Con este apunte completo la crítica económica a los argumentos catastrofistas de ASPO/AEREN. El resultado completo del trabajo aparecerá ordenado y corregido durante los próximos días en formato “libro-blog”.
Uno de los argumentos de las tesis de ASPO/AEREN que aparecen regularmente en su web es que las petroleras “reconocen” el cenit del petróleo. Evidentemente, como demuestra el ejemplo de Chevron, las compañías petroleras son conscientes de que los hidrocarburos son una energía no renovable… pero no comparten el catastrofismo de los peak-oilers. Recordemos que según ASPO/AEREN todo se reduce a disminuir el consumo progresivamente… para acostumbrarse a una vuelta atrás histórica de consecuencias tristísimas: todas las de la depauperación global que vendría pareja a la pura y simple ausencia total de fuentes energéticas.
Algo que las petroleras y empresas del sector energético desde luego rechazan. ¿Mero discurso? No, cuando petroleras como Chevron publican perspectivas como las del gráfico de la derecha, no hacen una mera declaración de intenciones o deseos, sino una declaración de plan de negocio. Si el peak oil se produjera en los plazos que denuncia ASPO/AEREN, las petroleras estarían renunciando a beneficios al negarlo hoy. La clave: la especulación.
La especulación no es otra cosa que una mediación de precios en el tiempo.
Imaginemos que sé, como dice ASPO, que en 7 años el consumo se habrá multiplicado, pero el petróleo en el mercado será menor simplemente porque habrá empezado a agotarse.
Lógicamente la previsión sería que tendría como horizonte unos precios exorbitados. ¿Qué haría en un modelito económico sencillo una petrolera? Un simple cálculo del valor por un lado del beneficio esperado de extraer y vender a los precios actuales. Esto lo compararía con el beneficio esperado de almacenar hoy la misma cantidad de petróleo y venderla dentro de siete años a unos precios mucho mayores, eso sí descontados el tipo de interés y el riesgo.
Si el valor actual del segundo negocio -especular- es mayor que el del primero -extraer y vender hoy- lo lógico es que la petrolera especule en vez de vender. Pero si todas las petroleras hacen lo mismo la oferta petrolera bajará ya hoy subiendo los precios y haciendo rentable el negocio de extracción a unos precios mayores que los de partida pero previsiblemente menores -por el efecto del riesgo y el tipo de interés- que los del dramático momento profetizado por nuestros amigos de AEREN.
Como se trata de un modelo dinámico aún podemos ir más lejos: el resultado global de la perspectiva del fin del petróleo consistiría en una tendencia al alza en los precios, relativamente suave y sostenida en el tiempo.
Y es que al fin todo este debate sobre el catastrofismo petrolífero va de plazos y medidas del tiempo. Básicamente la diferencia no es asumir que los hidrocarburos se han de acabar o no, sino si los plazos previos a que esto ocurra imposibilitarían el desarrollo de energías alternativas en tiempo suficiente.
Si aceptamos que los precios nos ofrecen información válida sobre el mercado y sus expectativas, es decir, si creemos que las petroleras se comportan racionalmente, es decir, como maximizadoras de beneficios que no dudarían en especular con la producción y las reservas si eso ayudara a aumentar su cuenta de resultados, no habría ningún motivo para el catastrofismo.
De hecho, el incremento sostenido de precios tiene efectos directos que contradicen las tesis catastrofistas de ASPO/AEREN ya que
- Aumenta las reservas. Las reservas no se miden como acúmulos geológicos, no son un mero volumen de depósitos. Las reservas son dinámicas, se entienden por reservas sólo aquellas cantidades de petróleo que estando en bolsas conocidas sería rentable de extraer dados los precios y la tecnología en un momento dado. Pero la subida de precios hace rentable depósitos que antes no lo eran además de la exploración en zonas menos accesibles, aumentando las reservas. De hecho, los geólogos serios refutan las tesis de Campbell, fundador de ASPO y autor del llamado Protocolo de Uppsala, argumentando no sólo los errores técnicos de este, sino que según la propia evidencia recogida por Campbell, las reservas estarían, de hecho, creciendo más rápidamente que el consumo.
- Incentiva, mediante un mecanismo similar al de la especulación, la eficiencia del consumo y la generación. Es rentable invertir más en sistemas que me permitan ahorrar recursos, ya que al haber un horizonte de precios de la energía más altos los plazos para rentabilizar las inversiones actuales se hacen previsiblemente más cortos.
- Para cada nivel de precios convierte en rentables ya hoy a distintos sustitutivos del petróleo
- Hace atractivas, es decir, previsiblemente rentables, las inversiones en i+d de sustitutivos, desde el biofuel para transporte a la solar para generación
Resumiendo: El modelo ASPO/AEREN sólo es creible sobre la previsión de un brusco incremento de precios energéticos inmediatamente anterior al agotamiento casi total de las reservas de petróleo. Incremento de precios que significaría no sólo un comportamiento irracional de las petroleras, sino de prácticamente todos los agentes económicos, que estarían ciegos ante la evidencia geológica y su consecuencia: dramáticos incrementos en los precios de carburante en menos de una decena de años.
Soy de los que cree que a las petroleras se les puede acusar de casi todo menos de renunciar a beneficios. Y que en general, los precios aportan información útil sobre las expectativas y situación de los mercados. Si es cierto que el petróleo puede llegar a prácticamente agotarse dentro de la esperanza de vida de la actual generación, esto se manifestará o se estaría manifestando ya en un incremento de precios sostenido del combustible que actuaría de motor del cambio tecnológico y de estructura energético-productiva. No hay catástrofe que temer. Hay en cambio mucha i+d que afrontar y muchos modelos a debatir: desde la misma estructura de generación -cada vez más distribuida en vez de descentralizada- hasta los modelos urbanos asociados al sistema de transporte, pasando por el mercado global agrario y las transformaciones a las que le llevará el desarrollo de los biofueles.


No podía levantarme peor. Casi no me reconozco en el espejo. Los ojos estirados en la cara hinchada, la garganta desconectada del cerebro y un vago recuerdo de escarcha nocturna. Cada vez me gusta menos salir de noche para volver de mañana. Y de hecho ayer no era esa la idea. Cuando dieron las diez estaba vaga y sin planes. La culpa, como siempre, fue de la programación. A veces no me puedo creer que el nivel de estulticia que refleja la tele sea el del país en el que vivo. Ayer noche era un cocktail mortal: Fútbol, el lumpen con aspiraciones de Gran Hermano, la Gemio y Operación triunfo, con todas esas niñas manchegas de culo pandero berreando como locas en un inglés que haría retorcerse en su tumba al creador del “Follow me”. Estaba demasiado cansada para leer y suficientemente consciente como para apagar la tele. Así que bajé al Albur a ver si encontraba a alguien. 

Hablamos de Ignacio Escolar, Marta Peirano, Pedro Jorge Romero, Javier Moya, David de Ugarte, Manuel Almeida y tantos otros como si fueran personas, y no lo son. Son lugares, plazas públicas de una nueva geografía a las que acudimos a gritar o susurrar nuestras voces y hacia las que disparamos palabras y tendemos enlaces convirtiéndonos en sus embajadores de facto.
En el fondo lo que pasa es que el post Juan José da por hecha una idea cuya realidad siempre he negado, una visión que
Encuentro en el interesante 

Imagínense una vieja idea de
Por cada barril de petróleo que se consume sólo se descubre ya uno nuevo. Vivimos de las reservas en los albores de un verdadero cambio de sistema energético que traerá cambios culturales, sociales y económicos que hoy podemos apenas entrever.
No es el eslogan de una organización ecologista. Es el de una 
Pocas imposturas han tenido tanto vuelo como la de
Han llegado dos ejemplares de
La verdad barata de fondo es que el consumo energético industrial de las sociedades tiene una forma similar a sus curvas demográficas: las economías industriales son intensivas en consumo energético, pero no así las agragrias y postindustriales. Mientras la tendencia en Europa es a que el consumo energético industrial por euro de valor producido se modere y empiece a caer, en China o India, la tendencia es por el contrario a un incremento que da constancia de su rápido desarrollo. Pero el industrialismo es una fase del desarrollo capitalista, no una tendencia infinita.
Personalmente ya me gustaría que se acabara la civilización del coche y se reestructuraran las ciudades para servir a los peatones y los ciclistas. Pero parece que no, que tiene una sólida demanda que la sostiene y que impulsa un cambio tecnológico de fondo que apunta también hacia el
Empezamos el año diciendo que este sería 



