En el prólogo a De las naciones a las redes, Josu Jon Imaz se preguntaba quién iba a aportar cohesión social en un mundo transnacionalizado.
La pregunta nos ha acompañado desde entonces y nos sigue orientando hoy. Y de hecho empezamos a tener algunas claves. Ejemplos de algunas filé africanas como los muridíes, que han sacado de la pobreza a dos millones de personas, nos permiten pensar que la evolución del neovenecianismo tendrá la forma de redes socialmente inclusivas.
Ya hoy las filé, comerciantes, transnacionales y de libre adscripción, son los vectores fundamentales de cambio hacia un mundo abierto que supere a unos estados que cada vez más renuncían a la ciudadanía. No son un proyecto, están ahí, cumplen las leyes “nacionales“, pagan impuestos y empoderan a la gente para comerciar.
Cuando comentamos resultados en España, siempre surge el presunto sectarismo de las filé. Evidentemente tienen ideología. Del plurarquismo de los e4 al sufismo de los muradíes siempre destacan dentro de su contexto cultural y social, por defender la diversidad, rechazar toda definición de identidad basada en el nacimiento e imponer lo mínimo a sus miembros. Algo que, nos diría cualquier viejo marxista, a fin de cuentas es de esperar en cualquier red de comerciantes.
Si el estado se basa en los impuestos, la filé se basa en el comercio. Si el estado se sostiene mediante la imposición legal a los nacidos en un territorio, la filé se construye sobre contratos libres. Si el estado precisa de la homogeneización nacional, la filé precisa de la diferencia, de la heterogeneidad, para dar valor a su comercio. El mundo del estado es del hormigón de los edificios oficiales, el de las filés del adobe de los zocos.
Si queremos ver los problemas y el sectarismo del mundo basta con echar un ojo a las fronteras. Las que separan las zonas económicas chinas o las que separan a la UE y EEUU de sus vecinos. Basta con mirar los aeropuertos. Basta con ojear los porqués de una crisis económica, que si ha abierto por un segundo un rancio mundo de agendas de poder dedicadas a falsificar mercados cargándonos a todos con el coste, ha sido sólo para que el estado se lance a ocupar el vacío dejado impulsando más regulaciones, proteccionismo y nacionalismo a tutiplén. El modelo ascendente de estado no es ya la América jeffersoniana, ni siquiera la Suecia de Palme. La tendencia la marca la admirada y temida China. Vivimos en la era del capitalismo autoritario.
¿Pero las filé? A día de hoy son las únicas que garantizan a sus miembros mínimos sociales, libertad de comercio… y lo que es más importante, libertad de segregación, libertad para marcharse y vivir como cada cual quiera cuando quiera.
El estado nacional es, hoy por hoy, el resultado de una enfermedad terminal. Puede llevarnos por delante, pero no tiene futuro. El futuro se dirimirá entre formas de nuevo tipo.
En ese horizonte, las filés son las “buenas”, las herederas de valores de libertad y comercio. Las otras, que hoy vemos germinales como las mafias transnacionales (que ya se compran estados) o esa nube ya casi intangible conocida por al Qaeda, son curiosamente más resistentes a la evolución totalitaria del estado.
De hecho, lejos de debilitarse, como hace el comercio de las filé gracias a las crecientes restricciones de movimiento para personas y bienes, parece que no hacen más que empoderarse y empoderarse…
Por eso cuando mi amigo Versvs se pregunta ¿Hasta cuando callaremos? creo que yerra el foco. En un tiempo de revueltas, no es el silencio, sino la falta de alternativas, lo que se ha de batir. Lo que toca hoy es construir las nuevas herramientas sociales de un mundo abierto e inclusivo. O el mundo nunca se abrirá ni incluirá. La filé es la puerta hacia ellas. Abrámosla.




David, comparto que «Lo que toca hoy es construir las nuevas herramientas sociales de un mundo abierto e inclusivo.»
Cuando dices que «La filé es la puerta hacia ellas» me pregunto si la ciencia no nos aporta hoy conocimiento que no tenían los venecianos, muradíes, judíos… para encontrar mejores opciones.
Lo de ideología, imponer lo mínimo… no me seduce nada de nada.
Hombre, justamente se trata, creo yo, de imponer lo mínimo. Por ese mínimo me referiero a los mínimos éticos necesarios para compartir un espacio social.
Una de las cosas que aprendimos en e4 es que las restricciones sociales se pueden aliviar si no casi eliminar a partir de ciertos niveles de productividad. La lógica de la abundancia pide poco o nada de las personas. Ese poquito son esos básicos éticos que te comentaba, ya sabes, no robar, no engañar… y claro, la honradez -que debe ir acompañada de la posibilidad material- de segregarse cuando no se comparta el proyecto.
Porque lo que no podemos negarle a ninguna comunidad humana es la identidad. Igual que tu grupo de amigos no tiene aspiraciones de universalidad, y no necesariamente invitas a alguien a tu cumpleaños aunque cumpla ciertos mínimos éticos, las filé no dejan entrar a cualquiera. Es lo contrario de las sectas: difícil entrar, fácil salir.
“Cuando comentamos resultados en España, siempre surge el presunto sectarismo de las filé. Evidentemente tienen ideología”
Como en cierta forma la frase me alude, creo que puedo proponer una causa de por qué sucede la “deriva” ¿comunicativa?. Y la causa, creo, está aquí: “Hombre, justamente se trata, creo yo, de imponer lo mínimo. Por ese mínimo me referiero a los mínimos éticos necesarios para compartir un espacio social.”
Es decir, puede que no se pueda separar del debate o del enunciado el cómo se supera la organización del estado nacional mientras se aseguran (¿se definen?) cuáles son “los mínimos éticos necesarios para compartir un espacio social”, al tiempo que, como decíamos en la entrada anterior “siempre hay unas formas de administración ligadas al territorio”.
La ligadura entre la libertad de emprender, la libre circulación de personas y capitales (es decir, que tu nacimiento o tu residencia no sea una restricción para tu desarrollo), propiedad y su reconociminento, al tiempo que se “asegura” o se “previene” el no engañar no robar y el vínculo a un espacio.
“Una de las cosas que aprendimos en e4 es que las restricciones sociales se pueden aliviar si no casi eliminar a partir de ciertos niveles de productividad. La lógica de la abundancia pide poco o nada de las personas”
Me interesa mucho esta observación. La comparto desde una perspectiva de sensaciones personales: poder disponer de muchas cosas necesarias para mi “alimento espiritual” me hacen reclamar menos al entorno y exigir menos del entorno.
Como soy de los que piensa que el lenguaje articula el pensamiento, me seduce más lo de solicitar o pedir honradez y otros valores morales que requerir una ideología e imponer unos mínimos éticos.
¿Serán sólo “derivas comunicativas”?
Curiosamente las cuadrillas en Euskal Herria tienen una estructura parecida. Creo que tu David ya conoces más o menos esas estructuras sociales y algunas (bastantes) te aseguro que se parecen bastante a una filé.
Toda empresa de iguales, sea un negocio, una asociación o una red, genera una inevitable identidad que hace que sea reconocido por los otros como igual. Esa identidad normalmente tiene sus inspiraciones (puede ser plurarquista o socialista o liberal o sufi o vaya usted a saber) que a su vez se conectan con la proyección de los valores que los miembros de la comunidad entienden como los más valiosos y ordenadores de su experiencia. Esa es la ideología de la comunidad.
Ejemplo: En e4 no nos juntamos por casualidad, hay todo un enfoque común que es previo y que podría resumirse en la trayectoria del ciberpunk. Esa peculiar mirada hace que nuestros productos y empresas sean un modo y no de otro, desde las consultorías y proyectos de la Sociedad de las Indias Electrónicas a la ropa de Orlantrix Project pasando por feevy y el Ecoperiódico.
Alguien que llegara con nosotros con un modo de hacer negocios que puede que sea perfectamente legal pero que a nosotros no nos gusta como puede ser el de más de un conocido empresario tecnológico, o con un modelo de internet basado en el rankismo, el dospuntocerismo u otras cosas que hemos criticado, no tendría lugar aquí.
Cuanta más diversidad de modos de vida y negocio haya más libre es la sociedad. Nuestra ideología, es decir, nuestra diferencia, aumenta la diversidad y por tanto la libertad de los demás.
Pensar que la identidad de las redes, el que tengan una mirada diferenciada y unos valores propios es restrictivo o reduce la libertad es un error, que conviene precisamente a la vocación homogeneizadora y totalitaria de los estados.
Entiendo lo que dices sobre el foco, David. Tienes razón en lo del demos que me comentabas, que alzar la voz es alzar la voz en su demos y que malamente llegaremos a algo.
Y la frase de Keynes ya te la había leído antes, brillante, por cierto.
Pero ni tú ni Keynes me podréis negar que mientras se busca/construye una alternativa autónoma, mientras se esté sujeto a las normas del estado en el que la filé esté (siquiera de paso) debido precisamente a la no territorialidad de la misma, no podemos dejar pasar el tema como si no fuera con nos. Porque sí va. Va con todos. Si un día hay que salir de esta UE, ¿no habrá que intentar conseguir que los Estados de otras partes (y empezando por los de esta UE) no tengan las puertas cerradas?
Un buen montón de días de retraso… ai nou, bat ai am jiar tunait bicos ai am a güiner
Completamente de acuerdo en que “va con nosotros”, pero en este debate contigo me acuerdo mucho del debate de tiempos de “Germinal” (el de Zola) sobre los sindicatos. ¿Qué tenían que hacer esos obreros decimonónicos revueltas a la griega -que tampoco se puede decir que faltaran en la época- o los sindicatos que abrieron las puertas de una sociedad nueva?
Jugando con las palabras, no veo a la filé como un foco. La mayoría de ellas ni siquiera son proselitistas y no creo que deban serlo. No tendría sentido. Veo a las filé que existen hoy como una puerta, como la forma social que abre la experimentación de algo inclusivo que puede suponer la superación de muchos de los callejones sin salida de hoy.
Hay épocas donde por encima del disenso hay que poner la exploración y el desarrollo de las formas que pueden hacer ese disenso útil socialmente en vez de mero estallido.
Creo que hemos llegado a una época así.
Gorka, perdona que tu mensaje se me había quedado arriba…
El problema de las cuadrillas es que son justamente el ejemplo de la identidad que no genera ideología… y por lo mismo son tremendamente represivas en lo interno (échate una novia que no le guste a la cuadrilla y verás).
Al estar basadas en lo biográfico -haber ido al mismo colegio o trabajo- no en visiones compartidas del mundo, no pueden aprender colectivamente nada, se llenan de tabús para que los disensos no acaben en rupturas y en la misma lógica acaban mediatizando la vida personal de sus miembros en cosas tan básicas como la pareja o el lugar de residencia.
En fin, la cuadrilla es una red primitiva y a medio cocer, sumamente ligada al territorio y por ello generalmente muy conservadora. Vayamos más allá de ella!
David, gracias por las aclaraciones. Han despejado mis inquietudes sobre ideología e imposición. Es lo que tiene el debate.
No voy a objetar sobre la utilidad y necesidad de las formas de acción social y económica por parte de las filé (cuyo nombre desconocía). Considero que tiene mucho sentido.
Gracias José María! Es un tema difícil de coger a primer golpe, pero cuando te acercas realmente te das cuenta de que todos andamos buscando eso que Bruce Sterling llamó en Islas en la red como Democracia económica, es decir, que las empresas y redes de empresas superen la lógica decimonónica de una vez y representen verdaderas comunidades civiles, proyectos de vida centrados en las personas, que vayan más allá de los límites nacionales o locales y superen el listón social del cooperativismo y el de libertades del kibutz…