Hemos empezado a abrir una nueva colección: novela negra. Un vistazo a la historia de la consideración del género en España resulta sorprendentemente esclarecedora… incluso sobre la actualidad política
Hace treinta años, los nuevos aires que empujaban hacia la democracia habían cambiado ya buena parte del panorama cultural español. Durante casi diez años España sería el país con mayor edición de libros de ensayo y textos político-filosóficos, incluso por delante del Reino Unido o la Francia hiperpolitizada postsesentayochista.
Eran los años del eurocomunismo, se traducía a Gramsci al español y se hablaba de la hegemonía cultural del PCE de Carrillo. Y aunque en líneas generales y como no podía ser menos, el avance de la libertad dio paso a una explosión de creatividad artística, también hubo víctimas.
En los esquemas de la izquierda estalinista en los que habían crecido intelectualmente las cabezas más brillantes de la nueva generación, la literatura de masas en la que se encuadraba la de género, no era otra cosa que evasión, opio del pueblo, subproducto degradado para el embrutecimiento general, maquievélico producto del leviathan totalitario. No sólo eran los de aquí. Era general dentro del puritanismo elitista de la izquierda europea. Basta leer al pedante Eco de 1965 y su famosísimo Apocalípticos e Integrados.
Mientras en el mundo anglosajón se hablaba de literatura popular -aquí se llamaba de masas- y se prodigaban estudios que poco a poco prestigiaban a los grandes autores anglosajones, de Hammet a PK Dick, aquí, los genios locales como José Mallorquí pasaban a ser de absoluto mal tono.
Todavía no nos hemos recuperado. Ni siquiera la inmensa capacidad desplegada por gente como Miquel Barceló y su premio UPC en la ciencia ficción y de Paco Taibo y la Semana Negra de Gijón, han conseguido una rehabilitación cultural total. Recuerden a Vázquez Moltanbán, ni siquiera él, dirigente del PSUC y analista de cabecera de una generación de izquierdistas, consiguió que su obra fuera aceptada o al menos tratada como literatura seria en España. Por mucho que en otros países fuera el autor español de literatura negra más conocido y estudiado.
Sin embargo la literatura de género, que ya no sería en buena parte pulp, sino electrónica, estaba llamada a tener un papel determinante en el mundo que emergío de la caída del Muro de Berlín. Y en España el hueco estaba libre para lo peor: la popularización de la conspiranoia y la aparición de una blogsfera negra.
En la Europa de hoy autores como la recien fallecida Batya Gur en Israel, Márkaris en Grecia, Camilleri en Italia, Khadra en Argelia o Mankel en Suecia, no sólo representan un intento de comprensión del nuevo mundo, sino un puente intergeneracional y una vía de superación del viejo discurso, ya pocho e inoperante, de la vieja izquierda intelectual.
Hoy la clave, como sabía Cóndor, sigue estando en las novelitas baratas.
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[...] Nuestra Biblioteca, especializada en Ciencia Ficción, Sociotecnología y Teoría de Redes, en parte en el marco de nuestra batalla para la Recuperación de la Memoria y Liberación de Prejuicios para con la Novela de Género, con parte de nuestra colección personal y algunas de las nuevas adquisiciones, ha empezado una nueva colección que podemos llamar novela negra por países. [...]






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Precisamente acabo de terminar “La parte del muerto” de Yasmina Khadra. Si alguien mantiene aun una imagen idealizada de lo que era (es) el régimen argelino del FLN y Boumedian, le recomiendo que lea las novelas de Khadra. Ahora, en las que mejor se come es en las de Camilleri, no por nada su protagonista se llama Montalbano, en homenaje a Manolo Vázquez Montalbán.
Otro nombre a no perderse: Jakob Arjouni, aleman de origen turco: en español puede encontrarse “Happy Birthday, turco” y “Rakdee con dos des”.
Es verdad, leí “Happy Birthday, turco” cuando salió y me pareció realmente estupendo, con gustillo a eurokebab, de lo más realista