A la vuelta, el proyecto de una biblioteca distribuida toma un nuevo y más profundo sentido
Cuenta Keynes de Edgeworth que
Nadie más que él vivió en espacios públicos, bibliotecas, círculos (…) Poseía muy pocas cosas: apenas unos muebles y algunos objetos de loza, casi ningún libro, prefería una biblioteca pública al alcance de su mano
La imagen de uno de mis economistas favoritos liberado de las pesadas mudanzas de libros, en danza de Dublín a Londres y de ahí a Oxford me pareció tremendamente sugestiva desde el primer momento en que, hace casi quince años, enfrenté por primera vez la cariñosa, aunque un pelín xenófoba -la madre de Edgeworth era española- biografía escrita por Keynes.
Ahora que el neovenecianismo discutido y esbozado estos años comienza a tomar materialidad, me doy cuenta de que el gran proyecto neoveneciano es la Biblioteca Electrónica. No es ya sólo el coste de mover kilos y kilos de papel océano arriba y abajo. Es que la globalización no ha llegado a las bibliotecas. Pruebe a mandar la suya en cajas a Argentina, Uruguay o Brasil sin ir más lejos y descubra cómo las aduanas se lo retienen durante días antes de cobrarle un impuesto de importaciones. Y para cuando vaya a poder pagarlo ya tendrá que estar preparando el siguiente trayecto.
La vida en danza que queremos vivir no puede tener el grillete de veinte cajas de libros en cada mudanza. Además, con nuestra gente distribuida por el mundo ¿qué sentido tiene una biblioteca centralizada?
La digitalización de nuestra biblioteca y la compra de un Iliad para cada uno, es una apuesta por esa libertad que envidiaba en Edgeworth y que sin duda contribuyó a la libertad y agudeza de su pensamiento.
¿Pero por qué Iliad? Básicamente porque:
- Se basa en un sistema operativo libre y sin DRM (a diferencia de sus competidores de Amazon y Sony) lo que nos permite desarrollar software para hacer la biblioteca realmente distribuida
- Tiene dos pulgadas más de pantalla que los demás modelos basados en software libre (comodidad)
- No sólo es libro sino cuaderno, con lo que permite compartir notas, comentarios, apuntes… Los libros no sólo valen por lo que contienen, sino sobre todo, por lo que provocan
Ya estoy trabajando y experimentando en un protocolo de gestión y digitalización de una biblioteca distribuida… Estoy contento.












































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