Venimos toda la tropa indiana de proseguir el debate que dio pie, por correo, al post anterior, con un café delante. La charla, con nuestra comentarista dispersa ha sido, por cierto, todo menos lineal y muy divertida. Ayudaba y mucho que ella ha resultado ser una persona encantadora y sumamente interesante, de esas con las que te quedarías hablando días.
Sobre el tema que nos juntó originalmente han surgido unas cuantas ideas y seguramente, eso sí, una línea de argumentación que creo yo resume bastante bien el ya amplio debate/investigación que mantenemos sobre la blogsfera en nuestra red.
- Los enlaces recibidos por un blog no están directamente relacionados con el número de lectores que le siguen
- Por tanto, aunque desde el punto de vista de como se enlazan entre si los blogs puedan formar una red de libre agregación, los lectores no se reparten según una distribución potencial sino según mecanismos de oferta y demanda normales, donde el recurso escaso es el tiempo de lectura
- Influencia es la capacidad de un medio, un grupo o un individuo para modificar por si mismo, la agenda pública: en principio podría estar relacionado con el número de lectores, o cuando menos requerir un número de lectores mínimo.
- Aunque sólo sea por eso, que no solamente, ningún blog es medio, la blogsfera es el medio: un blog concreto, a diferencia de un gran periódico, no puede modificar la agenda pública. La blogsfera, la gran red social de personas que se comunican a través de bitácoras, sí, como ha demostrado una y otra vez.
- Aunque de por si esto no garantizaría la existencia de grupos decisivos la perspectiva no es la división entre una blogsfera influyente o decisiva por si misma y una blogsfera comparsa. La masa crítica de lectores necesaria para que haya influencia se puede alcanzar, y es previsible que así siga siendo, por muchos subconjuntos de blogs diferentes. Tanto directa como, aún más, indirectamente, cuando las ideas de los blogs son citadas en la conversación social por otros medios, desde el boca a boca a los medios de comunicación tradicionales pasando por las convocatorias en cadenas de emails o SMSs.
- Como no creo en ningún tipo de determinismo y a largo plazo lo único seguro, como decía Keynes es que todos estaremos muertos, todo lo que ayude a consolidar la estructura distribuida de la blogsfera, ayudará a que siga sin haber individuos o grupos decisivos y que por tanto la blogsfera siga siendo un instrumento real de la sociedad civil. Una esfera pública abierta. Lo que a su vez me reafirma en mi postura sobre los comentarios abiertos y mi apoyo a las tesis de Enrique y Pere.
- El modelo bloggers estrella/comentaristas tiende a equiparar la blogsfera al universo informativo de la prensa, vaciándola de su contenido realmente novedoso y ciudadano, cuando de lo que se trata es de bloguizar al mayor número posible de ciudadanos para que se incorporen, con voz propia a la formación de la agenda pública.
Por todo esto, no quiero convertir mi blog en una comunidad a través de los comentarios. Entre otras cosas porque no sería una comunidad de iguales, sino un barco con un director -yo mismo- que marcaría los temas, la agenda interna
cuando de lo que se trata es jústamente de lo contrario. Leedme, pero no sometáis vuestra palabra a la mía, vuestra agenda de temas a la mía. ¡¡Haced vuestro blog!! ¡¡Tomad la palabra sin depender de nadie!!
Estaba en un hotel del centro de Barcelona. Había esperado a bajar al comedor a esa hora aún temprana en que los ingleses ya han acabado con la panceta pero los latinos aún no se están duchando. Iba por la segunda taza de zumo de naranja, el meridiano exacto de mi escaso desayuno. Me faltaban los cafés. Sin haber bebido al menos uno, hablar puede mantenerme de mal humor durante todo el día. Casi podía cantar victoria, cuando una figura conocida cruzó la puerta: Yuri Dzhibladze. Corrí literalmente a por el café mientras le saludaba. La perspectiva de una conversación con el activista y académico ruso merecía las prisas. Había alguien sobre quien quería preguntarle tranquila y personalmente: Boris Akunin.
De evidente origen georgiano -nacido en Tblisi, su verdadero apellido es Чхартишвили- Akunin empezó a brillar como traductor de Mishima. Fue pronto director de la Revista de Literatura Extranjera -desde donde popularizó a autores como Kundera o Borges- y dirigió una macroantología de literatura japonesa dentro de la editorial Pushkin. Todo bajo el patrocinio de George Soros. Boris Akunin nacía entonces, aunque tardaría todavía en saberse quién era el autor bajo el nombre, disparando las especulaciones: ¿Era un homenaje a Bakunin? ¿A Anna Akhmatova, recientemente publicada en Rusia gracias de nuevo a Soros?
En realidad los libros de la serie del consejero Fandorin, de los que han aparecido 11 novelas en ruso [texto íntegro de 10 de ellas descargable en la página del autor], cuatro traducidas en español, son un homenaje divertido y erudito constante a la literatura popular del XIX. Si en las primeras entregas Turgeniev y Tolstoi se mezclan con Verne, en la tercera y cuarta los homenajes a Leblanc y Conan Doyle se mezclarán con referencias críticas a Herzen
Fandorin, tecnófilo, audaz, culto y lleno de recursos es la antropormofización del esfuerzo de invención de un imaginario ruso no marcado por el estalinismo. El resultado de la búsqueda de un pasado raiz desde el que redefinirse colectivamente. Sus novelas son posiblemente las mejores historias de aventuras desde Salgari. Y el público ruso las sigue masivamente.
Mensaje y vicisitudes políticas: el enigma Akunin
Me contaba Yuri que cuando el año pasado se adaptó al cine la séptima entrega de la serie, el Consejero de Estado
el final fue modificado. En la novela Fandorin, tras descubrir que la propia jefatura de la policía secreta alimentaba de información a los terroristas para ganar importancia y peso dentro del aparato del estado, rechaza el ascenso propuesto y abandona el servicio del estado. En la película lo hace en un primer arraque, pero luego se arrepiente y vuelve, diciendo que hay que poner por delante el interés nacional, reflejando asi los aires dominantes en la política rusa
Lo curioso es que ese tipo de asertos es bastante común en las novelas de Akunin. No es ya que en Gambito Turco, Fandorin rechace abiertamente la democracia, es que a lo largo de toda la serie, la definición de la identidad rusa en oposición a Europa parte de un discurso reaccionario presente en toda la tradición política nacionalista de aquel país. El mismo que en su día enfrenta a los decembristas, que es recogido en parte por Herzen y los paneslavistas y que está presente también en la escolástica soviética desde Stalin
hasta Putin. En Muerte en el Leviatan, el personaje japonés, Gintaro Aono, hace suyo este discurso de forma explícita:
Rusia se parece mucho a Japón: es el mismo Oriente que se alarga hasta Occidente. Sólo que a diferencia de nosotros, los rusos se olvidan de la estrella que marca el rumbo de la nave y su vuelven demasiado hacia los lados. Destacar el yo o disolverlo en el poderoso nosotros: he ahí donde radica la oposición entre Europa y Asia. Y yo creo que Rusia tiene ahora una inmejorable oportunidad para pasar del primer camino al segundo.
Si lo pensamos un poco, el ahora del aserto difícilmente puede referirse a 1878, ni en general al contexto histórico de Fandorin. Rusia sólo ha tenido breves y azarosos experimentos democráticos. El ahora de Akunin, es el ahora de Putin. Algo no cuadra. ¿Un autor de la órbita de Soros confluyendo con Putin? Esa era mi pregunta de fondo a Yuri. Quedó sin contestar.
¿Un antagonista para Akunin?
Pero el misterio Akunin no acaba ahí. En el 2001 apareció la primera entrega de una nueva serie firmada por el historiador y guionista Leonid Yusefovich, que retomaba así un trabajo suyo llevado al cine en el noventa y dos.
Костюм Арлекина, Las ropas del Arlequín, aparece ahora en español como En el nombre del Zar, tras su publicación en Alemania e Italia. Y no hace falta leer mucho para darse cuenta de que su protagonista es un rival directo dentro del aparato zarista de los jefes de Fandorin
Como os decía hace poco, y bien sabía Cóndor, una de las claves para entender la nueva Europa está en las novelitas baratas. En Rusia estas novelas no llegan a 2 euros
y para mi que bajo la intriga de la trama decimonónica hay una trama con otras intrigas mucho más actuales.