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Martes, 22 de Noviembre de 2005Crisis energética y falacia ricardianaVersiones Latoc
En Economía es habitual que lo que queramos estudiar sea producto de la interacción de muchas variables. El método analítico tradicional consiste en aislarlas dos a dos y estudiar como una influye en otra, si el resto no varía. Es la famosa claúsula ceteris paribus, que podríamos traducir como quedando todas las demás variables estáticas. El problema es que no es nada infrecuente que el resultado agregado de todas las variables que se suponen estáticas sea mayor y de signo contrario a la interacción aislada, invalidando el valor general de las conclusiones a las que hemos llegado. Si entre lo que dejamos ceteris paribus hay además vectores especialmente dinámicos y determinantes, la conversión de la argumentación experta en falacia ricardiana está asegurada: No se pueden sacar conclusiones generales sobre premisas implícitas altamente restrictivas. La falacia ricardiana en el análisis de la crisis energética
Marcel Coderch centró su presentación en el pico de Hubbert del que ya nos hablaba Alejandro Rivero en los albores de su nuevo blog. El discurso del pico de Hubbert es que a partir de cierto momento que ya hemos pasado, los descubrimientos de hidrocarburos son menores que el consumo. Como dice Coderch, pasamos de vivir del flujo a vivir del stock, con el inevitable horizonte del fin de las reservas y la apertura de una crisis energética que obligaría a cambiar de fuentes de producción. La cuestión es cuándo. Del plazo de tiempo que nos quede depende que sean posibles o no distintas opciones políticas e industriales. Coderch se inclina por un plazo muy corto, entre cinco y diez años. Pero deja céteris páribus el estado de la tecnología y el efecto de tecnología y precios sobre el nivel de reservas. Y ésto, en lo referente a plazos, es vital. Se entienden por reservas sólo aquellas cantidades de petróleo que estando en bolsas conocidas sería rentable de extraer dados los precios y la tecnología en un momento dado. El aumento del nivel de precios de gas y petróleo tiene por éso, efectos paradójicos. Por un lado todo incremento de precios aumenta automáticamente las reservas al hacer rentables yacimientos conocidos. Por otro fomenta la investigación y uso de nuevas tecnologías que ahorran costes de extracción, como hemos visto en los últimos dos años con el boom del petróleo off-shore. Son estabilizadores automáticos que hacen que el mercado de hidrocarburos sea mucho más estable de lo que cabría esperar. Ésto es lo que hay bajo las sucesivas correcciones del pico de Hubbert. No lo niega, pero sin duda, nos permite pensar en plazos mucho menos dramáticos que los que predice Coderch, quien implícitamente dejó estáticas esas variables, cayendo en un primer error ricardiano. La falacia Ricardiana de las energías renovables
Si hay una variable en la potencialidad de las energías alternativas que no podemos incluir en el ceteris paribus es el desarrollo tecnológico, porque la generación fotovoltaica por ejemplo dependerá casi en exclusiva del I+D realizado. Decir que dado el nivel tecnológico actual, la energía fotovoltaica, la tecnología de baterías, la energía eólica o incluso el aprovechamiento de otras fuentes no renovables, no permiten por si mismas dar una alternativa al modelo energético existente no aporta nada.
En cualquier caso, el propio planteamiento, estudiar la viabilidad de la sustitución total de la combustión de energías fósiles por alguna de las renovables, explicita en si mismo los límites del típico análisis ceteris paribus. Incluso aunque hicieramos un estudio a muy corto plazo en el que el cambio tecnológico pudiera obviarse, la cuestión sería qué cesta energética y política estratégica nos sirve a corto plazo mientras el I+D empiece a dar resultados. No estamos desde luego para confiar ciegamente en el optimismo que expresaba Pere Quintana:
Porque los tiempos de desarrollo tecnológico no son cero y la transición, si no se empieza con tiempo e inversiones, puede ser muy dolorosa, especialmente para los países en vías de desarrollo. Pero la boutade de nuestro hombre en MétéoFrance, ilumina un hecho real: si hay una idea clara en la situación del análisis actual es la necesidad de apostar por la tecnología y la investigación en vez de obviarla. Dejar la tecnología y el I+D al margen del análisis, tiene por primer coste generar una inevitable impresión alarmista. Y es que hay verdades baratas que no lo son tanto. No son verdades sino falacias ricardianas y tienen coste social. Mucho. El de todas las cosas que no se harán. Crisis energética y falacia ricardiana
Em Economia é habitual que o que queiramos estudar seja produto da interacção de muitas variables. O método analítico tradicional consiste em isolá-las dois a dois e estudar como uma influi em outra, se o resto não varia. É a famosa claúsula ceteris paribus, que poderíamos traduzir como ficando todas as demais variables estáticas. O problema é que não é nada infrequente que o resultado agregado de todas as variables que se supõem estáticas seja maior e de signo contrário à interacção isolada, invalidando o valor geral das conclusões às que chegámos. Se entre o que deixamos ceteris paribus há ademais vectores especialmente dinâmicos e determinantes, a conversión da argumentación experiente em falacia ricardiana está assegurada: Não se podem sacar conclusões gerais sobre premisas implícitas altamente restrictivas. A falacia ricardiana na análise da crise energética
Marcel Coderch centrou sua apresentação no bico de Hubbert do que já nos falava Alejandro Rivero nos albores de seu novo blog. O discurso do bico de Hubbert é que a partir de verdadeiro momento que já passámos, as descobertas de hidrocarburos são menores que o consumo. Como diz Coderch, passamos de viver do fluxo a viver do estoque, com o inevitável horizonte do fim das reservas e a abertura de uma crise energética que obrigaria a mudar de fontes de produção. A questão é quando. Do prazo de tempo que nos fique depende que sejam possíveis ou não diferentes opções políticas e industriais. Coderch inclina-se por um prazo muito curto, entre cinco e dez anos. Mas deixa céteris páribus o estado da tecnologia e o efeito de tecnologia e preços sobre o nível de reservas. E ésto, no referente a prazo, é vital. Entendem-se por reservas só aquelas quantidades de petróleo que estando em carteiras conhecidas seria rentable de extrair dados os preços e a tecnologia num momento dado. O aumento do nível de preços de gás e petróleo tem por éso, efeitos paradójicos. Por um lado tudo incremento de preços aumenta automaticamente as reservas ao fazer rentables yacimientos conhecidos. Por outro fomenta a investigação e uso de novas tecnologias que poupam custos de extracção, como vimos nos últimos dois anos com o boom do petróleo off-shore. São estabilizadores automáticos que fazem que o mercado de hidrocarburos seja bem mais estável do que caberia esperar. Ésto é o que há baixo as sucessivas correcções do bico de Hubbert. Não o nega, mas sem dúvida, nos permite pensar em prazos muito menos dramáticos que os que prediz Coderch, quem implicitamente deixou estáticas essas variables, caindo num primeiro erro ricardiano. A falacia Ricardiana das energias renováveis
Se há uma variable na potencialidad das energias alternativas que não podemos incluir no ceteris paribus é o desenvolvimento tecnológico, porque a geração fotovoltaica por exemplo dependerá quase em exclusiva do I+D realizado. Dizer que dado o nível tecnológico actual, a energia fotovoltaica, a tecnologia de baterías, a energia eólica ou inclusive o aprovechamiento de outras fontes não renováveis, não permitem por se mesmas dar uma alternativa ao modelo energético existente não contribui nada.
Em qualquer caso, a própria proposta, estudar a viabilidad da substituição total da combustión de energias fósseis por alguma das renováveis, explicita em se mesmo os limites do típico análise ceteris paribus. Inclusive ainda que hicieramos um estudo a muito curto prazo no que a mudança tecnológica pudesse obviarse, a questão seria que cesta energética e política estratégica nos serve em curto prazo enquanto o I+D comece a dar resultados. Não estamos desde depois para confiar cegamente no optimismo que expressava Pere Quintana:
Porque os tempos de desenvolvimento tecnológico não são zero e a transição, se não se começa com tempo e investimentos, pode ser muito dolorosa, especialmente para os países em via de desenvolvimento. Mas a boutade de nosso homem em MétéoFrance, alumia um facto real: se há uma ideia clara na situação da análise actual é a necessidade de apostar pela tecnologia e a investigação em vez de obviarla. Deixar a tecnologia e o I+D à margem da análise, tem por primeiro custo gerar uma inevitável impressão alarmista. E é que há verdades baratas que não o são tanto. Não são verdades senão falacias ricardianas e têm custo social. Muito. O de todas as coisas que não fá-se-ão. Crise energética e falacia ricardiana
En Economía é habitual que o que queiramos estudar sexa produto da interacción de moitas variables. O método analítico tradicional consiste en illalas dous a dous e estudar como unha inflúe noutra, si o resto non varía. É a famosa claúsula ceteris paribus, que poderiamos traducir como quedando todas as demais variables estáticas. O problema é que non é nada infrecuente que o resultado agregado de todas as variables que se supoñen estáticas sexa maior e de signo contrario á interacción illada, invalidando o valor xeral das conclusións ás que chegamos. Si entre o que deixamos ceteris paribus hai ademais vectores especialmente dinámicos e determinantes, a conversión da argumentación experta en falacia ricardiana está asegurada: Non se poden sacar conclusións xerais sobre premisas implícitas altamente restrictivas. A falacia ricardiana na análise da crise energética
Marcel Coderch centrou a súa presentación no pico de Hubbert do que xa nos falaba Alejandro Rivero nos albores do seu novo blog. O discurso do pico de Hubbert é que a partir de certo momento que xa pasamos, os descubrimentos de hidrocarburos son menores que o consumo. Como di Coderch, pasamos de vivir do fluxo a vivir do stock, co inevitable horizonte do fin das reservas e a apertura dunha crise energética que obrigaría a cambiar de fontes de produción. A cuestión é cando. Do prazo de tempo que nos quede depende que sexan posibles ou non distintas opcións políticas e industriais. Coderch inclínase por un prazo moi curto, entre cinco e dez anos. Pero deixa céteris páribus o estado da tecnoloxía e o efecto de tecnoloxía e prezos sobre o nivel de reservas. E ésto, no referente a prazos, é vital. Enténdense por reservas só aquelas cantidades de petróleo que estando en bolsas coñecidas sería rendible de extraer dados os prezos e a tecnoloxía nun momento dado. O aumento do nivel de prezos de gas e petróleo ten por éso, efectos paradoxais. Por unha banda todo incremento de prezos aumenta automáticamente as reservas ao facer rendibles yacimientos coñecidos. Por outro fomenta a investigación e uso de novas tecnoloxías que aforran custos de extracción, como vimos nos últimos dous anos co boom do petróleo off-shore. Son estabilizadores automáticos que fan que o mercado de hidrocarburos sexa moito máis estable do que cabería esperar. Ésto é o que hai baixo as sucesivas correcciones do pico de Hubbert. Non o nega, pero sen dúbida, permítenos pensar en prazos moito menos dramáticos que os que predice Coderch, quen implícitamente deixou estáticas esas variables, caendo nun primeiro erro ricardiano. A falacia Ricardiana das enerxías renovables
Si hai unha variable na potencialidade das enerxías alternativas que non podemos incluír no ceteris paribus é o desenvolvemento tecnolóxico, porque a xeración fotovoltaica por exemplo dependerá case en exclusiva do I+D realizado. Dicir que dado o nivel tecnolóxico actual, a enerxía fotovoltaica, a tecnoloxía de baterías, a enerxía eólica ou ata o aprovechamiento doutras fontes non renovables, non permiten por si mesmas dar unha alternativa ao modelo energético existente non aporta nada.
En calquera caso, a propia formulación, estudar a viabilidad da sustitución total da combustión de enerxías fósiles por algunha das renovables, explicita en si mesmo os límites da típica análise ceteris paribus. Ata aínda que hicieramos un estudo a moi curto prazo no que o cambio tecnolóxico puidese #obviar, a cuestión sería que cesta energética e política estratéxica sérvenos a curto prazo mentres o I+D empezo a dar resultados. Non estamos desde logo para confiar ciegamente no optimismo que expresaba Pere Quintana:
Porque os tempos de desenvolvemento tecnolóxico non son cero e a transición, si non se empeza con tempo e investimentos, pode ser moi dolorosa, especialmente para os países en vías de desenvolvemento. Pero a boutade do noso home en MétéoFrance, ilumina un feito real: si hai unha idea clara na situación da análise actual é a necesidade de apostar pola tecnoloxía e a investigación no canto de #obviar. Deixar a tecnoloxía e o I+D á marxe da análise, ten por primeiro custo xerar unha inevitable impresión alarmista. E é que hai verdades baratas que non o son tanto. Non son verdades senón falacias ricardianas e teñen custo social. Moito. O de todas as cousas que non se farán. Crise energética e falacia ricardiana
En Economia es abituala que çò que volgam estudiar siá produch de l'interaccion de fòrça variablas. Lo metòde analítico tradicional consistís en las isolar dos a dos e estudiar coma òm influís en d'autra, se lo rèste vària pas. Es la famosa claúsula ceteris paribus, que poiriam revirar coma en demorant totas las autras variablas estáticas. Lo problèma es qu'es pas brica infrecuente que lo resultat agregado de totas las variablas que se supausan estáticas siá màger e de signe contrari a l'interaccion isolada, invalidando la valor generala de las conclusions que li sèm arribats a el. S'entre çò que daissam ceteris paribus i a en mai vectores mai que mai dinamics e determinantes, la conversion de l'argumentacion expèrta en falacia ricardiana es assegurada: se pòdon pas traire de conclusions generalas sobratz de premissas implícitas extrèmament restrictivas. La falacia ricardiana en l'analisi de la crisi energetica
Marcel Coderch centrèt la siá presentacion en lo bèc de Hubbert que nos en parlava ja Alejandro Rivero en los albores de lo sieu nòu blog. Lo discors del bèc de Hubbert es que tre cèrt moment que sèm ja passats, las descobèrtas de hidrocarburos son mendres que lo consum. Coma ditz Coderch, passam de viure del flux a viure del stock, amb l'inevitable orizon de la fin de las resèrvas e la dubertura d'una crisi energetica qu'obligariá a cambiar de fonts de produccion. L'afar es quora. Del tèrme de temps que nos demòre depend que sián possibles o pas distintas opcions politicas e industrialas. Coderch S'inclina per un tèrme fòrça cuert, entre cinc e dètz ans. Mas daissa céteris páribus l'estat de la tecnologia e l'efècte de tecnologia e prèses sobratz lo nivèl de resèrvas. E ésto, en çò referent a de tèrmes, es vital. S'entendon per de resèrvas sonque aquelas quantitats de petròli qu'en essent dins de borsas conegudas seriá rendabla d'extraire donats los prèses e la tecnologia en un moment donat. L'aumentacion del nivèl de prèses de gas e petròli a per éso, d'efèctes paradójicos. Per un costat tot increment de prèses aumenta automaticament las resèrvas al far de rendables jaciments coneguts. Per un autre fomenta l'investigacion e emplec de nòvas tecnologias qu'estauvien de còstes de extracción, coma avèm vist en los darrièrs dos ans amb lo boom del petròli off-shore. Son estabilizadores automatics que fan que lo mercat de hidrocarburos siá fòrça mai estable de çò que caberie esperar. Ésto Es çò qu'i a jos detlas successivas correccions del bèc de Hubbert. O nègue pas, mas sens dobte, nos permet pensar en de tèrmes fòrça mens dramatics qu'es quaus predice Coderch, qui daissèt implícitament estáticas aquestas variablas, en quènt en un primièr error ricardiano. La falacia Ricardiana de las energias renovablas
S'i a una variabla en la potencialidad de las energias alternativas que podèm pas inclure en lo ceteris paribus es lo desvolopament tecnologic, pr'amor que la generacion fotovoltaica per exemple dependrà gaireben en exclusivitat de l'I+D realizada. Dire que donat lo nivèl tecnologic actual, l'energia fotovoltaica, la tecnologia de batariás, l'energia eoliana o quitament lo profechament d'autras fonts pas renovablas, permeton pas per se meteissas donar una alternativa al modèl energetic existent apòrta pas brica.
En quin cas que siá, lo pròpri plantejament, estudiar la viabilitat de la substitucion totala de la combustión d'energias de fossils per qualque de las renovablas, explicita en se meteis los limits de la tipica analisi ceteris paribus. Quitament e mai se hicieramos un estudi a fòrça cuert tèrme que lo cambiament tecnologic poguèsse en el s'obviar, l'afar seriá quin panièr energetica e politica estrategica nos servís a cuert tèrme mentre l'I+D comence a donar de resultats. Sèm pas segur per confiar ciegamente en l'optimisme qu'exprimissiá Pere Quintana:
Pr'amor que los tempses de desvolopament tecnologic son pas zèro e la transicion, se se comença pas amb temps e d'inversions, pòt èsser fòrça dolorosa, mai que mai pels païses en via de desvolopament. Mas la boutade de lo nòstre òme en MétéoFrance, illumina un fach real: s'i a una idèa clara en la situacion de l'analisi actuala es lo besonh d'apostar per la tecnologia e l'investigacion alloc de l'obviar. Daissar la tecnologia e l'I+D al marge de l'analisi, a per primièr còst generar una inevitabla impression alarmista. E es qu'i a de vertats bon mercat qu'o son pas tant. Son pas de vertats mas falacias ricardianas e an còst social. Fòrça. Lo de totas las causas que se faràn pas. Crisi energetica e falacia ricardiana
En Economia és habitual que el que vulguem estudiar sigui producte de la interacció de moltes variables. El mètode analítico tradicional consisteix a aïllar-les dos a dos i estudiar com una influeix en una altra, si la resta no varia. És la famosa claúsula ceteris paribus, que podríem traduir com quedant totes les altres variables estáticas. El problema és que no és gens infreqüent que el resultat agregat de totes les variables que se suposen estáticas sigui major i de signe contrari a la interacció aïllada, invalidant el valor general de les conclusions a les quals hem arribat. Si entre el que deixem ceteris paribus hi ha a més vectores especialment dinàmics i determinants, la conversió de l'argumentació experta en fal·làcia ricardiana està assegurada: No es poden treure conclusions generals sobre premisses implícitas altament restrictives. La fal·làcia ricardiana en l'anàlisi de la crisi energètica
Marcel Coderch va centrar la seva presentació en el bec de Hubbert del que ja ens parlava Alejandro Rivero en les albors del seu nou blog. El discurs del bec de Hubbert és que a partir de cert moment que ja hem passat, els descobriments d'hidrocarburs són menors que el consum. Com diu Coderch, passem de viure del fluix a viure de l'estoc, amb l'inevitable horitzó de la fi de les reserves i l'obertura d'una crisi energètica que obligaria a canviar de fonts de producció. La qüestió és quan. Del termini de temps que ens quedi depèn que siguin possibles o no distintes opcions polítiques i industrials. Coderch s'inclina per un termini molt curt, entre cinc i deu anys. Però deixa céteris páribus l'estat de la tecnologia i l'efecte de tecnologia i preus sobre el nivell de reserves. I ésto, referent a terminis, és vital. S'entenen per reserves només aquelles quantitats de petroli que estant en borses conegudes seria rendible d'extreure donats els preus i la tecnologia en un moment donat. L'augment del nivell de preus de gas i petroli té per éso, efectes paradoxals. D'una banda tot increment de preus augmenta automàticament les reserves al fer rendibles jaciments coneguts. Per un altre fomenta la investigació i ús de noves tecnologies que estalvien costos d'extracció, com hem vist en els últims dos anys amb el boom del petroli off-shore. Són estabilizadores automàtics que fan que el mercat d'hidrocarburs sigui molt més estable del que cabria esperar. Ésto és el que hi ha sota les successives correccions del bec de Hubbert. No ho nega, però sense dubte, ens permet pensar en terminis molt menys dramàtics que els quals predice Coderch, qui implícitamente va deixar estáticas aquestes variables, caient en un primer error ricardiano. La fal·làcia Ricardiana de les energies renovables
Si hi ha una variable en la potencialidad de les energies alternatives que no podem incloure en el ceteris paribus és el desenvolupament tecnològic, perquè la generació fotovoltaica per exemple dependrà gairebé en exclusiva de l'I+D realitzat. Dir que donat el nivell tecnològic actual, l'energia fotovoltaica, la tecnologia de bateries, l'energia eòlica o fins i tot l'aprofitament d'altres fonts no renovables, no permeten per si mateixes donar una alternativa al model energètic existent no aporta gens.
En qualsevol cas, el propi plantejament, estudiar la viabilitat de la substitució total de la combustió d'energies fòssils per alguna de les renovables, explicita en si mateix els límits de la típica anàlisi ceteris paribus. Fins i tot encara que hicieramos un estudi a molt curt termini en el qual el canvi tecnològic pogués obviar-se, la qüestió seria quina cistella energètica i política estratègica ens serveix a curt termini mentre l'I+D comenci a donar resultats. No estem des de després per a confiar ciegamente en l'optimisme que expressava Pere Quintana:
Perquè els temps de desenvolupament tecnològic no són zero i la transició, si no es comença amb temps i inversions, pot ser molt dolorosa, especialment per als països en vies de desenvolupament. Però la boutade del nostre home en MétéoFrance, il·lumina un fet real: si hi ha una idea clara en la situació de l'anàlisi actual és la necessitat d'apostar per la tecnologia i la investigació en comptes d'obviar-la. Deixar la tecnologia i l'I+D al marge de l'anàlisi, té per primer cost generar una inevitable impressió alarmista. I és que hi ha veritats barates que no ho són tant. No són veritats sinó fal·làcies ricardianas i tenen cost social. Molt. El de totes les coses que no es faran. Crisi energètica i fal·làcia ricardiana
En Economía es habitual que lo que queramos estudiar sea producto de la interacción de muchas variables. El método analítico tradicional consiste en aislarlas dos a dos y estudiar como una influye en otra, si el resto no varía. Es la famosa claúsula ceteris paribus, que podríamos traducir como quedando todas las demás variables estáticas. El problema es que no es nada infrecuente que el resultado agregado de todas las variables que se suponen estáticas sea mayor y de signo contrario a la interacción aislada, invalidando el valor general de las conclusiones a las que hemos llegado. Si entre lo que dejamos ceteris paribus hay además vectores especialmente dinámicos y determinantes, la conversión de la argumentación experta en falacia ricardiana está asegurada: No se pueden sacar conclusiones generales sobre premisas implícitas altamente restrictivas. La falacia ricardiana en el análisis de la crisis energética
Marcel Coderch centró su presentación en el pico de Hubbert del que ya nos hablaba Alejandro Rivero en los albores de su nuevo blog. El discurso del pico de Hubbert es que a partir de cierto momento que ya hemos pasado, los descubrimientos de hidrocarburos son menores que el consumo. Como dice Coderch, pasamos de vivir del flujo a vivir del stock, con el inevitable horizonte del fin de las reservas y la apertura de una crisis energética que obligaría a cambiar de fuentes de producción. La cuestión es cuándo. Del plazo de tiempo que nos quede depende que sean posibles o no distintas opciones políticas e industriales. Coderch se inclina por un plazo muy corto, entre cinco y diez años. Pero deja céteris páribus el estado de la tecnología y el efecto de tecnología y precios sobre el nivel de reservas. Y ésto, en lo referente a plazos, es vital. Se entienden por reservas sólo aquellas cantidades de petróleo que estando en bolsas conocidas sería rentable de extraer dados los precios y la tecnología en un momento dado. El aumento del nivel de precios de gas y petróleo tiene por éso, efectos paradójicos. Por un lado todo incremento de precios aumenta automáticamente las reservas al hacer rentables yacimientos conocidos. Por otro fomenta la investigación y uso de nuevas tecnologías que ahorran costes de extracción, como hemos visto en los últimos dos años con el boom del petróleo off-shore. Son estabilizadores automáticos que hacen que el mercado de hidrocarburos sea mucho más estable de lo que cabría esperar. Ésto es lo que hay bajo las sucesivas correcciones del pico de Hubbert. No lo niega, pero sin duda, nos permite pensar en plazos mucho menos dramáticos que los que predice Coderch, quien implícitamente dejó estáticas esas variables, cayendo en un primer error ricardiano. La falacia Ricardiana de las energías renovables
Si hay una variable en la potencialidad de las energías alternativas que no podemos incluir en el ceteris paribus es el desarrollo tecnológico, porque la generación fotovoltaica por ejemplo dependerá casi en exclusiva del I+D realizado. Decir que dado el nivel tecnológico actual, la energía fotovoltaica, la tecnología de baterías, la energía eólica o incluso el aprovechamiento de otras fuentes no renovables, no permiten por si mismas dar una alternativa al modelo energético existente no aporta nada.
En cualquier caso, el propio planteamiento, estudiar la viabilidad de la sustitución total de la combustión de energías fósiles por alguna de las renovables, explicita en si mismo los límites del típico análisis ceteris paribus. Incluso aunque hicieramos un estudio a muy corto plazo en el que el cambio tecnológico pudiera obviarse, la cuestión sería qué cesta energética y política estratégica nos sirve a corto plazo mientras el I+D empiece a dar resultados. No estamos desde luego para confiar ciegamente en el optimismo que expresaba Pere Quintana:
Porque los tiempos de desarrollo tecnológico no son cero y la transición, si no se empieza con tiempo e inversiones, puede ser muy dolorosa, especialmente para los países en vías de desarrollo. Pero la boutade de nuestro hombre en MétéoFrance, ilumina un hecho real: si hay una idea clara en la situación del análisis actual es la necesidad de apostar por la tecnología y la investigación en vez de obviarla. Dejar la tecnología y el I+D al margen del análisis, tiene por primer coste generar una inevitable impresión alarmista. Y es que hay verdades baratas que no lo son tanto. No son verdades sino falacias ricardianas y tienen coste social. Mucho. El de todas las cosas que no se harán. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 12:49 pm
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