La concentración del poder tecnológico y económico, unido a las legislaciones de control y la imposición permanente de un teatro de seguridad obsesivo, nos presentan un mundo cada día más parecido a las peores distopías ciberpunk de los 90
El pasado martes, alguien tan poco sospechoso como Timothy Garton Ash publicaba en El País un verdadero alegato contra la emergencia de una Sociedad de Control en Gran Bretaña:
Un informe oficial del Comisario de Interceptación de Comunicaciones británico acaba de revelar que casi 800 organismos públicos están efectuando cerca de 1.000 solicitudes diarias de “datos sobre comunicaciones”, que incluyen intervención de teléfonos e historiales de llamadas de móviles, correos electrónicos y visitas a páginas web, para no hablar del viejo correo tradicional. La página web del Ministerio del Interior británico especifica que todos los proveedores de servicios de comunicación “pueden recibir una nota en la que se les exija mantener una capacidad de interceptación permanente”.
En España la situación no es mejor: si la LSSI de Aznar puso las bases, los desarrollos de los ministerios de Industria de Zapatero han impuesto incluso la traza de comunicaciones privadas sin control judicial.
En Europa en general el For your own security permanente, la imposición de lo que Bruce Schneier llama un teatro de la seguridad, se une a la tendencia a la concentración empresarial del poder tecnológico para devolvernos al universo de las peores distopías ciberpunk de los noventa. Todo sazonado con campañas estatales continuas sin otra utilidad real que la disciplinaria: desde las restricciones de agua o energía para consumo personal -que no generan ninguna reducción sensible ni sostenible en los globales- a la orientación legal de consumos (tabaco, alcohol, comidas grasas…) pasando por la interminable lista de medidas amparadas en discurso global del cambio climático y su fondo de culpabilización moral.
Pero, como sabemos, la verdadera seguridad tiene que ver con el grado de distribución de la red. Comenzando por las infraestructuras y culminando en el poder económico y político. Y esa, lejos de aumentar con el teatro totalitario del que cada día disfrutamos en los aeropuertos y barrios, decrece a ojos vista.
Construir redes que superen el estado nacional, cada día más disciplinario y controlador, generando espacios de libertad sobre la movilidad de personas, economías e ideas, es la gran tarea de nuestros días.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] Gracias a David descubro un nuevo artÃculo de Timothy Garton Ash en El PaÃs: La stasi británica. Es una continuación interesante al que escribió en noviembre y ya comentamos: La sociedad más vigilada de Europa. Ash referencia el último informe de Privacy International y en todo el ambiente una idea va impregnando las conversaciones: nos dirigimos a una sociedad de control donde las camisetas dicen más verdades que los polÃticos. Posted in miniposts. [...]
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[...] podemos cambiar la agenda cada vez con más sencillez. Que con esta Internet que viene (y a no ser que acaben con ella) no van a poder manipularnos tan [...]
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[...] la increble historia del eurodiputado Ignaci Guardians? Como Timothy Garton Ash difícilmente puede ser tachado de anarquista, paranoide o exagerado. Su historia habla por si [...]






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Google: ECHELON
Google: RAYTHEON
Google: HAARP
Es increible como lo que han dicho hace mucho, muchos, se revuelva y mezcle en cantidades tan exactas. Es como si la naturaleza humana existiese, y no fuese mas que la brutalidad que dominarse unos a los otros
RESISTIR¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿
Navegando despues de leer este post, googlee ECHELON+RAYTHEON+HAARP, y termine leyendo este paranoico y excentrico sitio:
http://www.mala.bc.ca/~soules/media113/113wk9.htm
Ojala la literatura ciberpunk no hubiese sido tan aproximativa.
saludos David, desde Sudamerica¡¡
[...] » Concentración y vigilancia deUgarte.com - La concentración del poder tecnológico y económico, unido a las legislaciones de control y la imposición permanente de un teatro de seguridad obsesivo, nos presentan un mundo cada día más parecido a las peores distopías ciberpunk de los 90 [...]