Una reflexión a partir del debate sobre las comunidades, sobre qué es la identidad real y su relación con las identidades imaginadas
Me ha llamado mucho la atención cómo, el post sobre comunidades del otro día, ha destapado rechazos espontáneos al concepto mismo de identidad. Primero fue Manolo Pancorbo en comentarios:
Y volvemos a lo de la “identidad”. El hecho de que esa identidad no sea necesariamente nacional no suaviza el rechazo visceral que me produce.
Luego Aulo en el blog Entelequia quien comentaba:
Sin embargo, no sé si estoy de acuerdo en que sea necesario, crear una identidad para hacer una comunidad, supongo que según tengamos uno u otro concepto de identidad y de sujeto, supongo que no tendrán igual concepción de identidad determinados tipos de nacionalismo que un anarquismo o que el propio de Ugarte;
Por qué no hay comunidad sin identidad
Una comunidad es, ante todo, un demos, una identidad. Cada miembro sabe quién es parte y quién no. Sé quienes son mis amigos del pueblo y cada uno de mis amigos sabe quienes son sus amigos del pueblo. Por supuesto las listas no serán absolutamente idénticas. Pero serán equivalentes a efectos prácticos: si uno se ofrece a organizar una cena, sabemos con relativa certeza a quién nos vamos a encontrar cuando crucemos la puerta del restaurante. Y sobre todo sabemos que seremos tratados como un igual en identidad: si yo les considero mis amigos del pueblo, los que me encuentre me considerarán un amigo (igual) entre los demás.
¿Qué es identidad? No es una definición macro tipo “es amigo del pueblo todo aquel que…“. Esas son las identidades genéricas imaginarias (tipo “ser español”, “ser argentino” o ser “católico”). Son identidades que convienen a la gestión estatal y que en general derivan de ella. Identidades imaginarias que no se parecen en nada a las identidades de una comunidad real.
Identidad es la expectativa cierta de que aquello por lo que reconozco a los miembros de una red me reconocerá a mi frente a ellos. Si yo defino la red como “mis amigos”, puedo esperar que sus participantes me llamen amigo. Si defino la red como “los compañeros entre los que escribimos el libro X“, sé que ellos me reconocerán como autor. Si defino la comunidad como “la red de las Indias“, sus miembros me considerarán “indiano“.
Identidad, comunidad y sujeto
Siguiendo con lo que planteaba Aulo en el comentario de arriba deberíamos preguntarnos si una identidad/comunidad es un sujeto. Mi respuesta es que no.
Como decía en el post anterior, lo que define a la comunidad es la interacción. Una red, una comunidad, no existe para algo. No tiene un destino. Existe tan sólo para si, para su propia interacción. No hay un sujeto, hay muchos. Y eso es así aunque la red pueda ser reconocida desde fuera e incluso aunque los miembros de una red se den objetivos comunes más o menos permanentes.
Las personas somos complejas, vivimos en conversaciones donde las respuestas e intereses de otros influyen en nuestras propias elecciones. No somos individuos, no estamos aislados. Tenemos entornos, participamos de comunidades y por tanto tenemos múltiples identidades: somos parte de una familia, de distintas comunidades de amigos, de redes virtuales temáticas, de…
El sujeto, el que hace las cosas, el que se dota de objetivos, es la persona. Las personas interactúan en comunidades y en esa interacción generan sentido, dan significado a sus identidades compartidas. Y si este significado es compartido por los miembros de una comunidad puede llegar a hacer aparecer a esa red, a esa comunidad como sujeto frente a los otros. Pero aunque para muchos de vosotros pueda parecer que “las Indias hizo una máquina de fabbing“, yo, que estoy dentro de esa comunidad, sé que la máquina la hizo Alex, que le ayudaron Maki y Mercedes y que la idea misma de investigar el fabbing surgió de una serie de conversaciones a partir de libros que sugerí yo, encargó María, compró Nat y empezamos a discutir con Arnau.
Identidades reales vs sujetos imaginarios
Como en los ejemplos de arriba, las identidades de una comunidad son identidades reales. Cada uno puede hacer una lista de nombres, apellidos o nicks, de la gente con la que comparte las identidades que enmarcan sus interacciones cotidianas. Puede describirlos uno a uno.
Puedo decir quienes son los miembros de mi familia, quienes son mis compañeros de trabajo, quienes son mis amigos y quienes están en mis comunidades virtuales. Y por lo general podré describirlos separadamente por mi experiencia de interacción con ellos.
Pero no puedo decir quienes forman el sexo masculino, quienes hablan español, quienes tienen una cultura mediterránea o quienes forman España. Esas identidades son imaginarias simplemente porque para definirme por ellas, tengo que imaginar un sujeto con el que no puedo hablar, con el que no puedo interactuar… un sujeto que no existe. En otras palabras: no existen como identidad real porque no hay una comunidad real que les de soporte.
No existen España, Argentina, Cataluña o Brasil como sujetos. Ni siquiera existe la Umah ni la Iglesia Universal (la Cristiandad). No existen la raza negra ni la etnia serbia como seres vivos. No existe swahili como sujeto ni sus hablantes forman, ni mucho menos, una comunidad. No existen las mujeres ni los varones como sujetos activos de nada. No existen los gays. No existen los madrileños ni ninguno de los colectivos anteriores más que como agregado estadístico.
No se les puede poner a ninguna de estos imaginarios un verbo después que suponga una sola gota de voluntad o deseo, sin hacer un ejercicio de disneyzación salvaje. Es símplemente estúpido decir frases como la lengua se muere, nuestra cultura sufre, las mujeres somos o los españoles pensamos. Sólo las personas mueren, sufren, disfrutan, piensan, son. Y si no existe una comunidad, una conversación real entre personas reales, toda descripción será una descripción desubjetivada, arbitraria y difusa como lo es cualquier estadística.
Alergia a la identidad e identidad humana genérica
Entiendo que Manolo o Aulo tengan alergia a sujetos imaginarios e identidades macro. Tras ellos, con más o menos pudor, se esconde siempre la voluntad de una comunidad, esa sí, bien real, de construir maquinarias sociales de poder. Tras la nación, el estado nacional y tras éste los que lo dirigen o aspiran a dirigirlo (una comunidad real). Tras la comunidad de fé, la estructura de la clerecía y sus jerarcas (también una comunidad real). Tras la clase, el partido obrero y sus dirigentes (otra bien real), tras la identidad de género las aspirantes a funcionarias de la igualdad (más)…
Todos esos imaginarios median entre nuestras identidades reales (que son múltiples) y la idea genérica de Humanidad o especie (otra que por cierto, tampoco es sujeto alguno). Usan la lógica de definición identitaria de las comunidades reales (quién es y quién no es), que es en realidad una lógica de diversidad definida por el con quienes hablo y quienes me consideran su igual, para, en un terreno donde previamente se ha definido una identidad como principal, excluir a otros, decirnos que no son en realidad, nuestros iguales…
Las identidades reales, pequeñas, las que definen a las comunidades y de las cuales cada uno de nosotros tiene unas pocas, nos unen en realidad a los otros seres humanos, precisamente porque sólo tienen sentido en la diversidad y la mezcla, porque son particulares, pequeñas.
Defender las identidades reales como base de la socialización, rechazar los imaginarios, es lo único que en la práctica nos libera de la dialéctica amigo-enemigo, precisamente porque muestra el carácter irreductible de la diversidad humana, porque para ser yo, tengo que ser y compartir con muchos.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] curioso que incluso gente lúcida y poco sospechosa de mazzinismo como Jesús Zamora, choquen con la definición de identidad en comunidades reales dando argumentos que sólo tendrían sentido si dieramos por buena la fantasía nacionalista de que lo [...]






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david: me gustó que mencionaras eso de lo pequeño. me recordé de nuestras charlas en porto alegre sobre eso de las definiciones (lo catalan, lo argentino) y principalmente me gustó porque va de encuentro a la idea de las neo-tribus!
abrazo fuerte
muy interesante la entrada (como de costumbre) aunque yo tengo un par de dudas que están relacionadas -me temo- con aspectos básicos del tema.
por un lado, creo que una comunidad se puede definir también como un grupo, es decir, como un conjunto de individuos que comparten unas propiedades (en el sentido de “características”). con esta idea, los madrileños o los argentinos sí son comunidades aunque debo reconocer que las propiedades que comparten son, en este caso, más bien inmobiliarias.
y la razón por la que me parece extraño negar que existan estas identidades es precisamente mi segunda duda: una comunidad no existe para algo? yo creo que las comunidades, y las identidades que las sustentan, son herramientas eficaces de delimitación y defensa. como bien describes en la entrada, la comunidad de amigos del pueblo existe y tiene vigor porque provoca un sentimiento de pertenencia y probablemente también de confianza y de poder grupal. un amigo de la comunidad responderá ante un problema de otro amigo de forma diferente a como lo haría ante cualquier otra persona porque identifica a sus amigos como una parte de algo suyo.
en este sentido, es interesante ver cómo las necesidades intensifican las redes y cómo el sentimiento de identidad es normalmente más estrecho, por ejemplo, en un grupo de vecinos de clase económica baja que en uno de clase alta.
y dicho todo esto, debo advertir que llevo unos días revisando las entradas anteriores para ver cuáles son las referencias y por dónde van los tiros en las reflexiones, pero hay tanta información que probablemente me salga en algún comentario por los cerros de úbeda sin saberlo…
un saludo,
Bueno, en realidad este post tiene sentido dentro de la definición de comunidad real que desarrollaba en el anterior.
Los argentinos o los españoles son comunidades imaginadas, no reales. (Por cierto, la distinción al respecto no es mía sino de Hobsbawn, Anderson, etc. yo sólo la uso porque me parece crucial esa distinción). Porque precisamente la identidad del grupo de amigos, basada en una comunidad real, no tiene nada que ver con la identidad nacional x, basada en una comunidad imaginaria. Identificar ambas (que normalmente supone subsumir a la primera en la verborrea de la segunda), es un error.
No niego que existan comunidades imaginadas, también hay dioses imaginarios. De hecho mucha gente se comporta como si existieran “realmente” y eso los hace relevantes al análisis social a muchos niveles. Pero igual que cuando te planteas hacer volar un avión mejor dejas de lado -sin negar su interés, por supuesto- las teologías de Papua Nueva Guinea, cuando te planteas trabajar desde la comunidad real, mejor te olvidas del nacionalismo.
Aulo ha respondido desde su blog a este post con un post estupendo.
Yo también he aprendido, y mucho, es un tema no sólo interesante sino importante; seguiremos aprendiendo.
Un saludo
sí, hasta el anterior post sí había llegado
, pero gracias por señalármelo!
creo que es diferente trabajar con aviones que con comunidades y que tiene más sentido olvidarse de lo imaginario cuando se trabaja con tornillos que cuando se hace con personas. en este último caso, las fronteras de lo imaginario son más difíciles de establecer. además, lo imaginario no suele carecer de conexiones con lo no imaginario.
esto último es lo que quería resaltar en el anterior comentario al decir que los sujetos de una comunidad comparten propiedades y que, en el caso de las nacionalidades, las propiedades son inmobiliarias. la idea de comunidad cobra vigencia en ese contexto no tanto en el plano imaginario, sino en el que este conlleva en la realidad. las propiedades -imaginarias- que definen la comunidad
pueden ser una forma de sublimar e intensificar las propiedades reales que le dan sentido en último término.
Que los mitos de la comunidad imaginaria tienen repercursiones y “generan” realidad: 100% de acuerdo. El nacionalismo existe e influye en el mundo. También la teología de los dioses polinesios. OK
Lo que no estoy de acuerdo es con mezclar la identidad de la comunidad real con la identidad de la comunidad imaginaria para explicar la primera. Esa es la jugada nacionalista clásica: las identidades “grupales”, “pequeñas” son subsumidas por la identidad nacional.
Precisamente lo estupendo de Internet es que eso ya no se sostiene en la práctica. Las comunidades virtuales ya no son nacionales en ningún sentido. Si antes la socialización se constreñía por el territorio, hoy esa constricción no existe más.
David,
lo malo del concepto, o más bien el término “identidad”, es que es tan vacío y abstracto que cada uno puede definirlo como quiera. Deberíamos utilizarlo siempre como un subíndice que señalara en qué sentido exactamente lo estamos utilizando. Si tú quieres llamar “identidad-DU” a lo que has explicado en esta entrada, pues muy bien; eso sí, llegará un Milosevic diciendo que los serbios de Kosovo tienen derecho a mantener su “identidad-NA” (de “nacional”), y no habrá ningún conflicto de significados (aunque tal vez sí de tiros).
Lo que nos hace falta, por lo tanto, es algún significado MÁS NEUTRO del concepto de identidad para argumentar por qué lo que afirmas tú sobre ella es MÁS razonable aceptarlo que lo que criticas. Esto permitirá formular más claramente el tipo de preguntas y conclusiones que queremos abordar: ¿son preguntas sobre la organización del trabajo?, ¿sobre la distribución geográfica o institucional del poder de la policía y los jueces (jurisdicción)?, ¿sobre la enseñanza de idiomas (y de lo demás)?, ¿sobre la amistad?, ¿sobre creencias religiosas o políticas?…
A la vista de lo variado de estas cosas, tiendo a pensar que casi mejor dejamos de hablar completamente de la identidad, y descomponemos esa discusión en todas las que hagan falta.
Admirado Jesús,
Como comentaba más arriba la definición que hago de identidad es la que es operativa en la comunidad real, sea presencial o virtual, pero real. Real en el sentido de Anderson o Hobsbawn: una red de personas donde todos conocen a todos (simplificando, topología distribuida).
En este ámbito la identidad es una característica material de las redes, absolutamente mesurable y tangible. Es la autodefinición del demos en una red.
No sé si será más o menos razonable en otros ámbitos (simplemente creo que no es aplicable) pero en el ámbito de la comunidad real no hay otra definición de identidad que se me ocurra como posible.
¿Se te ocurre a ti?
Las preguntas que planteas referentes o derivadas de la identidad son preguntas para otro sujeto y otro ámbito. Al fin, el estado nacional/de clase/teocrático/etc.. y su -la que sea- comunidad imaginaria.
Dicho de otro modo, las preguntas que planteas sólo tienen sentido desde el estado. Son completamente irrelevantes, si no absurdas, desde la lógica de la comunidad real.