Este año estamos de aniversario: 15 años de Ciberpunk español. Recapitulando estoy rescatando viejos textos míos para el movimiento y subiéndolos con sus fechas al blog. Releyéndolos uno entiende las pocas simpatías que levantamos entre muchos que en teoría tendrían que estar cercanos.
He querido comenzar este “viaje en el tiempo al servicio de las nuevas generaciones” con un textito que fue reelaborado mil veces entre marzo de 1996 y julio de 2000: “¿Por qué el ciberpunk es tan importante en Internet?“. Una especie de “editorial identidad” del grupo que ponía en perspectiva la llegada de Internet a España y la primero naciente y luego, desde diciembre de 1998, aparentemente triunfante burbuja .com.
Es, visto en tiempo real, lo que luego llamaríamos la batalla de las .com. Donde planteábamos que la burbuja abría entre empresas e Internet civil algo similar a lo que la batalla por el control del Oeste entre ganaderos y granjeros. Nosotros nos considerábamos, obviamente, los indios. Ya estábamos ahí antes de que llegaran las .com y sus gurús con la jerga de la secta del management. Y claro, esto no gustaba a muchos. Muchos que entonces se pretendían adanes. Si repasamos ahora el campo léxico de la época (primeros, pioneros, líderes…) entendemos fácilmente hasta que punto resultábamos incómodos simplemente por hablar y hacer cosas.
Enfrentábamos los entonces nacientes blogs a las .com y apostábamos por Internet como espacio de relación social frente a Internet como centro comercial. Hoy parece obvio. Y muchos de los que nos bloqueaban -en medios y donde podían- hoy son adalides de los blogs (aunque siguen racaneandonos lo que pueden, seguramente porque más de uno ha tomado la misma pose de “los inventé yo”). Y eso es un triunfo, sobre todo cuando recuerdo lo mal que sentaban algunos artículos, como uno genial de David Teira, en los que abogábamos por subvertir la lógica del pago por contenidos.
Pero no nos quedábamos ahí, en el segundo post que he recuperado, “Impostura y subversión“, abríamos la campaña que luego sería “Ugarte: leyenda urbana“.
Poco después de aparecer el post, en los foros de Ciberpunk, entonces todavía abiertos, aparecían quejas contra un traductor llamado Jaume de Marcos. Jaume de Marcos es una persona real. Había traducido al español Wyrm, una novela que era todo un compendio de autohomenajes identitarios de la comunidad hacker… sólo que de Marcos, un pastor protestante ajeno por completo a la cultura teki había traducido hacker por pirata. Su web personal, era realmente pintoresca. Jaume de Marcos era un fantástico personaje real al que atribuir la autoría imaginaria de la novela subversiva que los ciberpunk preparabamos.
La idea era unir mediante un relato imaginario de forma coherente y verosimil una serie de informaciones esparcidas en la prensa y la red. El relato que tejiera la información sería un nuevo tipo de relato mítico, mucho más verosimil que la mejor novela realista por absurdas que fueran sus tesis. Una versión web de lo que Welles hizo con La guerra de los mundos. Un nuevo tipo de novela hipertextual que se transmitiría por la red como una leyenda urbana y que aprovecharía la capacidad del hipertexto para ampliar el relato mediante el contexto. Así que la historia no sería sólo redactada por nosotros. Periodistas ajenos a la idea que animaba el proyecto también integrarían su trabajo en ella. ¿Por qué no darles el protagonismo del primer capítulo?.
Desde luego en esto había un poco de mala idea. Hoy releer la prensa de la época, plagada de discurso .com, produciría sonrojo. En el momento nos enfadaba. Esa, tampoco nos la han perdonado
. (Por no hablar del primer moblog, recogido por Wired en su momento, pero a quien los medios digitales españoles de la época negaron pan y sal… tendiendo en cuenta que los mismos que aseguraban que no era relevante ahora viven de hacer blogs, y citan a Rheingold cuando pueden, es de entender desde luego que no perdamos ese perfil de “incómodos por existir”)
Corría ya el mes de agosto, mes de culebras y noticias escasas. Preparamos una nota de prensa que enviamos a la prensa tecnológica y económica. La nota tenía trampa. En primer lugar anunciaba la venta del dominio y los contenidos de Ciberpunk.com a Piensa en Red, la empresa que había fundado y dirigía yo mismo por aquel entonces. Pero sobre todo, definía Ciberpunk.com como un conocido portal de ciencia ficción, cosa que era obviamente falsa para cualquiera que desde 1996 hubiera leído alguna vez el ezine. Tuvimos aún más suerte. La falta de rigor de los periodistas del diario económico Expansión, el diario de referencia español en su sector, produciría un efecto cascada en la prensa económica internacional. Al referir la nota de prensa, que recogieron de EuropaPress, sin contrastar con las fuentes en ningún momento, añadirían una frase de fantasía: el monto de la transacción no ha sido especificado por ninguna de las partes.
Pero había una trampa previa: el mismo dominio ciberpunk.com había sido abandonado antes por el grupo en una arriesgada jugada cuyo objetivo era recuperarlo después con una nueva fecha de origen en el registro internacional de dominios. La fecha de la recompra era en tan sólo dos días anterior a la de la nota de prensa. Si los periodistas no habían visitado nunca la página y no sabían por tanto que no se trataba de un portal, deberían haber contrastado al menos su presunta antigüedad en el registro público, disponible a través de cualquier web de venta de dominios. Evidentemente tampoco lo hicieron.
Teníamos el primer capítulo, teníamos un autor a quien adjudicarle la historia. Faltaban protagonista y tesis. El mero hecho de reproducir acríticamente la nota de prensa ya hubiera sido un buen arranque para la historia, pero al añadir la insinuación de una venta millonaria los periodistas nos daban un argumento que olía ya a leyenda urbana. El protagonista de la leyenda sería yo mismo. Tejer la historia alrededor de una persona ajena al grupo tenía todo tipo de riesgos, desde una demanda por difamación hasta un desmentido demasiado creíble.
Procedí pues a descuartizar mi propia biografía, buscando cuanto contacto con los medios había tenido a lo largo de los últimos años, buscando una tesis que apareciera como verosímil pero fuera al mismo tiempo tan increíble y absurda que sólo una inconmovible fe en los medios de comunicación y el inconfesado deseo de lo fantástico que late bajo las leyendas urbanas, pudiera mantenerla.
Comencé a redactar la noche del 30 de agosto. Descubrí que los periodistas habían fechado mal algunas noticias relacionadas conmigo y que eso documentaba una cierta forma de ubicuidad. Me encantó el nuevo golpe de suerte. Las tesis salieron solas: yo mismo, David de Ugarte, no existía, era una creación colectiva. ¿De quién?. Era fácil. Nuestro país, padece un antiamericanismo profundo y endémico, que ha heredado toda la tensión mítica de sus orígenes fascistas. Las tertulias y los periódicos reproducen incólumes (y poco después lo harían aún más hasta alcanzar grados de crueldad sólo comparables a su voluntad suicida) todo tipo de historias absurdas que sólo se mantienen sobre el deseo de tener un motor único y universal del mal en el mundo. El antiamericanismo es la forma específica del antisemitismo español y tiene todo el trasfondo mezquino y fantástico de éste. Ugarte sería, sin llegar a decirlo abiertamente, un producto americano, un pseudónimo con el que cubrir conspiraciones político-tecnológicas, incluso político biotecnológicas del malvado Leviathan.
La historia se publicaría el 1 de septiembre de 2001. Diez días depués enlazaría con el subconsciente colectivo que deseaba que las torres gemelas y el pentágono hubieran sido atacadas por los propios norteamericanos. Ni que decir tiene que tuvo una gran repercusión. Todavía en diciembre de 2002, cuando Marcos Taracido, en Almacen, me hace una larga entrevista online, la cosa está viva. Valgan las respuestas de entonces como balance a este juego literario que, al modo ciberpunk, se confundió con la realidad no para cubrirla, sino para desnudarla:
Marcos Taracido: Creo que tienes auténtica pasión por los avatares y las historias ficticias con apariencia real. En cierto manera es un modo de taxidermia. ¿Qué papel cumple la red en esto?
Mis avatares, desde Eugenio de Aviraneta a Jaume de Marcos, representan algo que para mi es consustancial a la libertad de la red: la posibilidad de cambiar de identidad sin dejar de ser uno mismo. Cada uno de nosotros tiene muchas identidades. La identidad es un tejido de trama fina. El mundo físico limita sin embargo la posibilidad de expresión de muchas de esas identidades: se nos reconoce en una única comunidad en la que a su vez nosotros reconocemos nuestra identidad… a costa de renunciar, en la práctica a otras. En la red podemos simultanear comunidades, llevar vidas sociales paralelas y desarrollar todas esas facetas de nosotros que no tienen cabida en un mundo socialmente más reducido como es el físico.
Marcos Taracido: Neuromante, de William Gibson, describe un futuro desolador, artificial, violento, sin apenas libertades, de semihumanos no sólo física sino también intelectualmente; una sociedad en la que el mundo virtual es tan auténtico y decisivo como el real. ¿Por qué es la novela adorada por la generación Ciberpunk?
Bueno, creo que Pat Caddigan lo dijo una vez muy claramente: “la ciencia ficción nunca pretendió hablar del futuro, sino del presente”.
Marcos Taracido: “En verano de 2001 estaba decidido a desahogar las frustraciones propias de mi vida laboral volviendo a la esencia. Retomando la red para subvertir. Ideando una forma de emular y adaptar a la red la más subversiva de las acciones del maestro Welles: La Guerra de los Mundos“. El resultado fue Ugarte, leyenda urbana (de lectura apasionante). ¿Cuál fue el resultado? ¿Qué conclusiones puedes sacar de la impostura orwelliana en tiempos del ciberespacio?
Verás, originalmente me proponía, siguiendo a Welles, subvertir la convención según la cual medios relatan más o menos objetivamente lo realmente ocurrido. Y hacerlo mediante un montón de hiperenlaces a agencias, medios, periódicos, que confrontados unos con otros demostraran mi propia inexistencia. Ahora, más de un año después se han ido muriendo la mayoría de los enlaces y la historia ha perdido mucho, pero la expericiencia sigue enseñándome muchas cosas. Sobre todo, el poder seductor de la palabra y la fuerza de la verosimilitud.
Para mi era un ejercicio literario. Era verdad o mentira en el mismo sentido que una novela lo es. No se me ocurrió ni que primero iba a haber gente que me dijera “se que lo hiciste tú” como si desvelara un gran secreto, ni que mucha gente que me conocía o había conocido escribiera mails al supuesto autor de la página intentando refutar la tesis de mi inexistencia. Y ha habido de todo: desde compañeros de colegio que escribían haciendo descripciones delirantes de mi infancia, hasta gente que venía a la empresa haciendose pasar por potenciales clientes para luego relatárselo por correo al autor de la web. Hasta un conocido periodista de El Mundo me vino a entrevistar para acabar confesando que lo que le había traido era la curiosidad tras leer la página. Hasta una exnovia escribió a mi avatar biógrafo para prometerle jugosas revelaciones sobre mi vida íntima con ella :))
Es decir, la gente hacía suyo el avatar, defendía o negaba su existencia, documentaba la historia más allá de lo que yo había hecho o la refutaba indignada. ¡¡Fue hermoso!!. Creo que de forma casual descubrimos algo importante de la forma que los tiempos piden a la novela: su virtualidad, su confusión con la existencia, su necesidad de contexto global que sólo puede tomar y crear de la red.
Pero en realidad, lo que estábamos experimentando con “Ugarte Leyenda Urbana” obedecía a causas más profundas. La literatura no es sino una forma de representación de la realidad. Realidad que no sólo es diferente en cada época y entorno cultural, sino es que es percibida diferentemente por sus protagonistas, porque los conceptos e instituciones con las que se manejan y ordenan son distintos. Por eso para que una obra evoque algo parecido a lo que pretendía su creador, las instituciones que mediaban la vida social del autor y los conceptos a través de los cuales se expresaba deben permitir relaciones de comparabilidad con los del lector. Si no, entre ambos se daría una de esas situaciones en las que “decimos lo mismo pero queremos decir cosas diferentes” (que es lo que creo pasa hoy por ejemplo con el Quijote).
Por eso, cuando se pretende que la literatura nos explique, que nos de las claves de nuestros problemas, de nuestros valores, no puede olvidarse que si lo hace es precisamente porque parte de un marco conceptual e institucional que nos es afín o cuando menos comparable. Cuanto más aisladas o separadas en el tiempo estén los entornos de escritor y lector, mayor tendrá que ser el ejercicio de contextualización histórica y por tanto la inversión previa en “cultura”, en tiempo dedicado a conocer un contexto ajeno.
Y precisamente lo que caracteriza la emergencia de la Sociedad Red es el proceso que Iñigo Medina ha llamado “institucionalización del individuo”, es decir, el desarrollo de la capacidad de los individuos para prescindir de la mediación de instituciones externas en su relación social. En trazo grueso este proceso podría describirse mediante la comparación de las bitácoras con los periódicos de papel, de las microempresas virtuales con las tradicionales o de las redes agitativas con los partidos políticos. En todos estos casos los individuos actúan por si mismos, “convirtiéndose” puntualmente en instituciones (actúo como y frente al exterior soy un periódico, una microempresa o una asociación, según mi actividad a distintas horas del día). Redefiniéndose e interactuando en redes pluriárquicas de libre adscripción en las que no puede serles impuesta una acción o las consecuencias colectivas de ella.
¿Cómo sería la literatura que corresponde a un mundo así? Seguramente “Ugarte Leyenda Urbana” represente al menos dos de las claves.
Aunque anclada en viejas complicidades, estructura su mito biográficamente: no está en discusión una institución o conjunto de instituciones colectivas, sino la realidad de las creadas por el personaje a lo largo de su actividad. Algo que corresponde muy bien con el modelo social de la blogsfera, vivido o compartido por buena parte de los lectores de la historia. Además se presenta conscientemente como un mito, como una “leyenda urbana”, es decir, como una aproximación de amplio cauce cuya verdad no tiene porque estar restringida por los datos ni por una única lectura posible. Tiene mucho de “construye tu propia aventura”, por eso sus contradicciones, su inclusión ad hoc de posibles “soluciones” planteadas por algunos lectores. Es decir, el relato es, en realidad, una propuesta de relato en el que el lector está invitado no ya sólo a interpretar, sino a escoger entre opciones, a personalizar la profundidad y las conclusiones atendiendo a sus propios criterios de verosimilitud.
En este sentido se puede decir que partíamos del modelo de Welles pero que acabamos construyendo una historia de estructura similar al Criptonomicón o el Ciclo Barroco de Stephenson. Una señal de los tiempos, y en cierta manera, una vindicación de cuanto trasciende al género en el ciberpunk literario.


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