Igual que El poder de las redes, el nuevo libro que estoy escribiendo con Pere Quintana, comenzará declarando al lector de qué tratará y desde qué enfoques. Aquí está el primer boceto de esa introducción.
Internet ofrece una rica vida social. Cada vez son más las personas que centran su vida económica y social alrededor de comunidades virtuales. Los procesos políticos y deliberativos que originan cada vez tienen menos que ver con los estados y sus fronteras. Envuelven a millones de personas en todo el mundo y son el caldo de cultivo de nuevas identidades de todo tipo: desde Al Qaeda a las redes de ecoaldeas.
Una lógica que informa a cada vez más empresas transnacionales, que se dotan de esferas comunicativas y políticas de decisión e influencia cuyo impacto es indudable sobre todos los ámbitos de la vida de sus miembros. Estamos pasando del viejo sistema de las multinacionales cuyo centro e identidad original derivaba de una empresa nacional que se había internacionalizado a un momento en el que no dejan de brotar nuevas venecias corporativas que tratan a los estados de igual a igual, piensan en términos de relaciones exteriores y dotan a sus empleados de identidad y e incluso nuevas formas de ciudadanía.
Mientras tanto, más de un millón de personas viven hoy como neonómadas voluntarios, viajando de país en país y renunciando a una residencia estable, conectados entre si en distintas redes virtuales a través de las cuales se ganan la vida y aseguran su independencia personal y económica respecto a los estados.
La tesis central de este libro es que el paso de una sociedad de economía y comunicación descentralizada (el mundo de las naciones) a un mundo de redes distribuidas hijo de Internet y la globalización económica, hace cada vez más dificil a las personas identificarse en términos nacionales.
La identidad nace de la necesidad de materializar o cuando menos imaginar la comunidad en la que se desarrolla y produce nuestra vida. La nación apareció y se extendió precisamente porque las viejas identidades colectivas locales ligadas a la religión y a la producción agraria y artesanal ya no representaban de un modo satisfactorio a la red que producía el grueso de la actividad económica, social y política que determinaba el entorno de las personas.
Del mismo modo, para un número creciente de personas, el mercado nacional cada vez expresa menos el conjunto de relaciones sociales que dan forma a nuestra cotidianidad. Ni los productos que consumimos son nacionales, ni lo son los contextos de las noticias que determinan los grandes cursos vitales colectivos, ni necesariamente la mayoría de aquellos con los que las discutimos y cuya opinión nos interesa. La identidad nacional se nos está quedando muy pequeña y muy grande al mismo tiempo, se está volviendo ajena.
En la primera parte de este libro trataremos de entender la nación a través de las herramientas y símbolos a partir de los que esta se imaginó y vivió. En la segunda seguiremos las experiencias de los segregacionistas de los siglos XIX y XX, aquellos que no aceptaron el paso a un mundo que cada vez se parecía más a un puzle de centenares de piezas de color e intentaron separarse de la inevitable homogeneización interna que generaba. Y finalmente exploraremos las nuevas vidas e identidades transnacionales y cómo se definen en contraste con los ejes y temas tanto de la nación como del segregacionismo clásico.
No pretendemos hacer un relato cerrado ni construir una utopía. Intentar hacer un modelo preciso de las consecuencias finales de las nacientes identidades colectivas transnacionales es tan difícil hoy como hubiera sido para un ciudadano de la liga Hanseática o la Venecia bajomedieval predecir el estado-nación contemporáneo.
Queremos explorar el presente y avanzar las formas de socialización a partir de las que una minoría creciente dará forma a las tendencias determinantes de las próximas décadas, experimentando y construyendo estructuras económicas y políticas, extendiendo relatos y mitos que rivalizarán con los nacionales. En más de un caso, como nos permite intuir el éxito de algunas de las nuevas definiciones de la Umah musulmana o las nuevas formas de socialización y decisión en grandes empresas transnacionales, incluso superarán y pondrán en crisis la imagen de un mundo formado por agregación de estados-nación.
El mundo postnacional está gestándose desde hace dos décadas. Su tiempo es ya nuestro tiempo.


De hecho, Smith no sólo bebió de la propaganda de Noah. Tras medio siglo de debate, la aparición en 1884 de una novela manuscrita e inacabada del pastor protestante Solomon Spalding (1761-1816) confirmó la existencia de paralelismos notables entre el “Libro de Mormon” y la novela del predicador de Ohio.




Esta tarde, a partir de las cinco, estaremos con Toni Garrido una vez más hablando de




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