoas serão detidas em consequência dos protestos. Kyle, impressionado, publica no meio de um aluvión de pressões e bombardeios de trolls, uma carta de descargo que é abalada por Davidson e Vão Notten. Decepcionado e temeroso das consequências do moviento ao que tinha dado nascimento, se retira deixando morrer à comunidade virtual que lhe sustenta. Mantém hoje tão só a página site como uma reliquia histórica. Sua última mensagem à comunidade foi enviado o 4 de julho de 2002. A história de Freedonia representa a transição e a continuidade entre o segregacionismo randiano sesentaiochesco e o novo mundo das comunidades multinacionais. A tentación segregacionista aparecerá uma e outra vez desde a segunda metade dos noventa nas redes virtuais. É a resposta fácil. Quando a vida de em a rede ocupa o espaço identitario e explica mais que a nação quem somos e com quem conversamos, a tentación imediata é replicar o modelo nacional, procurar um território e se construir um microestado sob medida. O segregacionismo sempre esteve aí baixo uma ou outra forma para nos convidar a tomar um islote perdido ou construir uma cidade flotante onde dar cabida à comunidade real e ensayar novas formas de organização social. E o mito do sucesso mormón é ainda poderoso. Mas os grupos do século XX não eram já como os do XIX. As tentativas randianos não serão os de uma comunidade presencial, real, ao estilo dos mormones. Em sua forma de sociedade por acções parecer-se-ão mais às fracassadas sociedades de colonização que às perseguidas e cohesionadas parroquias religiosas de John Smith onde, apesar de ser mais, se conheciam, trabalhavam e confiavam pessoalmente uns em outros gerando de passagem uma base económica e laços afectivos capazes de sustentar os gigantescos esforços e sacrifícios que foram necessários. E se pensamo-lo, Sealand, desprovisto da capa mítica do Criptonomicón e Wired, não vai para além da aventura de uma família de ocupas britânica. Más companhias incluídas. Freedonia, a primeira comunidade de era-a Internet em búsca de territorialidad, é em sua inocência, precursora e fronteira. Seus escassos três centenas de membros, chegaram a ter uma vida política real e intensa. Construíram uma conversa que lhes explicava e dava sentido. Compartilharam em seus dias e construíram uma identidade comum que lhes unia mais entre se que a seus respectivos contextos nacionais. Numa palavra, constituíram uma comunidade multinacional. Mas nunca tiveram uma base económica, um mapa, um espaço comum entre os fluxos da conversa e seu próprio sustento. É verdade que uma comunidade pode se sustentar conversacionalmente e em exclusiva sobre o jogo político. Num longo e interessante experimento6 o etólogo holandês Frans de Waal, mostra como uma manada de chimpancés onde todos seus membros gozam de acesso irrestricto à comida, não só mantém suas estruturas de poder, senão que as vive mais inténsamente que nunca. A política não nasce nos primates como uma consequência da escassez, não é unicamente uma luta organizada pelo excedente como pensava Marx. Está aí dantes e após a abundância. Mas manter a conversa e o jogo social não é sustentar uma comunidade humana. Nada para além da conversa gerava a necessidade nem a possibilidade de um território baseie em Freedonia. Não existia nem uma perseguição que lhes conminara ao fazer, nem uma actividade económica prévia entre os membros que justificasse o estabelecimento em lugar algum. Como também não tinha nos randianos nenhuma das duas coisas. Por éso, freedonianos e randianos procuram um destino com lógica de colono, pensando em que o território gerará sua própria estrutura económica. Uma economia mal esboçada baixo princípios libertarios sobre a que ter-se-ia de assentar uma comunidade que já não se pretende multinacional nem virtual, senão territorial. Erro. Por isso fracassa o segregacionismo. Sem economia compartilhada não há comunidade humana sostenible no tempo. Por isso a infidelidad, a transitoriedad, a temporalidad das alianças são, como comenta Juan Urrutia7, a nota comum das identidades conversacionales na rede. Depois de Freedonia as comunidades multinacionais de conversa evoluirão espectacularmente, tanto em número como em forma. Algumas, como Second Life, incluirão como atraente uma pequena economia paralela -produzindo escassez artificialmente- e um verdadeiro espaço político. Mas, ao menos até o momento, não são mais que jogo e representação, pasatiempo e simulación de um mundo que já se intuye mas tem de vir de outro lado. As novas identidades surgirão só quando os espaços conversacionales multinacionais se superpongan a espaços económicos de um âmbito similar e ambos interactúen entre eles. A diferentes escalas, desde as redes de dezenas de milhares de individualistas neonómadas às grandes venecias corporativas, isto é precísamente o que estamos a começar a observar nesta década e o que prefigura as formas do grande mapa postnacional de manhã. 1. http://www.metroactive.com/papers/cruz/11.22.00/netnations-0047.html 2. http://www.nationstates.net/ 3. Manuel Castells, Era-a da informação, 1994 4. http://www.freedonia.org/ 5. http://www.awdaldevelopment.org/ 6. Frans de Waal, A política dos chimpances (Aliança Editorial 1993) 7. Juan Urrutia, O capitalismo que vem. Disponível em http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo De Freedonia a Second Life, a imposibilidad do segregacionismo conversacional Son poucos xa os que recordan na blogsfera a increible aventura de Freedonia (1997-2002), a primeira comunidade virtual que estivo a piques de alcanzar a territorialidad. Era a época en que EEUU e Europa incorporábanse masivamente a Internet, a época da expansión da World Wide Web (WWW) e o html. A época da segunda gran oleada de novos internautas, os días de gloria a burbulla puntocom. Internet aparecía como un novo territorio onde todo era, ou sería, posible. No confiado mundo post-muro de éraa Clinton os visionarios triunfan e un bo titular sobre un artigo ensoñador bastan para configurar un estado de ánimo. Xa nos días finais da aventura MetroActive titula: Wanted: Homeland for 300 Webheads1. A entradilla segue
Hoxe, cando só en NationStates 2, o sitio albergado polo escritor postciberpunk australiano Max Barry para promocionar a súa última novela, existen case dous millóns de estados imaxinarios cos seus respectivos xogadores, non podemos evitar un sorriso. Pero no 2000, soaba distinto e o país imaxinario do mozo John Kyle parecía poder tomar materialidad en calquera momento. Pero vaiamos aínda máis atras, ata comezos dos noventa. En marzo de 1992 John Kyle era un estudante de 13 anos que acababa de entrar no Instituto na súa cidade natal, Houston (Texas, EEUU). Estaba, segundo as súas propias palabras,
É dicir, estaba moi influído pola propia tradición confederal texana e os seus mitos fundacionales nunha época en que, como conta Manuel Castells3, non poucos condados deste estado uníanse nun movemento polo non recoñecemento activo do goberno federal. Kyle e os seus amigos crearon entón Freedonia, sen saber que tiña o mesmo nome da nación ficticia dos irmáns Marx en Sopa de Ganso (no doblaje español, Libertonia) como parte dun xogo cuxo obxectivo era declarar a independencia das casas dos seus pais. Ensaian entón organizarse como comunidade coma se dun xogo de rol tratásese. Proban primeiro unha especie de oligarquía, despois (1996) unha república presidencialista e finalmente (1997) unha monarquía parlamentaria (cuxo parlamento nunca chegou a funcionar), cambiando o seu nome en 1998 polo de Principado de Freedonia. En 1997 o xogo trasládase a Internet3 coincidindo coa graduación de Kyle e o seu ingreso no Babson College. Incorpóranse novos cidadáns activos desde todos os recunchos do mundo e a comunidade virtual de Freedonia alcanza os case 300 membros. A evolución ideolóxica de Kyle cara a posicións na liña do Partido Libertario e o seu descubrimento do entón xa abandonado Proxecto Atlantis, darán un xiro ao proxecto. A partir de entón a comunidade virtual considerarase un esbozo das estruturas políticas dun futuro estado territorial. Nun primeiro momento a procura de territorialidad céntrase na recuperación do Proxecto Atlantis. Freedonia entra en contacto coa mesma empresa fabricante de estruturas flotantes na que se baseaba aquel proxecto. Os custos e os problemas de recoñecemento derivados da entón novedosa lexislación internacional sobre illas flotantes, levaranlles a abandonar este camiño. Pronto o proxecto orientarase cara á consecución dunha cesión de soberanía cando descubran a historia da Illa Pitcairn, unha pequena colonia no Pacífico de 5km, tamaño aproximado do Islote de Lobos (Canarias), que Gran Bretaña suscitouse abandonar nos oitenta en favor de Francia polos seus custos de mantemento e ata vender a un millonario norteamericano. Os contactos con Gran Bretaña revelaranse pronto difíciles e infrutuosos e os freedonianos reorientaranse cara a un novo e éxotico destino: a rexión de Awdal en Somaliland, antiga colonia da Somalia Británica. Somaliland é un estado nado de facto da descomposición de Somalia en mayo de 1991 e só recoñecido internacionalmente por Etiopía. No caos do corno de Africa durante os 90, Awdal había á súa vez proclamado a súa independencia de Somaliland en calidade de sultanato independente, animada polas promesas de investimento dalgúns inversores norteamericanos. A finais de 1999, Kyle chegou ata Awdal da man de dúas aventureros da contorna libertario norteamericano (Michael Van Notten e Jim Davidson), que fundaran unha compañía, a Awdal Roads Company4 para convencer aos clans locais do seu proxecto de desenvolvemento para o novo país. A finais do ano 2000 e principios de 2001, Van Notten e Davidson, quen estaba casado coa filla dun dos personaxes máis relevantes do clan Samaron, dominante en Awdal, tiveron unha serie de encontros sobre o terreo con altos representantes do recien nado sultanato independente. No medio da misión aparece un fax malicioso que asegura que o verdadeiro fin da viaxe é a consecución para Freedonia dunha ampla franxa da costa local. Nos seguintes encontros con ministros e funcionarios aparecen a desconfianza e a decepción. Os empresarios son ameazados de morte e expulsados do país. Nos días seguintes prodúcese unha algarada ao paso da comitiva do Vicepresidente. Moitos awdalíes han oido a historia e maniféstanse a favor dos supostos plans da Awdal Roads Company. A garda do vicepresidente abre lume e morren entre dous e catro acodes segundo fontes locais. Nos seguintes días seis acodes máis serán detidas a consecuencia das protestas. Kyle, impresionado, publica no medio dun aluvión de presións e bombardeos de trolls, unha carta de descargo que é abalada por Davidson e Van Notten. Decepcionado e medorento das consecuencias do moviento ao que dera nacemento, retírase deixando morrer á comunidade virtual que lle sostén. Mantén hoxe tan só a páxina web como unha reliquia histórica. A súa última mensaxe á comunidade foi enviado o 4 de xullo de 2002. A historia de Freedonia representa a transición e a continuidade entre o segregacionismo randiano sesentaiochesco e o novo mundo das comunidades transnacionales. A tentación segregacionista aparecerá unha e outra vez desde a segunda metade dos noventa nas redes virtuales. É a resposta fácil. Cando a vida de en a rede ocupa o espazo identitario e explica máis que a nación quen somos e con quen conversamos, a tentación inmediata é replicar o modelo nacional, buscar un territorio e construírse un microestado a medida. O segregacionismo sempre estivo aí baixo unha ou outra forma para invitarnos a tomar un islote perdido ou construír unha cidade flotante onde dar cabida á comunidade real e ensaiar novas formas de organización social. E o mito do éxito mormón é aínda poderoso. Pero os grupos do século XX non eran xa como os do XIX. Os intentos randianos non serán os dunha comunidade presencial, real, ao estilo dos mormones. Na súa forma de sociedade por accións pareceranse máis ás fracasadas sociedades de colonización que ás perseguidas e cohesionadas parroquias relixiosas de John Smith onde, malia ser máis, coñecíanse, traballaban e confiaban personalmente uns noutros xerando de paso unha base económica e lazos afectivos capaces de soster os xigantescos esforzos e sacrificios que foron necesarios. E si pensámolo, Sealand, desprovisto da capa mítica do Criptonomicón e Wired, non vai máis aló da aventura dunha familia de ocupas británica. Malas compañías incluídas. Freedonia, a primeira comunidade de éraa Internet en búsca de territorialidad, é na súa inocencia, precursora e fronteira. Os seus escasos tres centenares de membros, chegaron a ter unha vida política real e intensa. Construíron unha conversación que lles explicaba e daba sentido. Compartiron os seus días e construíron unha identidade común que lles ligaba máis entre si que aos seus respectivos contextos nacionais. Nunha palabra, constituíron unha comunidade transnacional. Pero nunca tiveron unha base económica, un mapa, un espazo común entre os fluxos da conversación e o seu propio sustento. É verdade que unha comunidade pode sosterse conversacionalmente e en exclusiva sobre o xogo político. Nun longo e interesante experimento6 o etólogo holandés Frans de Waal, mostra como unha manada de chimpancés onde todos os seus membros gozan de acceso irrestricto á comida, non só mantén as súas estruturas de poder, senón que as vive máis inténsamente que nunca. A política non nace nos primates como unha consecuencia da escaseza, non é únicamente unha loita organizada polo excedente como pensaba Marx. Está aí antes e logo da abundancia. Pero manter a conversación e o xogo social non é soster unha comunidade humana. Nada máis aló da conversación xeraba a necesidade nin a posibilidade dun territorio basee en Freedonia. Non existía nin unha persecución que lles cominase a facelo, nin unha actividade económica previa entre os membros que xustificase o establecemento en lugar algún. Como tampouco había nos randianos ningunha das dúas cousas. Por éso, freedonianos e randianos buscan un destino con lóxica de colono, pensando en que o territorio xerará a súa propia estrutura económica. Unha economía apenas esbozada baixo principios libertarios sobre a que se habería de asentar unha comunidade que xa non se pretende transnacional nin virtual, senón territorial. Erro. Por iso fracasa o segregacionismo. Sen economía compartida non hai comunidade humana sostenible no tempo. Por iso a infidelidade, a transitoriedad, a temporalidad das alianzas son, como comenta Juan Urrutia7, a nota común das identidades conversacionales na rede. Tras Freedonia as comunidades transnacionales de conversación evolucionarán espectacularmente, tanto en número como en forma. Algunhas, como Second Life, incluirán como atractivo unha pequena economía paralela -producindo escaseza artificialmente- e un certo espazo político. Pero, polo menos ata o momento, non son máis que xogo e representación, pasatiempo e simulación dun mundo que xa se intúe pero ha de vir doutro lado. As novas identidades xurdirán só cando os espazos conversacionales transnacionales se superpongan a espazos económicos dun ámbito similar e ambos interactúen entre eles. A distintas escalas, desde as redes de decenas de miles de individualistas neonómadas ás grandes venecias corporativas, isto é precísamente o que estamos empezando a observar nesta década e o que prefigura as formas do gran mapa postnacional de mañá. 1. http://www.metroactive.com/papers/cruz/11.22.00/netnations-0047.html 2. http://www.nationstates.net/ 3. Manuel Castells, Éraa da información, 1994 4. http://www.freedonia.org/ 5. http://www.awdaldevelopment.org/ 6. Frans de Waal, A política dos chimpances (Alianza Editorial 1993) 7. Juan Urrutia, O capitalismo que vén. Dispoñible en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo De Freedonia a Second Life, a imposibilidad do segregacionismo conversacional Són pocs ja els quals recorden en la blogsfera la increible aventura de Freedonia (1997-2002), la primera comunitat virtual que va estar a punt d'aconseguir la territorialidad. Era l'època en què EUA i Europa s'incorporaven massivament a Internet, l'època de l'expansió de la World Wide Web (WWW) i l'html. L'època de la segona gran onada de nous internautes, els dies de glòria la bombolla puntocom. Internet apareixia com un nou territori on tot era, o seria, possible. En el confiat món post-mur de l'era Clinton els visionarios triomfen i un bon titular sobre un article ensoñador basten per a configurar un estat d'ànim. Ja en els dies finals de l'aventura MetroActive titula: Wanted: Homeland for 300 Webheads1. La entradilla segueix
Avui, quan només en NationStates2, el lloc albergat per l'escriptor postciberpunk australià Max Barry per a promocionar la seva última novel·la, existeixen gairebé dos milions d'estats imaginaris amb els seus respectius jugadors, no podem evitar un somriure. Però en el 2000, sonava distint i el país imaginari del jove John Kyle semblava poder prendre materialidad en qualsevol moment. Però anem encara més atras, fins a començaments dels noranta. Al març de 1992 John Kyle era un estudiant de 13 anys que acabava d'entrar en l'Institut en la seva ciutat natal, Houston (Texas, EUA). Estava, segons les seves pròpies paraules,
És a dir, estava molt influït per la pròpia tradició confederal texana i els seus mites fundacionals en una època en què, com compte Manuel Castells3, no pocs condados d'aquest estat s'unien en un moviment pel no reconeixement actiu del govern federal. Kyle i els seus amics van crear llavors Freedonia, sense saber que tenia el mateix nom de la nació fictícia dels germans Marx en Sopa de Ganso (en el doblaje espanyol, Libertonia) com part d'un joc l'objectiu del qual era declarar la independència de les cases dels seus pares. Assagen llavors organitzar-se com comunitat com si d'un joc de rol es tractés. Proven primer una espècie de oligarquía, després (1996) una república presidencialista i finalment (1997) una monarquia parlamentària (el parlament de la qual mai va arribar a funcionar), canviant el seu nom en 1998 pel de Principado de Freedonia. En 1997 el joc es trasllada a Internet3 coincidint amb la graduació de Kyle i el seu ingrés en el Babson College. S'incorporen nous ciutadans actius des de tots els racons del món i la comunitat virtual de Freedonia aconsegueix els gairebé 300 membres. L'evolució ideològica de Kyle cap a posicions en la línia del Partit Libertario i el seu descobriment del llavors ja abandonat Projecte Atlantis, donaran un gir al projecte. A partir de llavors la comunitat virtual es considerarà un esbós de les estructures polítiques d'un futur estat territorial. En un primer moment la recerca de territorialidad se centra en la recuperació del Projecte Atlantis. Freedonia entra en contacte amb la mateixa empresa fabricadora d'estructures flotants en la qual es basava aquell projecte. Els costos i els problemes de reconeixement derivats de la llavors nova legislació internacional sobre illes flotants, els portaran a abandonar aquest camí. Aviat el projecte s'orientarà cap a la consecució d'una cessió de sobirania quan descobreixin la història de la Illa Pitcairn, una petita colònia en el Pacífic de 5km, grandària aproximada de l'Illot de Llops (Canàries), que Gran Bretanya s'havia plantejat abandonar en els vuitanta en favor de França pels seus costos de manteniment i fins i tot vendre a un milionari nord-americà. Els contactes amb Gran Bretanya es revelaran aviat difícils i infructuosos i els freedonianos es reorientarán cap a un nou i éxotico destí: la regió de Awdal en Somaliland, antiga colònia de la Somalia Britànica. Somaliland és un estat nascut de facto de la descomposición de Somalia al maig de 1991 i només reconegut internacionalment per Etiòpia. En el caos de la banya de Africa durant els 90, Awdal hi havia al seu torn proclamat la seva independència de Somaliland en qualitat de sultanato independent, animada per les promeses d'inversió d'alguns inversors nord-americans. A la fi de 1999, Kyle va arribar fins a Awdal de la mà de dos aventurers de l'entorn libertario nord-americà (Michael Van Notten i Jim Davidson), que havien fundat una companyia, la Awdal Roads Company4 per a convèncer als clans locals del seu projecte de desenvolupament per al nou país. A la fi de l'any 2000 i principis de 2001, Van Notten i Davidson, qui estava casat amb la filla d'un dels personatges més rellevants del clan Samaron, dominant en Awdal, van tenir una sèrie de trobades sobre el terreny amb alts representants del recien nascut sultanato independent. Enmig de la missió apareix un fax maliciós que assegura que la veritable fi del viatge és la consecució per a Freedonia d'una àmplia franja de la costa local. En les següents trobades amb ministres i funcionaris apareixen la desconfiança i la decepció. Els empresaris són amenaçats de mort i expulsats del país. En els dies següents es produeix una algarada al pas de la comitiva del Vicepresident. Molts awdalíes han oido la història i es manifesten a favor dels suposats plans de la Awdal Roads Company. La guàrdia del vicepresident obre foc i moren entre dos i quatre persones segons fonts locals. En els següents dies sis persones més seran detingudes a conseqüència de les protestes. Kyle, impressionat, publica enmig d'un al·luvió de pressions i bombardejos de trolls, una carta de descarrego que és abalada per Davidson i Van Notten. Decebut i temerós de les conseqüències del moviento al que havia donat naixement, es retira deixant morir a la comunitat virtual que li sosté. Manté avui tan només la pàgina web com una relíquia històrica. El seu últim missatge a la comunitat va ser enviat el 4 de juliol de 2002. La història de Freedonia representa la transició i la continuïtat entre el segregacionismo randiano sesentaiochesco i el nou món de les comunitats transnacionales. La temptació segregacionista apareixerà una i una altra vegada des de la segona meitat dels noranta en les xarxes virtuals. És la resposta fàcil. Quan la vida d'en la xarxa ocupa l'espai identitario i explica més que la nació qui som i amb qui conversem, la temptació immediata és replicar el model nacional, buscar un territori i construir-se un microestado a mesura. El segregacionismo sempre va estar aquí sota una o una altra forma per a convidar-nos a prendre un illot perdut o construir una ciutat flotant on donar cabuda a la comunitat real i assajar noves formes d'organització social. I el mite de l'èxit mormón és encara poderós. Però els grups del segle XX no eren ja com els de el XIX. Els intents randianos no seran els de una comunitat presencial, real, a l'estil dels mormones. En la seva forma de societat per accions se semblaran més a les fracassades societats de colonización que a les perseguides i cohesionadas parròquies religioses de John Smith on, malgrat ser més, es coneixien, treballaven i confiaven personalment uns en uns altres generant de pas una base econòmica i llaços afectius capaços de sostenir els gegantescs esforços i sacrificis que van ser necessaris. I si ho pensem, Sealand, desprovisto de la capa mítica del Criptonomicón i Wired, no va més enllà de l'aventura d'una família d'ocupes britànica. Males companyies incluídas. Freedonia, la primera comunitat de l'era Internet en búsca de territorialidad, és en la seva innocència, precursora i frontera. Els seus escassos tres centenars de membres, van arribar a tenir una vida política real i intensa. Van construir una conversa que els explicava i donava sentit. Van compartir els seus dies i van construir una identitat comuna que els lligava més entre si que als seus respectius contextos nacionals. En una paraula, van constituir una comunitat transnacional. Però mai van tenir una base econòmica, un mapa, un espai comú entre els fluixos de la conversa i el seu propi sustento. És veritat que una comunitat pot sostenir-se conversacionalmente i en exclusiva sobre el joc polític. En un llarg i interessant experiment6 el etólogo holandès Frans de Waal, mostra com una rajada de chimpancés on tots els seus membres gaudeixen d'accés irrestricto al menjar, no només manté les seves estructures de poder, sinó que les viu més inténsamente que mai. La política no neix en els primats com una conseqüència de l'escassesa, no és únicament una lluita organitzada per l'excedent com pensava Marx. Està aquí abans i després de l'abundància. Però mantenir la conversa i el joc social no és sostenir una comunitat humana. Gens més enllà de la conversa generava la necessitat ni la possibilitat d'un territori basi en Freedonia. No existia ni una persecució que els conminara a fer-ho, ni una activitat econòmica prèvia entre els membres que justifiqués l'establiment en lloc algun. Com tampoc hi havia en els randianos cap de les dues coses. Per éso, freedonianos i randianos busquen un destí amb lògica de colona, pensant que el territori generarà la seva pròpia estructura econòmica. Una economia tot just esbozada baix principis libertarios sobre la qual s'hauria d'assentar una comunitat que ja no es pretén transnacional ni virtual, sinó territorial. Error. Per això fracassa el segregacionismo. Sense economia compartida no hi ha comunitat humana sostenible en el temps. Per això la infidelitat, la transitoriedad, la temporalitat de les aliances són, com comenta Juan Urrutia7, la nota comuna de les identitats conversacionales en la xarxa. Després de Freedonia les comunitats transnacionales de conversa evolucionaran espectacularmente, tant en nombre com en forma. Algunes, com Second Life, inclouran com atractiu una petita economia paral·lela -produint escassesa artificialment- i un cert espai polític. Però, almenys fins al moment, no són més que joc i representació, pasatiempo i simulació d'un món que ja s'intueix però ha de venir d'un altre costat. Les noves identitats sorgiran només quan els espais conversacionales transnacionales es superpongan a espais econòmics d'un àmbit similar i ambdós interactúen entre ells. A distintes escales, des de les xarxes de desenes de milers d'individualistes neonómadas a les grans venecias corporativas, això és precísamente el que estem començant a observar en aquesta dècada i el que prefigura les formes del gran mapa postnacional de matí. 1. http://www.metroactive.com/papers/creu/11.22.00/netnations-0047.html 2. http://www.nationstates.net/ 3. Manuel Castells, L'era de la informació, 1994 4. http://www.freedonia.org/ 5. http://www.awdaldevelopment.org/ 6. Frans de Waal, La política dels chimpances (Aliança Editorial 1993) 7. Juan Urrutia, El capitalisme que ve. Disponible en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalisme De Freedonia a Second Life, la impossibilitat del segregacionismo conversacional
Son pocos ya los que recuerdan en la blogsfera la increible aventura de Freedonia (1997-2002), la primera comunidad virtual que estuvo a punto de alcanzar la territorialidad. Era la época en que EEUU y Europa se incorporaban masivamente a Internet, la época de la expansión de la World Wide Web (WWW) y el html. La época de la segunda gran oleada de nuevos internautas, los días de gloria la burbuja puntocom. Internet aparecía como un nuevo territorio donde todo era, o sería, posible. En el confiado mundo post-muro de la era Clinton los visionarios triunfan y un buen titular sobre un artículo ensoñador bastan para configurar un estado de ánimo. Ya en los días finales de la aventura MetroActive titula: Wanted: Homeland for 300 Webheads1. La entradilla sigue
Hoy, cuando sólo en NationStates2, el sitio albergado por el escritor postciberpunk australiano Max Barry para promocionar su última novela, existen casi dos millones de estados imaginarios con sus respectivos jugadores, no podemos evitar una sonrisa. Pero en el 2000, sonaba distinto y el país imaginario del joven John Kyle parecía poder tomar materialidad en cualquier momento. Pero vayamos aún más atras, hasta comienzos de los noventa. En marzo de 1992 John Kyle era un estudiante de 13 años que acababa de entrar en el Instituto en su ciudad natal, Houston (Texas, EEUU). Estaba, según sus propias palabras,
Es decir, estaba muy influido por la propia tradición confederal texana y sus mitos fundacionales en una época en que, como cuenta Manuel Castells3, no pocos condados de este estado se unían en un movimiento por el no reconocimiento activo del gobierno federal. Kyle y sus amigos crearon entonces Freedonia, sin saber que tenía el mismo nombre de la nación ficticia de los hermanos Marx en Sopa de Ganso (en el doblaje español, Libertonia) como parte de un juego cuyo objetivo era declarar la independencia de las casas de sus padres. Ensayan entonces organizarse como comunidad como si de un juego de rol se tratara. Prueban primero una especie de oligarquía, después (1996) una república presidencialista y finalmente (1997) una monarquía parlamentaria (cuyo parlamento nunca llegó a funcionar), cambiando su nombre en 1998 por el de Principado de Freedonia. En 1997 el juego se traslada a Internet3 coincidiendo con la graduación de Kyle y su ingreso en el Babson College. Se incorporan nuevos ciudadanos activos desde todos los rincones del mundo y la comunidad virtual de Freedonia alcanza los casi 300 miembros. La evolución ideológica de Kyle hacia posiciones en la línea del Partido Libertario y su descubrimiento del entonces ya abandonado Proyecto Atlantis, darán un giro al proyecto. A partir de entonces la comunidad virtual se considerará un esbozo de las estructuras políticas de un futuro estado territorial. En un primer momento la búsqueda de territorialidad se centra en la recuperación del Proyecto Atlantis. Freedonia entra en contacto con la misma empresa fabricante de estructuras flotantes en la que se basaba aquel proyecto. Los costes y los problemas de reconocimiento derivados de la entonces novedosa legislación internacional sobre islas flotantes, les llevarán a abandonar este camino. Pronto el proyecto se orientará hacia la consecución de una cesión de soberanía cuando descubran la historia de la Isla Pitcairn, una pequeña colonia en el Pacífico de 5km, tamaño aproximado del Islote de Lobos (Canarias), que Gran Bretaña se había planteado abandonar en los ochenta en favor de Francia por sus costes de mantenimiento e incluso vender a un millonario norteamericano. Los contactos con Gran Bretaña se revelarán pronto difíciles e infructuosos y los freedonianos se reorientarán hacia un nuevo y éxotico destino: la región de Awdal en Somaliland, antigua colonia de la Somalia Británica. Somaliland es un estado nacido de facto de la descomposición de Somalia en mayo de 1991 y sólo reconocido internacionalmente por Etiopía. En el caos del cuerno de Africa durante los 90, Awdal había a su vez proclamado su independencia de Somaliland en calidad de sultanato independiente, animada por las promesas de inversión de algunos inversores norteamericanos. A finales de 1999, Kyle llegó hasta Awdal de la mano de dos aventureros del entorno libertario norteamericano (Michael Van Notten y Jim Davidson), que habían fundado una compañía, la Awdal Roads Company4 para convencer a los clanes locales de su proyecto de desarrollo para el nuevo país. A finales del año 2000 y principios de 2001, Van Notten y Davidson, quien estaba casado con la hija de uno de los personajes más relevantes del clan Samaron, dominante en Awdal, tuvieron una serie de encuentros sobre el terreno con altos representantes del recien nacido sultanato independiente. En medio de la misión aparece un fax malicioso que asegura que el verdadero fin del viaje es la consecución para Freedonia de una amplia franja de la costa local. En los siguientes encuentros con ministros y funcionarios aparecen la desconfianza y la decepción. Los empresarios son amenazados de muerte y expulsados del país. En los días siguientes se produce una algarada al paso de la comitiva del Vicepresidente. Muchos awdalíes han oido la historia y se manifiestan a favor de los supuestos planes de la Awdal Roads Company. La guardia del vicepresidente abre fuego y mueren entre dos y cuatro personas según fuentes locales. En los siguientes días seis personas más serán detenidas a consecuencia de las protestas. Kyle, impresionado, publica en medio de un aluvión de presiones y bombardeos de trolls, una carta de descargo que es abalada por Davidson y Van Notten. Decepcionado y temeroso de las consecuencias del moviento al que había dado nacimiento, se retira dejando morir a la comunidad virtual que le sostiene. Mantiene hoy tan sólo la página web como una reliquia histórica. Su último mensaje a la comunidad fue enviado el 4 de julio de 2002. La historia de Freedonia representa la transición y la continuidad entre el segregacionismo randiano sesentaiochesco y el nuevo mundo de las comunidades transnacionales. La tentación segregacionista aparecerá una y otra vez desde la segunda mitad de los noventa en las redes virtuales. Es la respuesta fácil. Cuando la vida de en la red ocupa el espacio identitario y explica más que la nación quienes somos y con quién conversamos, la tentación inmediata es replicar el modelo nacional, buscar un territorio y construirse un microestado a medida. El segregacionismo siempre estuvo ahí bajo una u otra forma para invitarnos a tomar un islote perdido o construir una ciudad flotante donde dar cabida a la comunidad real y ensayar nuevas formas de organización social. Y el mito del éxito mormón es todavía poderoso. Pero los grupos del siglo XX no eran ya como los del XIX. Los intentos randianos no serán los de una comunidad presencial, real, al estilo de los mormones. En su forma de sociedad por acciones se parecerán más a las fracasadas sociedades de colonización que a las perseguidas y cohesionadas parroquias religiosas de John Smith donde, a pesar de ser más, se conocían, trabajaban y confiaban personalmente unos en otros generando de paso una base económica y lazos afectivos capaces de sostener los gigantescos esfuerzos y sacrificios que fueron necesarios. Y si lo pensamos, Sealand, desprovisto de la capa mítica del Criptonomicón y Wired, no va más allá de la aventura de una familia de ocupas británica. Malas compañías incluídas. Freedonia, la primera comunidad de la era Internet en búsca de territorialidad, es en su inocencia, precursora y frontera. Sus escasos tres centenares de miembros, llegaron a tener una vida política real e intensa. Construyeron una conversación que les explicaba y daba sentido. Compartieron sus días y construyeron una identidad común que les ligaba más entre si que a sus respectivos contextos nacionales. En una palabra, constituyeron una comunidad transnacional. Pero nunca tuvieron una base económica, un mapa, un espacio común entre los flujos de la conversación y su propio sustento. Es verdad que una comunidad puede sostenerse conversacionalmente y en exclusiva sobre el juego político. En un largo e interesante experimento6 el etólogo holandés Frans de Waal, muestra como una manada de chimpancés donde todos sus miembros gozan de acceso irrestricto a la comida, no sólo mantiene sus estructuras de poder, sino que las vive más inténsamente que nunca. La política no nace en los primates como una consecuencia de la escasez, no es únicamente una lucha organizada por el excedente como pensaba Marx. Está ahí antes y después de la abundancia. Pero mantener la conversación y el juego social no es sostener una comunidad humana. Nada más allá de la conversación generaba la necesidad ni la posibilidad de un territorio base en Freedonia. No existía ni una persecución que les conminara a hacerlo, ni una actividad económica previa entre los miembros que justificara el establecimiento en lugar alguno. Como tampoco había en los randianos ninguna de las dos cosas. Por éso, freedonianos y randianos buscan un destino con lógica de colono, pensando en que el territorio generará su propia estructura económica. Una economía apenas esbozada bajo principios libertarios sobre la que se habría de asentar una comunidad que ya no se pretende transnacional ni virtual, sino territorial. Error. Por eso fracasa el segregacionismo. Sin economía compartida no hay comunidad humana sostenible en el tiempo. Por eso la infidelidad, la transitoriedad, la temporalidad de las alianzas son, como comenta Juan Urrutia7, la nota común de las identidades conversacionales en la red. Tras Freedonia las comunidades transnacionales de conversación evolucionarán espectacularmente, tanto en número como en forma. Algunas, como Second Life, incluirán como atractivo una pequeña economía paralela -produciendo escasez artificialmente- y un cierto espacio político. Pero, al menos hasta el momento, no son más que juego y representación, pasatiempo y simulación de un mundo que ya se intuye pero ha de venir de otro lado. Las nuevas identidades surgirán sólo cuando los espacios conversacionales transnacionales se superpongan a espacios económicos de un ámbito similar y ambos interactúen entre ellos. A distintas escalas, desde las redes de decenas de miles de individualistas neonómadas a las grandes venecias corporativas, esto es precísamente lo que estamos empezando a observar en esta década y lo que prefigura las formas del gran mapa postnacional de mañana. 1. http://www.metroactive.com/papers/cruz/11.22.00/netnations-0047.html 2. http://www.nationstates.net/ 3. Manuel Castells, La era de la información, 1994 4. http://www.freedonia.org/ 5. http://www.awdaldevelopment.org/ 6. Frans de Waal, La política de los chimpances (Alianza Editorial 1993) 7. Juan Urrutia, El capitalismo que viene. Disponible en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 8:36 am
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
ComentariosSi crees que puedes aportar algo interesante deja un comentario...Debes estar logueado con tu OpenID para postear. Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « Clarificando ideas « Portada » La banca y los blogs »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog hace devolución expresa de ellas al Dominio Público
|
|