Primeros apuntes desde Buenos Aires
Dice Roger que Buenos Aires es a nosotros lo que Londres a Gibson, un mundo espejo en el que todo parece ser lo mismo pero nada es realmente igual.
Mi primera fantasía de Buenos Aires viene de la infancia. Recuerdo que mi madre me habló de una calle llena de librerías y teatros que nunca cerraban. El paraiso. Piensen, estábamos en Ceuta, eran los setenta y la imagino hoy en la escena con alguno de aquellos libros de Austral o Sudamericana en las manos. Libros que se compraban en la parte de atrás de la librería y que llegaban medio de tapadillo con García Márquez, Miguel Hernández o Machado a llenar los vacíos lectores de un país feo, pobretón, pacato y censurado. La distancia de la calle Real ceutí a la calle Corrientes bonaerense se medía, todavía, en mucho más que en kilómetros.
Ayer lunes fue el primer sitio donde fui. En mi cabeza habitaba un Charing Cross Road hispano de inmensos escaparates, magnificentes teatros decimonónicos y aceras anchísimas. Ya saben, aceras a la escala de aquellas avenidas allendianas por las que habría de pasear un día el hombre libre…
Y la verdad: no. No es eso. Bueno, el hombre libre pasea. Tampoco es que le sobre espacio, pero pasear, pasea. Claro, cómo les diría… verán, arquitectónicamente Corrientes está más cerca de Alcalá pasado Ventas que de Alcalá hasta Gran Vía, los teatros son más parecidos al de la Latina que al Casino de Madrid y las librerías, aunque surtidas y acogedoras no son tampoco exuberantes… y con todo… qué guapo sería tener una calle así cerca de casa. Comparar la oferta madrileña con la bonaerense es como comparar las 78 páginas del “Ñ” -el suplemento cultural de Clarín- con la docena de paginitas del Babelia. Aunque me enfade igual leyendo uno que otro al menos el de acá me llena la tarde.
Mundo espejo: todo es igual, nada es lo mismo. Tanger, Nicosia y el Caribe también se esconden en delicias y sorpresas a la vuelta de la esquina.
Delicias: El ultramarinos mendocino del barrio judío con encurtidos a la andaluza, couscous de importación, especias marroquíes al mayor y humus libanés. El Cervantes, restaurante popular en el que el bife de chorizo te hace saltar las lágrimas de placer y maravilla.
Sorpresas: los viejos coches de los cincuenta, los autobuses coloridos, la anarquía de los edificios, los rótulos de las tiendas. Imposibles referencias. Ciudad espejo.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
« Leyes de Mercado « Portada » Lógicas extractivas »





Creandote un usuario en un
Puedes ver los 23 posts más actualizados de mi
Puedes ver las estadísticas de este blog -entre otros- en el 