Ha muerto Stanislaw Lem.
Stanislaw Lem nació polaco en Lviv, hoy Ucrania, en 1921, mientras la recien constituida segunda república polaca luchaba todavía contra el Ejército Rojo de Trotsky.
Aquel enfrentamiento viviría en él durante años al modo acomodaticio de buena parte de la inteligencia polaca. Escritor de ciencia ficción oficial de un régimen que por su ideología recelaba de toda forma de fantasía, mimado de la progresía sesentayochista a la que descubriría en sus famosos ensayos sobre la ciencia ficción norteamericana a PK Dick, en realidad Lem fue a lo largo de toda su obra tan sólo un moralista católico.
Aunque oficialmente convertido al ateismo “por cuestiones morales“, Lem jugó con las formas de la ciencia ficción para transmitir bajo la forma de fábula irónica, un mensaje cristiano sobre el sentido de la vida que tendría su cénit en Solaris, una obra mística cuyo sentido más profundo seguramente sólo fuera captado en plenitud por la más original de sus adaptaciones audiovisuales -seguramente también la más aburrida: la de Tarkovsky, que a Lem, por cierto, no gustó nada.
Ambiguo y crítico en los estrechos límites tolerados sin suspicacias por el régimen, Lem, alcanzó para mi gusto su madurez fabulativa en el mismo año en el que publicó Solaris con Memorias encontradas en una bañera, una crítica cristiana del capitalismo occidental que se permitía ciertas ambiguedades respecto a los elementos comunes con el comunismo estalinista.
Con tantas medias tintas y tantos intereses burocráticos cruzados en su biografía, leer a Lem tratando de entender lo que quería decir o al menos lo que entendían sus contemporáneos y en especial sus compatriotas, requiere un verdadero ejercicio de documentación y contextualización política. En ese sentido Lem ha envejecido muchísimo más que sus coetaneos norteamericanos. Hacía ya mucho que no era de este mundo. Y cuando le colocábamos en el suyo no podía gustarnos.
Su obra queda entonces como un puro ejercicio de cinismo moralizante y esteticista, y él como un funcionario pelota de un régimen totalitario, temible y ramplón.
Descanse en paz.





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Descanse en paz. Reelere sus “memorias” en recuerdo.
Creo que simplificas demasiado las cosas. El contexo es importante, pero condiciona demasiado tu opinión.Creo que el gran “tema” de la obra de Lem es el relativismo cultural. Gran parte de sus novelas - EL Invencible, Edén, Solaris, FIasco incluso Retorno de las Estrellas y muchos de sus relatos- tratan de la dificultad de entender (y de hacerse entender) por alguien que procede de un sitio distinto, con una cultura, idioma, costumbres… y en sus novelas, incluso una bioquímica diferentes. De que es ridículo querer aplicar nuestras reglas a algo que no conocemos. Su obra menos “seria”, aunque no ceo que sea justo este calificativo, sí creo que puede encajar a veces en tu análisis. Muchos de los relatos incluidos en “Diarios de las estrellas” y “Ciberiada” son pequeñas fábulas moralizantes, pero en las que nunca se pierde de vista el sentido del humor. Las kafkianas “Memorias encontradas en una bañera” las veo más como una crítica a la burocracia, al aparato del Estado, que como una crítica cristina al capitalismo occidental.
Y no quiero dejar de mencionar los “Relatos del Piloto Pirx”, una especie de versión madura de los viajes de ijón Tichy, Alguno de ellos es magnífico. Como el del ordenador de la vieja nave recuperada tras un accidente que repite una y otra vez las conversaciones en morse entre los tripulantes, aislados entre ellos, condenados a morir de asfixia.
En fin. Me alegro de leerte