El último año será recordado como el principio del fin de los monopolios del software propietario. Pero también por la virulencia del combate de los monopolios mediáticos y del entretenimiento contra la libre distribución musical. Es la batalla de la música libre, en la que de momento la libertad pierde estrepitósamente. Pero ¿la libre distribución de música es una alternativa real? La revolución Linux tiene algo que enseñarnos: A quien hay que pedir cuentas es a los artistas no a las discográficas.
Las discográficas y las gestoras de derechos parecen no tener límites, desde imponer verdaderos impuestos privados hasta coaccionar a niñas de doce años, están dispuestos a todo con tal de defender su modelo de negocio y su sistema de propiedad de la información. Consumidores y activistas de derechos civiles se ven legalmente acorralados: quien esperaban hubiera capitaneado el cambio resulta su peor enemigo.







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