El debate sobre la basura tecnológica abierto por los medioambientalistas sobredimensiona el problema medioambiental e ignora las posibilidades de la cooperación social
Un viejo lema de la consultoría de los ochenta decía: Donde los demás ven problemas, nosotros vemos… oportunidades. Más allá del optimismo prefabricado del mundo consultoril, la frase esconde una crítica y una verdad aplastante: las grandes organizaciones, empresariales o políticas, tienen una conversación autoreferencial que les niega perspectivas muchas veces evidentes a pie de calle. Entre otras cosas por eso el mercado siempre llega más lejos.
No les voy a hablar esta vez de la megalomanía legislativa con tintes de gran hermano histórico que criticaba Pere Quintana hoy mismo. No, la reflexión me surgió el otro día al leer en Atina Chile el incipiente debate sobre la basura tecnológica en la ONU:
Una de las propuestas para atenuar este problema es introducir un marco regulatorio que obligue a las empresas desarrolladoras de tecnologías hacerse cargo de sus productos desde la etapa de diseño a la eliminación final de este. Esto, haciendo eo de la opinión de muchos ecologistas que sostienen que si los fabricantes tuvieran que pagar costes de reciclaje, crearían productos de mayor vida y menos tóxicos.
Evidentemente me eché a temblar. La propuesta regulatoria implica no sólo costes nuevos trasladables al consumidor y por tanto ordenadores menos accesibles en tienda, sino sobre todo un carpetazo a nuevas formas de cooperación social surgidas tanto del mercado como de la iniciativa pública local que a estas alturas son más que promisorias. En Kenya sin ir más lejos:
The problem of used and abandoned computers has led many students to join computer colleges to acquire technical skills in the repair of the machines. A spot-check at most computer colleges in town revealed that a significant proportion of the student population was enrolled in technician courses in computer repair. This is in spite of the fact that most of the machines, when they break down, cannot be repaired.
Por no hablar de las iniciativas públicas como el sistema basado en redes de terminales ligeros del Ayuntamiento de Zaragoza que ya hemos comentado en varias ocasiones y que combina una arquitectura libre con un proceso/centro de reciclaje al estilo de Todo Chile Enter, otra experiencia señera. ¿Resultado? La puesta en marcha de telecentros por 1200€, es decir a unos 80 euros por puesto.
¿Seguro que queremos que la basura tecnológica pertenezca a las grandes empresas (y nos la cobren por adelantado)? ¿Seguro que genera una externalidad negativa? No estaría yo por renunciar a la oportunidad de disponer de material electrónico cuasi gratuito simplemente porque los legisladores y los ecolos no sepan que hacer con una computadora vieja. Que se la den a los zaragozanos, los chilenos o los keniatas o que aprendan de ellos de una vez e impulsen el mercado secundario del reciclaje.






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Llama la atencion que sea lo del ordenador estropeado lo que reclute gente para las escuelas de electronica. Que hay de los radiocasettes, las lavadoras, las bombas de riego, o los paneles solares?