« Feliz año nuevo!! « Portada » El miércoles que viene: Sociedad de Control »
Miércoles, 22 de Abril de 2009Como una enredadera y no como un árbolVersiones Latoc El título de este capítulo, fue antes, en 2003, el título de un libro colaborativo en el que los ciberpunks españoles intentamos por primera vez reflexionar sobre aquello que hacía distinto el mundo nacido del desarrollo de Internet y la emergencia de las redes sociales distribuidas. La metáfora, años después, sigue siendo perfectamente válida para explicar el modo de crecimiento de las filés. Como una enredadera, cada nodo, cada pequeña empresa de la filé es, en si misma, una democracia económica con su comunidad y su demos; cada uno es autónomo y podría reiniciar por si mismo el proceso original que dió lugar a la enredadera-filé en su conjunto. Es decir, cada nodo tiene un horizonte limitado de crecimiento en si mismo pero es una puerta a nuevos brotes. La enredadera, como la yedra, crece reproduciendo nodos y conectando los nuevos a los anteriores. Preguntarnos por el límite de tamaño de cada nodo es en realidad preguntarnos si existe un tamaño máximo a partir del cual una red social distribuida pierde efectividad. En 1993 el antropólogo Robin Dunbar, de la Universidad de Londres, publicó el primer boceto de un artículo1 en él avanzaba que
Comparando datos de distintas especies de primates, Dunbar llega a extraer una función relacionando tamaño grupal y volumen cortical. Al usarla para predecir el tamaño máximo de una manada humana, el resultado es 147,8, redondeando, 150, el famoso número de Dunbar que marcaría el límite del tamaño de una comunidad humana perfectamente distribuida y cohesionada. Dunbar puntualiza que este número representa un límite y que cualquier reducción en el tempo y la intensidad de la interacción, debida por ejemplo a la dispersión geográfica, generará una reducción del número real de miembros activos en la comunidad. Comparando distintos estudios antropológicos, desde tribus neolíticas a comunidades campesinas de fundamentalistas cristianos, pasando por organizaciones militares de todos los tiempos, encuentra una y otra vez, resultados empíricos que aproximan este número con independencia de la época y el sustrato económico de cada comunidad.
A través de una multitud de estudios y ejemplos que Dunbar desarrollará aún después en distintos artículos2, el límite máximo de una comunidad conversacional distribuida en la que la colaboración emerge espontáneamente de la interacción y los flujos de información transmiten de forma eficaz el estado del grupo a cada miembro, manteniendo cohesihonada la comunidad, parece bien establecido en 150. Sin embargo, como vimos anteriormente, cuando nos organizamos como democracias económicas aparece una necesaria división en la comunidad entre los que forman parte de su demos y los que no. El demos, salvo que hablemos de comunidades completamente aisladas, será por definición menor que la comunidad. ¿Existe un límite objetivo, incluso fisiológico como en el tamaño óptimo comunitario? Chris Allen3 ha sugerido en un conocido post en su blog que bajo el número de Dunbar existe una gama de ordenaciones menores con óptimos y crisis que sería coherente tanto en las comunidades conversacionales como en los grupos laborales y las empresas. Apoyando su argumentación en una base empírica escasa aunque no necesariamente errónea, plantea que hay dos óptimos previos cuando el grupo está formado por entre 5 y 12 miembros y cuando está entre 25 y 80. Allen sin embargo piensa en todo momento, cuando habla de organizaciones empresariales, de grupos en los que la organización funcional es claramente jerárquica y lo hace desde la lógica de la coordinación entre gestores, no en la de una red distribuida. Sin embargo, algo parece apuntar también en este sentido. La información disponible sobre el funcionamiento de las bandas talibanes y los grupos de Al-Qaeda4 en Iraq y Afganistán, apuntan un tamaño mínimo viable por célula de entre 5 y 12 personas y la existencia de grupos guerrilleros cohesinados sin estructuras de mando desarrolladas entre los 50 y 80 miembros. Estos datos son coherentes por otro lado con la experiencia corporativa (que plantea un óptimo en las reuniones de coordinación en las 7 personas y de colaboración en grupos de trabajo de entre 25 y 75 personas) y los análisis de psicólogos sociales que por otro lado nos señalan que nuestra red de confianza parece pivotar entre las 70 y 80 personas. Un hecho llamativo también es que los únicos anómalos en las organizaciones militares históricas recogidas por Dunbar son aquellas que mantienen un único mando sobre 80 soldados. También es interesante observar cómo los talleres de los gremios medievales de diversos oficios oscilaban entre 3 y 7 maestros y alrededor de una docena de oficiales-compañeros para talleres entre 60 y 80 personas en su momento de máximo esplendor. ¿Son 80 y 150 los límites máximos del demos y la comunidad respectivamente? No podemos decirlo desde luego con certeza, pero lo que es cierto es que ciertos tamaños de grupales parecen repetirse con cierta consistencia y desde luego, intuitivamente comprendemos que una comunidad humana no puede mantenerse cohesionada sin burocracia a partir de ciertos límites que seguramente estén relacionados con la intensidad de la interacción y el grado de coordinación que precisen para alcanzar ciertos niveles de eficiencia. Lo importante es comprender que no crecer más allá de ciertos niveles (y el 80/150 parece un nivel máximo sensato) es también un objetivo de eficiencia. La enredadera no es más fuerte si algunas de sus hojas padecen gigantismo, sino si nuevas ramas brotan con fuerza enlazándose con las anteriores. 1. Co-Evolution of neocortex size, group size an language in humans, R.I.M. Dunbar, Human Evolutionary Biology Research Group, Department of Anthropology, University College London, disponible en http://www.bbsonline.org/documents/a/00/00/05/65/bbs00000565-00/bbs.dunbar.html London WC1E 6BT 2. Véase por ejemplo, Social network size in humans por Hill y Dumbar, en la revista Human Nature Vol. 14, No. 1, pp. 53–72, 2003, disponible en http://www.liv.ac.uk/evolpsyc/Hill_Dunbar_networks.pdf 3. The Dunbar Number as a Limit to Group Sizes en http://www.lifewithalacrity.com/2004/03/the_dunbar_numb.html 4. The optimal size of a terrorist network, en http://globalguerrillas.typepad.com/globalguerrillas/2004/03/what_is_the_opt.html Como una enredadera y no como un árbol O título deste capítulo, foi dantes, em 2003, o título de um livro colaborativo no que os ciberpunks espanhóis tentamos pela primeira vez reflexionar sobre aquilo que fazia diferente o mundo nascido do desenvolvimento de Internet e a emergência das redes sociais distribuídas. A metáfora, anos depois, segue sendo perfeitamente válida para explicar o modo de crescimento das filés. Como uma enredadera, a cada nodo, a cada pequena empresa da filé é, em se mesma, uma democracia económica com sua comunidade e sua dêmos; a cada um é autónomo e poderia reiniciar por se mesmo o processo original que dió lugar à enredadera-filé em seu conjunto. Isto é, a cada nodo tem um horizonte limitado de crescimento em se mesmo mas é uma porta a novos brotes. A enredadera, como a yedra, cresce reproduzindo nodos e conectando os novos aos anteriores. Perguntar-nos pelo limite de tamanho da cada nodo é em realidade perguntar-nos se existe um tamanho máximo a partir do qual uma rede social distribuída perde efectividad. Em 1993 o antropólogo Robin Dunbar, da Universidade de Londres, publicou o primeiro esquema de um artigo1 nele avançava que
Comparando dados de diferentes espécies de primates, Dunbar chega a extrair uma função relacionando tamanho grupal e volume cortical. Ao usá-la para predizer o tamanho máximo de uma manada humana, o resultado é 147,8, redondeando, 150, o famoso número de Dunbar que marcaria o limite do tamanho de uma comunidade humana perfeitamente distribuída e cohesionada. Dunbar puntualiza que este número representa um limite e que qualquer redução no tempo e a intensidade da interacção, devida por exemplo à dispersión geográfica, gerará uma redução do número real de membros activos na comunidade. Comparando diferentes estudos antropológicos, desde tribos neolíticas a comunidades camponesas de fundamentalistas cristãos, passando por organizações militares de todos os tempos, encontra uma e outra vez, resultados empíricos que aproximam este número com independência da época e o sustrato económico da cada comunidade.
Através de uma multidão de estudos e exemplos que Dunbar desenvolverá ainda depois em diferentes artigos2, o limite máximo de uma comunidade conversacional distribuída na que a colaboração emerge espontaneamente da interacção e os fluxos de informação transmitem de forma eficaz o estado do grupo à cada membro, mantendo cohesihonada a comunidade, parece bem estabelecido em 150. No entanto, como vimos anteriormente, quando nos organizamos como democracias económicas aparece uma necessária divisão na comunidade entre os que fazem parte de seu dêmos e os que não. O dêmos, salvo que falemos de comunidades completamente isoladas, será por definição menor que a comunidade. Existe um limite objectivo, inclusive fisiológico como no tamanho óptimo comunitário? Chris Allen3 sugeriu num conhecido pós em seu blog que baixo o número de Dunbar existe uma gama de ordenaciones menores com óptimos e crises que seria coherente tanto nas comunidades conversacionales como nos grupos trabalhistas e as empresas. Apoiando seu argumentación numa base empírica escassa ainda que não necessariamente errónea, propõe que há dois óptimos prévios quando o grupo está formado por entre 5 e 12 membros e quando está entre 25 e 80. Allen no entanto pensa em todo momento, quando fala de organizações empresariais, de grupos nos que a organização funcional é claramente jerárquica e o faz desde a lógica da coordenação entre gestores, não na de uma rede distribuída. No entanto, algo parece apontar também neste sentido. A informação disponível sobre o funcionamento das bandas talibanes e os grupos da o-Qaeda4 em Iraq e Afeganistão, apontam um tamanho mínimo viável por célula dentre 5 e 12 pessoas e a existência de grupos guerrilheiros cohesinados sem estruturas de comando desenvolvidas entre os 50 e 80 membros. Estes dados são coherentes por outro lado com a experiência corporativa (que propõe um óptimo nas reuniões de coordenação nas 7 pessoas e de colaboração em grupos de trabalho dentre 25 e 75 pessoas) e as análises de psicólogos sociais que por outro lado nos assinalam que nossa rede de confiança parece pivotar entre as 70 e 80 pessoas. Um facto llamativo também é que os únicos anómalos nas organizações militares históricas recolhidas por Dunbar são aquelas que mantêm um único comando sobre 80 soldados. Também é interessante observar como as oficinas dos gremios medievales de diversos oficios oscilavam entre 3 e 7 maestros e ao redor de uma dúzia de oficiais-colegas para oficinas entre 60 e 80 pessoas em seu momento de máximo esplendor. São 80 e 150 os limites máximos do dêmos e a comunidade respectivamente? Não podemos o dizer desde depois com certeza, mas o que é verdadeiro é que certos tamanhos de grupales parecem se repetir com certa consistencia e desde depois, intuitivamente compreendemos que uma comunidade humana não pode se manter cohesionada sem burocracia a partir de certos limites que seguramente estejam relacionados com a intensidade da interacção e o grau de coordenação que precisem para atingir certos níveis de eficiência. O importante é compreender que não crescer para além de certos níveis (e o 80/150 parece um nível máximo sensato) é também um objectivo de eficiência. A enredadera não é mais forte se algumas de suas folhas padecem gigantismo, senão se novos ramos brotam com força se enlaçando com as anteriores. 1. Co-Evolution of neocortex size, group size an language inhumans , R.I.M. Dunbar, Human Evolutionary Biology Research Group, Department of Anthropology, University College London, disponível em http://www.bbsonline.org/documents/a/00/00/05/65/bbs00000565-00/bbs.dunbar.html London WC1E 6BT 2. Veja-se por exemplo, Social network size in humans por Hill e Dumbar, na revista Human Nature Vol. 14, Não. 1, pp. 53–72, 2003, disponível em http://www.liv.ac.uk/evolpsyc/Hill_Dunbar_networks.pdf 3. The Dunbar Number as a Limit to Group Sizes em http://www.lifewithalacrity.com/2004/03/the_dunbar_numb.html 4. The optimal size of a terrorist network, em http://globalguerrillas.typepad.com/globalguerrillas/2004/03/what_is_the_opt.html Como uma enredadera e não como uma árvore O título deste capítulo, foi antes, en 2003, o título dun libro colaborativo no que os ciberpunks españois intentamos por primeira vez reflexionar sobre aquilo que facía distinto o mundo nado do desenvolvemento de Internet e a urxencia das redes sociais distribuídas. A metáfora, anos despois, segue sendo perfectamente válida para explicar o modo de crecemento das filés. Como unha enredadera, cada nodo, cada pequena empresa da filé é, en si mesma, unha democracia económica coa súa comunidade e a súa deamos; cada un é autónomo e podería reiniciar por si mesmo o proceso orixinal que dió lugar á enredadera-filé no seu conxunto. É dicir, cada nodo ten un horizonte limitado de crecemento en si mesmo pero é unha porta a novos brotes. A enredadera, como a yedra, crece reproducindo nodos e conectando os novos aos anteriores. Preguntarnos polo límite de tamaño de cada nodo é en realidade preguntarnos si existe un tamaño máximo a partir do cal unha rede social distribuída perde efectividad. En 1993 o antropólogo Robin Dunbar, da Universidade de Londres, publicou o primeiro boceto dun artigo1 nel avanzaba que
Comparando datos de distintas especies de primates, Dunbar chega a extraer unha función relacionando tamaño grupal e volume cortical. Ao usala para predecir o tamaño máximo dunha manada humana, o resultado é 147,8, redondeando, 150, o famoso número de Dunbar que marcaría o límite do tamaño dunha comunidade humana perfectamente distribuída e cohesionada. Dunbar puntualiza que este número representa un límite e que calquera redución no tempo e a intensidade da interacción, debida por exemplo á dispersión xeográfica, xerará unha redución do número real de membros activos na comunidade. Comparando distintos estudos antropológicos, desde tribos neolíticas a comunidades campesiñas de fundamentalistas cristiáns, pasando por organizacións militares de todos os tempos, atopa unha e outra vez, resultados empíricos que aproximan este número con independencia da época e o sustrato económico de cada comunidade.
A través dunha multitude de estudos e exemplos que Dunbar desenvolverá aínda despois en distintos artigos2, o límite máximo dunha comunidade conversacional distribuída na que a colaboración emerge espontáneamente da interacción e os fluxos de información transmiten de forma eficaz o estado do grupo a cada membro, mantendo cohesihonada a comunidade, parece ben establecido en 150. Con todo, como vimos anteriormente, cando nos organizamos como democracias económicas aparece unha necesaria división na comunidade entre os que forman parte do seu deamos e os que non. O deamos, salvo que falemos de comunidades completamente illadas, será por definición menor que a comunidade. Existe un límite obxectivo, incluso fisiológico como no tamaño óptimo comunitario? Chris Allen3 suxeriu nun coñecido post no seu blog que baixo o número de Dunbar existe unha gama de ordenaciones menores con óptimos e crises que sería coherente tanto nas comunidades conversacionales como nos grupos laborais e as empresas. Apoiando o seu argumentación nunha base empírica escasa aínda que non necesariamente errónea, suscita que hai dúas óptimos previos cando o grupo está formado por entre 5 e 12 membros e cando está entre 25 e 80. Allen con todo pensa en todo momento, cando fala de organizacións empresariais, de grupos nos que a organización funcional é claramente jerárquica e faio desde a lóxica da coordinación entre xestores, non na dunha rede distribuída. Con todo, algo parece apuntar tamén neste sentido. A información dispoñible sobre o funcionamento das bandas talibanes e os grupos da o-Qaeda4 en Iraq e Afganistán, apuntan un tamaño mínimo viable por célula de entre 5 e 12 persoas e a existencia de grupos guerrilleiros cohesinados sen estruturas de mando desenvolvidas entre os 50 e 80 membros. Estes datos son coherentes doutra banda coa experiencia corporativa (que suscita un óptimo nas reunións de coordinación nas 7 persoas e de colaboración en grupos de traballo de entre 25 e 75 persoas) e as análises de psicólogos sociais que doutra banda nos sinalan que a nosa rede de confianza parece pivotar entre as 70 e 80 persoas. Un feito rechamante tamén é que os únicos anómalos nas organizacións militares históricas recolleitas por Dunbar son aquelas que manteñen un único mando sobre 80 soldados. Tamén é interesante observar como os talleres dos gremios medievais de diversos oficios oscilaban entre 3 e 7 mestres e ao redor dunha ducia de oficiais-compañeiros para talleres entre 60 e 80 persoas no seu momento de máximo esplendor. Son 80 e 150 os límites máximos do deamos e a comunidade respectivamente? Non podemos dicilo desde logo con certeza, pero o que é certo é que certos tamaños de grupales parecen repetirse con certa consistencia e desde logo, intuitivamente comprendemos que unha comunidade humana non pode manterse cohesionada sen burocracia a partir de certos límites que seguramente estean relacionados coa intensidade da interacción e o grado de coordinación que precisen para alcanzar certos niveis de eficiencia. O importante é comprender que non crecer máis aló de certos niveis (e o 80/150 parece un nivel máximo sensato) é tamén un obxectivo de eficiencia. A enredadera non é máis forte si algunhas das súas follas padecen gigantismo, senón si novas pólas brotan con forza enlazándose coas anteriores. 1. Co-Evolution of neocortex size, group size an language inhumans , R.I.M. Dunbar, Human Evolutionary Biology Research Group, Department of Anthropology, University College London, dispoñible en http://www.bbsonline.org/documents/a/00/00/05/65/bbs00000565-00/bbs.dunbar.html London WC1E 6BT 2. Véxase por exemplo, Social network size in humans por Hill e Dumbar, na revista Human Nature Vol. 14, Non. 1, pp. 53–72, 2003, dispoñible en http://www.liv.ac.uk/evolpsyc/Hill_Dunbar_networks.pdf 3. The Dunbar Number as a Limit to Group Sizes en http://www.lifewithalacrity.com/2004/03/the_dunbar_numb.html 4. The optimal size of a terrorist network, en http://globalguerrillas.typepad.com/globalguerrillas/2004/03/what_is_the_opt.html Como unha enredadera e non como unha árbore Coma una enredadera e pas coma un arbre El títol d'aquest capítol, va anar abans, en 2003, el títol d'un llibre colaborativo en el qual els ciberpunks espanyols intentem per primera vegada reflexionar sobre allò que feia distint el món nascut del desenvolupament d'Internet i l'emergència de les xarxes socials distribuïdes. La metàfora, anys després, segueix sent perfectament vàlida per a explicar la manera de creixement de les filés. Com una enredadera, cada node, cada petita empresa de la filé és, en si mateixa, una democràcia econòmica amb la seva comunitat i la seva donem; cadascun és autònom i podria reiniciar per si mateix el procés original que dió lloc a la enredadera-filé en el seu conjunt. És a dir, cada node té un horitzó limitat de creixement en si mateix però és una porta a nous brots. La enredadera, com la yedra, creix reproduint nodes i connectant els nous als anteriors. Preguntar-nos pel límit de grandària de cada node és en realitat preguntar-nos si existeix una grandària màxima a partir del com una xarxa social distribuïda perd efectivitat. En 1993 el antropólogo Robin Dunbar, de la Universitat de Londres, va publicar el primer esbós d'un article1 en ell avançava que
Comparant dades de distintes espècies de primats, Dunbar arriba a extreure una funció relacionant grandària grupal i volum cortical. A l'usar-la per a predecir la grandària màxima d'una rajada humana, el resultat és 147,8, arrodonint, 150, el famós nombre de Dunbar que marcaria el límit de la grandària d'una comunitat humana perfectament distribuïda i cohesionada. Dunbar puntualitza que aquest nombre representa un límit i que qualsevol reducció en el tempo i la intensitat de la interacció, deguda per exemple a la dispersió geogràfica, generarà una reducció del nombre real de membres actius en la comunitat. Comparant distints estudis antropológicos, des de tribus neolíticas a comunitats camperoles de fonamentalistes cristians, passant per organitzacions militars de tots els temps, troba una i una altra vegada, resultats empírics que aproximen aquest nombre amb independència de l'època i el sustrato econòmic de cada comunitat.
A través d'una multitud d'estudis i exemples que Dunbar desenvoluparà encara després en distints articles2, el límit màxim d'una comunitat conversacional distribuïda en la qual la col·laboració emerge espontàniament de la interacció i els fluixos d'informació transmeten de forma eficaç l'estat del grup a cada membre, mantenint cohesihonada la comunitat, sembla bé establert en 150. No obstant això, com vam veure anteriorment, quan ens organitzem com democràcies econòmiques apareix una necessària divisió en la comunitat entre els quals formen part de la seva donem i els quals no. El donem, tret que parlem de comunitats completament aïllades, serà per definició menor que la comunitat. Existeix un límit objectiu, fins i tot fisiológico com en la grandària òptima comunitària? Chris Allen3 ha suggerit en un conegut post en el seu blog que sota el nombre de Dunbar existeix una gamma d'ordenacions menors amb òptims i crisis que seria coherent tant en les comunitats conversacionales com en els grups laborals i les empreses. Recolzant la seva argumentació en una base empírica escassa encara que no necessàriament errònia, planteja que hi ha dos òptims previs quan el grup està format entre 5 i 12 membres i quan està entre 25 i 80. Allen no obstant això pensa en tot moment, quan parla d'organitzacions empresarials, de grups en els quals l'organització funcional és clarament jerárquica i ho fa des de la lògica de la coordinació entre gestors, no en la d'una xarxa distribuïda. No obstant això, alguna cosa sembla apuntar també en aquest sentit. La informació disponible sobre el funcionament de les bandes talibanes i els grups del-Qaeda4 a L'Iraq i Afganistan, apunten una grandària mínima viable per cèl·lula d'entre 5 i 12 persones i l'existència de grups guerrillers cohesinados sense estructures de comandament desenvolupades entre els 50 i 80 membres. Aquestes dades són coherents d'altra banda amb l'experiència corporativa (que planteja un òptim en les reunions de coordinació en les 7 persones i de col·laboració en grups de treball d'entre 25 i 75 persones) i les anàlisis de psicòlegs socials que d'altra banda ens assenyalen que la nostra xarxa de confiança sembla pivotar entre les 70 i 80 persones. Un fet cridaner també és que els únics anòmals en les organitzacions militars històriques recollides per Dunbar són aquelles que mantenen un únic comandament sobre 80 soldats. També és interessant observar com els tallers dels gremis medievals de diversos oficis oscil·laven entre 3 i 7 mestres i al voltant d'una dotzena d'oficials-companys per a tallers entre 60 i 80 persones en el seu moment de màxima esplendor. Són 80 i 150 els límits màxims del donem i la comunitat respectivament? No podem dir-ho des de després amb certesa, però el que és cert és que certes grandàries de grupales semblen repetir-se amb certa consistencia i des de després, intuitivamente comprenem que una comunitat humana no pot mantenir-se cohesionada sense burocràcia a partir de certs límits que segurament estiguin relacionats amb la intensitat de la interacció i el grau de coordinació que precisin per a aconseguir certs nivells d'eficiència. L'important és comprendre que no créixer més enllà de certs nivells (i el 80/150 sembla un nivell màxim assenyat) és també un objectiu d'eficiència. La enredadera no és més forta si algunes de les seves fulles pateixen gigantismo, sinó si noves branques brollen amb força enllaçant-se amb les anteriors. 1. Co-Evolution of neocortex size, group size an language in humans, R.I.M. Dunbar, Human Evolutionary Biology Research Group, Department of Anthropology, University College London, disponible en http://www.bbsonline.org/documents/a\/00/00/05/65/bbs00000565-00/bbs.dunbar.html London WC1I 6BT 2. Vegi's per exemple, Social network size in humans per Hill i Dumbar, en la revista Human Nature Vol. 14, No. 1, pp. 53–72, 2003, disponible en http://www.liv.ac.uk/evolpsyc/Hill_Dunbar_networks.pdf 3. The Dunbar Number as a Limit to Group Sizes en http://www.lifewithalacrity.com/2004/03/the_dunbar_numb.html 4. The optimal size of a terrorist network, en http://globalguerrillas.typepad.com/globalguerrillas/2004/03/what_is_the_opt.html Com una enredadera i no com un arbre
El título de este capítulo, fue antes, en 2003, el título de un libro colaborativo en el que los ciberpunks españoles intentamos por primera vez reflexionar sobre aquello que hacía distinto el mundo nacido del desarrollo de Internet y la emergencia de las redes sociales distribuidas. La metáfora, años después, sigue siendo perfectamente válida para explicar el modo de crecimiento de las filés. Como una enredadera, cada nodo, cada pequeña empresa de la filé es, en si misma, una democracia económica con su comunidad y su demos; cada uno es autónomo y podría reiniciar por si mismo el proceso original que dió lugar a la enredadera-filé en su conjunto. Es decir, cada nodo tiene un horizonte limitado de crecimiento en si mismo pero es una puerta a nuevos brotes. La enredadera, como la yedra, crece reproduciendo nodos y conectando los nuevos a los anteriores. Preguntarnos por el límite de tamaño de cada nodo es en realidad preguntarnos si existe un tamaño máximo a partir del cual una red social distribuida pierde efectividad. En 1993 el antropólogo Robin Dunbar, de la Universidad de Londres, publicó el primer boceto de un artículo1 en él avanzaba que
Comparando datos de distintas especies de primates, Dunbar llega a extraer una función relacionando tamaño grupal y volumen cortical. Al usarla para predecir el tamaño máximo de una manada humana, el resultado es 147,8, redondeando, 150, el famoso número de Dunbar que marcaría el límite del tamaño de una comunidad humana perfectamente distribuida y cohesionada. Dunbar puntualiza que este número representa un límite y que cualquier reducción en el tempo y la intensidad de la interacción, debida por ejemplo a la dispersión geográfica, generará una reducción del número real de miembros activos en la comunidad. Comparando distintos estudios antropológicos, desde tribus neolíticas a comunidades campesinas de fundamentalistas cristianos, pasando por organizaciones militares de todos los tiempos, encuentra una y otra vez, resultados empíricos que aproximan este número con independencia de la época y el sustrato económico de cada comunidad.
A través de una multitud de estudios y ejemplos que Dunbar desarrollará aún después en distintos artículos2, el límite máximo de una comunidad conversacional distribuida en la que la colaboración emerge espontáneamente de la interacción y los flujos de información transmiten de forma eficaz el estado del grupo a cada miembro, manteniendo cohesihonada la comunidad, parece bien establecido en 150. Sin embargo, como vimos anteriormente, cuando nos organizamos como democracias económicas aparece una necesaria división en la comunidad entre los que forman parte de su demos y los que no. El demos, salvo que hablemos de comunidades completamente aisladas, será por definición menor que la comunidad. ¿Existe un límite objetivo, incluso fisiológico como en el tamaño óptimo comunitario? Chris Allen3 ha sugerido en un conocido post en su blog que bajo el número de Dunbar existe una gama de ordenaciones menores con óptimos y crisis que sería coherente tanto en las comunidades conversacionales como en los grupos laborales y las empresas. Apoyando su argumentación en una base empírica escasa aunque no necesariamente errónea, plantea que hay dos óptimos previos cuando el grupo está formado por entre 5 y 12 miembros y cuando está entre 25 y 80. Allen sin embargo piensa en todo momento, cuando habla de organizaciones empresariales, de grupos en los que la organización funcional es claramente jerárquica y lo hace desde la lógica de la coordinación entre gestores, no en la de una red distribuida. Sin embargo, algo parece apuntar también en este sentido. La información disponible sobre el funcionamiento de las bandas talibanes y los grupos de Al-Qaeda4 en Iraq y Afganistán, apuntan un tamaño mínimo viable por célula de entre 5 y 12 personas y la existencia de grupos guerrilleros cohesinados sin estructuras de mando desarrolladas entre los 50 y 80 miembros. Estos datos son coherentes por otro lado con la experiencia corporativa (que plantea un óptimo en las reuniones de coordinación en las 7 personas y de colaboración en grupos de trabajo de entre 25 y 75 personas) y los análisis de psicólogos sociales que por otro lado nos señalan que nuestra red de confianza parece pivotar entre las 70 y 80 personas. Un hecho llamativo también es que los únicos anómalos en las organizaciones militares históricas recogidas por Dunbar son aquellas que mantienen un único mando sobre 80 soldados. También es interesante observar cómo los talleres de los gremios medievales de diversos oficios oscilaban entre 3 y 7 maestros y alrededor de una docena de oficiales-compañeros para talleres entre 60 y 80 personas en su momento de máximo esplendor. ¿Son 80 y 150 los límites máximos del demos y la comunidad respectivamente? No podemos decirlo desde luego con certeza, pero lo que es cierto es que ciertos tamaños de grupales parecen repetirse con cierta consistencia y desde luego, intuitivamente comprendemos que una comunidad humana no puede mantenerse cohesionada sin burocracia a partir de ciertos límites que seguramente estén relacionados con la intensidad de la interacción y el grado de coordinación que precisen para alcanzar ciertos niveles de eficiencia. Lo importante es comprender que no crecer más allá de ciertos niveles (y el 80/150 parece un nivel máximo sensato) es también un objetivo de eficiencia. La enredadera no es más fuerte si algunas de sus hojas padecen gigantismo, sino si nuevas ramas brotan con fuerza enlazándose con las anteriores. 1. Co-Evolution of neocortex size, group size an language in humans, R.I.M. Dunbar, Human Evolutionary Biology Research Group, Department of Anthropology, University College London, disponible en http://www.bbsonline.org/documents/a/00/00/05/65/bbs00000565-00/bbs.dunbar.html London WC1E 6BT 2. Véase por ejemplo, Social network size in humans por Hill y Dumbar, en la revista Human Nature Vol. 14, No. 1, pp. 53–72, 2003, disponible en http://www.liv.ac.uk/evolpsyc/Hill_Dunbar_networks.pdf 3. The Dunbar Number as a Limit to Group Sizes en http://www.lifewithalacrity.com/2004/03/the_dunbar_numb.html 4. The optimal size of a terrorist network, en http://globalguerrillas.typepad.com/globalguerrillas/2004/03/what_is_the_opt.html Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 11:10 am
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
ComentariosTout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « Feliz año nuevo!! « Portada » El miércoles que viene: Sociedad de Control »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog hace devolución expresa de ellas al Dominio Público
|
|
David, ¿has pensado alguna vez en el concepto de “superred”? Confieso que no me he leído a fondo “El Poder de las Redes” y no estoy seguro de que hayas usado el concepto. Por tus artículos en el blog y por otras lecturas tuyas deduzco que no.
Una “superred” es un concepto muy simple: es una red de (super)redes. Esto es, los nodos *no* son elementos simples, sino que a su vez son redes. La organización interna de cada capa puede seguir cualquiera de los modelos que señalas en EPDLR: centralizada, jerarquizada o descentralizada.
Aunque te parezca marciano, es la forma que tiene la Naturaleza de generar complejidad. Por ejemplo, un organismo vivo, NO es una red de átomos. Los átomos se organizan en moléculas, las moléculas en estructuras (macromoléculas, paredes celulares…), las estructuras en células, las células en tejidos, los tejidos en órganos y los órganos en seres vivos. Somos una “red” de órganos.
El proceso no se acaba ahí: los organismos se organizan en sociedades y éstas en ecosistemas.
De forma parecida, un producto industrial no está formado directamente por una red de átomos de hierro, silicio, carbono, etc. Es una superred de redes más simples. Y otro ejemplo muy ilustrativo es la informática: los programas se constituyen a base de elementos primarios, que a su vez combinan elementos más simples; los programas a su vez son nodos de redes más complejas como los sistemas operativos. Es decir, como creadores de 2º orden, los humanos imitamos a la Naturaleza.
En principio, pareciera que las sociedades humanas habrían de seguir el modelo de superred: un conjunto de individuos forma un clan, demos, tribu… éstos se constituirían en una red mayor y así sucesivamente. Pero en algún momento se quebró el modelo y se impuso la tendencia a la macrored (la nación) formada por los elementos simples (las personas) como constituyente inmediato. Pero, claro, un número gigantesco de constituyentes hace que la complejidad sea inestable.
Me resulta curioso cómo el fracaso de la nación, que tan bien analizas en DLNALR, se pueda interpretar en términos de la ruptura de la organización en superredes.
Disculpa por tan largo comentario; sé que no es muy ético… pero, en fin, por una vez…