Ayer, en la conversación con Fabs comentaba que mi mito favorito de todos los creados por Hakim Bey es el de Croatán:
En el colegio nos enseñaron que los primeros asentamientos en Roanoke no fructificaron; los colonos desaparecieron, dejando sólo tras sà el crÃptico mensaje “nos vamos a Croatan”. Informes posteriores acerca de “indios de ojos grises” fueron desacreditados como leyenda. Lo que realmente ocurrió, según el libro de texto, fue que los indios masacraron a los indefensos colonos. Sin embargo “Croatan” no era una especie de El Dorado; era el nombre de una tribu vecina de indios amistosos. Aparentemente el asentamiento fue simplemente trasladado de la costa a los pantanos de Great Dismal y absorbido por la tribu. Asà que los indios de ojos grises eran reales; aún están allÃ, y aún se llaman a sà mismos Croatans.
Por tanto, la primera colonia del Nuevo Mundo decidió escindir su contrato con Prospero (Dee/Raleigh/el imperio) y pasarse a los salvajes con Caliban. Se descolgaron. Se convirtieron en “indios”, se hicieron “nativos”, optaron por el caos sobre las roñosas miserias de la servidumbre a plutócratas e intelectuales de Londres.
La potencia del mito radica en la profunda subversión que realiza sobre el nosotros, sobre el concepto mismo de sujeto en el que hemos sido definidos. El indio en el relato de la colonización y conquista de América representa la objetividad del otro, lo humano carente de propósito, frente al nosotros blanco, europeo, que llega para algo. Algo contenido en palabras como conquistar, ocupar y obtener.
Conquista y ocupación del territorio para obtener riquezas naturales en la colonización. Conquista de la mujer, que pasa a estar ocupada cuando el hombre consigue obtener sexo de ella en el relato machista de la relación heterosexual… Y casi igual en el relato de la acción de los media, ocupando espacios sociales, obteniendo exclusivas. O en el de los negocios: conquistando mercados, ocupando nichos, capturando clientes, obteniendo beneficios. Sujeto empresa, público objetivo.
Observen: siempre un lenguaje que remite a lo privativo, a lo propietario, al sujeto (yo-nosotros) como amo de una relación sádica en la que el triunfo perseguido consiste en que el otro pida jústamente aquello que se quiere obtener de él y de lo que simbólica o efectivamente se le priva: territorio, naturaleza, sexualidad, información/fuente, deseo… Conquista, épica, al fin negación del otro convertido en cosa. El mito de Croatán es tan subversivo, tan evocador, nos llama tan profudamente porque remite al goce, el canto y la felicidad. Recuerda Bey:
Volverse salvaje es siempre un acto erótico, un acto de desnudez.
Lo que resuena bajo el aparentemente erudito relato de Bey es una promesa de liberación. Nos fascina el cuento porque intuimos que conceptualizar al otro como objeto es la fuente de nuestra propia constricción, de nuestra propia negación, del vacÃo que habita bajo la cáscara del definidÃsimo yo identitario. Pero por lo mismo, la perdida de la ilusión propietaria, exclusiva, también nos hace sentir cercano el vértigo inherente al cuestionamiento más Ãntimo: aparecen el caos, la mezcla, la pérdida de un origen claro, el fin de un mundo ordenado por objetivos. El propósito ya no preexiste a nuestra propia existencia, ya no está definido, no es el criterio de verdad de la acción social. Porque un mundo croatánico, un mundo donde las fronteras entre el sujeto y el objeto se hacen porosas, donde no hay un otro sino que, desprovistos de las ropas de la subjetividad prefabricada del conquistador, desnudos de nuevo, todos somos otros, es un mundo en el que el propósito desaparece como criterio ordenador de la acción.
Un mundo donde aparece indomeñable la abundancia de la mano de la economÃa del regalo, del gesto gratuito, del amor a la belleza. Traspasada la épica, es fácil definir Croatán sobre ubuntu aún sin negar sus conflictos, sin soñarla, ni mucho menos, como el Nuevo Jerusalem. Es fácil pasar de la competencia por privar a otros a la competencia por empoderarles. De la épica del caudillo a la lÃrica del mumi. Porque como decÃa la pintada que hoy encontramos al salir de cenar y que ilustra este post:
¿Sabes que la vida es gratis?
PS. Por cierto, no piensen esto utopÃa comunitarista, es sÃmplemente una consecuencia del capitalismo que viene, una ensoñación sobre un mundo en el que las fronteras entre sujetos y objetos, entre productores y consumidores, entre empresas y audiencias se tornan confusas, en que los propósitos se vuelven vagos, se diluyen. Y con ellos el mundo de los certeros conquistadores deja paso a un futuro de cartógrafos de lo movedizo.




