Jueves, 11 de Enero de 2007

Zizek en Second Life

Más allá de la crítica de la ciberdemocracia, que contraargumentábamos el otro día, hay un elemento en la visión de Zizek sobre el ciberespacio que merece una nota especial.

Recordemos que como adelantaba la entradilla de su último artículo en The Guardian, la tesis de Zizek podría resumirse por un lado en una crítica básicamente marxista de la democracia y por otro en una crítica lacaniana de los peligros y la violencia implícita en toda confusión de identidades.

¿Pero que distinguiría los mundos virtuales de la realidad social “presencial”? El interfaz. Escribe Zizek:

“Interface” means precisely that my relationship to the other is never face-to-face, that it is always mediated by digital machinery.

En pocos sitios el espejismo entre realidad y respresentación aparece de una forma tan naif. Zizek opone la relación cara a cara a la mediada por simbolos digitales, sean avatares de Second Life, blogs o ventanas de chat. Como si una relación cara a cara no estuviese mediada.

Pensemos un poco. El lenguaje verbal o corporal, la ropa, el contexto cultural, el entorno físico o unas simples gafas median en toda comunicación presencial. En toda comunicación existe mediación. Es más, es el comunicar lo que nos convierte en sujetos, por ello no es posible comunicar sin identidad y en consecuencia no existe relación sin representación.

Seamos materialistas: somos nuestro cuerpo precisamente porque nuestra percepción de la realidad está filtrada por nuestra capacidad sensitiva. Siempre hay interfaz: interfaz cuerpo, interfaz ropa, interfaz gafas, interfaz teléfono o interfaz digital..

¿En qué se diferencias unas gafas o un sonotone del visor de un piloto de combate? Las gafas o el sonotone reparan diferencias en la percepción que se consideran necesarias para la comunicación con el entorno porque son naturales en la mayoría de nosotros. Las gafas del piloto de combate representan, sobre la visión estándar, imágenes que simbolizan información extra, no perceptible por el cuerpo humano. El piloto pasa así a aumentar su percepción, a tener consciencia no sólo de su cuerpo y entorno directo sino del de la máquina que dirige. Se convierte en un ciborg.

La realidad del ciborg no es una realidad alienada, no es su propia realidad convertida en algo ajeno. Al revés, se apropia e incorpora aquello que antes no podía percibir. Su realidad es símplemente, más amplia.

En la red, gracias a un interfaz electrónico que nos hace a todos ciborgs, percibimos una realidad mayor que sería inaccesible tan sólo a través de nuestro cuerpo y las cosas con que solemos cubrirlo. No ya una realidad física, como la del piloto, sino también una realidad social (como le pasa por cierto al piloto cuando habla mediante el micro integrado en el casco).

Pero si lo piensan, todo esto podría aplicarse también a la comunicación telefónica. No creo que Zizek piense que hablar por teléfono pueda producir una violencia peligrosa diferente de la presencial en la relación social porque al representarnos en nuestro discurso generemos unas expectativas diferentes a lo que realmente somos. O es un problema general e irresoluble de la comunicación humana (como seguramente pensaría Freud) o no parece que la comunicación telefónica (en la que actuamos como ciborgs porque se amplia nuestra percepción electrónicamente) incorpore elemento alguno que sostenga la posición zizekiana.

¿Cual es la particularidad pues de toda esa digital machinery que rechaza en la comunicación en la red? Pues en realidad que permite no sólo ampliar nuestra percepción de los otros y representarnos frente a ellos mediante un discurso, sino que además permite modificar elementos que nos vienen dados al nacer y que normalmente integramos en nuestra representación frente a los demás porque el coste de cambiarlos es alto: elementos como nuestro sexo, nuestra voz o nuestro aspecto físico.

Zizek sin duda sabe que incluso cara a cara nadie es como se representa, pero alerta de la violencia que genera el temer que el otro no sea físicamente como se representa digitalmente. Me resulta llamativo porque el ciberfeminismo siempre juzgó esa perspectiva una posibilidad de liberación, y así ha sido siempre en la blogsfera por ejemplo, pero también en los chats.

Es más, en los relatos de los primeros habitantes de Second Life -el lugar del ciberespacio más cercano a representar la corporeidad- precisamente se destaca como diferencia liberadora respecto al resto del mundo virtual la exacerbación de esta posibilidad. Hace poco nos contaba Sombra su interés en estudiar y escribir detenidamente sobre la superación de las barreras de género en un entorno virtual como el de los laboratorios Linden

Porque las costumbres de relación social son distintas en un entorno donde tu avatar, ó el avatar con quien estas hablando, va cambiando de sexo, o forma mientras se mantiene la conversación.

Yo empiezo a hablar con una amiga, en forma de avatar femenino, y sobre la marcha ella se convierte en un muchacho moreno (a mi amiga Yonda le encanta hacer esto), para pasar a ser un dragón dorado, mientras que yo paso a ser una fémina alien ó un dios de la oscuridad… rodeados por otros avatares que hacen lo mismo y manteniendo la conversación. En este entorno lo importante y bonito es la personalidad del avatar, no su aspecto, pues este es permanentemente cambiante.

Mire usted por dónde, bajo la relación aparentemente más mediada por la corporeidad -pero donde esta es también más cambiante- va a resultar que se va a intuir precisamente la gran quimera, la relación humana directa. Y no, al parecer, el id no sale brutalmente de paseo arrasando con violencia al mundo circundante.

Tal vez Zizek, o el lacanianismo entero, necesiten un paseito de experimentación por Second Life…

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 1:37 am | (0)

Domingo, 7 de Enero de 2007

La reinvención de ETA

Me gustaría aportar unas notas para dar contexto a la comprensión del atentado del día 30 desde la mirada sobre los actores determinantes de esta extraña conversación destinada -aunque no sólo- a determinar el futuro del terrorismo nacionalista en España. Y digo no sólo porque acá se cruzan muchos diálogos no siempre bien sintonizados.

Paradójicamente puede que el atentado sirva a medio plazo para reimpulsar una sintonía necesaria entre los dos grandes partidos españoles. Partimos de un PP frontal y principistamente enfrentado al diálogo con ETA, que transmitía a la sociedad su creencia profunda en que, independientemente de las fronteras fijadas por el Parlamento, el gobierno haría concesiones políticas. Concesiones que según el subtexto implícito nacerían tarde o temprano bien de un cierto espíritu naif de la presidencia, bien de un ansia incontenible de apuntarse el tanto histórico del fin de la violencia, pero en cualquier caso legitimando o fortaleciendo a los violentos.

El atentado del 30 de diciembre cambia este panorama. Por un lado, es obvio que si ETA rompe el proceso no es porque se esté sintiendo fortalecida, se hagan las piruetas discursivas que se hagan. Por otro, la incredulidad y sorpresa del gobierno le llevó al traspié de una inicial y muy justamente criticada indefinición (no es lo mismo que un atentado suspenda el diálogo que que lo rompa) corregida ante la opinión pública tan sólo tres días después.

A mi juicio esta reacción ha dejado claro que el ejecutivo adolecía de lo que llamaría una inocencia racionalista, sin duda reveladora y cuya solución es, desde mi perspectiva, la clave para entender lo que nos viene ahora, más allá del debate sin demasiado sentido sobre si en un horizonte lejano deberemos negociar o dialogar con ETA. Es obvio que bajo el terrorismo hay una cuestión política de fondo ya que como dice Jesús Pérez, aunque nos resulte difícil de comprender e imposible de aceptar:

La clave de de la lucha contra ETA no es que ETA ponga bombas sino que hay un sector de la sociedad vasca no mayoritario pero importante que aplaude las bombas. En la España del siglo XXI hay quienes aún creen lícito el imponer su voluntad al resto de la sociedad mediante la violencia. Y mientras eso sea así detener a los terroristas seguirá siendo necesario pero no suficiente.

Sin embargo, a día de hoy la cuestión es más bien si se podrá o no abordar en algún momento el fin total, esto es político, del terrorismo nacionalista vasco.

Mi impresión es que el gobierno identificó la racionalidad de ETA con la racionalidad de los intereses y discursos de su vieja dirigencia (Otegi, Ternera, etc.). Una dirigencia para la que el final dialogado y una eventual reducción de penas es a estas alturas la única salida vital posible y la única manera de mantener de alguna forma su estructura de poder, basada en una lógica territorial y descentralizada. Sin embargo hace tiempo que las cosas apuntan a que no es la única opción que enfrentan ETA y su entorno.

El desarrollo de una tendencia distribuida en ETA

En los análisis que desarrollamos en 2004 sobre la influencia del 11m en ETA ya señalábamos como

Entre los jarraetas ha habido más de uno que ha leído el 11M como una señal (…) La alternativa interna es reestructurarse (cosa difícil dada su naturaleza cuadrillil) y competir con ellos en terror y horror o abrir el camino hacia otra cosa, sin armas. Dejar a los jóvenes el camino abierto al mando podría escorar el futuro hacia la primera opción.

Por eso cuando el IRA abandonó las armas en julio de 2005 recordábamos como

Evidentemente, no llegamos en España a la negociación con ETA en condiciones similares. La banda no tiene una dirección fuerte, involucrada en el proceso político. Entre otras cosas porque el proceso político vasco tampoco parece tener un rumbo muy claro, un objetivo común equivalente al que supuso en su día el Estatuto de Guernica o suponen para los irlandeses los acuerdos del buen viernes.

En el imaginario etarra, esas dos tendencias (descentralizada vs distribuida, politización vs alqaedización) se han mostrado incapaces de encontrar ese totem, ese objetivo común que ha mantenido el proceso irlandés. De hecho la quiebra se ha escenificado durante el alto el fuego permanente en la brecha que separaba el comunicado original que abría el proceso declarando buscar un proceso político y la imagen zapatista y el discurso escatológico del día del gudari.

En la misma línea, Daniel Basteiro recogía hace poco unas declaraciones de José Yoldi que me parecen esclarecedoras:

Los acontecimientos nos hacen pensar en que los jóvenes de ETA se están rebelando contra Josu Ternera, que es quien maneja las riendas de la organización.

Ternera ha avisado al gobierno de que el proceso se le está escapando de las manos. […] Tiene un interés desmedido en que esto salga bien, y Otegi lo mismo. Pero a los que tienen las pistolas, que tienen todos poco más de veinte años, les da igual, son héroes en su pueblo y siguen creyendo que pegando cuatro tiros van a llegar a la independencia de Euskadi.

La reinvención de ETA

ETA, nuestro monstruo, el horror con el que hemos convivido desde que teníamos memoria, ya no existirá más. La opción sin embargo sigue abierta.

Los jóvenes, provenientes y formados en los comandos Y, una organización distribuida de terrorismo difuso, parecen querer ampliar la lógica de netwar hasta redefinir a ETA como una alQaida nacionalista y netocrática.

Los viejos, por contra, aunque en realidad sean los padres de ese nuevo mundo de pesadilla que se abre, son ajenos a sus mitos y formas organizativas. Su mundo es un mundo militarista, cuadrillil, cuajado de fantasiosas organizaciones de masas y vanguardias políticas. Una organización jerárquica descentralizada, un estado especular que tiene que acabar reconociendo tras centenares de cadáveres y años de estancamiento y soledad política, que el estado democrático es más potente, más inclusivo, más atractivo para el conjunto social. En consecuencia parecen querer insertarse en el proceso político y en la vida civil aunque sea a cara de perro, presionados en buena parte por los resultados de su propia lógica orgánica: la costosa red familiar de los que pagan en prisión sus crímenes y la quiebra de una maquinaria económica que la Justicia y la presión política han puesto seriamente en entredicho.

Red familiar y estructura económica que no importa demasiado a los más jóvenes si no es como reclamo simbólico. La lógica distribuida en la que viven desde los tiempos de los comandos Y no necesita un entramado empresarial centralizado que la financie.

La dicotomía de ETA expresa como perspectiva una alternativa histórica entre dos modelos organizativos, generacionales y vitales diferentes. Redes vs cuadrillas. Poder desentralizado vs poder distribuido. Y no creo que el enfrentamiento entre ambas tendencias esté ni mucho menos cerrado. Al contrario, creo que está en una fase germinal. Los viejos mitos militaristas (descentralizados) pesan mucho. Por eso, a mi juicio, la pregunta que debería hacer parte de la conversación entre los partidos democráticos es si podemos influir en ese proceso y si es todavía posible evitar la reinvención de ETA bajo el avatar difuso, distribuido y sangriento que se dibuja entre los restos de la T4 de Barajas.

Sinceramente, no me siento capaz de dar una respuesta, pero sé que no querría ver una ETA enquistada eternamente gracias al mismo poder de las redes en el que tantos confiamos para construir una sociedad más democrática, innovadora, abierta e inclusiva. Una sociedad que puede y ha de de levantarse, sin una gota más de sangre ni otro explosivo que la libertad.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 8:58 am | (0)

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

« « Portada » »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog hace devolución expresa de ellas al Dominio Público