Miércoles, 22 de Febrero de 2006
August Bebel seguramente fue el teórico más influyente de la socialdemocracia hasta la gran Guerra. Su modelo era el de una democracia parlamentaria en el que los negocios privados serían reducidos a lo anecdótico mediante la paulatina absorción por el estado del conjunto de los sectores económicos. Cuando sus contradictores le espetaban que un capitalismo de estado de ese tipo, por muy democrático que fuera su sistema representativo, no podría funcionar, Bebel respondía:
¡Mirad el sistema de correos! Eso es el socialismo
En el fondo de su respuesta había una cierta imagen de Correos, una imagen que se ha transmitido hasta hace poco: Correos era la joya de la corona del Estado, no sólo por la confianza que inspiraba a los ciudadanos, sino porque expresaba los valores de cohesión social y territorial en los que se legitimaba. Correos, una red de distribución descentralizada de arriba a abajo -no distribuida- con cobertura en todo el territorio nacional, podría ser más lenta, pero era eficiente, segura, barata y universal. Era el ideal de servicio público. Servicio sostenido en una verdadera fé: el secreto y el derecho universal a las comunicaciones.
A todos nos han perdido paquetes navideños en Correos. Todos hemos sospechado, y aunque evidentemente esto se ha confirmado cuando hemos visto carteros heridos en su propia casa por cartas bomba que habían sustraido del reparto pensando que eran regalos de empresa, todos guardábamos un cierto cariño al viejo monstruo.
Hoy cuando llego el cartero, una señora de unos cuarenta y pico años, al portal de nuestra nueva sede/casa, bajé a presentarme para decirle que aunque nuestro casero aún no haya puesto los buzones, nosotros estamos y recibimos aquí ya nuestra correspondencia.
La señora, con malas maneras me indicó que mientras no hubiera buzones devolvería la correspondencia al remitente. De nada valió identificarme y ofrecerme a bajar corriendo las escaleras cada vez que viniera. Ni siquiera el que tenía en el momento me lo dió. Subí de vuelta a casa contrariado y cuando llegué me di cuenta de que, al identificarme, ella tenía la obligación de entregarme el correo que tuviera para mi, hubiera o no buzón.
Bajé corriendo de nuevo y le encontré en el portal de al lado. Sin remedio: Otra vez las malas maneras. No pude evitar enfadarme y pedirle su identificación, nombre, número o lo que fuera para poder reclamar que me entregaran mis cartas. Como ya era previsible a esas alturas, se negó no sólo a entregarme mi correspondencia, sino a darme su nombre para que pudiera poner una queja o abrir un procedimiento por el que sus superiores le hicieran entregarme mi correo.
Al final acabamos en la central. El jefe de la sección de Correos del barrio no me dió oportunidad para hacer una queja escrita, pero encontró una solución salomónica: Nos guardarán el correo en la oficina de distrito e iremos a recogerlo allí como si tuviésemos un apartado postal. La señora cartero se sale con la suya y no me entrega el correo, pero yo al menos puedo recibirlo aunque sea fuera de mi domicilio.
Volvía a casa y pensaba que Correos, el socialismo y las redes descentralizadas en general agonizan por esa marea de pequeñas o grandes arbitrariedades que permiten a los nodos y que al final -como pasó con el servicio militar- la sociedad acaba por no perdonarles. Igual que la mili desapareció porque nadie quería ser víctima de las arbitrariedades del cabo o sargento de turno, hoy por cada carta enviada por el sistema postal público se envían casi 10 emails. Todo un síntoma: el correo electrónico funciona sobre una red distribuida. Una red que a que a diferencia de Correos es robusta por si misma: en principio no hay cartero o central que pueda ponerte un filtro
por mucho que en algunos casos sea posible cuando menos trazarte.
El caso es que a diferencia de Bebel, los contemporáneos ya no nos creemos que la garantía estatal compense la posición de poder de los nodos, las consecuencias de que tengan un día malhumorado o no hagan bien su trabajo. Y ellos lo saben.
Por cierto, no nos enviéis correo postal. Mejor que no.
Lunes, 13 de Febrero de 2006
Hace mucho que espero que el bueno de Lobo cumpla su promesa y publique el paso por el escalpelo que en su día le hizo a Huntington.
Hoy Juan Urrutia publica un post seminal, de esos que sin duda darán mucho juego y que a mi juicio le posicionan como the last of the liberals en una derecha española tan invadida por el extremismo nacionalista- religioso que la misma palabra liberal está secuestrada.
Dice Juan que el verdadero conflicto no es -pese a todo el debate abierto por las famosas caricaturas danesas- entre cristianismo e Islam, sino como recordaba el Papa, entre monoteistas y politeistas/agnósticos/ateos
La diferencia principal entre las dos coaliciones opuestas es homotética a la distinción entre jerarquía y red. La jerarquía se asocia inmediatamente al monoteismo y al Libro y por lo tanto conforma una organización que posee un centro o una cúspide o unas raíces. En cambio la red es lo contrario, no tiene un centro único, cúspide o raiz y, o bien no tiene Dios o bien tiene muchos pequeñitos.
Al fin y al cabo esto no es sino la gran diferencia entre el árbol del saber y la gran enredadera del conocimiento. Y de esta diferencia básica se dereivan otras singularidades que son las que me interesa destacar y de cuyo examen se sigue que hoy los tiempos favorecen a la segunda concepción.
Esta última aseveración es más complicada. En realidad cada época tiene su espíritu
y su opuesto. Qué nos lo digan a Juan y a nosotros.
Ayer María y yo fuimos a ver Good Night and good luck. Mientras veíamos la película no podía dejar de hacer paralelismos: ¿se acuerdan de la que se montó cuando Fernando Berlin escribió aquel artículo en El Pais? ¿De la difamación radiofónica diaria sufrida por tantos y Juan el primero?
¿Se acuerdan de la metodología de la infamia y el insulto? ¿Se acuerdan de las campañas de injurias contra Juan, los ciberpunk y yo mismo cuando llamé macartistas a los macartistas?
Viendo la película de Clooney, el senador de Missouri me parece un par de peldaños más sensato que nuestros compatriotas que le imitaban. Hoy parece que dejaron aquella campaña. Pero ¿abandonaron los fundamentos macartismo delirante? ¿Criticaron la banalidad de sus propias oscuridades? Tengo fresco todavía un mail de Fernando Díaz Villanueva que hace poco me reenviaba José Luis Prieto:
Aunque no eres el primero que me lo dice, me sorprende la celeridad con la que se ha propagado que yo soy, o, mejor dicho, era, el liberal ultramontano. Es cierto que yo empecé esa bitácora hace un par de años junto a un amigo. Nos pusimos ese nombre porque ambos nos habíamos hecho liberales más allá del Pirineo, es decir, éramos ultramontanos. Luego lo dejamos, la cosa se quedó abandonada durante meses y fue repescada por unos colegas de Red Liberal. Al principio me hacía gracia y leía sus comentarios. A veces incluso me animaba y colgaba algún comentario. El problema es que se desmadraron y llegó un momento en que ni yo sabía cuánta gente metía mano en el blog. El año pasado le pedí a Dani que la cerrase porque Nacho Escolar me llamó muy cabreado. Y se cerró. La bitácora era anónima porque es lo que se llevaba en los primeros blogs de Red Liberal, así, además, podías incluir a más gente y, según me dijeron, mantenerla actualizada con frecuencia. Por lo demás, y si haces un poco de memoria, recordarás que las peores invectivas iban dirigidas contra David de Ugarte, persona a la que ni siquiera conozco personalmente.
Reflexiono y pienso. El artículo de Juan creo que adolece justamente del pecado habitual de los grandes liberales: propone en un plano evocador e intelectualmente sugerente
pero olvida cuan estúpido y concreto es el mal y cuan fácilmente trepa por las estructuras del poder, con quien a las finales se entiende.
Es verdad que el paradigma de las religiones del libro tiene problemas constitutivos para entender la diversidad y la espontáneidad de la autoorganización social. Es verdad que un Panteón inclusivo -al estilo griego o romano, incluso shintoista- da pie a otra relación entre individuo y estado mucho más acorde con los tiempos y posibilidades de la red distribuida que la del monoteismo totalizante y casi siempre totalitario. Es una vieja conversación que ya manteníamos el verano pasado:
¿cuando tiene sentido el desprecio de la diversidad? Cuando conozco los designios de Dios, cuando sé que es manifestación de la voluntad divina y qué no. Por eso, la batalla por la diversidad es al fin una batalla entre los que parten de la incognocibilidad de Dios y los que parten de su conocimiento completo, de los que creen saber que hay teleología, que toda la Historia se encamina hacia un punto, hacia un final, y los que asumen que seguramente no sea así y que si en todo caso fuera de ese modo, sería imposible saber cual es el destino deseado.
No vivimos una guerra de civilizaciones ni entre religiones, vivimos una guerra entre los distintos avatares de un Ozymandias iluminado e integrista y los demás, seamos devotos, deicidas, politeistas, agnósticos o simple y modéstamente, humanos.
Pero Juan, al final, no cabe achacar a los dioses, por mezquinos que sean, la voluntad de daño de los malvados. Su oscuridad, la mezquindad de sus almas no puede ni debe disolverse en la irresponsabilidad del manto con el que ellos mismos buscan cubrirse. El macartismo no es un producto del americanismo y nuestros exaltados ultramontanos no son ni siquiera un producto necesario del conservadurismo español
sino piezas que se ofrecen, banales en su estulticia y maldad, a las ansias de poder de los cuatro de siempre. De los primeros -aquellos que jaleaban a Macarthy, estos que entre nosotros incluso se animaban y colgaban algún comentario para insultar a quien ni siquiera conocían personalmente, no quedará, en el tiempo, ni memoria. La de los otros, los motores y beneficiarios del horror, hemos de conservarla nosotros.
Domingo, 12 de Febrero de 2006
Leo Un arma cargada de futuro, un post de Juan José Torres. A las pocas líneas entro en shock:
Hablamos de Ignacio Escolar, Marta Peirano, Pedro Jorge Romero, Javier Moya, David de Ugarte, Manuel Almeida y tantos otros como si fueran personas, y no lo son. Son lugares, plazas públicas de una nueva geografía a las que acudimos a gritar o susurrar nuestras voces y hacia las que disparamos palabras y tendemos enlaces convirtiéndonos en sus embajadores de facto.
A veces incluso los homónimos de carne y hueso que cedieron sus nombres y pseudónimos a estos nuevos oráculos se quiebran y rebelan contra sus propias creaciones. Y lo que dejan entrever esas grietas en el pavimento es ciertamente desasosegante.
¿Qué sentido tiene esta nueva arma que ha sido puesta en nuestras manos? ¿Es acaso su única virtud la capacidad con la que nos ha dotado para volver a repartir las cartas desde cero en el juego de la comunicación?
¿Si cambian las tornas pero no las reglas, seguirá siendo el futuro un lugar en el que unos pocos hombres y mujeres se convertirán en las antenas que canalicen el eco colectivo de millones?
¿Egocracia? ¿Por dónde hacia la Democracia?
Nunca viví la escritura de mi blog como una actividad desgarradora, sino como una fiesta. Nunca me interesaron los bloggers, sino la blogsfera, el soplo de vida que el medio traía subvirtiéndolo todo, no la supuesta ascensión del blogger, ¿de mi mismo tal vez? como figura pública.
En el fondo lo que pasa es que el post Juan José da por hecha una idea cuya realidad siempre he negado, una visión que siempre he entendido como programa, como voluntad de algunos, no como descripción realista del cambio que se estaba produciendo.
Los blogs no son medios, la blogsfera en conjunto es el medio. Y en conjunto no es una red descentralizada, sino distribuida. No se sustituye el poder de los medios tradicionales por una capa más amplia de adhocratas a lo Doctorow. No hay poder de filtro, no hay ley potencial que valga en el número de lectores -aunque seguramente sí en los enlaces. No hay individuos-canal, el medio y la propia voz lo son. No existe esa relación de dependencia, esa imprescindibilidad de un blog o grupo de blogs concretos. No hay base para jugar a ser divos.
Pregunta luego Juan José en los comentarios a su propio post:
¿Nunca no se han sentido en sus blogs como nexos sobrecargados de comunicación? Marta dejó bien claro que ella ya ha acusado el desgaste que esto produce, pero me pregunto si los demás sienten algo remotamente parecido, porque estas consecuencias de la sobre-exposición mediática a largo plazo realmente me intrigan.
La verdad, a veces, de tanto en tanto, alguien, discretamente, en un café de Madrid, Málaga o Gran Canaria, se acerca y me comenta, de viva voz, algún artículo; me felicita por algo que nos ha pasado y he relatado o reconoce y saluda como si fueran del barrio a Nat o a María.
La última vez, cuando se fué, pensé, ¿serán tan majas las otras cuatromil y pico IPs de ayer?. E irremediablemente me dió un poco de vergüenza. No por la intimidad, bien a salvo con una dosis de esteganografía, sino por el desaliño de mis textos, con las comas puestas al azar y los finales escritos a plomo con el último buche de café del desayuno. Llegar a tener cuatro o cincomil lectores algunos días no me convierte en un medio, no me da sus responsabilidades, pero si me deja fantasear con una invisible tribu de afines. Nada especial. Cuando escribía y publicaba fancines que vendía en el Rastro era igual: mi aspiración no era la fama, sino la tertulia, la conversación.
Yo no tengo una comunidad de comentaristas, tan sólo esquelas de amigos, aludidos y a veces, informantes: animo a los que me comentan y no tienen blog propio a hacérselo, me ofrezco incluyo a ayudarles. No me gusta la idea de una blogsfera distribuida de bloggers con voz y cara que pastorean una parroquia de comentaristas regulares como si fueran un ex-OT olvidado y marginal arrastrando un exiguo club de fans. Ya les dije: prefiero Kropotkin, si me enfando incluso a Stirner, antes, mucho antes que Doctorow.
Así que no, no siento sobre-exposición mediática alguna. No siento desgarros ni trascendencia especial en lo que escribo, son los apuntes de mi propia vida, a veces, los manifiestos y proclamas de un nuevo mundo que entreveo. Y como recomienda Claudio Román, intento no creerme demasiado mis propios cuentos. Si lo hiciera renunciaría al poder de mi relato para cambiar el mundo. Ya saben, los mitos son un Lego, nada sagrado, sólo un juguete para armar.
Por eso, puestos a mitificar el nuevo mundo, sería tonto, creo yo, mitificar al blogger como un ser torturado que se desgarra en un ejercicio literario mezcla de servicio público y strip tease sentimental. El interés está en la red, no en los nodos, en la blogsfera, no en los bloggers.
Sábado, 4 de Febrero de 2006
Pocas imposturas han tenido tanto vuelo como la de Madam Blavatsky. Los lectores curiosos deberían leer sin falta el libro de Peter Washington, un clásico que desvela la ridícula impostura de la que bebería -hasta las heces- ése horror pararreligioso llamado New Age, la madre de todas las sectas.
Es curioso como uno vuelve una y otra vez a Blavatsky, ya sea estudiando el magma ocultista de los nuevos teóricos del nazismo europeo o el Cénit del petróleo
Si en uno de mis últimos posts intenté desnudar los orígenes del catastrofismo ecológico de izquierda y su nacimiento como ideología post-proletaria, ahora, buscando los orígenes de las propuestas de ASPO me encuentro de nuevo con el mandril de la Blavatsky.
ASPO o el catastrofismo organizado
Verán, ASPO es la organización internacional a la que pertenece como brazo español AEREN~ Crisis Energética y su propuesta principal no es otra que el Protocolo de Uppsala/Rimini. No quiero entrar en lo que supondría este protocolode llevarse a la práctica, léanlo y juzguen.
Lo más sorprendente es que este protocolo fue redactado y firmado por un profesor y dos alumnos de la Universidad de Uppsala, impulsados por un profesor visitante: Colin J. Campbell. Firmaban con el pomposo nombre de Uppsala Hydrocarbon Depletion Group, en colaboración con ASPO.
La verdad es que ASPO, que era básicamente una lista de correo, se fundó como asociación formal en Uppsala en 2002 en unas jornadas impulsadas por
Colin J. Campbell.
Es decir, el protocolo de Uppsala, también llamado de Rimini, que ASPO y sus seguidores se empeñan en presentar como una propuesta independiente de la comunidad científica, en realidad fue escrito por su propio fundador y cofirmado por dos estudiantes y un socio sueco de su red.
Campbell había dado pie en el 2000 a la formación de ASPO como lista de correo del entorno de seguidores de su famoso artículo de dos años atrás: El fin del petróleo barato. En él auguraba el famoso peak oil. Aunque el artículo había abierto un debate bastante amplio, Campbell no contó ni mucho menos con un apoyo unánime, sino más bien al contrario. Bajo la crítica, recuerda la Wikipedia, el grupo de Campbell evolucionó en su discurso sobre el cenit del petróleo de una manera no muy diferente a la de los testigos de Jehova tras el fracaso de su predicción del fin del mundo en 1914:
They point to the date of the coming peak, which was initially projected to occur by the year 1997, but the date was pushed back to 2000, then 2010, moved up to 2007 (in 2004) and later (2005) back to 2010. However, Campbell and his supporters insist that when the peak occurs is not as important as the realization that the peak is coming.
Cosa que evidentemente importa, porque prácticamente todos los escenarios menos el de Campbell/ASPO/AEREN implican unos plazos que no convertirían el cénit del petróleo en una catástrofe.
Los propagandistas de Campbell
Lo interesante es que el principal propagandista del protocolo es Richard Heinberg, que no es un científico ni un geólogo, sino un periodista propagandista full time de la buena nueva New Age.
Heinberg es el asesor principal de una de las principales iniciativas a través de la cual los campbellianos se proyectan a la opinión pública: COPAD -que suscribe también, como primer español de la lista Marcel Coderch, ingeniero de telecomunicaciones cuyos artículos en La Vanguardia de la mano de Antonio Cerrillo van posicionando como experto energético. Heinberg, cuyo libro sobre las teorías campbellianas es recomendado por Coderch en FP se ha ido convirtiendo en el principal portavoz de estas ideas en los ambientes alternativos norteamericanos.
Lean este artículo suyo en la revista Nuevo Amanecer: Blavatsky puro, con sus mismos guiños a lo que luego sería la ariosofía, otra hija postuma de Blabatsky
For those of us who hold to that Great Tradition, our job in the present world is clear: to keep the paradisal vision alive through the end of this dark age, and to build the foundation for a Golden Age yet to come.
Cara a entornos más verdes Heinberg defiende claramente en multitud de artículos y unos cuantos libros que la civilización, la separación de nuestra verdadera Edad de Oro neolítica, fue el verdadero pecado original. Comparte con Blavatsky la idea de una religión originaria común y piensa que la pérdida de nuestra propia naturaleza debida a la civilización puede desandarse al menos en gran parte, tanto espiritual como económica y socialmente. El primitivismo de Heinberg dibuja, como horizonte, una sociedad New Age completamente desindustrializada a la que se habría de llegar mediante una toma de consciencia masiva o mediante una catástrofe que nos obligara a reconciliarnos con mamá Naturaleza y por tanto con nosotros mismos.
Curioso, ¿no? Todo el esquema ideológico del relato de la crisis del petróleo que nos hace ASPO-AEREN ya estaba ahí antes de que el redactor de la propuesta/solución reparase en que el petroleo se iba a acabar.
Y entonces comencé a preguntarme ¿No tendrá esto algo que ver con el depopulacionismo de Heinberg que tanto gusta a la extrema derecha survivalista americana? ¿Defiende ASPO la necesidad de reducir la población mundial en beneficio de la Madre Tierra? ¿Qué lazos tiene con los grupos/sectas New Age?
Buscando, buscando lo primero que me encuentro con este curioso debate
Y sí, ¡cielos! como había intuido en el intercambio con Daniel, el presidente de AEREN, en los comments del un post anterior, hay mucho en ASPO de malthusianismo puro y simple
De momento muchas piezas y muy raras aparecen alrededor de ASPO. Aún faltan algunas y sobre todo encajarlas en una historia que explique qué hay realmente detrás de ese constructo ideológico que sigo diciendo es lo verdaderamente interesante -y no las propuestas- de todo este movimiento. Seguiré reportando.
Jueves, 2 de Febrero de 2006
La verdad barata de fondo es que el consumo energético industrial de las sociedades tiene una forma similar a sus curvas demográficas: las economías industriales son intensivas en consumo energético, pero no así las agragrias y postindustriales. Mientras la tendencia en Europa es a que el consumo energético industrial por euro de valor producido se modere y empiece a caer, en China o India, la tendencia es por el contrario a un incremento que da constancia de su rápido desarrollo. Pero el industrialismo es una fase del desarrollo capitalista, no una tendencia infinita.
Lo que los datos de consumo nos muestran en Europa y EEUU es como el transporte -sobre todo el transporte individual, los coches, símbolo del desarrollo y el bienestar generados- han compensado y sobrepasado los ahorros producidos por la evolución del sistema industrial al postindustrial. Según el IDAE el petróleo representa el 52% del consumo de energía primaria en España, el sector transporte por carretera representa el 34% del consumo total de energía y los vehículos privados representan el 44% del consumo del transporte por carretera.
España no es ni muchísimo menos una excepción en Europa. La tensión sobre los recursos petroleros tiene como vector fundamental el transporte. La crisis del petroleo es hoy y sobre todo una crisis del sistema de transportes, no una crisis de generación.
De hecho los problemas de oferta en generación y transporte no parece que tengan siquiera la misma solución a medio plazo. La generación, es decir, la producción de tecnología eléctrica mediante energías renovables no tiene a día de hoy un nivel tecnológico suficiente como algunos dan por hecho y a todos nos gustaría. Pero el horizonte de explotación actual de energías alternativas renovables y no, incluída la nuclear y visto el modelo francés, plantea la eventual subida de precios de la generación mucho más lejos de los eventuales nuevos shocks de precios petroleros.
A largo plazo, la tendencia en la generación eléctrica pasa por
- en el tramo del consumo individual -en el que la evolución tecnológica empieza ya a estar a las puertas de decir mucho- un desarrollo de la generación distribuida y la construcción sostenible, es decir, básicamente casas y edificios que consuman menos y que produzcan mediante energías renovables una parte creciente de la demanda que generan sus habitantes.
- en el sector industrial habrá una inevitable regionalización del consumo en el que las fuentes fósiles, en especial el carbón y el petroleo, pero también la nuclear, jugarán un papel similar al que tuvieron en el desarrollo industrial de los países hoy ricos. Por eso debates como el del uso civil de la energía nuclear en países no fiables son más importantes de lo que pudiera parecer desde una primera mirada occidental.
- tanto en un tramo como en otro veremos, con EEUU a la cabeza, una inversión intensiva en I+D energético y la progresiva sustitución de fuentes durante los próximos 25 años. Sustitución que no se limitará a los combustibles, sino a toda la fabricación de derivados plásticos y químicos, área en la que la tecnología del biofuel jugará un papel creciente
El transporte
Personalmente ya me gustaría que se acabara la civilización del coche y se reestructuraran las ciudades para servir a los peatones y los ciclistas. Pero parece que no, que tiene una sólida demanda que la sostiene y que impulsa un cambio tecnológico de fondo que apunta también hacia el incremento del uso de los biofueles. Un incremento que se irá incorporando a la composición de los combustibles de consumo automovil siguiendo una gráfica bastante aproximada al gráfico de la derecha publicado por Exxon que muestra el gap creciente entre la demanda de combustibles prevista y la capacidad de abastecimiento dadas las reservas actuales.
Evidentemente se producirá también una reestructuración de las grandes redes logísticas internacionales, reestructuración que ya ha comenzado: el transporte de commodities empieza a articularse sobre la previsibilidad, dando al transporte marítimo un horizonte en el que es más que posible que incorpore nuevas tecnologías reductoras de consumo combustible. Sí, es lo que están pensando, los grandes barcos del futuro volverán a llevar velas, aunque ya no sean de tela, sino rígidas.
La geopolítica de un mundo nuevo
En los planes de EEUU, el fin de la geopolítica del petróleo juega un papel explícito y relevante, azuzado por el fracaso de la ocupación de Iraq. Poco se habla de los futuros alternativos previsibles en los que la diversificación de fuentes y el papel creciente de la producción de etanol y biocombustibles llevará a inversiones crecientes de las hoy petroleras en la producción agraria de los países en desarrollo.
Las repercusiones del sistema de propiedad de las patentes biotecnológicas, la presión sobre el sistema de comercio internacional y la eventualidad de la reconversión del oligopolio petrolero en intermediario/latifundista monopólico global abren sombras importantes sobre las formas del nuevo mundo, sombras que tampoco pueden evitar la luz que la oportunidad para el desarrollo de los países periféricos que supondrá la retomada importancia estratégica de las producciones agrarias. Como siempre, el futuro dependerá, en buena parte, de nosotros.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
« « Portada » »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog hace devolución expresa de ellas al Dominio Público
|