Chongqing es la ciudad del mundo en más rápido crecimiento. No se pueden manejar datos con exactitud pero podría haber adelantado ya a España.
Leo un estupendo artículo en The Guardian sobre Chongqing y no puedo dejar de acordarme de Javier, que anda ahora en Shanhai y su novela, no puedo dejar de sentir cómo
el reflejo de los anuncios de neón en el aire sulfurado disolvía la avenida en una nebulosa de gas y ruido. Apenas se divisaba el cielo tras los carteles y las animaciones de plasma: la ciudad se reescribía sin cesar en los más diversos alfabetos sin que apenas nadie prestase atención. No había tiempo para ello. Una algarabía distorsionada de cláxones, motores, mensajes publicitarios de bienvenida, sutras cantados, sintonías telefónicas, guitarras eléctricas, cajas de ritmo desacompasadas con martillos hidráulicos y otra maquinaria daba voz a una turbamulta que se dispersaba y concentraba al compás de los semáforos.
Na-u-o-a-mi-tuo-fo, na-u-o-a-mi-tuo-fo!
salmodiaban unos monjes postulantes, como si con ellos no fuera nada de lo que estaba sucediendo. Tenderetes de tofu fermentado y panecillos rellenos se alternaban con bazares de componentes electrónicos, mesas de adivinación, viejos mendigos que vendían chicles, puestos de fideos, mantas sobre las que se ofrecían copias de relojes y bastones de última generación, o concesionarios de automóviles Legend. A lo lejos, tal vez en algún parque perdido entre aquellos edificios, alguien cantaba algo que apenas se entendía, borrado por el griterío de los vendedores ambulantes y los anuncios grabados que, sin saber la razón, parecían dirigirse a uno como si lo conociesen desde hacía mucho tiempo.
Como comentaba hace poco en una conferencia
Es difícil ya hoy, imaginar el shock que producía, en fecha tan reciente como 2004, explicar el argumento de BCN No Future de nuestro compañero en Ciberpunk Javier Lorente. En esta novelita para móviles una parte sustancial se desarrollaba en Chongqin, una ciudad autónoma de China central cuya población actual se calcula equivalente a la de toda España.
Y esto era lo mismo que decir, cuando el discurso oficial y generalizado nos postulaba como potencia mundial, que en el nuevo mundo no sólo estábamos en una posición geográfica excéntrica, sino que nuestro peso demográfico era mínimo y nuestras pretensiones identitarias, ridículas. Definitivamente BCN era un símbolo, la capital de ese trasunto de modernidad copiada en las provincias remotas del Imperio (de NY a Milán, de Milán a BCN en tan sólo dos años, y de ahí a Madrid) que llega sistemáticamente con tanto retraso como potentes son sus ínfulas. Un símbolo del No Future que le espera a una Europa atada todavía a una identidad decimonónica y a una representación del mundo en escalas variables. Una Europa parque temático alejada conceptual y geográficamente del bullente Oceano Pacífico
Mucho me temo que Chongqing ha roto las expectativas demográficas: cada año recibe medio millón de inmigrantes. Con un flujo de ocho millones y medio de campesinos al año, la explosión de la vida urbana china debería servir para que los europeos en general y los españoles en particular repensaran su posición en el mundo, sus escalas, sus perspectivas.
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[...] el avión Porto Alegre es Chongquin guarnicionada de verde. Y aquí estoy. Ya me hago el ritual en tiempo record. En 45 minutos ducha, [...]







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Se me han puesto los pelos de punta. Me he planteado una cuestión egoísta. En los países occidentales estamos justo al principio del principio del movimiento contrario, de utilizar la red para distribuir centros de trabajo y repoblar las ciudades medianas (o al menos eso quiero creer yo). Y me pregunto, ¿la competencia de este tipo de megalópolis de países en vías de desarrollo no puede impedirnos realizar ese proyecto? ¿Es una pregunta práctica con sentido o pura retórica? ¿Existe tal terreno de competencia, existen ventajas competitivas?
Creo que lo que hay más bien es una división del trabajo nueva en la que ellos empiezan a pintar porque están entrando en la fase industrial del desarrollo.
Creo que en el gran cuadro, esa entrada en el desarrollo es lo que permite que aquí la población se pueda redistribuir precisamente porque un porcentaje mayor puede dedicarse a nuevas actividades más intensivas en creatividad y con casi ningún requerimiento de escala -porque cuando se llega a eso la producción se externaliza a China o India.
A largo plazo el desarrollo de la productividad les irá acercando a un horizonte donde podrán a su vez hacer lo mismo, como ha pasado en los últimos 30 años con Taiwan o Corea. Y a aún mayor plazo -cuando ojalá Africa y Asia enteras hayan llegado ya al desarrollo- la productividad industrial será tan alta que en las economías desarrolladas, o sea todas, la industria tendrá el mismo peso que hoy la agricultura en Inglaterra o Japón.
En un futuro que incluso tal vez tu y yo veamos, los humanos fabricaremos soles.