Ya sabía yo que este debate me iba a llevar a recibir algún calificativo inmerecido… Si es que en España la postmodernidad está muyyyyy mal vista… y peor entendida.
Con el post de esta mañana pasó lo inevitable. Una de estas respuestas que confirman la pertinencia de lo que se dice. Si recuerdan se trataba de una crítica al divulgacionismo científico en el que anda nuestro progresismo español. En ella criticaba básicamente el que
- Los divulgacionistas, asimilados en España a lo progresista (y no, esto no tiene nada que ver con izquierda y derecha, Alejandro), asumen el debate con las pseudociencias y lo que llamé lososcuros, en vez de dotarse de una mirada irónica, postmoderna y buscar explicarlos meramente como fenómeno cultural
- Esto les refuerza en esa concepción epistemológica dura estríctamente moderna que impide entender la complejidad
A las pocas horas de sacarlo me encuentro con una réplica de Alejandro Polanco en Tecnología Obsoleta que procede a:
- Asimilar el postmodernismo a un relativismo ¿cultural? máximo y por tanto pasa a definir mi crítica como relativista (¡¡¡!!!)
- Traza después una línea entre lo que él defiende o cree defender, la concepción moderna de la ciencia y todo lo demás, metiendo en el mismo saco a las pseudociencias y a la postmodernidad
- Define como vertebrador común de ese eje del mal el dogmatismo
Fascinante. No sé si es es de recibo pedir que antes que le llamen relativista a uno, hagan una búsqueda de la palabra en su propio blog. Pero cuando lo hago, salen 3 posts contra el relativismo cultural por cierto, perfectamente coherentes con el anterior. Es más, si busca postmodernidad encontrará posts coherentes con mi postmodernismo que dudosamente podrían, creo, criticarse como de amigos de las pseudociencias, es más, que relatan cómo
la mayor ironía ha sido que el antagonista de la posmodernidad no ha sido un rígido racionalismo, sino un mix de oscurantismo místico y pseudocientifismo con aspiraciones políticas. En pocas palabras, el antagonista hoy está más en la ciencia popular, en los hijos de la literatura de divulgación, que en las inexistentes pretensiones mesiánicas de los científicos sociales. En los discursos contemporáneos de una religión popular más secularizada de lo que parece que en las aspiraciones políticas de los teólogos.
Por cierto, y en relación al segundo eje del post anterior, comentando en el chat el último post de Juan Urrutia, que abunda en el mismo sentido, me comentaba Pere Quintana, como saben científico e investigador profesional cómo:
en Hidrología no llegaremos nunca a simular bien una cuenca, nunca encontraremos los parámetros adecuados porque no hay un juego de parámetros óptimos hay diversos juegos de parametros optimos, hay una incertidumbre intrínseca a las escalas de los problemas, es decir, nunca sabremos el trayecto de cada gota individual. La naturaleza es intrínsecamente compleja, hay que renunciar al sueño mecanicista puramente determinista, el mundo es jodidamente complejo y esto hace que sea una pasada (…)
A los científicos duros nos cuesta dejar atrás el sueño, ese sueño que dice que con más ordenadores y mejores ecuaciones, llegaremos más lejos.
En conclusión, Alejandro, te diría que los postmodernistas o cuando menos este postmodernista, no renunciamos a la ciencia, mientras que tu post me refuerza en la idea de que el camino moderno sí que renuncia a la complejidad, a la asunción de toda la complejidad de lo real en favor de epistemologías duras que sólo sirven al facilón combate con las pseudociencias. Y eso, si mis críticas fueran ciertas, si que sería grave.






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En primer lugar, porque creo haber creado un malentendido, no asimilo posmodernismo a relativismo cultural sino que critico al posmodernismo por dar cobijo a muchos relativismos, sobre todo al cognitivo y al epistemológico. En este asunto estoy de acuerdo totalmente con los planteamientos de Sokal.
Por otra parte, ni mucho menos trataría personalmente a la pseudociencia como fenómeno cultural. Puede que sociológico, pero no cultural.
Finalmente, ¿qué es el progresismo tal y como lo planteas? Lo digo porque no me dice nada, me resulta una especie de cascarón vacío. Me alegra que este posmodernista no renuncie a la ciencia pero no estoy de acuerdo con lo de “facilón combate” sobre todo porque de facilón no tiene nada.
Alejandro, tengo que salir, de todas formas acabo de empezar a escribir una entrada en mi contextopedia definiendo claramente lo que para mi es el progresismo
Muchas gracias por contestarme en mi blog, veo que hemos cruzado los mensajes. Quiero dejar claro que la crítica no ha sido personal, más bien la he centrado en esa porción del posmodernismo que sirve de excusa a muchos amigos de lo “pseudo”. Revisaré con gusto otros de tus post pues se presentan muy interesantes.
Gracias a ti! Además, mira, de momento me ha servido para tener que explicitar qué quiero decir cuando digo progresismo, lo que me obliga a hacerme bastantes preguntas y supongo ayudará a otros a hacerse otras.
Me obligará además a repasar papeles y fuentes epistemológicas y contrastándolas con tus argumentos seguramente también aprenda cosas nuevas. Y luego las ideas que traigan todos los amigos.
Mira, esto de la disensión y los desacuerdos, aunque hayan sido basados muchas veces en malentendidos, en realidad, mientras se mantenga el amor por aprender y las formas agradables, es un negocio maravilloso
En el escepticismo siempre encuentro un cierto tufo a religión laica.
Yo siempre he sido muy duro con las pseudociencias, por ejemplo, la homeopatía, pero siempre me ha parecido que la manera en que enfocan su lucha los escépticos está completamente desenfocada. Siempre batallando contra lo mismo y de la misma manera.
En lugar de jugar con los incentivos, en lugar de entender la sociedad, en lugar de entender que no todo el mundo tiene la formación para entender que falla en la homeopatía, se dedican a luchar directamente en contra, se han creado sus malos, su maniqueísmo y, claro, les va mal, nunca ganarán, pq las batallas entre buenos y malos nunca pueden acabar, son eternas, a no ser que se extermine el enemigo, y esto, en el caso de las pseudociencias es imposible.
Las pseudociencias siempre estarán allí, siempre tendrán sus seguidores, simplemente tenemos que aprender a manejar la situación. No deja de ser curioso que a pesar del trabajo de los escépticos, y de muchos otros divulgadores, ahora, en nuestra muy tecnológica sociedad, los tarots y todo lo paranormal tengan casi tanto éxito como en la edad media.
Y cuidado, esto no es relativista, intento dedicarme a la ciencia y mis motivaciones son muy parecidas a las del resto de científicos. Simplemente me doy cuenta que, a veces, se puede usar la homeopatía como placebo, y puede ser útil. La homeopatía es un timo, pero siempre estará presente, pq siempre habrá alguien (muchos) ansioso de creer, aprendamos a manejarla.
Bienvenidos a la complejidad.
Naturalmente, y poder debatir libremente sobre todo ello y aprender los unos de los otros es verdaderamente estimulante. Espero con ganas tus reflexiones sobre el término “progresismo”, lástima que esa palabra esté tan desgastada hoy día.
Con respecto a las pseudociencias, personalmente me limito a dar mis argumentos y punto, como en el citado post sobre la no creencia en la llegada del hombre a la Luna. Hace mucho que me convencí que no se puede ganar la “guerra” contra ellas, son demasiado atractivas para la gente, pero al menos procuro exponer argumentos científico, nada más, sólo es una humilde exposición de ideas que tengo el convencimiento de que no servirán de mucho, pero mientras alguien las lea con interés y, sobre todo, piense por sí mismo, habrán valido la pena.
Tiene una faceta fascinante el fenómeno de la creencia en las pseudociéncias y las conspiranoias. También en relatos más o menos absurdos que se integran a la cultura de un grupo en un momento dado configurándolo.
Lo fascinante es que la creencia aunque contraste con la experiencia o la base documental existente, aunque sus hipótesis sean falsadas y se demuestre una y otra vez inoperativa es creida porque es necesaria para el creyente para \”generar\” otra realidad, para construir otra vida q quiere vivir o vive. No hay creencia por fantástica que sea sin consecuencias. Consecuencias que hacen la realidad.
Pienso por ejemplo en toda esa gente dedicada a refutar (incluso a veces a a deconstruir) los mitos nacionalistas… como si con ello fueran a poner en duda la creencia nacionalista. Parece que no se den cuenta de que uno no se hace nacionalista porque de repente se crea los mitos fundacionales como verdades indubitables, sino que abraza los mitos porque intuye que como nacionalista su ser, su identidad, le gustará más. Ese relato \”le hace\” de una manera más cierta, más auténtica, que cualquier otro. Y él/ella así, definido en ese entorno mítico, es una realidad tan indubitable como frágiles puedan parecernos sus cimientos.
Y es que seguramente el creyente no \”crea\” tampoco en esos mitos de una manera similar a como un religioso cree en la existencia de Dios, ni los \”sabe\” tampoco. Ni falta que le hace. Tal vez Covandonga sea un bluff y en su momento no tuvo trascendencia alguna, la independencia americana tuvo su lado de limpieza étnica y no había ni un 30% de independentistas, la batalla que se celebra en el aberri eguna sea una mera invención de Sabin Arana…. ¿Y? Aunque un nacionalista español, vasco o estadounidense puedan llegar a contrastar las fuentes o su ausencia, aunque les muestres como su tradición fue inventada después de lo que él cree… ¿Le afecta? ¿Es la verdad histórica la verdad que \”ha comprado\”? No. Porque no creía en ella como verdad historica creía en ella como mito. No estaba en su historicidad su verdad, sino en tener una cultura, una comunidad de gente viviendo en el \”como si\”.
Por eso cuando me llega un historiador nacionalista y me escribe una Historia de España que empieza, oh sorpresa, en el paleolítico (fecha fundacional de la nación para muchos), simplemente sonrío. No me molesto en refutar.
Pero tampoco intento refutar nada cuando Juaristi me deconstruye tal o cual relato del nacionalismo de otro país. Si me he levantado en modo inocente pensaré ¿es que de verdad no se da cuenta?. Pero en modo normal, sonreiré maldiciendo la pereza que me da decodificar el irremediable subtexto de Sacra Némesis o \”el bosque originario\”.
Resumiendo, no todos los relatos son iguales y no todo vale para todos ni de la misma forma.
Y retorciendo un poco los posts q enlazaba antes:
Sólo con el segundo caso ya hay razones para mirar con ironía precautoria a nuestros más queridos y valorados relatos…
David,
las personas no sólo escriben para convencer al adversario, sino para reafirmar una postura, o para dar argumentos a los propios. Supongo que Juaristi escribe fundamentalmente para y contra la gente de izquierda más o menos nacionalista: o sea escribe para y contra él. También entra en dialéctica con la propia historiografía nacionalista, que no ignora sus trabajos. También gana influencia en el nacionalismo español. Así que tiene relativo éxito. Y no hace falta ponerse tan dramático: no es cierto que no se pueda convencer a nadie. Ni las emociones ni los conocimientos y fuentes de los que se nutren los oponentes son completamente estancos. No es tan excepcional la subversión.