contextopedia El poder de las redes De las naciones a las redes

Viernes, 4 de Julio de 2008

David de Ugarte (miniposts): Ya he preparado mi intervención sobre la Devolución para mañana en Alicante. Tengo miedo de no llegar. Los billetes los mandaron por correo y como siempre, el sistema de Correos demostró que su lógica no es de este tiempo. (2)

Jueves, 3 de Julio de 2008

Verano de visitas y devolucionismo

El verano europeo comienza intenso por las Indias con muchas visitas, conferencias y cursos durante la próxima semana

Jornadas copyleft alicanteUn buen amigo (que tiene que actualizar los DNS de su dominio) en el correo:

¿Os han secuestrado? Si el rescate no es muy caro puedo interceder

La verdad es que aunque llegamos de Montevideo durante el fin de semana todavía no he podido parar: nuestro amigo Daniel Martínez, ahora ministro de Industria de Uruguay, venía a presentar el descubrimiento de petróleo offshore en el Congreso Mundial del Petróleo. Julio Aliaga llegó para compartir con el congreso del PSOE la reconstrucción de la izquierda democrática en Bolivia desde una organización, la plataforma Sí Bolivia, cuyo sistema organizativo ha nacido de una lectura y una ejecución propia del concepto de plurarquía. Nuestro amigo Carlos Carnicero se marcha en breve de vuelta a Argentina y no podíamos dejarlo marchar sin hacer una cena y hablar de ese blog que tiene pendiente!!! Osea que el verano está convirtiéndose en un bullir de amigos por Madrid de los que dan gusto.

Pero no pienso parar en Madrid. Este sábado por la tarde estaré en Alicante hablando de los porqués del Movimiento por la devolución. Por cierto que podéis seguir las charlas en directo a través de la web en culturacopyleft.com

El domingo por la mañana en Barcelona hablando con los voluntarios de Intermon Oxfam sobre ciberactivismo y comunidades virtuales.

Y la semana que viene, desde el miércoles, estaré en Santander, en el Palacio de la Magdalena, como ponente en el curso Las nuevas formas de edición y su incidencia en los derechos de autores y editores, hablando, cómo no, sobre Dominio Público y la experiencia y modelo de la Colección Planta 29.

¿Quién dijo que en verano se descansaba?

Guardado por David de Ugarte en Devolución> su moleskine a las 6:47 pm | (16)

Lunes, 16 de Junio de 2008

Operación Noé

En tres horas estaré saliendo de Madrid camino a Sao Paulo. Esta vez no será ya un viaje de exploración, sino el comienzo de una apuesta más profunda por la que venimos trabajando los últimos cuatro años

Corría 2004. En los foros de Ciberpunk empezaba un debate que había de llevarnos lejos. El mensaje que lo abría se llamaba Operación Noé y la idea, todavía difusa, consistía en distribuir nuestra comunidad por el mapa del mundo utilizando a las Indias y la Biblioteca como soporte material para una vida ya físicamente en red. De aquella discusión surgirían más tarde los conceptos de sionismo digital y neovenecianismo que cerrarían la etapa abierta en 2002.

Hay que decir que en el momento parecía una idea loca. Casi utópica por los costes que implicaba y por la ausencia de socios y clientes al otro lado de mar de la que entonces, todavía, adoleciamos. Era tan loco que sólo hicimos públicas algunas referencias tangenciales, algún seguiremos informando…

Entre hoy y mañana los 7 del grupo de Madrid de las Indias y Arnau desde Barcelona, dejaremos Europa y volaremos hasta Curitiba. La oficina de la calle Fuencarral quedará bajo mínimos. En Curitiba acompañaremos a nuestros amigos de Planta 29 en la presentación internacional de la Blogsfera BBVA que tendrá lugar dentro del marco del Global Forum América Latina convocado por la ONU.

Tras eso, inauguraremos en Curitiba, junto con Augusto de Franco la primera Escuela de Redes del mundo y comenzaremos a preparar el primer gran congreso internacional sobre Teoría de redes sociales que si todo va bien tendrá lugar el próximo diciembre o enero. Y después marcharemos a nuestro querido Montevideo donde, entre otras cosas, buscaremos espacios para abrir una sede de trabajo indiana compartida con nuestros amigos glocalistas desde la que esperamos impulsar proyectos en toda la región.

Si a todo ello sumamos el proyecto Orlandooo-things, con sus bases en Goa y Barcelona, el mapa de los Exploradores Electrónicos empieza a parecer una red desterritorializada y abierta, capaz en breve de conectarse provechosamente con amigos de otros territorios y redes.

Cuatro años después la operación Noé ya no suena loca, suena a innovación, experimentación y emprendimiento. Creo que podemos sentirnos orgullosos.

Guardado por David de Ugarte en Devolución a las 8:50 am | (7)

Jueves, 5 de Junio de 2008

Pensando nuevas bibliotecas electrónicas

Una modesta propuesta para bajar el coste de los libros en redes de empresa y comunidades de amigos

En 1741 se publica Pamela de Samuel Richardson. Pocas veces un libro tan malo ha influido tanto en el mundo. No sólo porque abriera todo un camino literario, el pulp, pronto continuado por Moll Flanders, Tom Jones y demás, sino porque hizo de espoleta para una innovación que se demostraría realmente subversiva: el préstamo -por dinero- de libros.

En la Inglaterra de la época los libros eran caros. Proporcionalmente más o menos lo que un libro electrónico como el Iliad sería hoy. Y cuando las librerías, sobrepasadas por la demanda de Pamela, empezaron a alquilar, en lugar de vender, ejemplares, los editores se inquietaron y presionaron para que se prohibiera -o cuando menos gravara- legalmente ese alquiler.

El efecto en realidad de este pack de nueva novela popular y accesibilidad a las obras fuera del control del editor generó sin embargo las condiciones que harían posibles el nacimiento de la industria editorial contemporánea. Según el estudio de Charles Knight The old printer and the modern press la masa de lectores asiduos creció en Inglaterra de 80.000 personas en 1800 a más de 5.000.000 en 1850.

Hoy la extensión de la propiedad intelectual es tal que hubiera ilegalizado el préstamo directamente… cerrándose el camino que tal vez más contribuyó a eliminar el analfabetismo de Europa y ampliar el ámbito de la democracia.

Pero todavía se pueden hacer cosas. Compartir libros -o sus copias electrónicas- sin ánimo de lucro sigue sin ser delito. A diferencia de las películas no abundan sin embargo en las redes P2P. La causa es doble: la escasa extensión -por su precio- de los dispositivos de tinta electrónica y el coste en tiempo que supone escanear y corregir el OCR.

Pero… ¿Qué pasaría si formásemos un club en nuestra pequeña red en el que en vez de compartir el libro físico que hemos comprado, ese libro fuera escaneado, su formato optimizado para nuestros Iliads y descargable desde una web cerrada? Sería perfectamente legal.

Eso sí, exigiría una pequeña inversión de nuestra parte: comprar un Iliad o similar (500€) y pagar a alguien a media jornada (500€/mes entre todos) por escanear nuestras propias compras de libros. Con un grupo de 20 personas eso supondría un gasto de 25€/mes por cabeza. Si cada uno compra un libro, tendría acceso a 19 libros nuevos cada mes. Teniendo en cuenta que un libro viene a costar 20€, con que leyésemos 4 libros al mes (además del comprado por nosotros) el dispositivo se amortizaría en menos de un año.

A partir de ahí, cualquier subida del precio medio de los libros que consideremos, cualquier ampliación de la red o cualquier precio de grupo que podamos conseguir en los dispositivos mejora aún más los tiempos de amortización.

Para testar el modelo ¿No sería un buen proyecto para la Biblioteca de las Indias organizar algo así entre la red de los Exploradores Electrónicos?

Guardado por David de Ugarte en Devolución a las 11:39 am | (9)

Domingo, 23 de Diciembre de 2007

La LISI y los ejes del nuevo mundo

A raíz de la aprobación de la LISI, el sentimiento de ruptura de la representación entre una parte de la juventud que vive ya como cotidiana una buena parte de su vida en redes distribuidas, y los partidos políticos se ha hecho patente.

En estos días hemos podido leer cientos, tal vez miles de posts airados, en especial con la izquierda, escritos por jóvenes que se consideran paradójicamente parte de la izquierda. El post más significativo en este sentido me ha parecido el de Versvs. Versvs, un activista conocido, ligado al software libre, pide el boicot electoral a los principales partidos en marzo. Como tantos otros, se considera defraudado por una izquierda que defiende a muerte la propiedad intelectual y lo denuncia como una incoherencia inexplicable si no es por motivos espurios.

Se equivoca: la izquierda es coherente votando a favor de la LISI. Tan coherente que lo hace en vísperas de unas elecciones donde esos votos le resultarán clave. Tan coherente que no le importa perderlos. Fue la izquierda de la revolución francesa la que inventó la propiedad intelectual. Fue la II internacional la que más presión hizo para que se incluyera como “derecho” y hasta la tercera internacional (salvo los ultraizquierdistas de Bordiga enfrentados con Gramsci) la defendió hasta la extenuación como base material de lo que luego sería ese horror de la “alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura” que inventó el PCE de Carrillo y que hasta hoy sigue sirviendo de subtexto en la eterna luna de miel entre la izquierda y la SGAE.

El problema es otro: las categorías tanto de la derecha y la izquierda como del nacionalismo que les da base a ambos, no son operativas ya para enfrentar los problemas propios de una sociedad de redes distribuidas. No es una novedad, hace mucho que venimos hablando de ello por esta red. En especial sobre los límites del pensamiento político actual para replantear la propiedad intelectual.

Versvs me responde a su vez que siempre habrá divisorias. Es cierto. Pero recapitulemos. Con los defraudados de la izquierda hoy que ya viven buena parte de su vida en entornos distribuidos hay un diagnóstico común:

  • durante el siglo XIX y XX el eje derecha/izquierda sustituyó a otros ejes anteriores (ilustrados/escolásticos por ejemplo)
  • ese eje explicaba y representaba los problemas centrales de la época de las redes descentralizadas. Intentar explicar los siglos XIX y XX en los términos del debate entre Salamanca y la Real Sociedad Económica de amigos del País, entre los últimos escolásticos y Jovellanos, hubiera sido una simple marcianada, por mucho que muchos temas abiertos por ellos siguieran pendientes en el debate derecha izquierda de los siglos posteriores
  • Ese debate entre derecha e izquierda, hoy no representa ni puede categorizar los problemas nuevos, propios de una sociedad de redes distribuidas. Son útiles todavía para problemas heredados, para las cosas pendientes del mundo que se está cerrando. Cosas como la extensión de ciertos derechos civiles -que deberían haberse generalizado hace tiempo- o la igualdad de oportunidades. Y aún con problemas y con una cierta confusión de discursos y roles. Pero desde luego esa divisoria no sirve para explicar los problemas genuinos de este tiempo.

Habrá pues una nueva divisoria, un nuevo eje o nuevos ejes de explicación/representación, nos dice Versvs. Pero la cuestión es si esos ejes nuevos se podrán enmarcar en la lógica derecha-izquierda, convirtiéndose en una simple evolución, o se producirá una ruptura conceptual similar a que siguió a la revolución francesa.

Y sinceramente, yo creo que todo apunta a la necesidad de la aparición de un conjunto de categorías completamente nuevas. Izquierda y derecha se relacionan con el estado nacional de una manera en la que es casi imposible que alguna vez puedan absorver movimientos como la Devolución que serán fundamentales en el nuevo mundo.

Por eso, mi tema central de estudio durante el próximo año será jústamente el cambio que está en la base de todo esto. El salto de las naciones a las redes, de pensar desde naciones y estados a pensar desde las redes y comunidades reales. Los nuevos ejes sólo pueden pensarse desde ahí, desde donde ahora se sienten e intentan hacerse oir por una lógica de representación que tiene unas fronteras en las que símplemente no encajan.

Guardado por David de Ugarte en Devolución> como destacado a las 1:51 pm | (4)

Sábado, 22 de Diciembre de 2007

Fabbing: retos para una década

Vídeo montado y completo de la conferencia de ayer en Ecodiseña 2007

Parece que la presentación de ayer gustó mucho en Ecodiseña 2007. Hubiera preferido estar en vivo pero Skype tampoco se portó mal y las preguntas fueron bastante fluidas.

He preparado un vídeo en Jumpcut. Como todos los nuestros deja abiertos y editables los cortes para que reutilicéis cuanto queráis y cómo queráis. Espero que os guste

Guardado por David de Ugarte en Devolución> como destacado a las 5:01 pm | (9)

Viernes, 21 de Diciembre de 2007

Fabbing y sostenibilidad

Una vídeocharla sobre los retos de la sociedad del fabbing para la sostenibilidad y el desarrollo global.

Fabbing: la revolución en la produccción y su repercusión en la idea de un mundo más sostenible es la conferencia que tenía que haber podido dar mañana en Avilés dentro de Ecodiseña 2007.

Tras el desastre de anoche en la T4 hoy no pudimos conseguir billetes a Avilés. Así que a sugerencia de nuestro amigo Maki, ni cortos ni perezosos montamos un pequeño estudio en las Indias. Paco estuvo estupendo a la realización y Nat en el montaje con las diapositivas.

Tengo que pediros perdón por utilizar un formato propietario. Lo hicimos así por ser el que utilizan en los ordenadores del lugar de las conferencias y porque no teníamos tiempo para asegurar compatibilidades, ya se sabe que Microsoft no es amiga de cumplir estándares…

En cualquier caso, espero que os guste el formato de presentación y no puedo sino invitaros a bajar la carpeta, descomprimirla y dejar luego aquí vuestras impresiones.

Guardado por David de Ugarte en Devolución> como destacado a las 12:05 am | (6)

Sábado, 17 de Noviembre de 2007

La Propiedad Intelectual y sus alternativas: Creative Commons vs Devolución

Cuando elegimos un sistema de licencias estamos tomando una posición política, no sólo ética. Este texto resume los debates político-económicos que creo es fundamental conocer para hacer ese posicionamiento consciente y ponderado

¿Por qué los economistas ya no defienden el copyright y las patentes?

El argumento convencional a favor de la existencia de un monopolio legal sobre la invención o la creación artística e intelectual en favor del autor (que eso y no otra cosa es lo que llamamos propiedad intelectual) tiene dos partes.

  1. La actividad creativa o inventiva exige una inversión inicial fuerte que redunda en existencia de rendimientos crecientes a escala que hacen inviable la competencia.
  2. Segundo, el correspondiente monopolio natural tampoco resulta viable si el producto es reproducible a bajo coste.

En consecuencia, decía la argumentación convencional, si queremos que exista la actividad creativa de que se trate es necesario hacer viable el monopolio incrementando artificialmente el coste de la reproducción del producto que incorpora la invención.

Hasta hace 5 años casi todos los economistas tenían este argumento convencional grabado en su disco duro… pero ya había experiencias que señalaban que la realidad, merced al desarrollo de las tecnologías de comunicación distribuida, estaba cambiando. La música era tal vez el ejemplo más popular, pero la industria que más llamaba la atención de los economistas era otra. Una industria que se adaptó antes que ninguna otra a Internet y donde la propiedad iintelectual tenía difícil reclamo, pero que, sin ninguna duda era de las más innovadoras del nuevo entorno: el porno.

El cambio de paradigma comenzó en Mayo de 2002, cuando los profesores en UCLA Michele Boldrin y David Levine publicaron en la American Economic Review el primero de una serie de artículos y papers que demostraban la no necesidad de la existencia de propiedad intelectual para la existencia de incentivos a la innovación en un marco como el actual.

Los resultados dejaban claro que si la invención o idea creativa está incorporada en un producto (lo que es siempre el caso); si la reproducción o imitación o copia exige una cierta formación intelectual ó técnica que hace que la imitación nunca sea sin costes (lo que ocurre en general) y si hay límites a la capacidad de reproducción (lo que es bastante obvio en la mayoría de los casos), el valor descontado presente de las cuasi-rentas que recibe el creador inicial en ausencia de copyrights o patentes, es positivo y crece a medida que se reducen los costes de reproducir el producto en el cual la idea se incorpora.

Es decir, la disponibilidad de ordenadores e internet informáticas que abaratan el coste de reproducir y transmitir informacion hará crecer, no disminuir, los beneficios que pueden obtener los autores en ausencia de la protecion ofrecida por el copyright. En consecuencia y de forma general, el autor no necesita el monopolio para tener incentivos y no sería necesario el copyright para encarecer artificialmente el coste de la reproducción o copia.

Pero, en la práctica, ¿no son necesarias las patentes?

En poco tiempo, el modelo de Boldrin y Levine se incorporó al corpus de la teoría económica y hoy es ya tan convencional como en su día fue la argumentación favorable al copyright.

Otra cosa son las ideas socialmente aceptadas. De hecho, algunos sectores industriales han conseguido afianzar en la población la falacia de la necesidad de un monopolio. Paradójicamente, el de mayores costes sociales, la industria farmaceútica, sea el que más éxito ha tenido aunque los propios Michele Boldrin y David K. Levine en su ya famoso libro que continúa el paper del 2002 no sólo no hagan ninguna excepción, sino que recogiendo todas las referencias del análisis económico de los últimos años, den como ejemplo a las farmaceúticas de una industria donde la patente ha resultado desincentivadora para la innovación.

En realidad hacia donde apuntan los análisis económicos es a señalar que el efecto del sistema de patentes farmaceúticas a lo que ha llevado ha sido a la generación de una costosísima industria improductiva y altamente concentrada: las patentes no han financiado la innovación y el I+D sino el marketing y la concentración monopólista.

Como escriben Xabier Barrutia Etxebarría y Patxi Zábalo Arena, profesores del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco en un artículo republicado por CIDOB:

el gasto en marketing es un elevado coste fijo que, al igual que la investigación, dificulta la entrada de nuevas empresas en el sector y facilita el monopolio. Así, el marketing es muchas veces un área de colaboración y alianzas estratégicas entre las empresas farmacéuticas. De hecho, los gastos de marketing son cada vez mayores. En 2000, las empresas farmacéuticas innovadoras de Estados Unidos empleaban un 81% más de personal en marketing que en investigación y desarrollo (I+D). Y ésta es una proporción creciente, puesto que en 1995 el personal dedicado al marketing sólo era un 12% mayor que el ocupado en I+D, que incluso ha descendido ligeramente desde entonces (Sager y Socolar, 2001).

Imaginar un mundo sin patentes farmaceúticas no consiste en buscar incentivos alternativos, sino en imaginar como los incentivos de mercado van a poner en marcha de nuevo la competencia por innovar, crear nuevos medicamentos y tener líneas más efectivas de investigación y baratas de producción, acabando con la competencia actual, centrada en el costosísimo control de los canales de prescripción y el asalto mediante lobbies de las instituciones reguladoras (básicamente la EMEA europea y la FDA norteamericana, financiadas por cierto, en más de un 75% por la propia gran industria). El sistema ha funcionado: según datos de la propia industria, los cinco mayores laboratarios acaparan el 25% del valor de la producción mundial. No nos engañemos, las grandes farmaceúticas colaboran más que compiten en aquello que la patente les fundamenta: el bloqueo de posibles nuevos concurrentes. Que se lo digan si no a ilustres innovadores zancadilleados en el proceso regulatorio, como Patarroyo o Zeltia.

El impacto de la devolución en esta industria reduciría el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos por debajo de los cuatro años. Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el record actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc.

Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35.50 dólares frente a los 28.60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado.

Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66.5% del mercado.

Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas.

Pero por lo mismo, en la industria farmaceútica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes.

Un mercado farmaceútico sin patentes vería pues con toda probabilidad una inversión mayor en I+D pues sólo la innovación garantizaría rentas extraordinarias temporales cercanas a las de monopolio. Pero también vería una rápida extensión de las innovaciones, bajo la forma de genéricos, en los países menos desarrollados.

En algunos segmentos como los fármacos ligados a epidemias, llevaría sin duda a las farmaceúticas a aceptar riesgos mayores manteniendo stocks disponibles más amplios pues ante una amenaza de pandemia los laboratorios de genéricos podrían ocuparle parte del mercado. Lo que en estos días estamos viendo en Europa con el Taminflu es conocido de sobra en los países periféricos, con un alto precio en vidas humanas, algo que podríamos llamar el precio social de la patente.

Pretender solventar estas situaciones mediante compra -es decir, sólo cuando afectan a los países ricos- es inmoral (sobre todo después de las experiencias con la malaria en buena parte del Tercer Mundo o el SIDA en Sudáfrica). Pretenderlo mediante expropiación contraproducente, pues existiendo las patentes, reorientará las inversiones hacia otro tipo de enfermedades y frenará la investigación de fármacos ligados a las nuevas epidemias. La única solución a medio plazo es la devolución.

La práctica social de la innovación y la creación en la sociedad digital

Pero Internet no sólo está transformando la generación de incentivos. También está modificando los entornos donde se genera la innovación. Durante los últimos dos años se han escrito miles de artículos, libros y posts sobre el concepto web 2.0.

Todos los analistas y teóricos, desde Juan Urrutia que fue seguramente el primero en teorizar el tema allá por 2003 ([1], [2 y sobre todo [3]) hasta hoy, pasando por Tim O’Reilly que acuñó el término un par de años más tarde, coinciden en que la novedad fundamental aportada por esta fase de la evolución de los servicios de Internet es la confusión de papeles entre consumidor, productor e intermediario.

La esencia de la web 2.0 al fin es la aparición de repositorios masivos como YouTube o Flickr que son el resultado de la puesta en disposición de materiales por una gran masa de usuarios distintos que generan un poderoso efecto red que periclita el atractivo de hacer valer los derechos legales monopolísticos: el valor de lo que pongo a disposición de la red siempre será menor que lo que pertenecer a la red me ofrece. Es más, dada la lógica de las comunidades distribuidas, cuanto más uso se haga de aquello que yo comparto y ofrezco mayor será el valor presente que la sociedad adjudique a mis creaciones futurasa.

Pero la web 2.0 es sólo un primer apunte del modo de innovación y creación que está cuajando. En los últimos meses han ido cobrando relevancia una serie de herramientas que van un paso más allá y generan un entorno que ya empieza a conocerse como web 2.1.

La esencia de este nuevo modelo social y comunitario es fomentar la creación individual a partir de un repositorio colectivo, el bricolage digital.

Si YouTube es simplemente un gran repositorio audiovisual, Jumpcut, su alternativa 2.1, no sólo permite descargar los vídeos de otros, sino remontarlos, mezclarlos con contenidos de cualquier usuario y volver a poner el resultado, como un objet trouvé, a disposión de quien quiera seguir con la gran digestión social.

La web 2.1 escenifíca de manera radical lo que es una referencia común en el mundo del arte y la ciencia: no hay tanto creación, como postproducción. Aportes y propuestas individuales que generan capas de sentido a partir de un gran almacen social preexistente. Un bricolage individual sobre el acerbo social. Continua propuesta. El mito del autor como creador, trasposición moderna de la figura divina, portadora de la gracia, se revela definitivamente como un rey desnudo.

Creative Commons

Creative Commons es un sistema de licencias de propiedad intelectual y una organización dedicada a dar soporte a su uso publicadas originalmente por el jurista norteamericano Lawrence Lessig el 16 de diciembre de 2002.

En 2003 Lessig defendió ante la Corte Suprema de EEUU la inconstitucionalidad de la Sonny Bono Copyright Term Extension Act (CTEA), una ley que extendía temporalmente los derechos de propiedad intelectual. El juicio, que perdió finalmente quedó para la jurisprudencia como Eldred contra Ashcroft. Lessig argumentó que la reducción legal del procomún bajo Dominio público significaría una pérdida económica para la comunidad en su conjunto y que lejos de aumentar los incentivos a la innovación los reduciría.

El cliente bajo cuyo nombre actuaba era Eric Eldred, un editor con diversas empresas on y off line dedicadas a la difusión de obras bajo dominio público. Con Creative Commons, Lessig pretendía mostrar como la extensión temporal del monopolio legal sobre las creaciones podía equilibrarse mediante un sistema de licencias que permitiera a los autores reducir en determinados casos el alcance de sus derechos exclusivos mediante su cesión al público.

El sistema de licencias Creative Commons plantea la propiedad intelectual como un continuo entre el todos los derechos reservados y el dominio público donde los autores pueden elegir distintos grados de protección atendiendo a cuestiones somo si permiten el uso comercial por terceros, la utilización para la creación de obras derivadas o si incorporan o no una clausula viral que obligue a que las obras derivadas tengan que tener una licencia igual.

Como plantea la organización CC en su sitio oficial, su objetivo es animar a los autores a colocarse en algún lugar intermedio, declarando some rights reserved, algunos derechos reservados:

Too often the debate over creative control tends to the extremes. At one pole is a vision of total control — a world in which every last use of a work is regulated and in which “all rights reserved” (and then some) is the norm. At the other end is a vision of anarchy — a world in which creators enjoy a wide range of freedom but are left vulnerable to exploitation. (…) We work to offer creators a best-of-both-worlds way to protect their works while encouraging certain uses of them — to declare some rights reserved. (…) Thus, a single goal unites Creative Commons’ current and future projects: to build a layer of reasonable, flexible copyright in the face of increasingly restrictive default rules.

Según declaraciones del propio Lessig, más del 90% de las licencias Creative Commons en funcionamiento en contenidos online implican un grado de protección monopolista mayor que el dominio público y más de la mitad de ellas impiden la generación de obras derivadas.

¿CC o Devolución?

Libertad, diversidad, impatentabilidadComo hemos visto, Creative Commons plantea la propiedad intelectual como un contínuo entre el dominio público y el todos los derechos reservados donde el autor puede elegir y graduar el nivel de protección de su obra.

Creative Commons se plantea por tanto la misma cuestión que el Movimiento por la Devolución: ¿¿Qué hacer con el régimen de propiedad intelectual??

Pero CC responde que no es necesaria la reforma legal, que puede solucionarse en términos de elección individual y no en términos políticos… lo cual es un mensaje político en si mismo, dado que si no es necesaria la reforma, el sistema de propiedad intelectual se legitima y refuerza con el uso de Creative Commons en vez de cuestionarse.

Los privilegios estatales se enfrentan abogando por su derogación… y si hay demasiados poderes en juego por su limitación temporal. En eso consiste el movimiento por la Devolución. Y con ello si cabe un planteamiento reformista: ¿que las obras artísticas tienen hoy un tratamiento similar al de una propiedad física 70 años después de la muerte de su autor? Reduzcámoslos a 10 que empiecen a contar con su fecha de registro público e incentivaremos de paso una industria más ágil y más valiente. ¿Que las patentes de las farmaceúticas pueden funcionar durante 20 años? Reduzcámoslas a 5… Eso es la Devolución como movimiento.

Además,desde el punto de vista del movimiento por la Devolución, son preferibles patentes y derechos intensos pero breves y cláramente delimitados en el tiempo a sistemas de “derechos” eternos que controlen sin embargo el rango de aplicación. Y esa es jústamente la lógica que opone al devolucionismo y a Creative Commons: el gran menú de opciones CC no sólo confunde sobre la naturaleza de los problemas derivados de la propiedad intelectual sino que genera en si mismo un coste impresionante de gestión y uso de cualquier repositorio que lo adopte, al obligar a mirar la etiqueta antes de reciclar o usar para una nueva obra cualquier creación anterior.

¿Complementarios u opuestos?

En conjunto, el planteamiento político de Creative Commons es en realidad el opuesto del del Movimiento por la Devolución:

  • Para CC los problemas y costes sociales del monopolio que legalmente sostiene la propiedad intelectual pueden ser corregidos por los propios autores mediante un sistema flexible de liciencias. El sistema no es cuestionado, tan sólo sus extremos. La propiedad intelectual es una opción individual.
  • Para los devolucionistas, la propiedad intelectual es un monopolio legal contraproducente y socialmente costosísimo, un problema político al que sólo la reforma legal y la reducción progresiva de los tiempos de explotación ofrece un horizonte de solución razonable.
  • Para CC la restricción sobre obras derivadas y uso comercial son opciones equilibradas recomendadas a los autores como protección
  • Los devolucionistas licencian sus obras bajo Dominio Público y critican el complejo sistema de licencias de Lessig por suponer un coste extra para la gestión y uso de cualquier repositorio colaborativo en el que bajo CC hay que mirar la etiqueta de cada pequeña pieza antes de utilizarla.

Conclusiones

Sólo la Devolución nos permite un horizonte en el que el par diversidad~innovación no sea alternativo al par cohesión~extensión del conocimiento. Sólo la Devolución genera un verdadero procomún: el viejo y estupendo “dominio público” de la tradición jurídica continental, el gran contenedor del que durante siglos los comunes hemos sacado las piezas con las que participar de la innovación en las Artes, las ciencias y el cambio tecnológico.

Su restauración, refresco y actualización mediante una restricción temporal progresiva de las patentes y derechos de exclusividad otorgados por el estado a las creaciones, es el camino a seguir.

Nota: Este texto está escrito desde la lógica del bricoleur a base de enlazar, copiar, pegar y modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin y una multitud de otros autores, incluído yo mismo.

Guardado por David de Ugarte en Devolución> como destacado> su moleskine a las 2:08 pm | (12)

Viernes, 16 de Noviembre de 2007

Frivolidades políticas

Ya está bien de frivolidad en la posición sobre propiedad intelectual y en la elección de licencias. La licencia tiene un sentido ético y político, no está para quedar de guays.

Ayer noche recibí una amable invitación de la rama madrileña de Ciutadans para difundir un debate sobre el modelo de estado que organizan. Un tema complejo que no tengo personalmente claro pero en el que me han ido calando los argumentos confederalistas de Juan Urrutia, partidario de extender el actual sistema de concierto navarro a todas las comunidades autónomas.

Entro en el blog de campaña, que me enlazan en el mensaje y me encuentro, bien destacado, con un rótulo de Derechos de Autor bajo el que yace un banner de Coloriuris amarillo. Coloriuris, para quien no lo conozca, es una versión castiza de las Creative Commons de Lessig, sobre las que es pública y notoria mi posición, la de las Indias y en general del movimiento por la Devolución. Una posición ética, política y práctica que se configura desde la experiencia y perspectiva de nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana.

Resumiendo: me importa más, y como a mi a mucha gente, la posición de un grupo sobre propiedad intelectual que sobre las complejidades de los estatutos de autonomía.

¿Me hubieran escrito esta invitación personal de ser yo un notorio confederalista o independentista? No creo. ¿Por qué no les importa invitarme cuando mi posición sobre propiedad intelectual es notoria y por lo que se ve contraria a la de ellos? Porque ni repararon. El bannercito amarillo está ahí para hacerse los guays y modernos. No significa nada, es pura frivolidad.

Y digo que es frívolo en un acto de generosidad. Sacar los materiales de campaña bajo licencia “no comercial” y “viral” es estúpido, soberbio y mezquino. Estúpido porque pone trabas a su difusión y reciclaje social, lo cual es contrario al objetivo de cualquier material de campaña. Soberbio porque transmite la idea de que alguien puede estar ansiosamente esperando que los cuelguen para copiarlos y hacer negocio editorial con ellos. Y mezquino porque si existiera un editor tan identificado con sus tesis como para publicarlas en un libro y sacarlo en librerías, pretenderían cobrarle un porcentaje por libro vendido con independencia de si le resultó rentable o no. Eso es lo que dice la licencia.

La cuestión que queda abierta es si alguien tan frívolo en un tema crucial como este, puede ser tomado en serio para cuestiones tan complejas como la organización del estado.

Guardado por David de Ugarte en Devolución> su moleskine a las 12:19 pm | (4)

Sábado, 18 de Agosto de 2007

El poder de las redes: Vuelta a empezar

Vuelta a empezar. Un libro para que sea realmente libre necesita más que una declaración de dominio público. Hay que contar con el poder de los formatos cerrados.

En los próximos días subiré una nueva versión -ésta si que si- definitiva de El poder de las Redes. La causa es que mi correctora y maquetadora, Susana Pulido, entendió al parecer mal el pedido y sólo está dispuesta a entregarme el pdf o el .doc de la corrección, pero no el archivo editable (en quark) a partir del cual se pueden generar los archivos que se envían a la imprenta.

Este archivo es jústamente el output que permite que el libro sea realmente libre, que cualquier grupo de activistas, cualquier fundación, cualquier pequeña editorial en cualquier lugar del mundo pueda hacer bricolage con él fácilmente: añadirle un prólogo a su propia edición, formatear el tamaño de la página a una colección preexistente, añadir su propia visión, comentarios o epílogo… y mandarlo a imprenta no sólo no teniendo que pagar nada a nadie, sino sobre todo siendo libre de añadir y construir a partir de ahí sin tener que pedir permiso ni guardar otras normas que el respeto a los derechos morales.

Un libro libre no es un pdf de libre descarga, ni siquiera es un contenido en dominio público. Un libro libre es un conjunto de herramientas y contenidos orientados a favorecer y alentar el bricolage y el reciclaje de la obra.

Así que vuelvo a empezar. Yolanda aportará la corrección profesional de nuevo desde el archivo odt original y luego maquetaremos otra vez.

Lo siento por vosotros y por todo el estupendo trabajo realizado por Susana y echado a perder. Pero con un pdf como único output, el objetivo y la lógica devolucionista del libro se vería vulnerada… y éso es lo más importante.

Como el ISBN del libro electrónico no obliga a depósito, sino que simplemente requiere una URL en la que llevo por cierto ya casi 2 años cambiando continuamente el documento que está colgado, me informaré en los próximos sobre si puedo seguir usando el mismo número -cosa harto probable- o he de sacar otro nuevo.

Primeros resultados previstos: la semana que viene.

Guardado por David de Ugarte en Devolución a las 5:57 pm | (9)

Martes, 14 de Agosto de 2007

Un ejemplo de por qué Creative Commons no está a la altura de la sociedad del bricolage

Un ejemplo práctico de cómo la fantasía propietaria de Creative Commons dificulta la difusión de las obras y el bricolage

Ayer mi amigo Pedro Martín, me dejó un comentario muy alarmado. Pedro es el autor de la presentación que antecede al prólogo de El poder de las redes.

En ella había incluído una foto que en el último momento descubrió no era suya.

En realidad, la licencia de la foto era de lo mejorcito que se puede optar en el mundo CC, pues permite obras derivadas. Pero… exige que éstas -las obras derivadas- tengan la misma licencia.

¿Tengo que cambiar la licencia de todo mi libro por esta (más restrictiva) si quiero usar la foto como ilustración? Como mínimo debería iniciar consultas jurídicas. No, demasiado complicado para un bricolage efectivo. Símplemente eliminaré la ilustración para evitar problemas.

Si alguna vez tengo oportunidad de hablar con el autor de la imagen le recomendaré el muy tradicional Dominio Público, dándole un buen ejemplo de como la fantasía propietaria de Creative Commons (”más control para el autor sobre la obra“) no sólo dificultó la reutilización de su trabajo por mi, sino su difusión dentro de un libro… a pesar de haber tomado una de las pocas licencias libres del menú de Lessig.

Guardado por David de Ugarte en Devolución a las 12:09 pm | (7)

Jueves, 19 de Julio de 2007

Estado, cultura, identidad nacional y propiedad intelectual

Por qué la llamada liberación de la cultura me parece un horror nacionalista más…

Cuenta David Gil que el otro día coincidió con Belén Gopegui, que está a punto de publicar una novela con CC-by-nc-nd, es decir, sin permitir ni uso comercial ni que otros reciclen el contenido haciendo obras derivadas. A éso le llamaba Copyleft. Lo mejor, según el relato de David es que la sra Gopegui:

dijo que los autores (no los aficionados que escriben en sus ratos libres) necesitan los derechos de explotación. Que una cosa es escribir después del trabajo y otra dedicarse en exclusiva a escribir. Para esto último se necesitarían ingresos seguros.

Lo curioso es que, como otra gente en el público, está en contra de la comercialización de la cultura. Es comunista y, según entendí, estaría de acuerdo con un sistema en el que el Estado publicaría las obras, sin derechos de explotación por parte de los autores, y a cambio estos recibirían un sueldo.

Cultura: origen y significado

La idea de cultura y su irreparable origen en el nacionalismo alemán ha sido deconstruida muchas veces en todo tipo de formatos. Seguramente la arqueología más popular en los últimos años haya sido la de Gustavo Bueno:

Al final del siglo XX la idea de Cultura, que había comenzado a elevarse a principios del siglo XIX a la condición de idea constitutiva de la cúpula ideológica de las sociedades modernas de tradición cristiana (junto con las ideas de Hombre, Libertad o Nación), ha alcanzado la posición privilegiada de clave de bóveda de esa cúpula.

Podría decirse que, en nuestros días, y en las sociedades de tradición cristiana más diversas, la idea de Cultura desempeña los papeles de Idea suprema, de Idea fuerza primordial, en función de la cual se definen las realidades prácticas o espirituales, tales como Hombre, Libertad o Nación: el Hombre será «animal cultural»; la verdadera libertad se alcanzará a través de la Cultura, y la Nación no se definirá tanto por la raza cuanto por la cultura: por ello cada Nación exigirá «darse a sí misma» la forma de un Estado, de un «Estado de Cultura». En cualquier caso, se definirá como misión esencial del Estado la de promover la Cultura Nacional y hacer posible el acceso de todos los ciudadanos a la cultura (artículo 44 de la Constitución Española de 1978).
La Cultura es uno de los ideales prácticos de mayor rango: el Estado de Cultura ha llegado a ser un ideal de rango superior al del Estado de Derecho y, por supuesto, de más alto prestigio que el Estado de Bienestar.

Merece la pena leer a Bueno para hacer una arqueología del concepto y su ascenso desde Herder a nuestros días. Bueno remarca que

Sin embargo, nadie entiende qué es eso de la Cultura, como nadie entendía antaño qué era la Gracia de Dios. La Cultura es un mito, y un mito oscurantista, como lo fue el mito de la Gracia en la Edad Media o como lo fue el «mito del siglo XX», el mito de la Raza, en la primera mitad de ese siglo. En cierto modo podría decirse que el mito de la Cultura incorpora, además, a través de los nacionalismos de fin del siglo, muchas de las funciones que el mito de la Raza desempeñó hasta el final de la segunda guerra mundial.

Porque Cultura, así con mayúsculas, es todo aquello -desde las obras artísticas de prestigio a la gastronomía más o menos reinventada y tradicional- que contribuye a la formación de una identidad colectiva derivada de los mitos constitutivos del estado nacional.

La cultura como función estatal

En países como España, Nigeria o Marruecos donde el estado no ha podido imponer de una forma clara y homogénea estos mitos -es decir, donde el estado ha fracasado como proyecto nacional- estos se dan fragmentados en la forma de nacionalismos alternativos y un cierto protagonismo de las identidades y pertenencias pre-modernas como la familia, la cuadrilla, la religión o el linaje. Y precisamente por eso en estos países la Cultura es parte central del debate más que en ningún otro lado.

Pero vayan a Francia donde hace aguas por la presión migratoria. O a Brasil, Argentina, México, Cuba o Bielorrusia, donde el proyecto moderno, en su dimensión nacional vive con pujanza. En estos países hasta la alteridad, hasta el presunto antagonismo al estado nacional lo es por el estado, a cuyos gobiernos o dirección social se les reprocha, en todo caso, su falta de sentido nacional. Imaginarios sociales y mediáticos que viven en la excepción permanente de la realidad nacional. Excepción que impermeabiliza de la interacción frente al foráneo (por definición ajeno) y destruye al tiempo el sentido de los nacionales fuera del terreno nacional (si todo cuanto atiende a esta realidad es excepcional y tiene causas endógenas, cuanto sé y pienso tampoco tiene validez fuera). El nacional es un huérfano o un autista que tiene dificultades para crear sentido fuera de la relación con su estado-territorio-nación. Por eso los estados nacionales se dotan de ese folkror de animales nacionales que mueren al salir por la frontera estatal, desde el coquí portorriqueño al lince ibérico, modelo disneyzado de la principal virtud nacional, no poder existir fuera de las fronteras del estado y su imaginario.

¿Qué quiere decir liberar la Cultura?

En este marco el artista, el creador, no puede ser sino una figura central de la construcción nacional. Un trabajador especializado de la reproducción identitaria del nacionalismo. Una labor digna de ser separada de la vida. Una figura que no debe ser confundida con “los aficionados que escriben en sus ratos libres” del mismo modo que un ciudadano que intenta esclarecer las causas del aumento de la criminalidad no debe confundirse con un policía o un Ministro del Interior.

Y ahí de nuevo la oposición izquierda-derecha tan de matiz como siempre, tan en la misma línea: el debate es como se asegura la manutención, no si tiene sentido la función.

Manutención que es más sensato asegurar, nos dicen los más liberales, mediante un monopolio artificial llamado propiedad intelectual. Manutención que habría que asegurar mediante un salario público, nos asegura Gopegui en la cita de arriba, para asegurar la viabilidad de la profesionalización. Esto, significaría además liberar la Cultura, es decir, asegurar su gratuidad para todos y su universalidad. En una palabra, extender de forma más efectiva los modelos identitarios de la construcción nacional.

Perdónenme pero no es este el problema que me preocupa. No me interesa liberar la Cultura ni creo que deba ser un problema asegurar formas de remuneración para mantener a sus ejecutantes distintas a las del resto de los mortales.

La cuestión es tan simple como saber si el monopolio económico excepcional sobre las propias creaciones es necesario ya o no para asegurar que haya personas que sigan haciendo propuestas que lleven parejas cierta innovación y diversidad. Poco importa si es como profesionales full time o no, ingresando más por venta de objetos (libros, discos, etc) o por shows (conciertos, conferencias…).

Y mucho me temo que esta respuesta ya está bien respondida por la práctica y la teoría económica. Lo demás son debates sobre la optimización del estado por y para el nacionalismo. Y simplemente, no me interesan.

Guardado por David de Ugarte en Devolución> como destacado a las 12:46 pm | (10)

Jueves, 5 de Julio de 2007

David de Ugarte: Hoy David Gil intervendrá en Cáceres (España), en el curso Teoría y práctica de la liberación del conocimiento, hablando de la Devolución. (0)

Sábado, 30 de Junio de 2007

Patente para dejar morir

Un ejemplo más de cómo las patentes farmaceúticas, lejos de fomentar la innovación, sirven tan sólo para generar rentas extraordinarias a las grandes multinacionales a costa de la cohesión social.

Tras unos días fuera puedo por fin leer todo el correo acumulado. Paco Andersch me envía desde Cádiz un enlace a Página 12 con un caso nada excepcional sobre como los laboratorios utilizan los privilegios de patente, incluso cuando están caducadas, para rapiñar beneficios extraordinarios a costa de la cohesión y el bienestar social:

En diciembre del año pasado, el Ministerio de Salud llamó a licitación para la compra de didanosina, un antirretroviral que actualmente consumen 1800 pacientes con VIH. Sólo se presentó un laboratorio, el Richmond. Pero la empresa Bristol Myers Squibb, que había sido titular de la patente de la droga, ya vencida internacionalmente, tenía en vigencia en la Argentina una patente sobre el recubrimiento de protección digestiva que presentan los comprimidos: la multinacional presentó una demanda por violación de patente y exigió que la Justicia prohibiera la fabricación y venta del producto.

Lo cual me reafirma cada vez más en los argumentos devolucionistas.

Guardado por David de Ugarte en Devolución a las 6:03 pm | (3)

Sábado, 23 de Junio de 2007

La devolución en la perspectiva de la sociedad del fabbing

Texto de la ponencia que el martes que viene, día 26 de junio a las 19:00hh, presentaré en el Ateneu de Barcelona en el acto sobre la Devolución en el que compartiré mesa con David Gil y María Rodríguez.

¿Por qué los economistas ya no defienden el copyright y las patentes?

El argumento convencional a favor de la existencia de un monopolio legal sobre la invención o la creación artística e intelectual en favor del autor (que eso y no otra cosa es lo que llamamos propiedad intelectual) tiene dos partes.

  1. La actividad creativa o inventiva exige una inversión inicial fuerte que redunda en existencia de rendimientos crecientes a escala que hacen inviable la competencia.
  2. Segundo, el correspondiente monopolio natural tampoco resulta viable si el producto es reproducible a bajo coste.

En consecuencia, decía la argumentación convencional, si queremos que exista la actividad creativa de que se trate es necesario hacer viable el monopolio incrementando artificialmente el coste de la reproducción del producto que incorpora la invención.

Hasta hace 5 años casi todos los economistas tenían este argumento convencional grabado en su disco duro… pero ya había experiencias que señalaban que la realidad, merced al desarrollo de las tecnologías de comunicación distribuida, estaba cambiando. La música era tal vez el ejemplo más popular, pero la industria que más llamaba la atención de los economistas era otra. Una industria que se adaptó antes que ninguna otra a Internet y donde la propiedad iintelectual tenía difícil reclamo, pero que, sin ninguna duda era de las más innovadoras del nuevo entorno: el porno.

El cambio de paradigma comenzó en Mayo de 2002, cuando los profesores en UCLA Michele Boldrin y David Levine publicaron en la American Economic Review el primero de una serie de artículos y papers que demostraban la no necesidad de la existencia de propiedad intelectual para la existencia de incentivos a la innovación en un marco como el actual.

Los resultados dejaban claro que si la invención o idea creativa está incorporada en un producto (lo que es siempre el caso); si la reproducción o imitación o copia exige una cierta formación intelectual ó técnica que hace que la imitación nunca sea sin costes (lo que ocurre en general) y si hay límites a la capacidad de reproducción (lo que es bastante obvio en la mayoría de los casos), el valor descontado presente de las cuasi-rentas que recibe el creador inicial en ausencia de copyrights o patentes, es positivo y crece a medida que se reducen los costes de reproducir el producto en el cual la idea se incorpora.

Es decir, la disponibilidad de ordenadores e internet informáticas que abaratan el coste de reproducir y transmitir informacion hará crecer, no disminuir, los beneficios que pueden obtener los autores en ausencia de la protecion ofrecida por el copyright. En consecuencia y de forma general, el autor no necesita el monopolio para tener incentivos y no sería necesario el copyright para encarecer artificialmente el coste de la reproducción o copia.

Pero, en la práctica, ¿no son necesarias las patentes?

En poco tiempo, el modelo de Boldrin y Levine se incorporó al corpus de la teoría económica y hoy es ya tan convencional como en su día fue la argumentación favorable al copyright.

Otra cosa son las ideas socialmente aceptadas. De hecho, algunos sectores industriales han conseguido afianzar en la población la falacia de la necesidad de un monopolio. Paradójicamente, el de mayores costes sociales, la industria farmaceútica, sea el que más éxito ha tenido aunque los propios Michele Boldrin y David K. Levine en su ya famoso libro que continúa el paper del 2002 no sólo no hagan ninguna excepción, sino que recogiendo todas las referencias del análisis económico de los últimos años, den como ejemplo a las farmaceúticas de una industria donde la patente ha resultado desincentivadora para la innovación.

En realidad hacia donde apuntan los análisis económicos es a señalar que el efecto del sistema de patentes farmaceúticas a lo que ha llevado ha sido a la generación de una costosísima industria improductiva y altamente concentrada: las patentes no han financiado la innovación y el I+D sino el marketing y la concentración monopólista.

Como escriben Xabier Barrutia Etxebarría y Patxi Zábalo Arena, profesores del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco en un artículo republicado por CIDOB:

el gasto en marketing es un elevado coste fijo que, al igual que la investigación, dificulta la entrada de nuevas empresas en el sector y facilita el monopolio. Así, el marketing es muchas veces un área de colaboración y alianzas estratégicas entre las empresas farmacéuticas. De hecho, los gastos de marketing son cada vez mayores. En 2000, las empresas farmacéuticas innovadoras de Estados Unidos empleaban un 81% más de personal en marketing que en investigación y desarrollo (I+D). Y ésta es una proporción creciente, puesto que en 1995 el personal dedicado al marketing sólo era un 12% mayor que el ocupado en I+D, que incluso ha descendido ligeramente desde entonces (Sager y Socolar, 2001).

Imaginar un mundo sin patentes farmaceúticas no consiste en buscar incentivos alternativos, sino en imaginar como los incentivos de mercado van a poner en marcha de nuevo la competencia por innovar, crear nuevos medicamentos y tener líneas más efectivas de investigación y baratas de producción, acabando con la competencia actual, centrada en el costosísimo control de los canales de prescripción y el asalto mediante lobbies de las instituciones reguladoras (básicamente la EMEA europea y la FDA norteamericana, financiadas por cierto, en más de un 75% por la propia gran industria). El sistema ha funcionado: según datos de la propia industria, los cinco mayores laboratarios acaparan el 25% del valor de la producción mundial. No nos engañemos, las grandes farmaceúticas colaboran más que compiten en aquello que la patente les fundamenta: el bloqueo de posibles nuevos concurrentes. Que se lo digan si no a ilustres innovadores zancadilleados en el proceso regulatorio, como Patarroyo o Zeltia.

El impacto de la devolución en esta industria reduciría el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos por debajo de los cuatro años. Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el record actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc.

Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35.50 dólares frente a los 28.60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado.

Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66.5% del mercado.

Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas.

Pero por lo mismo, en la industria farmaceútica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes.

Un mercado farmaceútico sin patentes vería pues con toda probabilidad una inversión mayor en I+D pues sólo la innovación garantizaría rentas extraordinarias temporales cercanas a las de monopolio. Pero también vería una rápida extensión de las innovaciones, bajo la forma de genéricos, en los países menos desarrollados.

En algunos segmentos como los fármacos ligados a epidemias, llevaría sin duda a las farmaceúticas a aceptar riesgos mayores manteniendo stocks disponibles más amplios pues ante una amenaza de pandemia los laboratorios de genéricos podrían ocuparle parte del mercado. Lo que en estos días estamos viendo en Europa con el Taminflu es conocido de sobra en los países periféricos, con un alto precio en vidas humanas, algo que podríamos llamar el precio social de la patente.

Pretender solventar estas situaciones mediante compra -es decir, sólo cuando afectan a los países ricos- es inmoral (sobre todo después de las experiencias con la malaria en buena parte del Tercer Mundo o el SIDA en Sudáfrica). Pretenderlo mediante expropiación contraproducente, pues existiendo las patentes, reorientará las inversiones hacia otro tipo de enfermedades y frenará la investigación de fármacos ligados a las nuevas epidemias. La única solución a medio plazo es la devolución.

La práctica social de la innovación y la creación en la sociedad digital

Pero Internet no sólo está transformando la generación de incentivos. También está modificando los entornos donde se genera la innovación. Durante los últimos dos años se han escrito miles de artículos, libros y posts sobre el concepto web 2.0.

Todos los analistas y teóricos, desde Juan Urrutia que fue seguramente el primero en teorizar el tema allá por 2003 ([1], [2 y sobre todo [3]) hasta hoy, pasando por Tim O’Reilly que acuñó el término un par de años más tarde, coinciden en que la novedad fundamental aportada por esta fase de la evolución de los servicios de Internet es la confusión de papeles entre consumidor, productor e intermediario.

La esencia de la web 2.0 al fin es la aparición de repositorios masivos como YouTube o Flickr que son el resultado de la puesta en disposición de materiales por una gran masa de usuarios distintos que generan un poderoso efecto red que periclita el atractivo de hacer valer los derechos legales monopolísticos: el valor de lo que pongo a disposición de la red siempre será menor que lo que pertenecer a la red me ofrece. Es más, dada la lógica de las comunidades distribuidas, cuanto más uso se haga de aquello que yo comparto y ofrezco mayor será el valor presente que la sociedad adjudique a mis creaciones futurasa.

Pero la web 2.0 es sólo un primer apunte del modo de innovación y creación que está cuajando. En los últimos meses han ido cobrando relevancia una serie de herramientas que van un paso más allá y generan un entorno que ya empieza a conocerse como web 2.1.

La esencia de este nuevo modelo social y comunitario es fomentar la creación individual a partir de un repositorio colectivo, el bricolage digital.

Si YouTube es simplemente un gran repositorio audiovisual, Jumpcut, su alternativa 2.1, no sólo permite descargar los vídeos de otros, sino remontarlos, mezclarlos con contenidos de cualquier usuario y volver a poner el resultado, como un objet trouvé, a disposión de quien quiera seguir con la gran digestión social.

La web 2.1 escenifíca de manera radical lo que es una referencia común en el mundo del arte y la ciencia: no hay tanto creación, como postproducción. Aportes y propuestas individuales que generan capas de sentido a partir de un gran almacen social preexistente. Un bricolage individual sobre el acerbo social. Continua propuesta. El mito del autor como creador, trasposición moderna de la figura divina, portadora de la gracia, se revela definitivamente como un rey desnudo.

El fabbing y las patentes

Pero hasta ahora hemos hablado de bienes digitales, productos reducibles a bits y enviables a través de la red: música, vídeos, textos… Bienes de conocimiento a los que Internet y los ordenadores han liberado de sus tradicionalmente costosos soportes. Pero una cosa son los contenidos y otras los objetos, una los bits y otra los átomos… ¿o no?

Pues la verdad es que cada vez menos. Cualquier objeto es ante todo conocimiento. De hecho la gran fuerza motriz tras la revolución tecnológica propiciada por las tecnologías de proceso y comunicación de información no es otra que el crecimiento sostenido de la proporción que el componente inmaterial (científico, técnico, creativo, de diseño…) tiene en el valor total de la producción. Si relacionamos peso y valor en la producción mundial, encontraremos una curva clara y continuamente decreciente desde los años 40. Motivo que dicho sea de paso, es la principal base racional para pensar en un crecimiento sostenible… y en una sociedad distinta.

Porque si hasta ahora Internet ha supuesto un brutal empujón para la creatividad aplicada a ideas y objetos culturales digitales, gracias a la popularización de los ordenadores e Internet, en unos años nos encontraremos con una sociedad donde la posibilidad de fabricar, de construir objetos físicos sea tan inmediata como lo es hoy descargar una canción, un estudio científico o un ensayo desde la red.

La próxima gran revolución tecnológica ya tiene nombre: fabbing. El fabbing es mucho más que la posibilidad de montar pequeños talleres (fablabs) computerizados. Es mucho más que las impresoras 3D capaces de producir en poco tiempo objetos de plástico o silicona a partir de los planos suministrados por una computadora normal.

El fabbing se generalizará en un contexto y una lógica 2.1 donde los planos digitales de cualquier cosa serán descargables, modificables y compartibles desde grandes repositorios colectivos. Planos que serán más que una representación del objeto para convertirse en el objeto en si mismo. Del mismo modo que un archivo digital de una canción, colocado en un servidor, deja de ser un componente del disco desde el momento en que los ordenadores conectados a la red tienen un reproductor y acceso de banda ancha.

La web 3.0, la web del fabbing nos permitirá, equipados con pequeñas impresoras tridimensionales de bajo costo, la fabricación individual a partir de un repositorio colectivo.

Es evidente que la generalización de un sistema así trae innumerables incógnitas y un previsible cambio de ejes. Ya hoy, en las Indias trabajamos en temas como la reciclabilidad de los objetos creados con la vista puesta en los efectos medioambientales de una tecnología de fabricación individual y masiva. Pero lo que es prácticamente seguro es que asistiremos a un incremento de la innovación tan potente o más que el que han vivido la comunicación textual, la música y empieza a disfrutar ahora el audiovisual. Es más, que de una manera tanto o más radical que en esos sectores, la fabricación personalizada de todo tipo de objetos democratizará drásticamente el acceso a nuevos bienes de consumo, extendiendo las innovaciones en el diseño de cosas a una velocidad desconocida hasta hoy.

El problema es que todo lo batallado y sufrido hasta ahora por la sociedad frente a las normativas del copyright y el derecho de autor que protegen la materialización de las ideas en un medio transmitible, seguramente parezcan escaramuzas comparando con lo que nos viene. Como escribía David Gil:

En el caso del fabbing damos de lleno en las patentes, que protegen las ideas mismas. ¿Qué sentido tendrá una patente cuando cualquiera pueda reproducir en casa eso por lo que alguien ha pagado millones? Seremos aún más criminales y la falacia de la propiedad intelectual todavía será más evidente.

Si la sociedad de las redes distribuidas de comunicación planteaba ya la devolución como necesidad para la innovación y sobre todo para la extensión social del conocimiento, la sociedad de las redes distribuidas de producción lo plantea como una alternativa, como una dicotomía dramática.

¿Es Creative Commons una herramienta válida para enfrentar esta alternativa?

Libertad, diversidad, impatentabilidadLa economía del reciclaje, la épica del bricoleur del espíritu hacker, es tal vez el vector identitario mas constante del cuanto hay de positivo en el mundo de las redes distribuidas, la base material de nuestro no esperar, de la posibilidad de construir y vivir otro mundo aquí y ahora. Como escribía Bruce Sterling en Green Days in Brunei:

Eres un bricoleur. Puedes apañártelas, puedes aprovechar. Eso es el bricolage… usar los recortes para hacer algo que merezca la pena. Brunei es ahora demasiado pobre para empezar con planes nuevos. No tenemos más que la basura que Occidente nos hizo comprar, botellas de Cocacola y garages para dos coches. Y ahora tenemos que vivir entre los desechos y convertirlos en una comunidad.

Pero para poder reciclar, para poder construir y distribuir al modo bricoleur, necesitamos poder hurgar libremente en la basura del viejo mundo y entre otras cosas no tener que ponernos a buscar la etiqueta del Creative Commons, todo lo más, mirar la fecha de caducidad.

El bricolage consiste en crear cosas nuevas a partir de trozos de otras que fueron creadas para fines distintos de los que cumplen en la nueva obra. La variedad de protecciones “otorgadas” para cada una de esas piezas por sus autores bajo Creative Commons genera una traba, un coste innecesario y probablemente insalvable. La idea de otorgar más “derechos de propiedad”, más control de los posibles usos, es una mala idea, siquiera aparezca como una flexibilización del sistema de copyright. Precisamente porque el bricolage, consiste en descubrir usos no esperados, no imaginados previamente. Como argumentaba Hal Varian, uno de los padres de la Economía de la Información, en el NYT :

Demasiado control puede ser malo, particularmente cuando la innovación es una fuente crítica para la ventaja competitiva

Lo que se precisa para que la innovación se extienda y sea factor de cohesión social en vez de parte de un proceso de dualización, es la libertad que genera diversidad en los usos. Se trata de pensar en nuevas aplicaciones, en reciclajes inimaginados del conocimiento social acumulado.

Creative Commons extiende los poderes de los autores sobre los usos hechos por otros de sus creaciones. Por éso es incompatible con el bricolaje tecnológico que la extensión de la cohesión social exige. Son preferibles patentes y derechos intensos pero breves y cláramente delimitados en el tiempo a sistemas de “derechos” eternos que controlen sin embargo el rango de aplicación. Y esa es jústamente la lógica de la Devolución:

No olvidemos que la mal llamada propiedad intelectual no es sino un tipo de patente. Patente es un privilegio estatal (como las patentes de ingenios o las patentes de corso) y frente a los privilegios estatales no se lucha flexibilizándolos o permitiendo a sus detentadores una definición personalizada que les permita “generosas” donaciones de lo que previamente fue expropiado a la comunidad.

Los privilegios estatales se enfrentan abogando por su derogación… y si hay demasiados intereses en juego por su limitación temporal. En eso consiste la Devolución. Y con ello si cabe un planteamiento reformista: ¿que las obras artísticas tienen hoy un tratamiento similar al de una propiedad física 70 años después de la muerte de su autor? Reduzcámoslos a 10 que empiecen a contar con su fecha de registro público e incentivaremos de paso una industria más ágil y más valiente. ¿Que las patentes de las farmaceúticas pueden funcionar durante 20 años? Reduzcámoslas a 5…

No se trata tan sólo de evitar los sustos y las trampas del viejo sistema de patentes y Derechos, se trata de no abortar en su origen ni limitar en su alcance ese bricolage, ese reciclaje tecnológico y creativo que es la principal vía de extensión y aplicación social del conocimiento y la innovación.

Conclusiones

Sólo la Devolución nos permite un horizonte en el que el par diversidad~innovación no sea alternativo al par cohesión~extensión del conocimiento. Sólo la Devolución genera un verdadero procomún: el viejo y estupendo “dominio público” de la tradición jurídica continental, el gran contenedor del que durante siglos los comunes hemos sacado las piezas con las que participar de las Artes, las ciencias y el cambio tecnológico.

Su restauración, refresco y actualización mediante una restricción temporal progresiva de las patentes y derechos de exclusividad otorgados por el estado a las creaciones, es el camino a seguir. Para que el tríptico Libertad, diversidad, impatentabilidad tenga opciones de futuro, el grito de hoy no puede ser más que uno: Devolución.

Nota: Este texto está escrito desde la lógica del bricoleur a base de enlazar, copiar, pegar y modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin y una multitud de otros autores, incluído yo mismo.

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Jueves, 22 de Febrero de 2007

Un gran paso adelante

Cuando tantos luchan tanto para beneficio de todos el cambio acaba triunfando. Felicidades y gracias a todos, comenzando por Ricardo, que tanto ha hecho por llegar a este gran triunfo de todos. [Minipost]

Cuando tantos luchan tanto para beneficio de todos el cambio acaba triunfando. Felicidades y gracias a todos, comenzando por Ricardo, que tanto ha hecho por llegar a este gran triunfo de todos.

Guardado por David de Ugarte en Devolución> su moleskine a las 5:54 pm | (0)

Domingo, 11 de Febrero de 2007

La revolución de corta y pega

¿Web 2.0? No gracias. La revolución no está en que los usuarios generen contenido o selección independientemente de cómo se jerarquice. La verdadera revolución de Internet viene de servicios como Jumpcut.

Gracias a Sofí­a, descubro este impresionante y breve trabajo que según el autor está hecho en un 60% a partir de mis propios trabajos. Es difícil expresar la emoción de que lo que uno escribe no sea ya reenviado o compartido, sino mixeado, regurgitado, reelaborado…

Nada te llena tanto como ver tus aportaciones convertidas en parte de la digestión común de la información propia de una red distribuí­da que materializa la ética del hacker, ahora ya bricoleur y convierte a la mal llamada propiedad intelectual en un estorbo tan arcaico como inadmisible.

La verdadera revolución que supone Internet no tiene nada que ver con la Web 2.0 tal y como está definida hoy. Ni siquiera con el intercambio P2P (par a par). La revolución es la creación par a par.

Ayer mismo Pablo Mancini me comentaba en jabber:

Cuando te bajas músisa p2p te cambia la cabeza y te preguntás ¿como es que pagué hasta ahora, de quién era todo éso? Pero cuando haces música y la compratís te cambia el mundo

¿Un ejemplo de como éso puede convertirse en servicio web? Jumpcut. Ni comparación con Google Video o YouTube. Esta nueva maravilla soportada por Yahoo! (el otro gran mumi) supone un entorno colectivo de creación audiovisual como nunca ha existido.

No sólo es un editor de vídeo online de lo más facilito al que puedes subir fotos, música y trozos de peli de hasta 100Mbs para hacer tus propios clips. En Jumpcut no sólo puedes ver los vídeos de los demás, puedes editarlos, cortarlos, quitarles la banda sonora y usarlos desde el mismo interfaz para hacer tu propio vídeo, tu propia versión, tu parodia, tu pasquín, tu documental o tu tesis.

Jumpcut es un entorno para bricoleurs, para hackers de las imágenes, para disfrutar, mumi mediante, de la libertad de los recicladores. Jumpcut es el modelo de la Internet en la que creo, no un kibutz totalitario al modo de la Wikipedia o Digg y sus clones, sino una fiesta, un festín para crear con todos sin someterse a nadie.

Guardado por David de Ugarte en Devolución a las 11:37 am | (8)

Jueves, 14 de Diciembre de 2006

Cooperación, competencia y propiedad intelectual

Un diálogo con el último post de Juan Freire sobre por qué descubrimos jústamente ahora nuevas formas de cooperación y competencia anteriores a la revolución industrial

Libertad, igualdad... impatentabilidad!Como señalaba certeramente Juan Freire esta mañana:

La era digital no es una revolución. Sólo rompe la anomalía en que se había instalado una parte de la humanidad y recupera una forma de trabajar, participar y compartir que creíamos olvidada.

¿Pero cuál era esa manera?

El mercado moderno es anterior al capitalismo industrial, si historiásemos sus orígenes, tal vez poniendo al día al viejo Sombart, nos daríamos cuenta de que es el mercado el que prepara el terreno que la hace posible. El mercado, esa maravillosa máquina, es la principal institución que provee a la sociedad de cohesión organizando la cooperación en un momento de extensión constante de la división del trabajo. Pero también es el gran impulsor, mediante la competencia, de la innovación lampante que desde entonces se instalará en nuestras vidas.

Sin embargo el nuevo mundo pagará caro el apoyo de una capa social de la que requirió para imponerse y adecuar el sistema político y cultural: los intelectuales. Estos ampliarán el sistema de monopolios sobre la creación/invención que habían arañado de las viejas monarquías absolutistas para convertirse en la nueva baja nobleza de la sociedad liberal, en los nuevos rentistas.

Sin embargo el mercado distorsionado por la mal llamada propiedad intelectual ya no será lo mismo.

Patentes y “propiedad intelectual” son sistemas que incentivan la competencia a costa de la cooperación ofrecida por el mercado. Lo nuevo no se hará extensivo durante un periodo determinado (75 años en según que casos), no porque los demás no quieran seguirlo, sino porque legalmente estará garantizado que no se extienda, que ningún otro distinto del patentador podrán hacer uso de ese avance sin pagarle una renta extra directa. Al no poder extenderse la innovación de forma inmediata, las restructuraciones generadas por la incorporación de nuevas tecnologías producirán desajustes prolongados en el tiempo. Este es el origen de lógica ludita según la cual toda nueva tecnología aumenta la productividad a costa de paro.

¿Por qué se rompe ahora la anomalía? Por dos fenómenos ligados a la aparición de redes distribuidas masivas con posibilidad de distribuir a coste marginal nulo: es decir Internet, la web, etc.

El primer fenómeno es simplemente la erosión que sobre el sistema de propiedad intelectual impulsa el nuevo contexto, requerido de nuevos incentivos (la ética del hacker), genera nuevas demandas y prácticas que exigen renunciar al monopolio al modo del software libre.

El segundo es la emergencia de los grandes mumis, que al estar interesados en la extensión de la innovación para poder seguir compitiendo, redefinen el juego haciendo que las restricciones posibles por el monopolio legal no se apliquen.

En conjunto estamos hablando de la lógica de la abundancia que no es otra que la de los mercados que tienden a la competencia perfecta, un modelo incompatible con la distorsión generada por la mal llamada propiedad intelectual.

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Miércoles, 29 de Noviembre de 2006

¿Lenguas con copyright?

El juicio planteado contra Microsoft y el gobierno chileno por las instituciones de la comunidad mapuche plantea dudas y contradicciones respecto a la propiedad intelectual y su alcance. Pero ¿no hay alternativas?

Hace un par de días me sorprendió una noticia del Observatodo, el diario ciudadano de la cuarta región chilena.

Hace un tiempo se presentó con bombos y platillos el nuevo Windows en Mapudugún [lengua de los Mapuche].(…) En todo caso, esta propuesta no ha sido bien celebrada por los comuneros mapuches, quienes están amenazando con una demanda a Microsoft por apropiación indebida de su herencia cultural. Ello, porque según los líderes mapuches, el Gigante Informático no les pidió autorización para utilizar su idioma en la traducción que realizó de su Sistema Operativo.

Es por ello, que Aucán Huilcamán, el representante del Consejo de Todas las Tierras, señaló a diversos medios de comunicación que “se sienten pasados a llevar por la decisión de Microsoft y del Ministerio de Educación”. De hecho le enviaron una carta al dueño de Microsoft, Bill Gates, acusándolo de piratería intelectual. Los mapuches están dispuestos a llevar su reclamo a todos los organismos necesarios y no descartan hacerlo ante organizaciones internacionales.

Pero después, en el sitio web de la radio pública paraguaya encontré una ampliación de la noticia: los dirigentes mapuches habían llevado de verdad el caso a los tribunales:

Los indígenas chilenos han llevado el caso a una Corte en la ciudad sureña de Temuco, pero un juez declaró que el procedimiento era inadmisible y dijo que debería ser visto en Santiago, donde otro magistrado tendrá que decidir si Microsoft tiene algo que responder ante la justicia.

“Si eso no ocurre, vamos a apelar el caso ante la Corte Suprema. Y si no encontramos justicia a nivel nacional, iremos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, dijo Lautaro Loncón, un activista mapuche de Red Indígena, que reúne a varios grupos étnicos en Chile.

¿Una completa locura? A simple vista sí, pero el traductor y activista del software libre Amos Batto, que trabaja en distintos proyectos de traducción de software libre al quechua nos ponía en contexto a los seguidores de la lista Runasimi:

Microsoft tiene una larga historia de abusos monopolizadores y falta de respeto para las decisiones de democracias locales. Los mapuche han manifestado mucho en contra de neoliberalismo en Chile, y la difusión de Windows y Office en Mapudugun es otra forma de neoliberalismo según los Mapuche.

Peor de todo es el hecho de que el estado de Chile y Microsoft han decidido que usar un alfabeto creado por el Summer Language Instutite(SLI)–un grupo de evangelistas que traduce la biblia en lenguas indígenas. La mayoria de los fundos del SLI viene de los EEUU, y a veces las metas del SLI están en conflicto con los deseos del los grupos indigenas. A veces el SLI tiene buenas relaciones con los entidades que representan los grupos indigenas, como en el caso de los Zapotecos en Mexico y los Inga de Colombia, pero muchas veces el SLI no ha mostrado mucho respeto para las organizaciones y entidades de los grupos indigenas. Por ejemplo, el ultimo diccionario quechua del SLI fue escrito en un alfabeto muy aparecido al alfabeto de español, a pesar de que casi todos los quechistas han rechazado este tipo de escritura.

Los Mapuche ha creado su propio alfabeto. La decision de MS y el estado chileno de usar el alfabeto de SLI fue una manera de desprestigiar y subvertir la autoridad de las entidades de los Mapuche. La traducción de Windows y Office en Mapudugun no fue hecho por un entidad mapuche, pero en la Universidad de la Frontera, una institución enlazado con el SLI. Además Microsoft no mostró ningún respeto para los diferentes dialectos de Mapuche. Los mapuche tienen que aceptar una mala traducción, con ningún derecho de cambiarla, ni mejorarla. Por eso, es tan importante que grupos indigenas usan software libre porque tienen el derecho de adaptar la traducción para cada dialecto y alfabeto.

Cuando consideramos como la traducción fue hecho y los propositos de la traduccion, no es sorprendiente que los mapuche han manifestado mucho y están llevando esta acción legal. Lo que es extraño es la manera en que los Mapuche están presentando su acción legal. Aunque los Mapuche ha protestado mucho las reformas neoliberales que son basado en el concepto neoliberal que todos los bienes debe ser privatizado como una forma de propriedad, a la misma vez los mapuche están argumentado su caso legal usando la idea neoliberal que todo es una forma de propriedad, inclusive la lengua.

Es decir, los dirigentes mapuches están defendiendo el derecho de su comunidad a normalizar su propia lengua y a disponer de software y herramientas de conocimiento en ella. Un objetivo completamente en línea con el manifiesto ubuntu. Pero ¿es éste el camino?

Sinceramente no puedo creerlo. Más eficaz me parece la apuesta, desde las lenguas originarias, por el software libre. No puedo dejar de ver como un error la estrategia de asociar los intereses de los hablantes de mapudungún con el concepto de propiedad intelectual. Precisamente porque ese concepto, cada vez más cuestionado en todos los ámbitos, está en el centro de aquello a lo que los Mapuche se enfrentan.

¿Por qué no nos ponemos a trabajar en un Ubuntu Linux en Mapudungún en común con la comunidad mapuche y sus instituciones? ¿Por qué no trabajamos, una vez tengamos esa herramienta, por el derecho de acceso y la alfabetización digital de los Mapuche? Al gobierno chileno le resultaría mucho más barato, los mapuche se sentirían -y serían de modo efectivo- dueños de sus herramientas y Microsoft tendría poco que ofrecer en un terreno definido por algo que no puede ofrecer: libertad.

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Miércoles, 18 de Octubre de 2006

Algunos datos

¿Qué supone la propiedad intelectual para el balance comercial de la economía norteamericana? ¿Y para el mundo?

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Fuente NSF

Fijense en el cuadro de la derecha o pinchen sobre él para ampliarlo. Es obvio por los datos que estamos ante un cambio estructural: si los ingresos debidos a exportación de propiedad intelectual crecieron en EEUU un 487% en el periodo estudiado (1987-2003), el PIB creció “tan sólo” un 232,18% (menos de la mitad).

No es una cantidad nimia, baste comparar los 48.277 millones de dólares de la serie en 2003 con el PIB boliviano de ese año: 7.855 millones de dólares. El gráfico también muestra bastante claramente quien protagoniza la tendencia: el 74,4% de estas entradas se ha producido a través de filiales de grandes multinacionales norteamericanas (Microsoft, farmaceúticas, etc.)

Para mi que todo esto tiene un nombre: tecnoimperialismo. Y luego la Interpol se rasga las vestiduras citando a la OCDE… claro que ni hablemos de la metodología de las evaluaciones que utilizan…

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Lunes, 21 de Agosto de 2006

Tecnoimperialismo

El concepto de tecnoimperialismo se dibuja como una de las claves para entender los fallos y las carencias de la globalización económica supeditada al sistema de propiedad intelectual

Llevo unos días de reflexión sobre el Tecnoimperialismo. He acabado un folletito a partir de algunos posts del blog de los últimos cinco años y sobre todo he tenido que clarificar y profundizar el concepto para poder escribir la correspondiente entrada en la contextopedia.

El concepto es importante porque aunque parezca mentira, en el debate sobre el desarrollo se produce un curioso fenómeno. En buena parte de los países periféricos -aquellos que aún no han emprendido la cuesta arriba del desarrollo- existe la tendencia a pensar la naturaleza de la tecnología como un problema de rico que todavía no ha llegado el momento de plantearse. En Europa y EEUU en cambio, se tiende a ver cualquier exportación o donación tecnológica a regiones menos desarrolladas como una gracia, como algo positivo en si mismo sin tener en cuenta las consecuencias para el desarrollo futuro. Y en otro orden de cosas, entre los que trabajamos el concepto es fácil confundir el Tecnoimperialismo con las ideologías que lo sustentan. De hecho mi primera definición era una definición ideológica… cuando la clave es bien material y basta un mapa para darse cuenta de su importancia:

tecnoimperialismo

En el mapa anterior, elaborado a partir del Atlas de Wired sobre propiedad intelectual, los países en la gama de rojos representan los violadores de las normas internacionales sobre propiedad intelectual. En la gama de azules los cruzados que tratan de condicionar la apertura de los mercados desarrollados a las necesidades de la gran industria tecnológica y cultural.

La importancia de las formas jurídicas es clave porque el tecnoimperialismo es la consecuencia que para la división internacional del trabajo y el desarrollo económico tiene la conjunción de:

  • la globalización de los mercados
  • la alta concentración de la industrias tecnológicas, culturales y farmaceúticas
  • un marco jurídico internacional sobre propiedad intelectual donde las patentes, derechos de autor y copyrights se hacen cada vez más extensos y profundos

Si la globalización del comercio mundial tiende a sustituir dependencia por interpedendencia, las tendencias monopolistas en las industrias de los intangibles (las ligadas al desarrollo técnico y científico) en un marco jurídico sobre propiedad intelectual aberrante como el actual, refuerzan la dependencia hasta reducir las soberanías de individuos, empresas y estados a una verdadera caricatura de lo que el concepto quiso significar originalmente.

El Tecnoimperialismo tiene además consecuencias y ramificaciones militares, lingüísticas y culturales. Podríamos ver a su luz toda una serie de fenómenos e ideologías de los últimos años, desde el Creative Commons y su flexibilización de la propiedad para los propietarios (pero no para los comunes) hasta el singular curso que tomó el juicio a Microsoft con la victoria de Bush; desde la doctrina Rumsfeld de la superioridad tecnológica abrumadora hasta la recientemente descubierta filantropía de Gates…

En una palabra, tenemos un amplio campo de análisis y debate abiertos por delante.

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Jueves, 17 de Agosto de 2006

Un crimen de mafia

Sobre redes, inversiones y falsas filantropías de los beneficiarios del monopolio llamado propiedad intelectual

100laptop.jpgJuan Urrutia nos dejó el otro día una de sus joyitas: partiendo de conceptos básicos del análisis estático de redes sociales se plantea si la filantropía de Gates o Buffet es tal o realmente sólo una forma de inversión.

Contrasta el concepto de centralidad por intermediación y el de centralidad por proximidad de los nodos para rebatir la tesis a la que ahora llegan en nuestras universidades de que los nodos centrales de una red serían más generosos… Para ello compara las dos centralides mediante dos figuras: el padrino del genial